Vulnerabilidades y Amenazas a la Democracia y la República

La democracia, en su sentido más pleno, es una república democratizada: un orden de autogobierno sustentado en la igualdad cívica, la legalidad y la participación efectiva. Defenderla hoy exige más que solo proteger los procedimientos electorales; requiere confrontar la concentración de poder y riqueza que, silenciosamente, la corroe. Si la democracia está en crisis, no es únicamente por quienes la desafían desde fuera, sino por quienes la vacían desde dentro.

Esquema sobre la relación entre democracia, república y oligarquía

La Oligarquía como Amenaza Persistente a la Democracia

Cuando la democracia entra en crisis, el dedo acusador suele señalar al populismo. Líderes carismáticos, discursos antiinstitucionales y estilos autoritarios ocupan titulares y debates, reforzando una narrativa cómoda: la democracia liberal estaría amenazada desde abajo. Sin embargo, esta explicación resulta incompleta -y, en muchos casos, engañosa-. En América Latina, y cada vez más también en otras regiones, el problema más persistente no es el populismo, sino la oligarquía.

Orígenes Históricos de las Repúblicas Oligárquicas en América Latina

Desde las independencias del siglo XIX, América Latina fue un enorme laboratorio de republicanismo. Las nuevas repúblicas surgidas de la ruptura colonial abrazaron principios radicales para su tiempo: soberanía popular, constitucionalismo, elecciones competitivas y secularismo. No fueron copias imperfectas de Europa, sino experiencias originales que intentaron articular libertad política en sociedades profundamente desiguales. El problema es que esa desigualdad nunca fue resuelta. La ciudadanía se proclamó universal, pero se practicó de forma selectiva, atravesada por jerarquías de clase, etnia y género.

De ese desequilibrio histórico nacieron repúblicas formalmente representativas, pero sustantivamente oligárquicas. A lo largo del tiempo, pequeñas élites económicas -a menudo vinculadas a intereses externos- lograron capturar el Estado, moldear las instituciones y convertir la representación política en un mecanismo de reproducción del poder. Las elecciones continuaron existiendo, pero la igualdad política quedó vaciada de contenido. No se trató de democracias fallidas, sino de algo más inquietante: democracias compatibles con la dominación de unos pocos.

La Tradición Republicana y la Dominación Oligárquica

Mirar la democracia desde la tradición republicana permite entender mejor esta dinámica. Una república no se reduce al acto de votar. Supone la protección efectiva de la libertad frente a la dominación, ya sea ejercida por el Estado o por poderes privados. Para ello, son indispensables el Estado de derecho, la separación de poderes y una administración pública capaz de actuar con autonomía frente a intereses particulares. Cuando la riqueza y el poder se concentran de forma extrema, estas condiciones se erosionan. La desigualdad convierte a muchos ciudadanos en dependientes, vulnerables y, en última instancia, menos libres.

Impactos de la desigualdad en América Latina (Informe Kliksberg)

El Populismo como Consecuencia de la Oligarquía

Esta perspectiva también ayuda a reinterpretar el populismo. Lejos de ser una anomalía inexplicable, el populismo suele surgir como respuesta a la experiencia cotidiana de exclusión y abuso producida por regímenes oligárquicos. Cuando las instituciones dejan de representar, cuando la justicia protege sistemáticamente a los poderosos y cuando el crecimiento económico beneficia a unos pocos, la apelación al “pueblo” contra la “élite” se vuelve políticamente eficaz. El problema es que el populismo rara vez resuelve aquello que denuncia. Al concentrar el poder, debilitar los contrapesos y politizar el aparato estatal, termina sustituyendo la dominación de la minoría por la dominación personalista, sin reconstruir la república.

El Retroceso Republicano: Más Allá del Retroceso Democrático

Por eso, la amenaza más profunda no es solo el retroceso democrático entendido como manipulación electoral o restricciones a la prensa, sino lo que podría llamarse un retroceso republicano. Este se manifiesta en la erosión del Estado como institución impersonal, en la confusión entre lo público y lo privado, en la degradación de la burocracia y en el uso discrecional del poder. Estados de excepción normalizados, ataques a los organismos de control o la demolición de capacidades administrativas en nombre de la eficiencia no fortalecen la democracia: la vacían desde dentro.

Factores que Debilitan la Democracia en América Latina

En las últimas décadas, la transición democrática en América Latina ha hecho progresos importantes, sin embargo, subsisten marcados déficits sociales y amenazas que debilitan la solidez de sus regímenes democráticos.

Desigualdad y Pobreza Multidimensional

La desigualdad es el factor más relevante, pues los mayores niveles de concentración de la riqueza mundial se encuentran en América Latina. Las implicaciones son muy relevantes, ya que esta desigualdad se relaciona con la subsistencia de bolsas de pobreza e indigencia que chocan con los valores medios de riqueza de los países, la mayoría de ellos de renta media y, en algunos casos, alta. Se trata de una pobreza y de una desigualdad multidimensionales, que a la escasez económica agregan la falta de acceso a las necesidades y a los servicios básicos, la falta de oportunidad, la exclusión social y la discriminación. La discriminación social afecta a una pluralidad de grupos sociales (pobres, indígenas, campesinos, mujeres), creando así una masa enorme de excluidos. La desigualdad afecta también, de manera directa, a las dinámicas políticas y la posibilidad de acceso al poder por la población.

Infografía sobre niveles de desigualdad en América Latina

Violencia y Corrupción

La concentración de la riqueza y del poder implica el uso de instrumentos que permiten a los grupos privilegiados reproducir el statu quo. Esos instrumentos están representados principalmente por la violencia y la corrupción, fenómenos que alcanzan niveles elevadísimos en la región. La inseguridad social es una de las mayores preocupaciones de la población latinoamericana, que además desconfía de la capacidad del Estado de desempeñar su función clave de protección. Por otro lado, la corrupción debilita la cohesión social y reduce la posibilidad de construir un pacto social sólido entre la población. La desigualdad, a través de múltiples canales, impide la creación y consolidación de una base social bastante amplia capaz de sustentar el desarrollo de democracias sólidas y efectivas.

Crisis de Representatividad y Movilización Social

La crisis de representatividad conlleva mayor protesta y movilización social, y desafía la gobernabilidad democrática. Urgen reformas para encauzar institucionalmente las demandas sociales por mayor igualdad y participación. La movilización social está adquiriendo niveles sin precedentes; ella es una expresión ciudadana cuando las personas no encuentran respuesta a sus problemas por la vía institucional, son postergados, excluidos y no perciben respaldo de los gobiernos. Y está cambiando de forma. De la movilización encabezada por organizaciones sociales bien estructuradas y líderes conocidos se ha evolucionado a explosiones sociales sin conducción ni liderazgo, un “individualismo de masas”. También ha cambiado la actitud ante las policías: no temen a la policía ni a los militares, no han vivido los niveles de miseria y represión de las generaciones anteriores. Los manifestantes no huyen, se enfrentan. Las técnicas policiales no funcionan, lo que estimula actitudes de rebelión y violencia. Estos fenómenos hacen más difícil la gobernabilidad y exigen más habilidades de los dirigentes y funcionarios, y mayor coordinación interinstitucional, con participación ciudadana.

Ascenso de Autocracias y Deterioro Institucional

La principal amenaza a la democracia y a la recuperación de la confianza en el sistema político es el ascenso de las autocracias. Hoy día son comunes los casos de deterioro democrático en los que se evidencia que, una vez en el poder, hay gobernantes que toman acciones para erosionar la división de poderes y el equilibrio institucional. A menudo no tienen necesidad de dar golpes de Estado en el sentido clásico, sino que arremeten contra las instituciones desde dentro. Lamentablemente, los mecanismos regionales creados para la protección de la democracia, como la Carta Democrática Interamericana, no están actualizados para afrontar estas amenazas, por lo que requieren de urgentes precisiones y modernización para incrementar la eficiencia en su objetivo.

Para empeorar el cuadro, un viejo enemigo de la democracia está ganando más espacio: el fantasma de los golpes militares. En la región ha avanzado la simpatía por la posibilidad de convalidar un golpe militar si esto garantiza que todo seguirá igual. De acuerdo con Latinobarómetro (2021), a un 51% de los ciudadanos latinos no le importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si resuelve los problemas.

Factores Externos y Xenofobia

A las debilidades propias de los regímenes democráticos, debemos agregar la influencia de factores exógenos. El autoritarismo global que opera por la vía económica y a través del soft y sharp power, junto con las plataformas mediáticas, académicas e intelectuales en la región, buscan generar simpatía hacia democracias diferentes. El contexto es adverso por la crisis económica pospandémica y la guerra entre una potencia autoritaria (Rusia) y un país que busca acogerse a Occidente (Ucrania). La explosión de la migración interna en Latinoamérica, cuyo máximo exponente desde 2015 es el éxodo venezolano, exige repensar la migración intrarregional como fenómeno y las normativas para regularizar la circulación y las residencias de los ciudadanos migrantes en general. Las grandes movilizaciones contra los migrantes venezolanos en Iquique (Chile), así como en Colombia, Perú y Ecuador, reflejan una marea alta de xenofobia, una expresión de la tensión social generada por los inesperados flujos migratorios que no parecen cesar en el corto plazo.

Impactos de la desigualdad en América Latina (Informe Kliksberg)

Crisis Climática y Escasez de Recursos

El cambio climático, la escasez de agua y la contaminación son temas ausentes en la agenda de discusión política latinoamericana. Países como México, Chile y Nicaragua ya consumieron más del 60% de sus reservas de agua. Este dato, entre otros, es más ignorado que conocido. Tampoco tiene prioridad el debate sobre la ausencia de control a prácticas ilícitas ampliamente extendidas en el territorio de la región. Todo esto también incrementa el riesgo político, ya que la percepción ciudadana respecto al cuidado del ambiente en Latinoamérica ha tenido un descenso drástico. El cambio climático trae aparejado catástrofes y dificultades que afectan de forma desigual a la población, haciendo aún más precaria la vida de sectores ya vulnerables, como los campesinos, indígenas o pescadores.

El Desarrollo de la Democracia y la Ciudadanía Integral

Aunque se han producido grandes avances para garantizar el derecho universal al voto, elecciones libres y transparentes y el acceso y la permanencia en el poder de los cargos elegidos, estos elementos no son suficientes para garantizar la solidez de los regímenes democráticos.

Avances Democráticos en América Latina

La observación del Índice de Democracia Electoral (IDE) sugiere que se han producido grandes mejoras desde 1977 (en un rango de 0 a 1, el valor era de 0.25) hasta hoy (valor de 0.87) en toda la región, y que los progresos más importantes se registraron entre 1977 y 1985. En la actualidad, en todos los países de la región se reconoce el derecho universal al voto, pese a la permanencia de algunos problemas como el subregistro, las dificultades para la obtención de documentos de identidad o restricciones de voto a ciudadanos que viven en el extranjero. En la mayoría de las elecciones, desde 1980 no se verificaron irregularidades que influyeran de manera decisiva en el resultado, con excepción de República Dominicana en 1994 y Perú en 2000.

Se han hecho relevantes progresos en la posibilidad de presentarse como candidatos y de expresar la propia preferencia electoral: el Estado ha mejorado su capacidad para garantizar la integridad física de los candidatos (con excepción de Colombia). También la efectiva ocupación de los cargos públicos por los candidatos ganadores ha aumentado, lo mismo que su permanencia durante los plazos establecidos. Además, a pesar de las caídas de gobernantes como producto de la movilización social, estas crisis casi nunca se han resuelto con intervención militar (ni siquiera en momentos de crisis como en Bolivia y Ecuador), lo que ha terminado con la secuela de golpes de Estado que caracterizaron el pasado reciente de América Latina.

El Concepto de Ciudadanía Integral

Una verdadera democracia no solo reconoce, sino que además garantiza, extiende y protege los derechos fundamentales. En los países latinoamericanos, la incorporación de los principios universales de derechos humanos a través de la aprobación de la mayoría de los tratados internacionales, ha sido satisfactoria. Sin embargo, la puesta en práctica de los postulados teóricos de derechos humanos ha encontrado una multitud de dificultades desde las dictaduras militares americanas de los sesenta y setenta, a la crisis económica iniciada en los ochenta. Se ha creado un panorama de grandes brechas entre los derechos políticos y los sociales y civiles: en la realidad actual los derechos humanos siguen siendo para amplios sectores de la población simples enunciados que no se traducen en una mejor calidad de vida.

El concepto de ciudadanía se manifiesta en tres dimensiones fundamentales:

  • Política: Aunque hay logros en democracia electoral, la ciudadanía política sufre problemas de participación y representación. Hay grupos sociales (indígenas, afrodescendientes y mujeres) con poca representación en el Parlamento. La crisis de los partidos políticos dificulta la canalización de demandas. Existe interferencia del poder ejecutivo en el judicial, así como de poderes fácticos sobre los institucionales, condicionando la capacidad de los gobiernos para responder a la ciudadanía. Esto resulta en desafección hacia las instituciones.
  • Civil: Los importantes pasos legislativos para la tutela de los derechos civiles no se corresponden con la capacidad de los Estados de garantizarlos en la práctica. La violencia ordinaria es alta, y el ejercicio de los derechos de ciudadanía (acceso a la justicia, proceso justo) está condicionado por el origen y condición social. Persisten carencias en la libertad de prensa y de información.
  • Social: Es el campo con mayores problemas, origen de la falta de cohesión social y factor más peligroso para la supervivencia de la democracia. Incluye necesidades básicas (educación, salud) e integración social (pobreza, desigualdad, desempleo). La mortalidad infantil es alta, la desnutrición afecta a niños, y el acceso a servicios básicos como agua potable y saneamiento no está disponible para toda la población. El derecho a la salud está vinculado al nivel de riqueza.

Estrategias para Fortalecer la Democracia y la República

Frente a este panorama, la historia latinoamericana ofrece también recursos normativos y políticos. Junto a las tradiciones oligárquicas y populistas, existe una corriente de republicanismo plebeyo: indígena, anticolonial, antipatriarcal y radicalmente igualitaria. Movimientos sociales, estallidos populares y procesos constituyentes han buscado, una y otra vez, ampliar la ciudadanía real y someter el poder económico al interés público. No se trata de rechazar las instituciones, sino de democratizarlas; no de personalizar el poder, sino de distribuirlo.

Mapa de movimientos sociales y procesos constituyentes en América Latina

Reformas Urgentes y Buen Gobierno

La gobernabilidad exige reformas para encauzar institucionalmente las demandas sociales por mayor igualdad y participación. Las transformaciones institucionales son prioritarias y deben materializarse en el marco del Estado de Derecho. Esto incluye:

  • Nuevas formas de participación y consulta: La democracia debe ejercerse de manera más directa a nivel regional, local o sectorial, permitiendo a los ciudadanos votar para decidir y resolver problemas. También se debe fortalecer la sociedad civil, aprovechando las redes sociales y nuevas tecnologías para consultas y entrega de información.
  • Instituciones para el diálogo social: Crear espacios de encuentro y concertación.
  • Reforma del Estado: El aparato público debe ganar eficiencia para entregar bienes públicos de calidad y gobernar sociedades complejas.
  • Fortalecimiento de los partidos políticos: Urge estrechar los vínculos con las organizaciones sociales e innovar las formas de interacción entre partidos y movimientos sociales.
  • Lucha contra la corrupción: El Estado necesita elevar su capacidad de fiscalización y supervisión, establecer estándares de transparencia y luchar sin tregua contra este flagelo.
  • Instancias de anticipación: Exploración de escenarios y diseño de estrategias de largo alcance, con participación y deliberación ciudadana amplia.
  • Seguridad ciudadana: Afianzar la seguridad ciudadana, combatir el crimen y la violencia. La democracia necesita orden público, sustentado en el respeto de los derechos humanos, policías bien formadas, y con capacidad de inteligencia para prevenir. La seguridad ciudadana es un factor esencial para la convivencia y legitimidad democrática.

Impactos de la desigualdad en América Latina (Informe Kliksberg)

Requisitos para la Gobernabilidad Democrática

El buen manejo macroeconómico, el cambio de la estructura productiva y la sustentabilidad social y ambiental son tres requisitos copulativos para afianzar la gobernabilidad democrática:

  • Equilibrio fiscal: Exige reformas tributarias que eleven los ingresos fiscales para financiar el gasto social.
  • Aumento de la productividad: Implica incrementar la educación técnica, capacitación de los trabajadores, investigación, innovación y emprendimiento. También la expansión de la infraestructura, del uso de las energías renovables, la digitalización y las asociaciones públicas y privadas para generar mayor valor agregado.
  • Progreso social y ambiental: El progreso social no puede sostenerse con tasas de crecimiento bajas. El cambio tecnológico destruirá empleos rutinarios de menor calificación. El impacto imparable del cambio climático requerirá acciones enérgicas para incrementar el uso de energías renovables, racionalizar el consumo de agua, ahorro y reciclaje de productos escasos o contaminantes, reforestación, transporte público eléctrico.
  • Coordinación público-privada: El Estado debe impulsar iniciativas con empresas, universidades y trabajadores para acometer proyectos de innovación, mejorar las políticas propymes, aumentar la responsabilidad social empresarial y anticipar los efectos del cambio tecnológico.

Cohesión Social y Valores Cívicos

La democracia se profundizará si se alcanza una mayor cohesión social. Sin acciones públicas poderosas, la desigualdad irá en aumento por la globalización y el cambio tecnológico. América Latina deberá superar un doble obstáculo: desigualdad y lento crecimiento. Entender que la percepción de la desigualdad trasciende lo material, y que nace de los abusos y discriminaciones que atentan contra la dignidad. Priorizar el cambio climático es crucial.

A la par con los cambios políticos, tecnológicos y climáticos, el mundo verá evoluciones aceleradas de ciertos comportamientos, valores y aspiraciones. La velocidad de propagación y amplitud de las informaciones y de ideas generarán nuevas realidades que los gobiernos y partidos políticos demoran en captar e interpretar. Ya no bastan los análisis y comentarios de economistas y cientistas políticos para diagnosticar y proponer nuevas políticas.

Para fortalecer los valores cívicos y la cohesión social, es esencial:

  • Mayor participación femenina: El movimiento de las mujeres por la igualdad de derechos asumirá creciente gravitación. La mayor presencia de mujeres en funciones de gobierno y parlamentarias, en puestos directivos en empresas es una necesidad para afianzar la democracia.
  • Inclusión de la juventud: Los jóvenes exigen cambios más acelerados. Las nuevas generaciones, nacidas en democracia, sin temor y con mejores niveles de educación, no se resignan a la desigualdad de oportunidades.
  • Revalorización de lo público y la solidaridad: Valorar lo público y las actitudes solidarias es un cambio cultural que morigera el impulso individualista.
  • Laicidad y tolerancia: Una firme posición en favor de la laicidad y la separación de la religión y la política son básicas para alentar la tolerancia y el espíritu republicano.
  • Educación para la democracia: Desde la escuela exige cambios curriculares y la formación de profesores que inculquen los valores de la tolerancia y el pluralismo, la deliberación razonada y el respeto a la diversidad. El ejemplo de los políticos tiene alto valor educativo.
  • Gobierno con empatía y capacidad: Muchos ciudadanos atribuyen al sistema democrático las falencias del mal gobierno. Con frecuencia, las falencias surgen de fallas de quienes gobiernan. Pueden ser gobiernos con débil capacidad para diseñar políticas e implementarlas, con insuficiencia de consultas y diálogo con los ciudadanos, con opacidad y ausencia de un relato, con ineficaz comunicación y explicación de lo que se hace, de manera que haga sentido a las personas. América Latina carece de suficientes personas bien formadas política y técnicamente para asumir las funciones de gobierno. La democracia se fortalece con mayor deliberación y educación. Gobernar bien exige empatía de los líderes con los ciudadanos. La distancia, la arrogancia, el menosprecio o la pretensión de que el mercado y el crecimiento económico resuelvan los problemas sociales, acentúa el distanciamiento de la “élite” con la gente, aumenta la desconfianza y se socava la democracia representativa.

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