La percepción de inseguridad, también conocida como miedo al crimen, se define como un sentimiento de ansiedad y peligro ante la posibilidad de ser víctima de un delito, con potenciales consecuencias físicas o materiales. Este fenómeno es provocado por señales percibidas en el entorno en el que los individuos se desenvuelven. En Colombia, datos de la Encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana (ECSC) de 2016 revelaron una notable disparidad: mientras que aproximadamente el 62.7% de los ciudadanos manifestaron sentirse inseguros en sus ciudades, solo el 16.7% reportó haber sido víctima de un delito. Esta alta tasa de percepción de inseguridad puede generar efectos negativos en el bienestar de las personas, tales como sensaciones de aislamiento, vulnerabilidad, evitación de ciertos lugares, alteración de las relaciones interpersonales y un aumento en la inversión privada en seguridad.

A pesar del creciente interés internacional en explicar la percepción de inseguridad, la producción científica sobre este tema en Latinoamérica ha sido limitada. Ante esta brecha, la presente investigación se propone identificar los principales factores explicativos de la percepción de inseguridad en las ciudades colombianas. Para ello, se empleará un modelo de regresión múltiple basado en cinco teorías del miedo al crimen, analizando información sobre percepción de inseguridad, victimización, ciudadanía y datos sociodemográficos de una muestra representativa de 168,886 personas mayores de 14 años, residentes en 28 ciudades principales de Colombia, proveniente de la ECSC de 2016 del DANE. El objetivo es sentar las bases para un entendimiento más profundo de la percepción de inseguridad a nivel nacional y orientar la formulación de políticas públicas destinadas a su reducción.
Teorías Fundamentales sobre el Miedo al Crimen y la Percepción de Inseguridad
El miedo al crimen se concibe generalmente como una "reacción emocional de temor o ansiedad al crimen o a símbolos que una persona asocia con el crimen", o como un sentimiento de ansiedad y peligro ante la posibilidad de ser víctima de un delito. Este concepto suele referirse a delitos graves como asaltos, atracos, robos, asesinatos y secuestros, excluyendo los crímenes de cuello blanco.
Para mitigar estos temores, las personas pueden adoptar dos patrones de comportamiento:
- Comportamiento restringido: Minimizar la exposición a situaciones peligrosas evitando ciertos lugares y actividades.
- Comportamiento de protección: Implementar medidas de seguridad adicionales.
Sin embargo, tomar precauciones extremas puede ser contraproducente, generando aislamiento, alterando las relaciones interpersonales, aumentando la vulnerabilidad, restringiendo la movilidad y reduciendo el bienestar general. Para diseñar políticas públicas efectivas contra la percepción de inseguridad, es crucial comprender sus determinantes, considerándola un fenómeno multidimensional.
Enfoques Teóricos para el Análisis de la Percepción de Inseguridad
La investigación sobre los determinantes de la percepción de inseguridad se enriquece a través de cinco teorías clave:
1. Teoría de la Victimización
Esta es una de las teorías más comunes para explicar el miedo al crimen. Se centra en los efectos psicológicos y/o materiales duraderos que una persona puede experimentar tras ser víctima directa o indirecta de un delito. La victimización directa se refiere a la experiencia personal, mientras que la indirecta implica ser afectado por lo sucedido a conocidos.

Aunque esta teoría está ampliamente extendida, la evidencia empírica no es concluyente. Se postula que la interacción entre la victimización y otras variables, como la sensación de incapacidad para defenderse, puede mediar esta relación. Por lo tanto, haber sido víctima, directa o indirectamente, se considera un determinante principal del sentimiento de inseguridad, con la victimización directa teniendo un mayor impacto.
2. Teoría de la Incivilidad
Junto con la teoría de la victimización, la teoría de la incivilidad es fundamental para explicar el miedo al crimen. Sostiene que las señales de desorden en una comunidad, aunque no siempre indiquen actividad criminal, pueden interpretarse como una ruptura de la cohesión social o de las normas establecidas, incrementando el miedo al crimen. Las personas que viven en áreas con desorden social tienden a reportar una mayor percepción de inseguridad.
La incivilidad puede manifestarse de dos formas:
- Desorden físico: Presencia de lotes baldíos, edificios en mal estado, basura en las calles o grafitis.
- Desorden social: Indicadores de desorganización social.
Estudios han encontrado una correlación significativa entre la desorganización social y el miedo al crimen, así como una relación positiva entre el sentimiento individual de seguridad y la percepción de un entorno limpio, ordenado y pacífico.
3. Teoría de la Vulnerabilidad Física
Esta teoría se enfoca en los atributos personales que disminuyen la capacidad de defensa ante el peligro y la tolerancia a traumas físicos y psicológicos. Predice que el temor al crimen será mayor en personas con mayores limitaciones para defenderse por sí mismas o responder a un hecho victimizante, debido a su pertenencia a ciertos grupos sociodemográficos.
En cuanto al sexo, las mujeres tienden a reportar mayor miedo al crimen que los hombres. Esto puede deberse a diferencias en experiencias de victimización, niveles de vulnerabilidad social o la forma en que hombres y mujeres interactúan con las señales del entorno. Además, los hombres a menudo tienden a reportar menos miedo, incluso cuando lo sienten.
Respecto a la edad, las personas mayores suelen sentir más miedo al crimen que los jóvenes.
4. Teoría de la Vulnerabilidad Social
La vulnerabilidad social puede manifestarse a través de características como bajos niveles de educación, desempleo, pertenencia a un estrato social bajo o ingresos limitados. La baja capacidad económica dificulta la reposición de objetos robados o la reparación de daños, genera un alto costo de oportunidad al interrumpir la actividad laboral, y reduce la probabilidad de contar con un seguro privado.
Las características socioeconómicas de un individuo también influyen en el entorno en el que vive, trabaja y se relaciona. Las personas socialmente más vulnerables suelen residir en áreas con tasas de criminalidad más elevadas, lo que puede aumentar su percepción de inseguridad a través de la victimización directa o indirecta. Se ha observado que un mayor gasto social del estado se asocia con un menor temor al crimen. Programas sociales que fortalecen la autogestión económica y social, medidas de protección infantil y educativa, así como mejoras en las tasas de empleo, tienen un impacto significativo en la reducción del temor al crimen. Por consiguiente, esta teoría postula que los individuos con menores capacidades económicas, y por ende menor capacidad de recuperación ante delitos, presentan una mayor percepción de inseguridad.
5. Teoría de las Redes Sociales
La relación entre las redes sociales y el miedo al crimen ha sido menos explorada. Sin embargo, se argumenta que redes sociales más amplias pueden reducir el miedo al crimen al aumentar la capacidad de recuperación o evitación de delitos a través de una respuesta comunitaria rápida ante el peligro. Las redes sociales pueden proporcionar apoyo, estimular la autoconfianza y facilitar el acceso a recursos financieros y emocionales para afrontar adversidades.
Adicionalmente, las redes sociales pueden ejercer un control indirecto sobre los residentes de una comunidad, lo que a su vez puede reducir la criminalidad. Las áreas con redes sociales débiles o escasos recursos tienden a presentar mayores niveles de criminalidad. Los rápidos cambios demográficos, especialmente la llegada de personas consideradas "extrañas", pueden incidir en el miedo al crimen, generando una sensación de desorden y pérdida de la cohesión social. Finalmente, la confianza de la población en la capacidad del estado para mantener el orden social también influye en la percepción de inseguridad. Los lazos públicos entre la comunidad y las instituciones, como la policía, fortalecen la confianza y reducen la percepción de inseguridad.
Metodología de Investigación: Modelado de la Percepción de Inseguridad en Colombia
Para abordar la percepción de inseguridad, se desarrollarán variables a partir de la información de la ECSC de 2016, capturando las dimensiones propuestas por las cinco teorías mencionadas. Estas variables se utilizarán como explicativas en un modelo de regresión lineal multivariado, donde la variable dependiente será la percepción de inseguridad.
La investigación se basa en la Encuesta de Convivencia y Seguridad Ciudadana (ECSC) del DANE, que recopila información a nivel individual de una muestra representativa de 231,083 personas en 28 ciudades principales de Colombia. La variable dependiente será la percepción de inseguridad en el barrio, reportada por los individuos, ya que se considera que esta información es más precisa a nivel de barrio, el entorno más cercano al encuestado.
La variable dependiente se codificará como 1 para quienes reporten un nivel medio o alto de percepción de inseguridad en su barrio, y 0 para quienes se sientan seguros o poco inseguros. Como factores explicativos, se considerarán variables como la presencia de grupos delictivos, comportamiento antisocial, victimización directa e indirecta, y variables de vulnerabilidad social.
Variables Explicativas y su Operacionalización
Se considerarán las siguientes variables explicativas, basadas en las teorías del miedo al crimen y la información disponible en la ECSC 2016:
- Presencia de grupos en el barrio (presencia_grupos = 1): Cuando el encuestado reporta conocer la existencia de pandillas, bandas criminales, guerrillas, Bacrim o grupos expendedores de drogas en el barrio.
- Comportamiento antisocial (comport_antisocial = 1): Cuando el encuestado reporta comportamientos incívicos en su barrio, como consumo, expendio y distribución de drogas, riñas, vandalismo o uso de petardos y granadas.
- Victimización directa (víctima_directa = 1): Si el encuestado reporta haber sido víctima durante 2016 de delitos como hurto a personas, hurto a residencia, hurto a vehículo o extorsión.
- Victimización indirecta (víctima_indirecta = 1): Cuando los encuestados reportan tener conocimiento sobre hurtos a personas, viviendas o vehículos, o extorsiones en el barrio.
En referencia a las variables de vulnerabilidad social:
- Estrato socioeconómico: Se utilizarán variables binarias para cada estrato del 2 al 6, además de una para personas de estrato desconocido, considerando el estrato 1 como la clase más baja y 6 la más alta.
- Nivel de educación: Se incluirán variables binarias para educación secundaria, media y universitaria.

El Concepto de Vulnerabilidad Social en el Contexto Colombiano
El concepto de vulnerabilidad social ha ganado relevancia en el diseño de políticas públicas en Colombia, especialmente en lo referente a la atención a poblaciones afectadas por el conflicto armado, como los desplazados. El Estado ha desarrollado normativas y políticas, incluyendo la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras 1448 de 2011, enmarcada en el Sistema Nacional de Atención y Reparación Integral a las Víctimas (SNARIV).
Sin embargo, la implementación de estas políticas presenta desafíos, y el enfoque de vulnerabilidad social, aunque prometedor, requiere una reflexión crítica sobre su aplicación en diferentes componentes de la política pública. La Unidad para la Atención y Reparación Integral de las Víctimas (UARIV) ha propuesto una medición de la vulnerabilidad basada en el Goce Efectivo de Derechos (GED), pero esta se ha limitado principalmente al componente de atención humanitaria, descuidando el potencial del concepto en otras áreas como la reparación integral.
El concepto de vulnerabilidad social se nutre de aportes teóricos que enfatizan las capacidades de las personas para afrontar crisis, la diferencia entre pobreza y vulnerabilidad, y el estudio de los activos que las personas utilizan para superar situaciones críticas. Se define como una dimensión eminentemente social, que busca superar enfoques de pobreza, desigualdad y exclusión, reconociendo la fragilidad y las limitaciones de individuos, grupos y comunidades para enfrentar situaciones adversas.
Dimensiones de la Vulnerabilidad Social y sus Implicaciones
Tres principios subyacen en el enfoque de vulnerabilidad social:
- Énfasis en los activos: Centrarse en los recursos que las personas, grupos o comunidades poseen para enfrentar situaciones críticas, en lugar de solo observar sus carencias.
- Riesgo y caída del bienestar: Entender la vulnerabilidad social como un riesgo asociado a la disminución del bienestar y el aumento de la pobreza.
- Capacidad de respuesta: Reconocer la capacidad de las personas, grupos o comunidades para responder a situaciones imprevistas, difíciles y complicadas.
El Estado y sus políticas se consideran activos adicionales en la gestión de la vulnerabilidad. La investigación en este campo también explora las "estructuras de oportunidades" y los "activos" (recursos tangibles e intangibles) que pueden movilizarse para mejorar el bienestar o superar situaciones adversas, diferenciándolos de los "pasivos", que representan barreras materiales y no materiales.

Estudio de Caso: Desplazamiento Forzado y Vulnerabilidad en El Carpintero
Se presenta un estudio de caso sobre la población desterrada en El Carpintero (municipio de Cabuyaro, Meta) para analizar cómo las políticas públicas pueden ser un activo o recurso para enfrentar la vulnerabilidad social relacionada con el destierro. Las familias afectadas fueron forzadas a abandonar su territorio en 1996 por grupos paramilitares. Tras obtener un territorio en El Carpintero en 1997, la reubicación inicial estuvo marcada por errores de implementación y abandono estatal. En 1998, la comunidad sufrió un segundo desplazamiento, enfrentando dificultades y amenazas reiteradas.
El caso se aborda en el marco de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, esperando un fallo favorable para el retorno a la vida campesina. La metodología empleada se basa en la Teoría Fundamentada y entrevistas semiestructuradas, analizando categorías como condiciones estructurales, impacto social del desplazamiento, vulnerabilidad social y territorio.
Condiciones Estructurales que configuran la Vulnerabilidad
Las condiciones estructurales que influyen en la vulnerabilidad de las familias desplazadas incluyen:
- Acción del Estado: Se percibe una falta de voluntad estatal para abordar los problemas del desplazamiento, generando desconfianza. La implementación de programas de reubicación ha evidenciado dificultades, lentitud en la concesión de títulos de propiedad y ausencia de proyectos productivos o de seguridad.
- Poder Local: La ausencia y el olvido estatal permiten la emergencia de poderes locales (políticos, terratenientes y grupos armados paramilitares), que favorecen la acumulación de tierras y proyectos ajenos a las necesidades de la población.
- Dinámica del conflicto armado: La persistencia del conflicto y la presencia de grupos armados en las zonas de reubicación exponen a la población a nuevos desplazamientos y despojos.
- Recursos económicos: Las dificultades económicas agravan la vulnerabilidad, limitando la capacidad de recuperación ante delitos y la posibilidad de acceder a proyectos productivos.
La actitud y el compromiso del Estado se identifican como causantes del destierro y despojo de la población. Las preguntas sobre el rol del Estado en relación con el despojo, los riesgos y las estrategias comunitarias para enfrentar estas situaciones, tienen una respuesta común: el Estado es un factor determinante en el destierro y despojo poblacional.

Vulnerabilidad y Desastres: Experiencias en Chile
Un estudio realizado en Chile comparó las características y condiciones de vulnerabilidad social ante el crecimiento postraumático y la severidad subjetiva en hogares expuestos y afectados por un desastre climatológico. Se investigaron las condiciones físico-materiales asociadas a la reconstrucción posdesastre.
Los resultados indicaron que los grupos más susceptibles y con mayor severidad subjetiva incluyeron adultos mayores, personas con discapacidad o enfermedades crónicas, personas de sexo femenino, individuos con bajos ingresos y sin educación superior, así como aquellos con daños parciales o totales en su vivienda que no recibieron apoyo para la reconstrucción.
Por otro lado, el grupo que presentó un mayor crecimiento postraumático fueron los adultos mayores, junto con aquellos que sufrieron daños significativos en su vivienda y que expresaron satisfacción con la reconstrucción posdesastre.
Factores de Vulnerabilidad y Respuesta Psicológica ante Desastres
Los desastres climatológicos afectan a millones de personas, y su impacto difiere según dimensiones estructurales de exposición, financieras-económicas y socioculturales. Las diferencias en susceptibilidad y capacidad se relacionan con factores como clase, género, etnia, edad, orientación sexual, capacidad física y mental, y su interseccionalidad.
Desde la psicología de las emergencias, estos eventos se consideran potencialmente traumáticos, desencadenantes de crisis e impacto psicológico. Pueden llevar al desarrollo de psicopatología, principalmente trastornos del estado de ánimo y ansiosos, incluyendo el estrés postraumático (TEPT). Sin embargo, no todos los afectados desarrollan trastornos mentales; la mayoría experimenta síntomas psicológicos transitorios que remiten con apoyo psicosocial.
Estos eventos también pueden posibilitar la identificación de nuevas disposiciones adaptativas, aprendizajes y capacidades, fenómeno conocido como crecimiento postraumático (CPT). El CPT se vincula a cambios cognitivos, afectivos y conductuales positivos, observados en dimensiones como el autoconcepto, el nuevo sentido de vida, las relaciones sociales y la espiritualidad.

La severidad subjetiva, vinculada al riesgo percibido, miedo, falta de control y evaluación negativa de los recuerdos, también es un proceso psicológico desencadenado tras un desastre. En el contexto de desastres socionaturales, las respuestas efectivas requieren un mayor compromiso local, tanto institucional como comunitario.
Análisis de la Severidad Subjetiva y Crecimiento Postraumático en Chile
Un estudio no experimental, transversal y descriptivo-correlacional analizó la severidad subjetiva y el crecimiento postraumático en hogares afectados por aluviones en Atacama, Chile. La muestra estuvo compuesta por 324 participantes, con un promedio de edad de 37.97 años, predominando las mujeres (57.4%). Los hogares promediaban cuatro integrantes y residían en el lugar por aproximadamente 16.20 años.
Se utilizó la Escala de Severidad Subjetiva del Evento y la Escala Breve de Crecimiento Postraumático. El análisis descriptivo de las variables y la correlación de Pearson se emplearon para evaluar la relación entre severidad subjetiva y crecimiento postraumático. Se compararon las diferencias de medias entre grupos de susceptibilidad para severidad subjetiva y crecimiento postraumático.
Los resultados mostraron una asociación significativa entre la severidad subjetiva y el crecimiento postraumático. El grupo vulnerado que presentó mayor crecimiento postraumático fueron los adultos mayores, aquellos con daños parciales o totales en su vivienda, y quienes estaban satisfechos con la reconstrucción posterior. Paralelamente, se encontró una asociación significativa entre la severidad subjetiva y condiciones de vulnerabilidad socioestructural, como el daño habitacional y la insatisfacción con la reconstrucción.

Se identificaron limitaciones metodológicas, como la subrepresentación de algunos grupos susceptibles y el tipo de análisis de medias. Se sugiere profundizar en el análisis longitudinal de las trayectorias de susceptibilidad-capacidad de los grupos vulnerados, considerando el aumento de eventos extremos debido al cambio climático y las consecuencias de la pandemia de COVID-19.
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