El dolor es una experiencia humana fundamental que cumple una función biológica vital: alertar sobre posibles daños y motivar la búsqueda de atención. Sin embargo, cuando el dolor se vuelve crónico, puede convertirse en una condición debilitante que afecta significativamente la calidad de vida, especialmente en adultos mayores. La International Association for the Study of Pain (IASP) ha avanzado en la comprensión y clasificación del dolor crónico, distinguiendo entre dolor crónico primario y secundario, lo que permite un abordaje más específico y efectivo.

Comprendiendo el Dolor Crónico
Tradicionalmente, el dolor crónico se definía como aquel que dura o recurre por más de tres meses. Sin embargo, su complejidad se extiende a diversas situaciones clínicas y perfiles de pacientes, demandando un abordaje multidisciplinar. La IASP, en su clasificación de 2018, implementada en el ICD-11, ofrece definiciones más precisas:
- Síndrome del dolor crónico primario: Dolor en una o más regiones anatómicas que persiste o recurre por más de 3 meses, asociado a un estrés emocional o discapacidad funcional significativos, sin atribuirse a otra condición crónica. Interfiere en las actividades diarias o el rol social del paciente.
- Síndrome de dolor crónico secundario: Dolor vinculado a enfermedades de base que lo causan. Se subdivide en:
- Dolor crónico relacionado con cáncer (primario o por tratamiento).
- Dolor post-quirúrgico o post-traumático (desarrollado o intensificado tras trauma, persistiendo más de 3 meses).
- Dolor neuropático: Causado por lesión o enfermedad del sistema nervioso somatosensorial (periférico o central).
- Dolor de cabeza u orofacial secundario.
- Dolor visceral secundario (relacionado con patologías de órganos internos).
- Dolor secundario musculoesquelético (derivado de enfermedades de base que afectan huesos, articulaciones, tendones).
Esta diferenciación es crucial para establecer algoritmos de tratamiento, definir objetivos terapéuticos y optimizar la implicación de los profesionales sanitarios.
El Dolor Neuropático: Una Causa Común en Adultos Mayores
El dolor neuropático (DN) surge como consecuencia directa de una lesión o enfermedad que afecta al sistema somatosensorial. Constituye un importante problema de salud pública, siendo una condición común, crónica y debilitante que afecta a un número significativo de pacientes, especialmente en la población de adultos mayores.
La presencia de DN se sugiere mediante la historia clínica y el examen físico, evidenciando una localización del dolor neuroanatómicamente lógica y daño en el sistema nervioso. Los médicos de atención primaria desempeñan un rol crucial en su diagnóstico oportuno para mejorar resultados y reducir costos humanos y económicos.
Definición y Clasificación del Dolor Neuropático
El DN se origina por daño en las vías nerviosas, desde las terminales nerviosas periféricas hasta las neuronas corticales. Se clasifica como:
- Central: Afecta el cerebro o la médula espinal.
- Periférico: Se origina en el nervio periférico, plexo, ganglio dorsal o raíces.
Según su distribución, puede ser localizado (áreas consistentes y circunscritas de máximo dolor) o difuso. La etiología del daño al sistema nervioso también permite clasificarlo (Tabla 1).
Epidemiología del Dolor Neuropático
La prevalencia exacta del DN es desconocida, pero se estima que en Europa, entre el 7% y 8% de la población con dolor crónico sufre de dolor predominantemente neuropático, lo que equivale a unos 50 millones de personas. En Latinoamérica, se observa que el 2% de la población general padece DN, cifra probablemente subestimada.
Los pacientes con DN experimentan un dolor más severo en comparación con aquellos sin él. Además, el DN está significativamente asociado con mayor prevalencia de depresión, ansiedad y trastornos del sueño. El impacto en la calidad de vida es considerable, con un alto porcentaje de pacientes que refieren limitaciones en sus actividades diarias y un impacto significativo en su bienestar general.

Condiciones Asociadas al Dolor Neuropático
Diversas condiciones pueden desencadenar dolor neuropático. Entre las más destacadas se encuentran:
- Diabetes: La neuropatía diabética es una causa frecuente, afectando a un gran número de pacientes diabéticos, quienes a menudo reportan una menor calidad de vida.
- Dolor post-traumático y post-quirúrgico: Si no se manejan adecuadamente en la fase aguda, pueden progresar a dolor neuropático crónico. Un porcentaje de pacientes sometidos a cirugía general u ortopédica cursan con DN.
- Lesiones de nervio periférico: Un alto porcentaje de pacientes con lesiones traumáticas de nervio periférico experimentan dolor neuropático.
- Pacientes amputados: El DN puede presentarse en hasta el 85% de los casos.
La Importancia de la Atención Primaria en el Manejo del Dolor Neuropático
La atención primaria (AP) es la principal puerta de entrada a los sistemas de salud. El dolor es un motivo frecuente de consulta en AP, y un porcentaje importante de estos pacientes sufre de dolor neuropático. Dada la escasez de especialistas en dolor, el médico de atención primaria es fundamental en la detección, diagnóstico y manejo inicial del DN.
Rol del Médico de Atención Primaria
El médico de AP tiene la responsabilidad de:
- Diagnosticar el tipo de dolor (nociceptivo, neuropático, mixto).
- Diagnosticar la enfermedad subyacente que causa el dolor.
- Aliviar el dolor y tratar la enfermedad causal.
- Evaluar la capacidad de trabajo del paciente.
- Apoyar al paciente en el afrontamiento del dolor crónico.
- Organizar la rehabilitación cuando sea necesario.
Las razones que sustentan la relevancia del médico de AP en el manejo del DN incluyen la alta prevalencia de esta condición en la AP, la posibilidad de reconocimiento con entrenamiento adecuado, la necesidad de un tratamiento sin retrasos, la simplicidad de la farmacoterapia de primera línea, la facilidad para el apoyo al paciente y la factibilidad del seguimiento en el entorno habitual de atención.
Evaluación y Diagnóstico del Dolor Neuropático en Atención Primaria
El dolor neuropático a menudo es subdiagnosticado y subtratado. Una evaluación integral que incluya historia clínica, examen físico y diagnóstico de la causa subyacente es esencial para un manejo precoz y apropiado.
Reconociendo el Dolor Neuropático: La Historia Clínica
La historia clínica debe indagar sobre la localización, intensidad, carácter y perfil temporal del dolor, así como posibles factores desencadenantes y síntomas concomitantes. La intensidad se evalúa mediante escalas verbales y numéricas (0-10).
El dolor neuropático se caracteriza por dolor espontáneo (sin estímulo) y provocado (ante un estímulo), con síntomas positivos (parestesias, disestesias) y signos negativos (déficits sensoriales), reflejando el daño neural. Aunque a menudo se describe como quemante, ninguna característica es diagnóstica por sí sola. La combinación de ciertos síntomas aumenta la probabilidad diagnóstica.

Herramientas de detección como el Cuestionario DN4 pueden alertar al médico sobre la necesidad de un examen más detallado, mostrando alta sensibilidad y especificidad.
Localizando la Lesión: El Examen Neurológico
El examen clínico permite correlacionar la historia, la distribución del dolor y otros signos neurológicos. La evaluación sensitiva debe ser guiada por la historia de localización del dolor y realizarse con herramientas sencillas para evaluar diferentes fibras sensitivas. Se compara la zona dolorosa con la contralateral o con otras zonas en el eje proximal-distal.
Además de la evaluación sensitiva, se debe realizar un examen motor, de reflejos tendinosos, nervios craneanos y del sistema nervioso autónomo periférico.
Diagnóstico de la Enfermedad o Evento Causal
En algunos casos, el diagnóstico es sencillo (ej. post-quirúrgico). Cuando se sospecha polineuropatía, se pueden solicitar exámenes de laboratorio como hemograma, glucosa, creatinina, función tiroidea, entre otros. Otros exámenes diagnósticos deben ser solicitados por especialistas.
Evaluación de Limitaciones Funcionales y Aspectos Psicosociales
Es crucial evaluar las limitaciones funcionales (actividades diarias, marcha, sueño) y los aspectos psicosociales (trabajo, familia, vida social) para un manejo individualizado. También se deben considerar posibles co-morbilidades como ansiedad y depresión.
El Dolor Crónico en Pacientes Mayores: Retos y Consideraciones
El dolor crónico es particularmente prevalente y problemático en personas mayores de 65 años, asociándose a sufrimiento, aislamiento social, discapacidad funcional y altos costos sanitarios. El envejecimiento trae consigo cambios farmacocinéticos y farmacodinámicos que complican el tratamiento farmacológico.
Retos Específicos en Pacientes Mayores
- Alta Prevalencia: Entre el 50-70% de las personas mayores sufre dolor crónico, siendo el dolor relacionado con la artritis el más común. Un dolor crónico no controlado se asocia a mayor mortalidad prematura y declives cognitivos acelerados.
- Co-morbilidades: La multimorbilidad es común, lo que dificulta el manejo del dolor. Pacientes con Alzheimer, por ejemplo, presentan menor capacidad para verbalizar el dolor, mayor discapacidad funcional y aislamiento social.
- Tratamiento y Polimedicación: La polifarmacia es frecuente. Los cambios en la absorción, distribución, metabolismo y eliminación de fármacos, así como las alteraciones en la farmacodinamia, exigen una adaptación cuidadosa de la medicación y la dosis.
- Reto Demográfico: El envejecimiento de la población a nivel mundial supone un desafío creciente para los sistemas de salud.

Tratamiento del Dolor en Adultos Mayores
El manejo del dolor en pacientes mayores requiere un enfoque individualizado, considerando los cambios fisiológicos asociados a la edad y la presencia de co-morbilidades.
Principios Generales de Tratamiento
- Análisis de Causas: Identificar causas tratables y el mecanismo de origen del dolor.
- Objetivos Terapéuticos Realistas: En pacientes ancianos y multimórbidos, la ausencia absoluta de dolor rara vez es el objetivo. Se prioriza mejorar la calidad de vida y las funciones cotidianas.
- Farmacoterapia:
- Paracetamol: Primer medicamento de elección para dolor leve a moderado. Se debe tener precaución con el daño hepático preexistente y la anticoagulación.
- Metamizol: Eficaz para dolor agudo y crónico, con menos efectos secundarios gastrointestinales, cardiovasculares y renales que los AINEs. Requiere monitorización por riesgo de agranulocitosis.
- AINEs: Deben usarse por periodos limitados y a dosis bajas para dolor agudo relacionado con inflamación. No son adecuados para dolor crónico degenerativo debido al alto potencial de efectos secundarios (gastrointestinales, cardiovasculares).
- Opioides: El principio de "empezar poco a poco, ir despacio" es fundamental. La dosis inicial debe ser reducida en ancianos. La morfina, oxicodona, tapentadol, hidromorfona, fentanilo y buprenorfina son opciones, cada una con consideraciones específicas para pacientes mayores, especialmente en cuanto a insuficiencia renal o hepática. La monitorización de efectos secundarios como caídas, estreñimiento y náuseas es crucial.
- Tratamientos No Farmacológicos: La fisioterapia, el ejercicio (adaptado), la terapia cognitivo-conductual y el apoyo psicológico son componentes esenciales del manejo integral del dolor crónico.
Es fundamental tener en cuenta las interacciones medicamentosas y adaptar las dosis a la función renal y hepática del paciente. La comunicación abierta con el paciente y sus cuidadores es clave para ajustar el tratamiento y asegurar la mejor calidad de vida posible.