La deshidratación en el adulto mayor: cambios fisiológicos y factores de riesgo

La deshidratación es un problema de salud peligroso a cualquier edad, pero es especialmente problemático en las personas mayores, con estudios que revelan que el 6,7% de los ancianos ingresados en hospitales fueron diagnosticados con esta condición. Ocurre cuando el cuerpo pierde más líquidos de los que ingiere y el organismo no dispone de agua y electrolitos suficientes para llevar a cabo sus funciones normales. Si no se reponen los fluidos perdidos, se produce la deshidratación, un trastorno del metabolismo del agua y un estado de hipertonicidad, que se refiere al déficit de agua intracelular. Es el trastorno hidroelectrolítico más frecuente en el adulto mayor y se asocia a una alta mortalidad.

Esquema de las funciones vitales del agua en el cuerpo humano

Cambios fisiológicos que predisponen a la deshidratación en adultos mayores

A medida que envejecemos, el organismo experimenta una serie de cambios fisiológicos que aumentan significativamente el riesgo de deshidratación. El agua corporal total disminuye con la edad, constituyendo entre el 45% y el 65% del peso corporal, con un 50% en mujeres conforme avanza la edad. Dos tercios del agua corporal total (ACT) son intracelulares, predominantemente en el tejido magro; del tercio restante, extracelular, el 25% es intravascular y representa solo el 8% del ACT, mientras que el resto se encuentra en el espacio intersticial.

Disminución de la sensación de sed

La sensación de sed se reduce con la edad, lo que determina una menor ingesta de líquidos y conlleva la pérdida de la principal defensa frente a la hiperosmolalidad. Un cuerpo envejecido puede no sentir sed hasta que esta es más aguda, por lo que beber con regularidad a pesar de no sentir sed es una buena forma de mantenerse hidratado.

Disminución de la función renal

La función renal disminuye con la edad, y por tanto, la capacidad de retener agua y sodio se reduce. Esto es causado por una menor tasa de filtración glomerular, por bajos niveles de renina y aldosterona y/o una disminución de la sensibilidad del riñón a la hormona antidiurética.

Menor reserva de líquidos corporales

A medida que se envejece, la reserva de líquidos del cuerpo se hace más pequeña, lo que hace a las personas mayores más vulnerables a la deshidratación en situaciones de calor o enfermedad. Esto los expone a un mayor riesgo de deshidratación.

Factores de riesgo adicionales

Enfermedades crónicas

Enfermedades crónicas como la diabetes (no controlada o sin tratar) y la demencia agravan los problemas de hidratación en los adultos mayores. Las enfermedades renales también aumentan el riesgo, así como los medicamentos que incrementan la micción. Incluso un resfriado o dolor de garganta hace que las personas mayores sean más vulnerables, ya que tienen menos ganas de comer o beber cuando están enfermas.

Problemas de movilidad

Los adultos mayores también pueden tener problemas de movilidad que limitan su capacidad de obtener agua por sí mismos, lo que dificulta el acceso a los líquidos necesarios para mantenerse hidratados.

Medicamentos

Ciertos medicamentos, como los diuréticos y algunos fármacos para la presión arterial, pueden provocar deshidratación, generalmente porque aumentan la necesidad de orinar.

Factores ambientales

Las altas temperaturas y la humedad aumentan el riesgo de deshidratación, ya que el cuerpo transpira más y el sudor no se evapora con la misma eficacia, lo que puede provocar un aumento de la temperatura corporal y una mayor necesidad de líquidos. Es por ello que, con la llegada del verano, aumentan los riesgos para la salud de las personas mayores.

La importancia de la hidratación en el adulto mayor | Compensar

Signos y síntomas de deshidratación en el adulto mayor

Los signos y síntomas clínicos de la deshidratación en este grupo etario pueden ser difíciles de reconocer y, generalmente, tienen baja sensibilidad y especificidad, lo que dificulta el diagnóstico.

Síntomas y signos del sistema nervioso central

Estos síntomas están presentes con una pérdida del 1% del peso corporal total y son muy evidentes cuando la pérdida es del 5%. Los signos más precoces incluyen:

  • Somnolencia y debilidad: La somnolencia o sueño excesivo puede ser un síntoma, especialmente en casos leves o moderados, debido a que la deshidratación afecta el funcionamiento del cerebro.
  • Irritabilidad y cambios de humor: La falta de agua puede afectar significativamente el estado de ánimo, generando irritabilidad, ansiedad y fatiga.
  • Cefalea y mareos: Cuando el cuerpo está desesperado por ingerir líquidos, pueden aparecer dolores de cabeza y mareos. La falta de líquido en el cuerpo puede afectar el flujo sanguíneo al cerebro, lo que provoca dolor.
  • Confusión y desorientación: Es común que las personas en las últimas etapas de la deshidratación experimenten confusión y desorientación, ya que la deshidratación afecta el funcionamiento del cerebro, disminuyendo el flujo sanguíneo y el suministro de oxígeno.

Signos físicos

  • Sequedad bucal: Es uno de los primeros signos de deshidratación, causado por la reducción en la producción de saliva.
  • Menor elasticidad de la piel (turgencia cutánea): Cuando se tira de la piel del dorso de la mano, esta debería recuperarse en un segundo. La turgencia es un buen indicador de deshidratación.
  • Tensión arterial baja: Cuando la deshidratación es importante, es frecuente que, como consecuencia, la tensión arterial sea baja. Aunque los cuidadores familiares no puedan evaluarla, pueden preguntar durante las revisiones médicas rutinarias.
  • Estreñimiento: Las personas mayores que están deshidratadas pueden estreñirse y no ser capaces de orinar tan a menudo como deberían debido a los niveles inadecuados de agua en el cuerpo y los intestinos.
  • Pérdida de peso: Cuando los ancianos están deshidratados, pueden perder un par de kilos de peso.
  • Calambres musculares: La deshidratación puede causar calambres musculares porque la falta de líquidos y electrolitos afecta el funcionamiento de los músculos y el sistema nervioso. La combinación de debilidad muscular, hipotensión ortostática y confusión aumenta el riesgo de caídas.
  • Alteraciones en la sudoración: La sudoración excesiva (hiperhidrosis) y la ausencia de sudoración (anhidrosis) pueden ser signos de deshidratación, ya que la sudoración es un mecanismo natural del cuerpo para enfriarse. Si no se suda lo suficiente, puede aumentar el riesgo de sobrecalentamiento.

Complicaciones de la deshidratación severa

Una persona mayor deshidratada está mucho más expuesta a complicaciones de salud que la población joven. No en vano, la deshidratación es una de las diez causas más comunes de hospitalización de adultos mayores.

  • Lesión por calor: Si no se consume suficiente líquido durante la actividad física y se transpira mucho, puede producirse una lesión por calor, que puede variar desde calambres musculares leves hasta agotamiento por calor o un golpe de calor que puede poner en riesgo la vida.
  • Problemas renales y urinarios: Episodios prolongados de deshidratación pueden causar infecciones urinarias, cálculos renales e, incluso, insuficiencia renal.
  • Convulsiones: Los electrolitos -como el potasio y el sodio- ayudan a transportar las señales eléctricas de una célula a otra. Si los electrolitos están desbalanceados, la señal eléctrica normal puede alterarse, lo que puede producir contracciones musculares involuntarias y a veces pérdida de conciencia.
  • Choque por volumen sanguíneo bajo (choque hipovolémico): Esta es una de las complicaciones más graves de la deshidratación y puede poner en riesgo la vida. Ocurre cuando un volumen bajo de sangre provoca una disminución en la presión arterial y en la cantidad de oxígeno en el cuerpo.

Estrategias de prevención y manejo de la deshidratación

El mejor tratamiento de la deshidratación en personas de edad avanzada es la prevención. En el caso de que se identifiquen uno o más síntomas propios de un desequilibrio hídrico, es importante contactar cuanto antes con un médico. Solo un especialista puede valorar los síntomas y realizar mediciones específicas para un diagnóstico certero como lo son la concentración de electrolitos en sangre o las características de la orina del paciente.

Fomentar la ingesta regular de líquidos

Es fundamental asegurar una ingesta regular de líquidos a lo largo del día, adaptada a sus necesidades y condiciones de salud. Se recomienda consumir entre 2 y 2,5 litros diarios, aunque esta cantidad puede variar según cada caso. Los cuidadores familiares deben recordar a los mayores que beban agua durante el día, aunque no tengan sed. No es necesario ni aconsejable beber toda el agua del día a primera hora de la mañana y tampoco es buena idea beberla toda justo antes de acostarse. El mejor plan es beber agua a sorbos a lo largo del día para tener una entrada constante de agua. Además del agua, es oportuno facilitar la ingesta de otros líquidos adaptados a las apetencias individuales: leche, zumos, infusiones, tisanas, caldos, sopas, gelatinas.

Medición de la hidratación

Comprobar el color de la orina es una medida sencilla. Si es amarillo claro, el adulto mayor está ingiriendo los líquidos adecuados. Hablar con su médico para saber cuál debe ser su ingesta de agua y cuánto debe aumentarla durante el ejercicio es esencial. También es útil colaborar con los cuidadores domiciliarios para realizar un seguimiento de la ingesta de agua.

Tabla de colores de orina como indicador de hidratación

Adaptaciones para la ingesta de líquidos

Si a su ser querido no le gusta beber agua y se resiste a hacerlo, existen varias opciones:

  • Comer frutas y verduras jugosas: Las frutas y verduras con alto contenido en agua, como la sandía, piña, uvas, apio, fresas, ciruelas, bayas, pepinos y naranjas u otros cítricos, son excelentes fuentes de hidratación. En épocas estivales, promocionar la toma de alimentos ricos en agua es crucial.
  • Batidos y granizados: También son excelentes para aportar nutrición y líquidos.
  • Sopas y caldos: Las sopas de verduras para el almuerzo o la merienda o incluso las sopas de caldo son buenas opciones.
  • Añadir fruta al agua: Intentar hacer el agua más interesante añadiendo fruta troceada como bayas, cerezas, cítricos o incluso verduras como pepinos y dejarlas reposar en la nevera para que la fruta impregne el agua de un ligero sabor.
  • Polvos o gotas aromatizantes: Si la fruta no es suficiente, los polvos o gotas aromatizantes pueden ser una opción, incluyendo versiones totalmente naturales.
  • Bebidas descafeinadas: Las versiones descafeinadas de café y té permiten disfrutar de su sabor sin el efecto deshidratante de la cafeína.
  • Agua espesada para disfagia: En casos de disfagia, es importante administrar agua fría espesada o en textura gel, utilizando vasos adaptados de doble asa, o de borde recortado para situaciones de dificultad de aspirado con pajita.

Evitar bebidas diuréticas y azucaradas

Reducir al mínimo el alcohol y la cafeína es importante, ya que bebidas como el café, los refrescos con cafeína y el alcohol son diuréticos, favorecen la micción y, por tanto, agotan los valiosos líquidos del organismo. Asimismo, se debe evitar combatir la sed con bebidas azucaradas, ya que rara vez aportan ingredientes de valor nutricional y pueden producir el efecto contrario.

Aumentar la ingesta de líquidos en situaciones específicas

Con diarrea, vómitos, sudoración excesiva y enfermedades en general, el cuerpo pierde líquidos mucho más rápidamente que cuando está bien. Si su ser querido está enfermo, incluso con un resfriado común, necesita aumentar su ingesta de agua. Si realiza ejercicio con regularidad, también debe aumentar la ingesta de agua.

Mantener un ambiente fresco y ventilado

Una medida fundamental para prevenir la deshidratación en ancianos es mantener un entorno fresco y bien ventilado. También se recomienda evitar la exposición prolongada al sol, que además de provocar daños y quemaduras en la piel, puede causar la pérdida de líquidos y sales minerales y derivar en un cuadro severo de deshidratación. Estimule el uso de ropa ligera con colores claros y tejidos transpirables.

Educación y concienciación

Es absolutamente esencial sensibilizar tanto a los adultos mayores como a los cuidadores y los agentes de salud que los atienden, sobre la importancia de mantener un buen estado de hidratación, con una correcta ingesta de líquidos diarios. Los cuidadores que no son conscientes de la facilidad con que los mayores pueden deshidratarse pueden pasar por alto los signos y síntomas. Asegúrese de que los miembros de la familia, los asistentes de atención domiciliaria y el propio paciente estén todos en la misma página con el objetivo de conseguir una hidratación adecuada. Los profesionales de Amavir velan por el cuidado integral de las personas mayores y se aseguran de que reciban una correcta y equilibrada alimentación, basada en sus necesidades nutricionales y con grandes aportes de contenido hídrico. En las residencias de ancianos, Amavir, aplican protocolos específicos para fomentar la ingesta de líquidos en todas las personas mayores que atienden.

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