Abuelos Cuidadores de Nietos: Un Análisis Multidimensional de Roles y Calidad de Vida

La dinámica familiar contemporánea experimenta transformaciones significativas que redefinen los roles tradicionales y las estructuras de parentesco. Una de las tendencias más destacadas es el creciente papel de los abuelos como cuidadores principales de sus nietos, una situación que surge de complejos cambios demográficos, sociales y económicos.

Transformaciones Familiares y Demográficas

Investigaciones recientes sugieren que las concepciones tradicionales de "familia" y los roles esperados de sus miembros están en constante revisión (Ellingson y Sotirin, 2006; Widmer, 2004). Los criterios "a priori" que equiparan la familia nuclear o la familia en general con un hogar o espacios residenciales preestablecidos están siendo cuestionados (Widmer, 1999).

Nuevas Configuraciones Familiares

Es necesario reevaluar qué se considera como familiares significativos en estas nuevas configuraciones, como las "familias reconstituidas" (stepfamilies), ampliando el espectro de estudio más allá de la relación matrimonial o filial (Levin y Trost, 1992; Ganong y Coleman, 2004). En este contexto, aunque algunos jóvenes y adolescentes mantienen fuertes conexiones con sus padres después de un divorcio, en la mayoría de los casos la relación con al menos uno de los progenitores se debilita, mientras que la relación con los abuelos se fortalece (Furstenberg, 1990).

Estos diferentes tipos de relaciones familiares se asocian con alta o baja densidad de conexiones entre sus miembros y con distintos niveles de autonomía (Widmer, 2006). Contrario a la hipótesis del aislamiento de la familia nuclear (Parsons, 1949), diversas investigaciones indican que los parientes mantienen relaciones emocionales, de apego y contactos regulares, experimentando diversas formas de soporte mutuo (Adams, 1999; Coenen-Huther et al., 1994; Fehr y Perlman, 1985).

Un concepto relevante es el de "Beanpole" como estructura familiar, donde los miembros provienen de varias generaciones, pero con pocos miembros en cada una (Bengston, Rosenthal, y Burton, 1990). Estas configuraciones demuestran fuertes conexiones intergeneracionales (Coleman, 1988) que comúnmente incluyen abuelos, tíos y tías. Así, desde la perspectiva de jóvenes y adolescentes, estos reciben cuidado y atención de un gran número de miembros de familias interconectadas que incluyen generaciones previas (Furstenberg y Hughes, 1995).

infografía sobre tipos de estructuras familiares modernas, incluyendo

Tendencias Socio-Demográficas y la Segunda Transición Demográfica

En los últimos 20 o 30 años, se han perfilado fuertes procesos de transición demográfica y nuevas realidades sociales en Latinoamérica (Vasconcelos y Medsado, 2005):

  • La transición demográfica, caracterizada por la disminución de la tasa de natalidad y el envejecimiento de la población.
  • Las innovaciones en tecnologías de reproducción, control de natalidad y prevención de enfermedades de transmisión sexual, generando una revolución en la sexualidad femenina y la plena participación de la mujer en el mercado laboral, con menor disponibilidad para el cuidado doméstico.
  • Una creciente individualización cultural.
  • Cambios en las relaciones conyugales, con aumento de familias matrifocales (Castells, 2006) y una distancia de la presencia física o simbólica del padre.
  • Fortalecimiento de la expectativa de vida, incluyendo condiciones sanas a nivel físico y psíquico.

El concepto de "transición demográfica" abarca dos procesos diferenciados (Ron Lesthaeghe, D.J. Van de Kaa, 1986). La primera transición se centra en la baja de las tasas de fecundidad y el aumento de las tasas de mortalidad, mientras que la segunda transición da cuenta de profundas transformaciones en la nupcialidad, nuevos arreglos familiares y formas de vínculo. Estas transformaciones se acompañan de:

  1. Incremento de la soltería.
  2. Retraso del matrimonio.
  3. Postergación del nacimiento del primer hijo.
  4. Expansión de las uniones consensuales.
  5. Expansión de los nacimientos fuera del matrimonio.
  6. Alza de las rupturas matrimoniales.
  7. Diversificación de las modalidades de estructuración familiar (Lesthaeghe, 1998).

Esto indica no solo factores que modifican el crecimiento poblacional y el papel del matrimonio, sino también nuevas formas de constitución familiar que antes eran marginales. Las familias monoparentales (en su mayoría encabezadas por mujeres) y los hogares unipersonales implican la constitución de nuevas formas de construcción de subjetividad y vínculos que aún no han sido suficientemente estudiadas.

Las transformaciones en las normas, actitudes y motivaciones son aspectos centrales de la transición demográfica (García, B- Rojas, O, 2001). Esto incluye una progresiva individuación, la tendencia hacia una mayor autorrealización, y la vigencia de perspectivas que valoran la igualdad, la emancipación y la plena participación de mujeres y grupos desfavorecidos. La segunda transición demográfica también implica una reevaluación de los "costos" de oportunidad del matrimonio y la paternidad/maternidad (Van de Kaa, 1980, 1987), una profundización de elementos ya presentes en las relaciones tradicionales del sujeto frente a las instituciones y el Estado desde la constitución de la sociedad moderna (Klein, 2002, 2006).

Tendencias Demográfico-Familiares en América Latina

Hasta los años ochenta, la transición demográfica en América Latina mostraba diferencias regionales. Países como Argentina, Uruguay y Chile estaban a la vanguardia con reducidos niveles de fecundidad y altos porcentajes de población mayor, con una edad media al momento de la unión ligeramente más tardía (Rossetti, 1993; CEPAL, 1994; Cosío Zavala, 1996; Quilodrán, 2001). La información más reciente confirma una paulatina disminución de estas diferencias.

Según parámetros culturales más tradicionales, el matrimonio sigue siendo una alternativa válida para muchos latinoamericanos. Sin embargo, la edad de acceso al matrimonio en América Latina a fines del siglo XX aún mostraba una diferencia considerable (aproximadamente 3 años) con respecto a Estados Unidos y Canadá (García, B.-Rojas, O., 2001: 10).

Aunque se observan "incipientes señales de cambio en la dirección observada durante la segunda transición demográfica" en algunos países latinoamericanos, es necesario explorar la extensión y el significado de estas transformaciones en naciones social y económicamente polarizadas antes de afirmar su analogía con los países desarrollados (García, B.-Rojas,O. , 2001: 79).

Cambios en el Modelo de Familia y el Rol de los Abuelos

El patrón de la "familia nuclear", asociado a una estructura de actividades complementarias, identidad masculina y femenina definida, y la corresponsabilidad de los padres hasta la mayoría de edad de los hijos (Féres-Carneiro, 2004), coexiste con una variedad de nuevas estructuras familiares en las sociedades industrializadas (Harper, 2003). Una característica destacada es la baja del índice de fertilidad por aplazamiento de la maternidad, acompañada del ingreso femenino al mercado laboral (Harper, 2003 y Hoff, 2007).

Las rápidas transformaciones políticas, económicas y sociales coinciden con cambios significativos en la vida familiar y sus vínculos (Rizzini, 2001), lo que lleva al uso de términos como "stepfamily" y "collected family". Estos cambios implican que la "interacción entre padres e hijos tiende a declinar significativamente luego del divorcio" (Harper, 2003: 177). Una consecuencia importante es que los adolescentes pierden mayoritariamente el contacto con la figura paterna, prevaleciendo la materna (Harper, 2003).

El aplazamiento de la maternidad es un fenómeno más cercano a mujeres de clase media y alta, no verificándose en clases sociales de bajos recursos, un dato destacado en la bibliografía europea (Khan, 2005) y latinoamericana, donde se correlaciona pobreza con embarazo y población adolescente (Lammers, 2000), implicando la reproducción de la pobreza a través de la maternidad adolescente.

En muchas familias, se observa una dificultad de los padres para asumir claramente los roles parentales-maternales, calificándose como "estructura de padres agobiados" (Klein, 2006) que modifica sustancialmente su capacidad de cuidado y educación. Cada vez más, los adolescentes viven y crecen en estas nuevas configuraciones familiares: "Los adolescentes y los jóvenes viven en familias nucleares con menor frecuencia que los niños, se trata de algo menos que dos tercios de los varones y las mujeres de entre 15 y 24 años. En cambio, llegados a estas edades es más frecuente encontrarlos viviendo en una familia extendida o compuesta (33 por ciento en comparación con 27 ciento de los niños)" (Wainerman, 1996: 219).

Estas situaciones sociales, económicas y culturales llevan a que muchas madres, tras un divorcio y con o sin dificultades económicas o emocionales, regresen a la casa de sus padres o suegros, haciendo que los abuelos proporcionen ayuda no solo a sus hijos sino también a sus nietos (Castells, 2006), actuando a menudo como "dirigentes" de la familia (Wainerman, 1996). Esta demanda de ayuda hacia los abuelos se verifica incluso si no viven permanentemente con la familia (Terezinha Feres-Carneiro, 2005).

Bengtson (2001) sugiere que los abuelos desempeñan un papel cada vez más importante en las familias multigeneracionales. Los efectos combinados de una mayor esperanza de vida (un curso de vida más largo junto a los nietos) y la fertilidad descendente (pocos nietos) pueden resultar en una mayor relación abuelos-nietos, e incluso en abuelos que compiten por la atención de sus pocos nietos (Uhlenberg, 2005). Moragas (1997) y Harper (2003) destacan que la mayor longevidad propicia una coexistencia más larga y un mayor acercamiento entre abuelos y nietos.

El rol de las personas mayores se modifica, pasando de ser personas pasivas que necesitan cuidados a ser miembros activos de la familia, proporcionando protección y cuidados (Terezinha Feres-Carneiro, 2005). Estos cambios sociales y familiares implican un cambio profundo en los papeles del abuelo y la abuela (Fisher, 1983; Wilcoxon, 1987), aunque estos nuevos tipos de relación abuelo-nieto no han recibido la atención deseable, predominando la tendencia de colocar a los abuelos en roles de altruismo y autosacrificio (Silverstein 2006, en: Hoff, 2007).

Aumento del Cuidado de Nietos por Abuelos

Se observa una tendencia creciente en la que un gran porcentaje de abuelos cuidan y crían a sus nietos, sean niños o adolescentes. En 2005, se estimaba que 4.5 millones de niños vivían con sus abuelas en Estados Unidos, un incremento del 30% respecto a 1990 (AARPF, 2005). Los datos indican un aumento continuo, con aproximadamente 2.4 millones de hogares donde los abuelos son los únicos cuidadores de sus nietos adolescentes (Census Bureau, 2002). Estos abuelos suelen ser requeridos para ofrecer asistencia en tiempos de crisis (Baldock, 2007).

Muchos jóvenes con padres encarcelados tienden a vivir con sus abuelos, especialmente abuelas (Smith, Krisman, Strozier y Marley, 2004). En algunos casos, estos abuelos ofrecen amor incondicional y apoyo sin considerar la responsabilidad o cómo el rol de cuidadores modifica sus vidas (Baldock, 2007).

Características de los Abuelos Cuidadores

Según la revisión de Fitzgerald (2001), los abuelos biológicos cuidadores comparten cinco características:

  1. Etnicidad: En Estados Unidos, los grupos étnicos afroamericanos y latinos son los que proporcionan más cuidado.
  2. Edad: El promedio de edad está entre 55 y 59.9 años.
  3. Género y Pobreza: Generalmente son mujeres con plena responsabilidad por sus nietos, que son pobres o están por debajo de la línea de pobreza, lo que hace estresante el cuidado.
  4. Nivel de Educación: Presentan un nivel de educación bajo.
  5. Estado Civil: Muchas de estas abuelas son viudas o viven solas.

Fitzgerald (2001) también señala que a menudo tienen dificultades para ejercer el poder y control en la crianza de sus nietos, especialmente si son niños. Kelch-Oliver (2008) identifica tres tipos de abuelos:

  • No cuidadores: Asumen cierto grado de responsabilidad, pero permiten que sus nietos retornen con sus padres biológicos.
  • Coparentales: Viven con sus nietos y al menos un padre biológico, compartiendo la crianza.
  • Custodios: Toman plena responsabilidad por sus nietos.

Las razones por las que los abuelos asumen la plena responsabilidad de sus nietos son diversas y a menudo relacionadas con problemáticas y crisis familiares, incluyendo: abuso de drogas, embarazo adolescente, divorcio, padres que viven solos, padres en prisión, abuso infantil, violencia doméstica, dolencia mental y física, y descuido (Lever y Wilson, 2005; Kelch-Oliver, 2008). Otras investigaciones confirman que la custodia de los nietos se relaciona con problemas parentales de infracciones legales o incompetencia en la educación (Goodman y Rao, 2007).

Los abuelos en la vida de la familia. Cortometraje.

Impacto en Abuelos y Nietos

Desde la perspectiva de los jóvenes, la experiencia vincular con sus abuelos a menudo surge de experiencias negativas, decepción y resentimiento en relación con experiencias sociales, culturales y familiares previas (Sands, Golberg-Glen y Thorton, 2005). Sin embargo, también existen déficits por parte de los abuelos. Investigaciones indican que muchas abuelas cuidadoras experimentan limitaciones físicas, problemas mentales y baja satisfacción con sus vidas, aunque también puede brindarles satisfacción (Sands et al., 2005).

Estrés y Desafíos para los Abuelos Cuidadores

Se han detectado estresores relacionados con la transición de roles, problemas financieros y estrés familiar. Uno de ellos radica en la percepción de las abuelas sobre las fallas del Estado, a través de los trabajadores sociales, para atender las necesidades de sus nietos (Rodgers y Jones, 1999). Las abuelas se sienten carentes no solo de recursos financieros, sino también de soporte familiar, estatal y social (Goodman y Silverstein, 2006).

Muchas madres de estos nietos han pasado por problemas de delincuencia y abuso de drogas y alcohol, factores que posiblemente generen problemas de desarrollo en los jóvenes (Whitley, 2006). Prácticas educativas ineficaces por parte de los padres (Patterson, De Baryshe y Ramsey, 1989) y familias con poca cohesión, relaciones jerárquicas desequilibradas o muy rígidas (Gehring, 1993; Wood, 1985) parecerían facilitar el surgimiento de jóvenes infractores.

Investigaciones indican que los adolescentes infractores tienen dificultad para comunicarse con su familia, hablar de sus problemas y pedir ayuda. Los conflictos familiares no resueltos generan frustración y problemas de comunicación (Branco, Wagner y Demarchi, 2008). Otros factores incluyen el abuso y la negligencia familiar, así como un estilo parental hostil, crítico y punitivo, lo que aumenta la posibilidad de respuestas violentas e intolerantes ante situaciones estresantes (Hein, 2004). Los padres dejan de cumplir su función paternal para volverse negligentes, abusadores y hostiles (Carvalho y Gomide, 2005), convirtiéndose en figuras amenazantes y carentes de posibilidades de regulación familiar.

Una teoría sugiere que la ausencia o debilidad en la capacidad de establecer límites facilita la conducta delictiva (Goode, 2012). Padres de hogares "quebrados" son menos capaces de controlar a sus hijos que aquellos con hogares intactos (Johnson, 1986). Correlativamente, jóvenes criados por abuelos envejecidos o estresados igualmente tendrían menos control de sus conductas o menor capacidad afectiva, lo que sería una situación de riesgo (Benson, 2002). Estas investigaciones sugieren que no son los hogares "disfuncionales" en sí mismos la causa del aumento de la delincuencia, sino más bien la cualidad de los vínculos familiares. Algunos autores indican que los problemas con la ley en estos adolescentes responden a la falta de un cuidador adecuado (Keller, Catalano, Haggerty y Fleming, 2002).

Consecuencias en la Calidad de Vida de los Abuelos

Un campo de investigación se ha abierto en torno a cómo esta nueva forma de abuelidad incide en los propios abuelos. Numerosas investigaciones indican que la crianza de los nietos trae consecuencias psíquicas y físicas negativas en los abuelos (Whitley, Kelley y Sipe, 2001). Esto no se refiere solo a experiencias de abuso o negligencia, sino a la dificultad o el franco rechazo de los abuelos a asumir estos nuevos roles.

Aunque estos nietos expresen una mayor necesidad de seguridad y equilibrio emocional, surge la frustración de que estos abuelos no pueden proporcionarles los factores afectivos que demandan (Miller et al., 2000). Para esta población, podría establecerse un circuito de desamparo, donde se reclama lo que no se puede brindar, sin que se logren encontrar alternativas saludables (Dowdell, 2004, 2005). Todos estos factores indican un panorama multidimensional, donde interactúan elementos individuales, familiares y sociales (Elliot, 2001).

gráfico de barras comparando niveles de estrés en abuelos cuidadores vs. abuelos no cuidadores

Factores Generacionales y Transmisión de Problemas

Se suman factores generacionales que indican la incidencia de repetición de problemas de desamparo, con exposición a problemas emocionales y sociales en al menos tres generaciones consecutivas (abuelo, padre y nieto). Esto se debe a procesos de reajuste, estrés y recombinación que tienden a continuarse, multiplicarse y fortalecerse en cada nueva generación (Wilson, 1987). Esta persistencia generacional se confirma en investigaciones que indican cómo un abuelo, padre, madre, hermano o hermana con problemas de crimen son predictores de jóvenes con problemas con la ley (Farrington et al., 1996; Farrington, 2001). Estos estudios intergeneracionales resaltan la importancia de considerar la transmisión intergeneracional como un factor fundamental (Besjes y Van Gaalen, 2008).

En estos entornos generacionales se percibe desencanto con el conjunto social y estrés crónico, asociados a experiencias repetidas de humillación, falta de oportunidades y necesidad de sometimiento (Forrester, 2000). El conjunto generacional alberga emociones desestabilizadoras como la vergüenza, el sentimiento de inadecuación, la depresión, la denigración, el agobio y la culpa, con su correlato de violencia y confusión en los vínculos. La construcción familiar y generacional se realiza desde un apego desorganizado y se consolida en torno a la expectativa ansiosa, la inseguridad prevalente y la dificultad de consolidar un self cohesivo y discriminado (Fonagy, 2000).

Las investigaciones sobre apego sugieren que una situación de maltrato social puede inducir un ciclo generacional extremadamente perturbado. Maltrato social, maltrato generacional y maltrato familiar se retroalimentan en un cuadro preocupante (Abramovay, 2002). Si los abuelos no logran encontrar una versión reconocible de sí mismos a nivel social y generacional, el joven tampoco logra encontrar una versión reconocible de sí en ellos (Winnicott, 1979).

Un factor de desamparo es la dificultad de mentalizar situaciones problemáticas, mantener la tolerancia a la frustración y encontrar soluciones adecuadas que no estén fuera de la capacidad de razonar y de la estructura racional de la ley. Se trata no solo de "padres agobiados" sino de "abuelos agobiados" en su capacidad de transmitir las reglas y normas sociales. Hay un sentimiento de agotamiento de las estructuras de apoyo y sostén que lleva al desencanto y a conductas de supervivencia. La construcción de la transmisión generacional se consolida en torno a la expectativa ansiosa, la inseguridad prevalente y la dificultad de transmitir leyes y conductas sociales.

Más que transmisión entre generaciones, parece existir "repetición" entre generaciones, replicándose compulsivamente hechos traumáticos que resisten su elaboración y resignificación. Los nietos reciben como herencia no tanto modelos y estructuras, sino más bien cuestiones sin resolver y conflictos compulsivos, descontextualizados y atemporales (Tisseron, 1995). Son familias donde prevalece lo indecible (propio de la primera generación), lo innombrable (propio de la segunda generación), y lo impensable (en la tercera generación) (Tisseron, 1995).

Estudio sobre la Calidad de Vida en Adultos Mayores Cuidadores de Nietos en México

Un estudio descriptivo-correlacional y comparativo investigó la calidad de vida en adultos mayores cuidadores de nietos en el norte y suroeste de México. La muestra incluyó 326 adultos mayores (M=68.56 años), 54.9% hombres y 45.1% mujeres, dedicando un promedio de M=9.10 horas al cuidado del nieto.

Metodología del Estudio

Se aplicó una cédula de datos personales (edad, sexo, escolaridad, estado civil, lugar de residencia, horas de sueño, número de hijos y horas de cuidado del nieto) y la Escala de Calidad de Vida Autopercibida en Adultos Mayores en Comunidad (ECVAM-60), con 60 ítems y una escala tipo Likert de 0 a 4 puntos en siete dimensiones: Bienestar general, Necesidades económicas, Autodeterminación y plan de vida, Autonomía, Trabajo y ambiente, Bienestar intrasubjetivo y Redes de apoyo y ocio. Una puntuación más alta indica mejor calidad de vida. Los datos se analizaron con SPSS versión 22, utilizando estadística descriptiva e inferencial (U de Mann-Whitney, Chi cuadrada y Spearman).

Resultados Principales

Los hallazgos indicaron una calidad de vida promedio de M=150.58 (DE=29.722) en la población adulta mayor en general, categorizándose como nivel de calidad de vida bajo al 23.6% (77), medio al 28.2% (92) y alto al 48.2% (157).

Se encontró una asociación significativa entre la calidad de vida y la zona geográfica de México (Chi=35.695, p=0.000). También se observó que a mayor edad y número de hijos, menor calidad de vida. Hubo diferencias significativas en las horas de cuidado del nieto y la calidad de vida, siendo mayor en la población del norte de México.

Los resultados muestran que la mayoría de los participantes tenían una M de edad de 68 años, siendo predominantemente hombres y casados, datos que difieren de estudios previos donde la mayoría eran mujeres (Ariansola et al., Muñoz et al.). El nivel de calidad de vida alto (48.2%) es similar a estudios en Nigeria (31.4%) y España (40%) (Aransiola et al., Benito, 2014).

Se confirmó la relación inversa entre mayor edad y número de hijos con una menor calidad de vida en adultos mayores cuidadores de nietos, lo cual coincide con estudios en Brasil, Cuba, España y México, donde estos componentes contribuyen a la pérdida del bienestar y la satisfacción con la vida, relacionados con el proceso de envejecimiento (Esquivias y Roldán, 2015; Medina-Fernández et al., 2020; de Cerqueria et al., 2021; Martínez Pérez et al., 2018).

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