Doble Excepcionalidad en Adolescentes y la Conexión Intergeneracional con los Ancianos

La complejidad del desarrollo humano se manifiesta en diversas formas, desde las particularidades de la doble excepcionalidad en adolescentes hasta la riqueza de las interacciones entre generaciones. En un mundo en constante evolución demográfica, la comprensión y el apoyo a las diferentes necesidades y capacidades se vuelven cruciales, así como el fomento de lazos entre jóvenes y mayores.

Entendiendo la Doble Excepcionalidad (2e)

Cuando Noah tenía nueve años, le detectaron altas capacidades intelectuales. Este diagnóstico no fue una sorpresa para su familia, ya que la niña leía y escribía de corrido desde los cuatro años y hablaba de política y de religión con los adultos. Sin embargo, no todo terminaba de encajar en ese perfil.

Por ejemplo, Noah cuenta que cuando era pequeña, aleteaba todo el rato, tanto que decidió reprimir este instinto porque le daba vergüenza. Pero un día se dijo: “¿Y qué pasa si me permito volver a hacerlo?”. “Lo hice y fue maravilloso”, dice con una sonrisa. “Reprimir el aleteo fue como contener algo que hasta dolía un poco”.

En su búsqueda por entender a qué se debían estos comportamientos inusuales, la joven chilena llegó a sospechar que podía tener autismo. Tiempo después, una evaluación especializada le daría la razón: a los 15 años fue identificada con el trastorno del espectro autista. Noah, quien tiene 18 años, presenta lo que se conoce como doble excepcionalidad o 2e.

Foto de una niña leyendo un libro o interactuando con un adulto en un entorno de aprendizaje

Definición y Reconocimiento de la 2e

A personas como Noah se les llama “doblemente excepcionales” porque tienen, al mismo tiempo, una capacidad y una dificultad fuera de lo común. Es como pertenecer a dos grupos. Pero no siempre es fácil determinarlo, ya que una de las dos condiciones puede opacar a la otra.

Aunque las altas capacidades como campo de estudio tienen más de cien años, fue en la década de los años 80 cuando un grupo de investigadores se dio cuenta de algo que parecía ser contradictorio: había algunos alumnos que, teniendo habilidades intelectuales sorprendentes, también presentaban algún problema de aprendizaje o una discapacidad. Sin embargo, no a todos en la comunidad científica les convencía el paradójico planteamiento. La doctora María Leonor Conejeros, profesora de la Escuela de Pedagogía en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, señala que “no se entendía que alguien con altas capacidades pudiera también presentar una dificultad asociada”.

La definición más aceptada en el ámbito internacional de las altas capacidades es la que ofrece la National Association for Gifted Children, una organización sin fines de lucro estadounidense, que las entiende como “aquellas que demuestran un nivel de aptitud sobresaliente (definido como una capacidad excepcional para razonar y aprender) o competencia (desempeño documentado o rendimiento que los sitúe en el 10% superior, o por encima, respecto al grupo normativo) en uno o más dominios”. Estos dominios pueden ser tan variados como las matemáticas, la lengua, así como también “destrezas sensorio-motrices” como la pintura o el deporte.

Infografía o esquema que ilustre la intersección entre altas capacidades y discapacidad para explicar la doble excepcionalidad

En ese contexto, el concepto de la doble excepcionalidad poco a poco se ha abierto un espacio. Para 2015, ya había investigación de referencia y “un modelo compartido a nivel internacional”, según Roberto Ranz, director académico del Máster de Formación Permanente en Altas Capacidades y Desarrollo del Talento de La Universidad Internacional de La Rioja.

Los estudiantes doblemente excepcionales son aquellos que “demuestran un potencial de alto rendimiento o productividad creativa en uno o más dominios tales como las matemáticas, la ciencia, la tecnología, las artes, lo visual, espacial, o las artes escénicas o en otras áreas de la productividad humana, y que manifiestan una o más discapacidades”. Esta definición, citada por Conejeros y otros autores, incluye discapacidades como dificultades específicas de aprendizaje, trastornos del habla y del lenguaje, trastornos emocionales/conductuales, discapacidades físicas, trastornos del espectro autista u otros problemas de salud como el déficit de atención/hiperactividad.

La Complejidad de la Detección y el Enmascaramiento

Los expertos coinciden en que estos niños pueden pasar muy desapercibidos, ya que es complejo identificarlos porque sus altas capacidades pueden obstaculizar la detección de la dificultad. Luciana Sutovsky, la madre de Noah, comparte esta idea: “En casos como este, en los que ciertas características se manifiestan como una notable diferencia, como una ‘ventaja’ frente a otros, pues te dicen: ‘aprende más rápido’, ‘le va mejor en el colegio’, no se sospecha que, a la par, pueden haber necesidades de apoyo muy importantes”. “Y es que unos rasgos se solapan con otros, se vuelven difíciles de identificar, unos van enmascarando a otros”.

Foto de un niño en un aula, posiblemente mirando por la ventana o con una expresión pensativa, simbolizando el pasar desapercibido

Las altas capacidades y otras condiciones pueden llegar a tener características muy similares, lo que hace que la frontera entre ellas sea muy difusa. “El foco en Noah estaba tan fuertemente puesto en su parte cognitiva y emocional, que no podíamos ver algunos otros rasgos que nos indicaban que había otra condición, que en su caso fue el autismo”. Noah recuerda: “Yo podía sobrecompensar mis necesidades de apoyo con mis altas capacidades”. Pero aclara que no era una cuestión de inteligencia, sino de su “tendencia a sobreanalizar todo. Observaba las interacciones a mi alrededor y las copiaba”.

“El acento con el que hablo no es mi acento natural, cuando era pequeña modulaba cada palabra, hablaba como un doblaje de Discovery Kids y cuando me di cuenta de que la gente me hacía constantemente comentarios acerca de mi acento y que eso no era normal, empecé a copiar como hablaban los demás”. Noah explica que mirar a la cara a los demás le resulta muy agotador y la distrae de lo que está diciendo. “Pero si me tengo que concentrar en mirarte en un esfuerzo por parecer normal, o porque me obligan que es algo que hacen muchos colegios, cuesta mucho desaprenderlo”. “Es muy dañino porque aprendes que tu estado de existencia normal está mal”.

Ranz advierte que también se puede dar el fenómeno opuesto: “Que el diagnóstico, por ejemplo, de autismo o del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad sombree la presencia de las altas capacidades, pues estos alumnos no siempre destacan en todas las materias”. En algunos casos, ni las altas capacidades ni la dificultad específica llegan a ser identificadas, con el riesgo de que nunca reciban el apoyo para su dificultad ni la estimulación adecuada para su capacidad.

El Impacto del Diagnóstico y la Búsqueda de Bienestar

El reconocimiento en Noah del trastorno del espectro autista no sorprendió a su madre, quien recuerda que cuando Noah entró al prekínder, a los cuatro años, leía y escribía de corrido y sabía palabras en inglés, pero su profesora evaluó su comportamiento como “rarito” y recomendó un diagnóstico “para descartar algún tipo de problema como el Asperger”. Aunque inicialmente fue descartado, se destacó su altísima inteligencia y se interpretó que sus intereses correspondían a personas mayores. Más tarde, un grupo de especialistas del Programa de Estudios y Desarrollo de Talentos de la Pontificia Universidad Católica de Chile, PENTA, le hizo a Noah la detección formal de su alto rendimiento cognitivo.

Imagen de una silueta de niño con un puzzle en su cabeza, simbolizando la complejidad de la identidad y el diagnóstico

Noah recuerda que “con la detección de las altas capacidades muchas cosas hicieron sentido”. “Pero con el tiempo, otras no terminaban de explicarse y que a mí me generaban mucho malestar, como tener sobrecargas sensoriales, dificultades sociales o ser una persona extremadamente literal, y veía que mis pares con altas capacidades no necesariamente pasaban por eso”. Se preguntaba: “¿por qué soy tan sensible? ¿por qué no puedo dejar de pensar? ¿por qué me enrosco en pensamientos tan complejos y el resto de mis pares no se preocupan de esas cosas, cómo puedo dejar de ser así?”. Quedarse “pegada” en algunos temas le afectaba mucho.

Ubicarse en “el contexto” del espectro autista fue un proceso “muy sanador y reparador” para Noah, relata su madre. “Esa sensación persistente de que había algo malo con ella, fue muy dañina”. “A veces digo que los bullies son mejores para hacer diagnósticos de un autismo muy enmascarado que un propio profesional”, dice Noah. “Yo sentía una desconexión constante con ellos”. “La exclusión social, más que nada, fue la forma que tomó el bullying para mí”.

Intervenciones Personalizadas y Desafíos Científicos

De acuerdo con Ranz, el desarrollo del talento en los niños con doble excepcionalidad requiere una intervención y un apoyo muy especializado, en el que tanto la familia como las escuelas y los profesionales que los atienden, trabajen en colaboración. Carlos Passi, padre de una hija con doble excepcionalidad y TDAH en Chile, relata el alivio de su esposa al conocer el diagnóstico y cómo este ha permitido una mejor coordinación entre la psicóloga y el colegio, brindando mayor flexibilidad a los profesores.

Foto de una psicóloga o terapeuta interactuando con un niño o adolescente, con padres presentes

Mònica Cortés, psicóloga especializada en altas capacidades, indica que “no sirve un modelo de atención educativa igual para todos”. “Siempre es necesario personalizar las intervenciones y enfocarse en las necesidades y la realidad de cada alumno”. Por ello, es clave un buen diagnóstico diferencial para que tanto la alta capacidad como la dificultad sean atendidas. “Y eso es lo que más cuesta porque las manifestaciones de las personas con doble excepcionalidad no son iguales a una persona con solo altas capacidades, ni son iguales a una persona que tiene, por ejemplo, solo dislexia”.

La complejidad del diagnóstico diferencial hace que no siempre haya un consenso sobre la doble excepcionalidad. Hay quienes dentro de la comunidad científica “siguen insistiendo, en el 2023, que la doble excepcionalidad no existe”, advierte la doctora Katia Sandoval. Ella subraya la necesidad de más investigación y evidencia, ya que muchos estudios actuales son cualitativos debido a la falta de estadísticas claras. Para Sandoval, es clave comprender que dentro de la condición, las personas no son homogéneas. Cita "la metáfora del verde" de Susan Baum: “El verde es la combinación de un amarillo con un azul. El amarillo es la persona con AC (alta capacidad) que, a la vez, presenta el azul, que es un trastorno o necesidad de apoyo... De la combinación de las dos condiciones aparece un verde, pero es un verde dentro de una infinidad de tonalidades”.

Para investigadores como Ranz, el reconocimiento de la doble excepcionalidad reflejó un cambio de paradigma, en el que "la visión reduccionista de las altas capacidades como un alto coeficiente intelectual (CI), de 130 o superior", se cuestionó. “Fue como derribar un mito”. Ranz señala que si se evalúa a alumnos con doble excepcionalidad desde la perspectiva psicométrica del coeficiente intelectual, en su mayoría no superan el 130. Esto sucede porque las pruebas de CI arrojan una puntuación de síntesis, que incorpora diferentes calificaciones de las capacidades de esos estudiantes. “Dos de ellas son la velocidad de procesamiento o la memoria de trabajo y en esos alumnos, por su discapacidad, se ven muy alteradas o bajas y eso hace que, aunque puedan destacar en factores específicos de inteligencia, como el razonamiento lógico, la capacidad numérica, la comprensión verbal, su CI no es de 130 o superior”, señala el psicólogo.

A pesar de los desafíos, Noah concluye con una afirmación poderosa: “Yo no cambiaría quien soy. Encuentro una fortaleza que viene de quien soy”.

La Vitalidad de las Conexiones Intergeneracionales y el Envejecimiento

Por toda Europa, se multiplican las iniciativas que acercan a jóvenes y mayores: ‘coaching’ profesional, viviendas intergeneracionales, programas para compartir aficiones y pasiones. Es como si un viento de cambio soplara sobre los lazos entre generaciones. Un panorama de proyectos innovadores que hacen saltar por los aires los estereotipos y abren la puerta a una armonía perfecta entre gente de diferentes edades, o casi.

Elena Arnaiz - Convivencia Intergeneracional

Modelos Innovadores de Convivencia

Onno, de 27 años, lleva cuatro años viviendo en Humanitas, una residencia de ancianos en Deventer, Países Bajos, donde 160 residentes comparten su día a día con 6 estudiantes veinteañeros. El trato: alojamiento gratuito a cambio de 30 horas mensuales de interacción con los ancianos y una cena semanal. Gea Sijpkes, directora de Humanitas, describe el objetivo como “inyectar vida”, creando un entorno agradable y estimulante para todos. A pesar de diferencias como el volumen de la televisión, se crean relaciones de amistad recíprocas. Jurriën, de 23 años, afirma: “Si te das cuenta de todo lo que puedes aprender de las personas mayores, es fácil vivir aquí”.

Foto de estudiantes y ancianos riendo juntos en una actividad de la residencia Humanitas

La Universidad de Salamanca, por su parte, ha lanzado un programa de residencia compartida para estudiantes y mayores de 60 años. Alberto, un estudiante, explica la convivencia: “Cada uno vive a su ritmo de manera bastante autónoma. Hacemos la compra por separado pero si Lupe necesita algo un poco pesado, una botella de leche o algo así, se la traigo yo”. Un documento con obligaciones mutuas facilita la experiencia, demostrando que “dos generaciones pueden vivir perfectamente bajo el mismo techo”.

Compartiendo Talentos y Experiencias

Otras iniciativas se centran en el intercambio de pasiones. ‘Los Talentos de Alphonse’, una plataforma creada en Francia en 2016, facilita la transmisión de conocimientos entre ‘curiosos’ (jóvenes) y ‘Alfonsos’ o ‘Alfonsinas’ (mayores). Desde idiomas hasta costura, pintura o música, todo tipo de talentos están disponibles. Con una tarifa asequible de 15 euros por hora, los jóvenes disfrutan de un intercambio estimulante. Una ‘curiosa’ comenta: “Mis abuelas ya no están y esto me ha permitido tener una segunda yaya”. Los mayores, además de la remuneración, ven reconocido el valor de sus talentos, fomentando relaciones duraderas.

Ilustración de personas de diferentes edades compartiendo habilidades como música o jardinería

En Bélgica, la asociación ‘Duo for a job’ ofrece a jóvenes migrantes la posibilidad de recibir ayuda de mentores experimentados mayores de 50 años en su mismo sector profesional. Durante hasta dos horas semanales durante seis meses, los jóvenes encuentran el camino al empleo gracias a estos mentores intergeneracionales, desarrollando aptitudes como la confianza en sí mismos y la autonomía. Un “mentorizado” expresa: “A día de hoy, sé cómo crear mi propia red de contactos para construir mi vida profesional y social. Me siento incluso capaz de ayudar a otros recién llegados a Bélgica para que encuentren su lugar en la sociedad y en el mundo laboral. Soy una persona diferente”.

Desafíos Demográficos y la Generación Sándwich

Estas iniciativas son cruciales en un contexto demográfico cambiante. El mundo está cambiando de manera radical. Gracias a la ciencia y la tecnología médica, la esperanza de vida y la longevidad aumentaron de forma notable, y una tendencia clave es el incremento de la población de mayor edad, que ya está en marcha en la mayoría de los países.

Según un informe de 2023 de las Naciones Unidas, “se prevé que el número de personas de 65 años o más en todo el mundo se duplicará con creces, pasando de 761 millones en 2021 a 1.600 millones en 2050″, y la generación de personas de más de 80 años está creciendo aún más rápido. Esto indica que las personas viven vidas más largas, pero a la vez las tasas de fertilidad han disminuido, lo que da lugar a familias cada vez más pequeñas para hacerse cargo de las necesidades de esos adultos mayores.

Gráfico o mapa mundial mostrando el envejecimiento de la población por regiones

“A medida que la sociedad responde al envejecimiento de la población con más atención para las personas mayores, la carga de estos cuidados suele recaer en la generación sándwich”, afirmó John Wong, director del Centro de Ciencias de la Mente de la Universidad Nacional de Singapur.

La licenciada en Gerontología Graciela Spinelli explica que la Generación sándwich se refiere a “aquellas personas que están entre los 30 y 50 años y se encuentran cumpliendo una doble función y responsabilidad: la de criar a sus hijos y velar por el cuidado de sus padres mayores. Quedan en este espacio tan difícil de repartirse entre ambas responsabilidades, muchas veces o casi siempre relegando su propio tiempo”. La magíster Florencia Casabella añade que uno de los principales retos es la carga emocional y física, que puede provocar desánimo, tristeza y frustración. Otro gran desafío es el financiero, debido a los altos costos de la atención médica para personas mayores.

El Síndrome de Sobrecarga del Cuidador

También llamado síndrome de sobrecarga de la persona cuidadora o síndrome de la persona cuidadora “quemada” (del inglés burnout), alude al “estado de agotamiento, tanto emocional como físico, que experimentan quienes dedican gran parte de su tiempo al cuidado de una persona dependiente”. La Fundación Pasqual Maragall explica que el cuidador a menudo se ve desbordado, relegando su propio bienestar. “Nadie está preparado para afrontar una situación así y muchos cuidadores presentan síntomas de ansiedad o depresión”.

Ilustración de una persona con signos de agotamiento o estrés, posiblemente sosteniendo figuras de niños y ancianos

Los principales síntomas de sobrecarga del cuidador incluyen:

  • Cansancio persistente.
  • Problemas de sueño.
  • Disminución o abandono de sus intereses.
  • Elevada irritabilidad.
  • Dolores o molestias sin tener ningún problema de salud aparente.
  • Aislamiento social.
  • Desinterés por vivir nuevas experiencias.
  • Consumo de ansiolíticos y/o antidepresivos.
  • Niveles de estrés y/o ansiedad elevados.

La licenciada Spinelli destaca el gran desgaste y los altos niveles de estrés que esto produce, llevando a sentimientos de frustración y angustia. Casabella subraya que el desafío es mantener el equilibrio entre la vida personal, laboral y el cuidado. También menciona que la percepción de que la relación se invirtió y los padres requieren ahora el cuidado de los hijos, despierta temores, angustias y culpa.

Estrategias de Apoyo para Cuidadores

Para gestionar eficazmente el cuidado y preservar el bienestar de todos, los expertos recomiendan:

  1. Dialogar: Sentarse con los padres para conocer sus dificultades y necesidades diarias.
  2. Escuchar y escucharse: No pretender ser infalibles; buscar información adecuada y ayuda profesional para una mirada objetiva.
  3. Interiorizarse por la enfermedad: Si un familiar padece Alzheimer, entender la enfermedad ayuda a comprender sus reacciones y tomar decisiones adecuadas.
  4. Pedir ayuda: Reconocer la necesidad de apoyo y especificar claramente lo que se precisa.
  5. Solicitar asesoramiento profesional y contención: Es esencial para evitar el desborde emocional y favorecer el disfrute del vínculo familiar.
  6. No olvidar el cuidado personal: Priorizar el autocuidado dedicando tiempo a conversar con amigos, mantener una alimentación saludable, dormir las horas necesarias, realizar actividad física y practicar técnicas de relajación.
  7. Recurrir a un espacio terapéutico: Si la frustración y la angustia se profundizan, es una opción.
  8. Establecer límites claros: Aprender a decir que no, organizar las tareas y delegar responsabilidades a otros familiares o servicios externos.
Foto de un grupo de apoyo o terapia, con personas conversando y escuchándose

Mantener la calma y buscar asistencia profesional es crucial para gestionar eficazmente el cuidado de los mayores y el bienestar de todas las personas involucradas.

Fomentando la Conexión entre Adolescentes y Mayores

En Santa Rosa, Argentina, más de 50 adolescentes dedican su tiempo a aprender sobre la vejez y a mejorar el trato con sus abuelos y otros adultos. A través de talleres, aprendieron a desterrar prejuicios y a valorar lo que los mayores pueden dar y recibir. Lucas (15) comenta que “siempre me llevé muy bien con la gente mayor. Con mi abuela tengo muy buen trato, y también con sus amigas”. Florencia (16) resalta la importancia de “volver a tener en cuenta valores y actitudes simples como escucharlos, dejarles el asiento en el colectivo o facilitarles los trámites”.

Foto de adolescentes y personas mayores participando en un taller o actividad comunitaria, riendo y conversando

Amparo (15) reconoce que “hace falta ponerse en el lugar del abuelo. Nosotros decimos 'otra vez nos va a contar la misma historia'. Pero ellos tienen necesidad de hablarnos, de estar con nosotros o de sentirse acompañados”. Jashi (15) lamenta que “muchas veces están en un geriátrico o en el asilo porque su familia los dejan ahí, aún sin estar enfermos. Los abandonan y sólo los van a visitar cuando cobran. Es una realidad muy triste”. Amparo visitó un asilo y pudo compartir tiempo con los abuelos, descubriendo que “aunque tengamos diferentes intereses, se puede encontrar un punto de unión para relacionarse con ellos”.

Rocío aprendió en un curso que “la vejez es una etapa de la vida donde el ser humano vuelve a nacer porque a los 60 años se jubila, pero no queda enfermo, empieza a hacer cosas que quería hacer y que no tenía tiempo, porque ya construyó una vida y ahora tiene que cumplir con sus deseos o con las cosas que le quedaron inconclusas”.

En estos talleres, los adolescentes reflexionaron sobre el maltrato físico y psicológico que sufren los abuelos y los cambios que vienen con los años. Propusieron ideas para integrarse con los adultos mayores, organizando visitas al asilo, volanteadas para concientizar y encuentros para compartir con ellos. Rocío y Lucas compartieron que sus abuelos se emocionaron al ver su interés en este trabajo social. Jashi rescata la importancia del vínculo entre nietos y abuelos “más allá de que nuestros padres tengan o no trato”. Florencia concluye que “si queremos cambiar el mundo, tenemos que empezar por nosotros. Aunque sea de a poquito, es lo que está a nuestro alcance”.

Dinámicas Sociales en la Infancia y Adolescencia

La preferencia de un niño por estar con niños mayores o adultos es frecuente en niños de alta sensibilidad y altas capacidades. Esta preferencia suele estar relacionada con su edad mental, ya que algunos niños crecen a diferente velocidad física, cognitiva, emocional y social. Pueden desarrollar antes sentimientos profundos de amistad relacionados con la fidelidad, la lealtad o un tipo de apoyo emocional y empatía que no se corresponde con su edad, sintiéndose solos o burlados por sus pares. Además, los niños sensibles y capaces son extremadamente curiosos y los adultos suelen tener respuestas a sus infinitas preguntas.

Si un niño no tiene dificultades con determinados compañeros, simplemente es selectivo en sus amistades y no comparte sus intereses con todos. Ayudarle a encontrar amigos de su edad mental es crucial. Se puede ser sociable sin tener millones de amigos, y algunos niños son muy felices con uno o dos amigos cercanos. Un niño puede ser altamente sensible, tener una alta capacidad y a la vez estar dentro del espectro autista, lo que subraya la diversidad de las experiencias en el desarrollo infantil y adolescente.

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