El consumo de alcohol en adultos mayores: un desafío invisible para la salud

El consumo de alcohol en personas mayores es una realidad poco visibilizada, pero con importantes implicancias para la salud y el bienestar. A medida que la esperanza de vida sigue en aumento, abordar esta problemática se vuelve fundamental. Según el primer estudio nacional sobre consumo de drogas y alcohol en personas mayores, realizado por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA, 2021), se reveló que el 42,6% de los adultos mayores encuestados había consumido alcohol en el último mes. Esta cifra es significativamente mayor en hombres (51,6%) en comparación con mujeres (34,2%).

Además, el estudio destaca que, entre quienes consumieron alcohol en el último mes, un 58,1% declaró haberse embriagado en al menos una ocasión. Este patrón de consumo es más frecuente en el grupo etario de 60 a 70 años (60,1%) en comparación con aquellos de 71 años o más (53,7%).

Gráfico estadístico sobre prevalencia de consumo de alcohol en adultos mayores por rangos de edad y género

¿Por qué el alcohol afecta distinto al envejecer?

A medida que envejecemos, el cuerpo experimenta cambios fisiológicos que alteran la forma en que procesamos las sustancias. Los adultos mayores suelen ser más sensibles a los efectos del alcohol por las siguientes razones:

  • Menor contenido de agua: El alcohol se distribuye a través del agua corporal y los adultos mayores tienen menos agua en sus cuerpos, lo que genera una mayor concentración de alcohol en la sangre con la misma cantidad ingerida.
  • Metabolismo hepático más lento: Con la edad, la función hepática se ralentiza, por lo que el alcohol permanece más tiempo en el organismo, intensificando sus efectos.
  • Interacciones medicamentosas: El consumo de fármacos recetados o de venta libre puede interactuar peligrosamente con el alcohol, aumentando el riesgo de sobredosis o efectos secundarios graves.

Estos cambios implican que los adultos mayores pueden emborracharse más rápidamente y experimentar efectos más intensos en la memoria, el sueño y la coordinación, incluso con pequeñas cantidades.

Riesgos para la salud física y cognitiva

El consumo indebido de alcohol se refiere a cualquier forma, cantidad o frecuencia que pueda causar daño. En la tercera edad, este comportamiento se asocia con riesgos específicos:

Impacto en la salud física

El alcohol puede empeorar afecciones comunes como el dolor crónico, la diabetes, enfermedades cardiovasculares y la osteoporosis. Además, aumenta la probabilidad de caídas y lesiones, ya que afecta el equilibrio, la coordinación y los reflejos. Aproximadamente uno de cada tres adultos mayores que sufren una caída presenta lesiones de moderadas a graves.

Salud mental y cognitiva

El uso del alcohol para "automedicarse" ante el estrés, la jubilación, la pérdida de seres queridos o la soledad suele generar un círculo vicioso. El consumo indebido se asocia con un deterioro cognitivo más rápido, incluyendo problemas de memoria, juicio y un empeoramiento de los síntomas de ansiedad o depresión.

Infografía sobre las interacciones entre alcohol, medicamentos y riesgos de caídas en ancianos

Señales de alerta de un consumo problemático

Identificar un problema de alcohol en personas mayores puede ser complejo, ya que muchos síntomas se confunden con el envejecimiento natural. Algunas señales clave incluyen:

  • Cambios en el comportamiento: Irritabilidad, agresividad o retraimiento social.
  • Deterioro cognitivo: Problemas de memoria, confusión o falta de atención.
  • Negligencia en el autocuidado: Descuido en la higiene personal, alimentación o desorden en el hogar.
  • Consumo defensivo: Ocultar botellas, negar el consumo o minimizar la cantidad ingerida.
  • Problemas físicos: Moretones inexplicables, pérdida de peso o caídas frecuentes.

Estrategias para un envejecimiento saludable

Si usted o un ser querido enfrenta dificultades, es posible tomar medidas para recuperar el bienestar:

  • Establecer límites: Limitar el consumo a una copa al día (mujeres) o dos (hombres), según recomendaciones de salud.
  • Buscar alternativas: Sustituir el alcohol por actividades recreativas, ejercicio o pasatiempos que den propósito a la vida.
  • Red de apoyo: Combatir la soledad mediante voluntariados, grupos de interés o el uso de tecnología para mantener contacto con familiares.
  • Comunicación abierta: Si eres familiar, comparte observaciones en lugar de acusaciones, fomentando un diálogo empático y sin juicios.

En el ámbito profesional, existen alternativas como centros de salud familiar (CESFAM), centros de salud mental comunitaria (COSAM) y programas especializados que ofrecen orientación y tratamiento. Es vital recordar que dejar de beber repentinamente puede ser peligroso en casos de adicción severa, por lo que siempre se debe consultar a un médico para elaborar un plan seguro.

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