Desde la segunda mitad del siglo XX, las mujeres en las aldeas gallegas, nuestras madres y abuelas, se dedicaron a las duras labores agrícolas y ganaderas ya desde bien pequeñas. Después, de mayores, tuvieron que ocuparse de su casa y de cuidar de sus hijos, su marido y el resto de la familia que iba envejeciendo. De hecho, muchas de las faenas rurales eran exclusivamente realizadas por ellas.
El Rol Histórico de la Mujer Rural Gallega
La vida de la mujer campesina gallega, y en general de la mujer rural española, ha estado marcada por una dedicación incansable, combinando las tareas del hogar con un extenuante trabajo en el campo, esencial para el sustento familiar y la economía local.
Labores Agrícolas a lo Largo del Año
La Primavera: Siembra y Preparación
Durante la primavera, los trabajos en el campo eran muchos y variados, pudiéndose destacar la siembra. Previamente, en febrero, las mujeres hacían los semilleros, preparaban la tierra y sembraban las semillas de remolacha, cebolla, tomate, pimiento, entre otras, que habían guardado de las plantas de la temporada anterior. Al llegar la primavera, los huertos estaban ocupados con nabos, cebada y avena, forraje para los animales, especialmente para las vacas.
Al quedar libres, los terrenos se araban con el arado tirado por las vacas que ellas guiaban. Después, entre mujeres y hombres, troceaban los terrones, quitaban las malas hierbas y sacaban y acarreaban el estiércol desde las cuadras de los animales hasta los huertos. Una vez preparada la tierra, sembraban los pimientos, la remolacha, los tomates, las lechugas, las cebollas, etc. También participaban en la siembra de las patatas, producto principal de la huerta, tarea que compartían con el hombre.

Verano: Siega y Cosecha
Durante la siega de la hierba verde, a media mañana, las mujeres llevaban el almuerzo a los hombres a los prados y extendían la hierba para que se secara mientras ellos comían. Después, juntaban la hierba en feixes o haces para transportarlos a los carros, y de aquí a los pajares donde se almacenaban como alimento para el ganado durante el invierno y la primavera. Aunque era un trabajo tradicionalmente masculino, ellas también segaban cuando era necesario.
Al terminar la siega de la hierba, empezaba la del trigo y el centeno, que se almacenaban formando las medas (apilado en forma de cono) en las eras comunitarias, y se mallaban entre todos los vecinos. En agosto, arrancaban las patatas junto a los hombres; en los terrenos grandes se hacía arando con las vacas, y en los pequeños, con la azada. En este momento, también atendían con esmero el huerto: regaban y recogían las lechugas, judías, pimientos, etc. Como cuidadoras de la casa, almacenaban las cebollas, judías, habas, y otros productos.

Otoño: Vendimia y Recogida de la Castaña
La vendimia y la recogida de la castaña eran las dos grandes labores del campo en otoño. Eran, además, dos trabajos por los que se obtenía un beneficio económico con la venta de la uva y la castaña. En la vendimia, también participaban otros miembros de la familia, incluidos niños y niñas, que ayudaban a cortar los racimos y transportarlos en cestos al carro. Aunque la elaboración del vino era tarea del hombre, en caso de necesidad lo realizaba la mujer.
La recogida de la castaña se hacía después de la vendimia, en noviembre y diciembre. Era una faena agotadora, pues se pasaban el día dobladas en los soutos o montes de castaños, y se realizaba en una época del año de lluvia y frío.
La Castaña de Galicia
Invierno: La Matanza del Cerdo
La matanza era la tarea más importante de la época de invierno, realizada entre diciembre y enero, ya que para llevarla a cabo se necesitaba frío. Las mujeres criaban, alimentaban y cuidaban los cerdos comprados en ferias y mercados. Una vez terminada la matanza, recogían la sangre para elaborar las filloas de sangre, los intestinos y las vísceras del animal.
Después de servir el almuerzo, comer y recoger, las mujeres de la familia y las vecinas que acudían a ayudar se dirigían al río para lavar las tripas del animal, una tarea que les llevaba toda la tarde. Era un momento para ellas, para estar juntas y hablar de sus cosas.
La Doble Jornada: Campo y Hogar
Los trabajos habituales de la casa se compaginaban con las tareas del campo en una rutina extenuante. Por las mañanas temprano, después del desayuno, la campesina iba a ordeñar las vacas y soltaba las cabras para que marcharan al monte con el rebaño comunitario. Seguidamente, daba de comer a los cerdos, conejos y gallinas. Al acabar estas faenas, se dedicaba a las de la casa: barrer, hacer camas, etc. Tras hacer la comida y comer, daba la segunda comida a los animales y volvía a trabajar en el campo.
Si el tiempo no le permitía salir, aprovechaba para realizar labores del hogar como coser, hacer ganchillo, o ir a lavar la ropa al lavadero. Ciertos días al mes, le tocaba ir con el rebaño de cabras al monte. Ese día salía temprano de casa hasta la caída de la tarde, caminaba varios kilómetros y el tiempo libre, en que las cabras estaban comiendo, lo aprovechaba para coser o hacer ganchillo. Otra tarea que solía hacer en primavera y verano era llevar a las vacas a pastar al monte por las mañanas.
Invisibilización y Vulnerabilidad de la Mujer Rural Mayor
La vida de las mujeres en las aldeas no fue nada fácil. Criaron muchos hijos y cuidaron del marido y de su casa. Eran campesinas que trabajaron en las duras faenas descritas en el campo, pero su trabajo no estaba reconocido como tal, no estaba valorado, sino que se consideraba una ayuda a la familia o al marido. Por esta razón, no constaban en ninguna estadística laboral, no tenían ningún derecho, y por supuesto, no cobraban ningún salario o pensión, dependiendo económicamente del marido.
Si comparamos su condición social con la de las mujeres de las ciudades, que también se dedicaban a sus labores, podemos ver una importante diferencia, y es que estas, si trabajaban fuera del hogar, percibían un sueldo.
El Desafío Actual del Sector Agrario y la Población Envejecida
En las últimas décadas, ha habido grandes cambios sociales, culturales, económicos y tecnológicos que han repercutido en las faenas rurales. Asimismo, ha cambiado, en general, el papel de las mujeres trabajadoras en el rural, que ya se visibiliza como lo que son: trabajadoras agrícolas y ganaderas, sumándose a la población activa del sector primario. Si bien es un trabajo que, debido al despoblamiento del rural, cada vez realizan menos personas.
La agricultura no es solo un recuerdo o gesto: ha sido uno de los pilares que sostuvieron a España durante décadas. Sin embargo, el sector se enfrenta a la amenaza de un envejecimiento considerable, donde dos de cada tres titulares de explotaciones estarán en edad de jubilación en el año 2030, lo que supondría la pérdida de más de 200.000 autónomos. Además, la llegada de la maquinaria hizo que no fuera preciso contratar tanto personal, lo que forzó la salida de muchos trabajadores del campo a las ciudades. El sistema actual exige trámites continuos y complejos, desalentando a quienes deberían estar empezando o a quienes ya han iniciado.
En el periodo de 1900 a 1950, la agricultura era el corazón económico y social del país: más del 20-40% de la población de muchas regiones vivía de ella. Aun así, los mayores siguen siendo la fuerza motriz. La ausencia de jóvenes en el campo no es solo un dato demográfico, sino una herida silenciosa que deja marcas profundas en el territorio. Una de las primeras consecuencias es el abandono progresivo de tierras; cuando un agricultor mayor no puede seguir y no hay nadie dispuesto a continuar, las parcelas quedan sin cultivar, se deterioran y se pierde producción, paisaje y biodiversidad. En muchos pueblos, las cooperativas y bodegas son las principales empresas locales, impulsando la renta per cápita en todo el municipio.

Iniciativas para el Futuro del Campo y el Bienestar de los Mayores
A principios de junio de 2025, el ministro de Agricultura, Luis Planas, anunció la próxima presentación de una hoja de ruta con iniciativas de distinta índole para favorecer la incorporación de jóvenes a la actividad agraria. Este anuncio es un paso positivo, aunque por ahora ficticio y a la espera de una fecha de implementación. La mejor forma de entender el periodo actual y la problemática del campo es escuchando testimonios de los jóvenes agricultores.
En el mundo rural viven más personas de edad avanzada que en el mundo urbano. Los mayores de 65 años suponen más del 28% de la población en los pueblos de menos de 2.000 habitantes, mientras que en las ciudades representan el 17,7% de la sociedad. La Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) celebró el Día Internacional de los Abuelos y Abuelas, agradeciendo públicamente su contribución al funcionamiento de la sociedad rural.
Sin embargo, Fademur ha recordado que las personas mayores del mundo rural también “son uno de los grupos sociales más vulnerables”. Sufren la falta de servicios como hospitales, geriátricos o centros de día y recortes -como las pérdidas de ayuda a la dependencia- que provocan soledad, abandono y despoblamiento. Las pensiones más bajas de España se encuentran en los pueblos, siendo un 41% inferiores que en el medio urbano. Es por esto que la población mayor que vive en los pueblos tiene un 35% más de posibilidades de caer en la pobreza y la exclusión social que en las ciudades, según el indicador Arope. Sobre este aspecto, Fademur ha señalado que las mujeres mayores rurales son las que peor situación afrontan debido a la histórica invisibilización de su trabajo.
Programa "Cuidándonos para un Futuro Mejor" de Fademur
Por todo ello, Fademur está trabajando con este grupo de edad a través del programa “Cuidándonos para un futuro mejor”. Esta iniciativa consiste en la promoción del envejecimiento activo entre la población mayor de 65 años. El objetivo es darles las herramientas para que mejoren por sí mismos su bienestar físico, psicológico y social. Para ello, se están celebrando talleres por muchos pueblos de toda España. Además, el programa cuenta con la colaboración de una “red de voluntarias por un envejecimiento activo” por todo el país, que apoya la difusión del programa y divulga sus objetivos entre la población local.
Un Llamado a la Acción y la Gratitud
La diversidad de nuestro campo nos proporciona alimentos increíbles, pero detrás de cada uno hay agricultores que luchan por seguir adelante. Entre todos, con pequeños gestos, podemos hacer que mejoren sus condiciones, la calidad de los productos que consumimos, proteger nuestros negocios locales, nuestra esencia de cada lugar y su tradición. La agricultura ha sido el latido silencioso que sostuvo a España durante generaciones. Hoy, sin embargo, ese corazón envejece y nos necesita.
Los pueblos se vacían, las manos jóvenes escasean y el futuro del campo amenaza con diluirse si no actuamos a tiempo. La huerta española, esa mezcla única de climas, suelos y biodiversidad, sigue siendo un tesoro que nos alimenta y nos identifica. Cuidarla no es solo una responsabilidad, es también un acto de gratitud hacia quienes han dedicado su vida a ella. Quizá el futuro del campo no dependerá solo de grandes reformas, sino de recuperar algo tan sencillo como mirar a la tierra con respeto y reconocer su valor. Porque, al final, todos llevamos guardado un recuerdo que huele a verano, a campo y a hogar.