Los hogares para adultos mayores, concebidos como refugios de cuidado y tranquilidad, han sido escenario de devastadoras tragedias en distintos puntos de Latinoamérica. Dos incidentes recientes, uno en Chiguayante, Chile, y otro en Treinta y Tres, Uruguay, conmocionaron a sus respectivas naciones al cobrar la vida de diez ancianos en cada uno de ellos, revelando vulnerabilidades y la profunda deuda social con la población envejecida.
Tragedia en Chiguayante, Chile (14 de agosto de 2018)
El Incendio y las Víctimas
Al menos 10 mujeres que estaban en un asilo de la ciudad de Chiguayante, Chile, murieron este martes 14 de agosto de 2018 en un voraz incendio que se propagó durante la madrugada en el centro, según informó el gobernador del Biobío, Jorge Ulloa. Todas las víctimas eran del sexo femenino y ocupaban el dormitorio número dos de mujeres. El fiscal Michelangelo Bianchi afirmó: “Son dos dependencias que están carbonizadas, una de ellas donde se puede apreciar camas, donde hay tres personas que va a ser un poco más fácil identificarlas porque estaban en sus camas y la otra es una dependencia más grande donde están los otros cuerpos”. En el ancianato había un total de 42 adultos mayores, 13 de ellos estaban en el pabellón siniestrado, todas mujeres.

Detalles de la Investigación
Las primeras hipótesis indican que las llamas, que comenzaron hacia las 3:30 de la madrugada, se originaron en uno de los dormitorios y afectaron a dos módulos de la residencia, indicó el diario El Mercurio. El origen estaría en un cortocircuito o una estufa. José Garrido, guardia del recinto, quien dio la alarma, dijo a radio Cooperativa que escuchó "un fuerte golpe" antes del estallido del fuego. El fiscal Bianchi añadió: "Hay algunas versiones, declaraciones de los encargados del lugar. Algunos hablan de haber escuchado un sonido fuerte que pudiese ser un cortocircuito". Él mismo agregó: "Yo en el sitio del suceso también veo una estufa que hay ahí, pero todo es materia de investigación". El general Rodrigo Medina aseguró que personal de Labocar estaba trabajando en el lugar desde las 5:00 de la madrugada, esperando que Bomberos entregara el sitio del suceso para realizar un mejor trabajo y esperando la luz del día para una labor más seria y finiquitada.
El cabo primero José Romero, quien fue de los primeros en llegar junto a un colega, relató que recibieron el mensaje de un incendio declarado en un hogar. Tardaron entre 7 y 10 minutos, y al llegar, el pabellón 2 ya "estaba declarado", lo que significaba que nada se podía hacer. Adentro dormían 11 mujeres y se suponía que debían haber dos funcionarias cuidándolas; una de ellas declaró haber escuchado una explosión. Romero recordó que cuando se les indicó que había más adultos mayores atrapados en otros pabellones y que estaban siendo alcanzados por el fuego, sin dudar, comenzaron a sacarlos por instinto natural. Lograron rescatar a 15 adultos mayores hasta que llegó ayuda. Del pabellón 2, sólo una abuelita sobrevivió, escapando por la ventana con quemaduras y sin ayuda. “Cuando bajó la adrenalina sentí miedo. Actuamos sin pensarlo, sólo para salvar vidas. Pensé en mi familia, en mis hijos, en mi señora. Yo no me siento un héroe, sólo logré hacer lo que más pude en ese momento junto a mi colega”, expresó el cabo.
Autoridades levantan alerta roja por incendio en Chiguayante: investigan causas
Historias de Vida: Un Vistazo a las Víctimas
Juanita Arriagada, quien vivió la mayor parte de su tiempo en Cabrero, tuvo siete hijos y se dedicó a criarlos y atender a su marido. Tras un accidente vehicular en 2000 que la dejó sola, comenzó a decaer y a olvidar cosas debido al Alzheimer, lo que llevó a su ingreso al Hogar Santa Marta 15 meses antes de la tragedia, a pesar de la reticencia familiar. Su hija Nelly Balboa relató: “Nunca le vimos un psicólogo. Poco a poco comenzó olvidando las cosas.” El día que la trasladaron, casi todos sus hijos se reunieron en casa, la abrazaron, le compraron ropa nueva y la marcaron con su nombre. Juanita llegó al hogar con euforia, diciendo a quien la recibió: “¡Mira dónde nos vinimos a encontrar!”, aunque nunca antes la había visto.
Deyanira Venegas, de 97 años al momento del incendio, perteneció al coro de la sinfónica y al grupo de ballet de la Universidad de Concepción. Tenía una voz privilegiada y siempre estaba cantando o recitando algún poema. Fue profesora y dedicó su vida al arte y a la crianza de sus hijos. Era una mujer independiente y activa hasta sus casi 85 años, pero el Alzheimer la llevó a tropezarse y sufrir lesiones. Su familia contrató cuidadoras, pero la necesidad de atención permanente llevó a su ingreso al Hogar Santa Marta en 2016. Su hijo expresó: “Nosotros queríamos que estuviera bien.”
Elsa Hidalgo, profesora que trabajó en la Cruz Roja y dedicó parte de su vida a cuidar ancianos, vivía sola en Melipilla. Sin hijos y con familia escasa, llamó a sus “sobrinos” en Concepción tras un evento traumático que la dejó llena de moretones y casi sin hablar. Aunque nunca contó lo sucedido, se sospecha de un asalto. Este trauma alteró su vida y, por primera vez, necesitó cuidados. Llegó al hogar con 87 años, 10 meses antes de la tragedia, y con el tiempo mejoró, mostrando un rol protector con las demás residentes: “Ella nunca se iba a acostar si no estaban todas acostadas.”
Laurentina Espinoza fue minadora en Huachipato hasta casi sus 60 años, después viajó por Chile, llegando incluso a Tacna, Perú. Recordaba con cariño la Laguna San Rafael. Su anhelo era conocer la tumba de Carlos Gardel y Leonardo Fabio en Argentina. Vivió sola un tiempo en Chiguayante, pero la desesperación por no poder socializar la llevó a pedir ingresar al hogar. Llegó con 91 años, 7 meses antes del incendio, y “se enamoró del lugar.” Le encantaba sentarse junto a la chimenea, conversar y disfrutar de las comidas, siendo fan de las pantrucas. Sus hijas Ana y Ximena Sáez, junto a su yerno, Gregorio Cuevas, relataron: “Aquí era bonito. Plantaban su comida, bailaban, pintaban, tenía ejercicios. Las cuidadoras eran excelentes, igual que los kinesiólogos.” La familia, que la visitaba a diario, lamentó no haber notado deficiencias como la falta de extintores y pasillos estrechos, a pesar de la felicidad de Laurentina.
Amanda Riquelme, una de las más jóvenes y coqueta de las residentes, padecía glaucoma, depresión y trastorno de personalidad. Su hija mayor, Isabel Marín, confesó que su madre siempre había expresado un deseo de morir, intentando suicidarse varias veces. Le gustaba ser la más bonita y se enamoró del kinesiólogo del Hogar. Llegó a la casa de reposo dos meses antes del incendio, llorando para irse pero luego cantando en el auto cuando la dejaban. Nunca quiso depender de nadie.
Estado del Hogar Santa Marta y Reacciones
La capacidad total del recinto era de 46 personas y en el momento del incendio había 42. Una de las sobrevivientes sufre quemaduras en una pierna y está hospitalizada. Los 32 sobrevivientes han sido trasladados a lugares seguros, 13 de ellos con sus familias. Sigrid Ramírez, coordinadora del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), afirmó que el centro "cumplía al parecer con todas las normas y tenía su resolución sanitaria al día. Se veía como un establecimiento muy bueno de la comuna". No obstante, la familia de Laurentina Espinoza reveló: “Fuimos ignorantes. Nunca nos fijamos que el hogar no cumplía. No había extintores, los pasillos eran estrechos…” La dueña del Hogar Santa Marta, Marta López, declaró a BioBioChile que el incendio jamás se pudo prever y fue un accidente insospechado para ella. Contrario a lo que dice la parte querellante, ella argumenta que el origen del incendio fue en otra estufa, sin marca, con soldaduras rotas y con un cañón que provenía de una caldera, no la estufa nueva Amesti que habían instalado en el comedor grande. El hogar se formó como Casa de Reposo en 1966 y desde 2010 lo administraba Marta. Meses después del incendio, cerró para siempre. “Dejé de ser feliz, salvo la alegría que me da ver a mi familia (…) Todos tratan de alegrarme el día a día, pero nunca sabrán el calvario que he vivido en estos 3 años. No hay noche que no despierte con las imágenes del incendio y las sirenas de los bomberos ingresando al predio”, expresó.
“El país entero está conmocionado, emocionado y conmovido por esta tragedia. La verdad que cuesta entender por qué ocurren estas cosas”, dijo visiblemente afectado el presidente Sebastián Piñera, quien ante la magnitud de la tragedia viajó a Chiguayante. El mandatario dio a entender que las mujeres murieron quemadas, no asfixiadas por el humo, que era otra posibilidad, y que se haría todo lo posible para identificar los cuerpos con la mayor rapidez.
Desenlace de la Investigación y Legado
Labocar de Carabineros concluyó en su informe que la causa basal fue el recalentamiento del cañón de la estufa, precisamente en la zona del cañón con el entretecho, donde se necesita una especial aislación. Aunque inicialmente se pensó que las 10 abuelitas murieron calcinadas, el informe, junto al del Servicio Médico Legal, demostró que la causa de muerte fue por asfixia. Algunas de ellas fueron encontradas fuera de su cama, quizás en un intento desesperado de escapar o ayudar. El abogado querellante Enrique Hernández, que representa a 7 familias, aclaró que por ahora no es posible imputar a nadie, pero existe convicción de negligencia. El Hogar Santa Marta estaba construido de madera, el ancho de las puertas era más angosto que las camas donde dormían las abuelitas y no contaba con alarmas de incendio. Además, existe una investigación para determinar si las funcionarias tenían o no capacitación para usar el extintor y actuar ante una emergencia.
Desde la Municipalidad de Chiguayante se ha intentado honrar la memoria de las abuelitas y fortalecer la oficina del adulto mayor. A futuro, quieren forjar una alianza con la Corporación de Ayuda Diez Abuelitas para el Adulto Mayor, creada por los familiares de las víctimas. Gonzalo Díaz, alcalde subrogante, expuso: “Hoy día nuestra sociedad, nuestro Estado, tiene una deuda pendiente con nuestros adultos mayores y en ese contexto nosotros tenemos que por lo menos, honrar la memoria de nuestras abuelitas, porque seguimos en deuda con ellas.” Cada 14 de agosto, las familias se reúnen afuera del Hogar Santa Marta, hacen una ceremonia, rezan y forman un círculo para contar anécdotas, recordando a quienes perdieron la vida.

Incendio Fatal en Treinta y Tres, Uruguay (7 de julio de 2024)
El Siniestro y sus Consecuencias
En la madrugada del domingo 7 de julio de 2024, un incendio en el Residencial Adulto Mayor, en el departamento de Treinta y Tres, Uruguay, ocasionó una tragedia en la que murieron diez personas: ocho mujeres y dos hombres. El fuego provocó la intoxicación de todos los internos que vivían en el hogar, quienes fallecieron en el lugar o al poco rato en un sanatorio local, por inhalación de monóxido de carbono, según informó El País. Las víctimas no estaban quemadas, aunque algunos tenían mucho hollín sobre los rostros.

La empleada del lugar, una mujer de 30 años, fue la única sobreviviente del incendio. Según declaró ante la Policía, le quedaban pocos minutos para terminar el turno cuando ocurrió el accidente. Cerca de las seis de la mañana, una de las residentes le pidió para bañarse. Cuando terminó la tarea, observó que los dormitorios estaban llenos de humo. Por el garaje, logró sacar a la interna que acababa de bañar. Volvió por otra residente que llevó al exterior, pero luego no pudo volver a ingresar porque se había intoxicado. Fueron los policías y los bomberos quienes sacaron a los otros ocho internos y los colocaron encima de colchones tapados por frazadas. Cuando la ambulancia llegó, dos enfermeras intentaban reanimar a los abuelos, pero ya habían fallecido por la inhalación de monóxido de carbono. Solo tres de ellos permanecían con vida y lograron ser trasladados a sanatorios de la zona, donde finalmente murieron.
Las Víctimas y la Comunidad Afectada
- Álvaro Pereyra: Jubilado de 81 años, había llegado al Residencial Adulto Mayor pocas horas antes del incendio. Había sido dado de alta de un sanatorio tras un cáncer de pulmón para recibir cuidados paliativos.
- Marne Maspolet: La noche anterior al incendio había cumplido 87 años.
- Haydee Carnales: Había trabajado en la parroquia del pueblo durante más de 30 años.
- Ramonita Hernández: Conocida como Ramonita, era una maestra jubilada que integraba un coro local y padecía cáncer, pero estaba en tratamiento y lucía bien.
- Carmen Larronda: Enfermera de 65 años al momento de su muerte, recordada por su trabajo en la comunidad.
- Nélida Nocedo: De 87 años, madre de una funcionaria municipal con cargos jerárquicos.
En el residencial vivían algunos abuelos conocidos y queridos en una ciudad de menos de 30.000 habitantes. Las historias de las víctimas se reiteran en Treinta y Tres, una ciudad conmocionada por esta tragedia que atravesó tres días de duelo.
Investigación y Estado del Residencial
La causa del incendio todavía se investiga, pero pudo haber sido provocada por un eventual cortocircuito en el sistema eléctrico o por la caída de una sábana por encima de una estufa. El Ministerio de Salud Pública de Uruguay aseguró que el residencial de Treinta y Tres en el que murieron 10 personas estaba en "buenas condiciones" y mantenía un correcto cuidado de los residentes. Si bien no contaba con habilitación, era fiscalizado y había recibido una inspección por última vez en marzo. Algunos familiares de las víctimas también destacaron la atención que el centro brindaba.
Sin embargo, la Asociación de Residenciales para el Adulto Mayor señaló que el residencial de Treinta y Tres había recibido una denuncia por “malas condiciones” de trabajo. El vocero de la gremial, Juan Sparkov, aseguró que hay tres expedientes abiertos respecto a 11 residenciales del departamento. El Instituto Nacional de Derechos Humanos, en tanto, anunció la apertura de una investigación de oficio sobre lo sucedido en el residencial.