Cuando hablamos acerca de la vulnerabilidad, utilizamos un término proveniente del latín ‘vulnerando’, que se refiere a la cualidad de una persona para ser herida. Este concepto posee múltiples significados, habiendo sido utilizado frecuentemente dentro de diversos ámbitos, incluido el de la psicología. La vulnerabilidad es una característica inherente al ser humano desde sus orígenes, siendo una cualidad que históricamente ha resultado útil para protegerse frente al peligro.

Comprendiendo la Vulnerabilidad: Un Concepto Multifacético
Lydia Feito (2007) plantea que la vulnerabilidad es un estado del ser humano de gran complejidad, refiriéndolo como un daño y haciendo alusión a la finitud de nuestra existencia, a que las situaciones se acaban, así como a la condición mortal del ser humano, las relaciones de pareja, el amor e incluso la fidelidad establecida entre ellos. Desde esta perspectiva, se nos invita a comprender la vulnerabilidad desde una visión antropológica, como una condición y dimensión social.
Tipos de Vulnerabilidad
- La vulnerabilidad antropológica puede manifestarse en lo biológico (es decir, físicamente) o bien en lo emocional.
- La vulnerabilidad social, por su parte, está relacionada con el medio y es dependiente del entorno socioambiental. Un claro ejemplo de vulnerabilidad social es la desproporcionada desventaja que enfrentan las poblaciones más pobres del planeta para disfrutar del acceso a la salud.
La Vulnerabilidad Emocional y su Gestión
El término vulnerabilidad emocional se usa para referirse a aquel estado por el que puede llegar a pasar cualquier persona cuando se siente expuesta ante una serie de situaciones que le causan malestar, de manera que estas podrían ser difíciles de superar. Sin embargo, la vulnerabilidad emocional no necesariamente tiene por qué ser una cualidad negativa; como ocurre con otras cualidades, no es todo negativo ni tampoco todo positivo. Para trabajar frente a la propia vulnerabilidad emocional, se recomienda:
- Comenzar con un exhaustivo trabajo de introspección para detectar las inseguridades y en qué situaciones tienden a aflorar, así como identificar y analizar las propias fortalezas y aptitudes.
- Realizar entrenamiento para controlar los propios pensamientos, practicando ejercicios de relajación, meditación o mindfulness para desarrollar una rutina que permita mantenerse enfocado.
- Analizar de forma detallada y calmada aquellas situaciones que causan vulnerabilidad emocional, imaginando escenarios realistas en los que se tenga control de la situación.
- Tratar de ser más tolerantes con los propios miedos, límites, debilidades y acciones.
La Injusticia Epistémica y la Silenciación de Narrativas
La vulnerabilidad narrativa se entrelaza profundamente con el concepto de injusticia epistémica, descrita por Miranda Fricker. Esta injusticia ocurre cuando, por factores estructurales, las opiniones de ciertas personas son consideradas poco fiables o son silenciadas. Esto se manifiesta cuando una interpretación es errónea, y esta limitación está legitimada por las estructuras de poder. La igualdad epistémica, en contraste, tendría como consecuencia la revisión de tal contrato social.
En el ámbito de la salud mental, se observa una atención basada en un modelo puramente médico, que a menudo reduce las experiencias subjetivas de los pacientes a meras categorías diagnósticas, en lugar de al significado personal o de la narrativa. En este contexto, la impotencia del personal médico puede ser evidente, y las clasificaciones psiquiátricas a menudo no dejan lugar a la narrativa del paciente. Cuando el profesional de la salud interpreta el fenómeno, puede decir "usted está triste", llevando la experiencia a una interpretación unilateral y silenciando la vivencia subjetiva completa. Los pacientes, en esta dinámica, se convierten en meros consumidores del sistema de salud, siendo objetos en lugar de sujetos. Los factores estructurales silencian a los pacientes, negándoles un sentido de relevancia y la oportunidad de proporcionar información pertinente sobre una condición que se experimenta en primera persona.
Según Havi Carel e Ian J. Kidd, la comprensión de la enfermedad se ve limitada si se ignora la perspectiva de la persona que la padece. Ambos tipos de conocimiento -el profesional y el experiencial- son complementarios, y una sociedad más justa requiere reconocer y valorar ambas perspectivas para una atención que comprenda al individuo en su totalidad. Esta invisibilización de la narrativa, especialmente en poblaciones vulnerables y de menor nivel económico, está fundada en una injusticia epistémica.

La Vulnerabilidad del Profesional de la Psicología: El Caso de la Violencia de Género
La lucha contra la violencia de género impone a los profesionales de la psicología una carga significativa, marcada por el miedo, la impotencia y una sensación generalizada de desprotección. Este miedo impera tanto en las víctimas, temerosas de represalias o de no ser creídas, como en los propios profesionales de la psicología.
La impotencia se manifiesta cuando los psicólogos se encuentran con limitaciones en el marco legal que obstaculizan su capacidad para intervenir de manera efectiva. La desprotección se intensifica cuando los profesionales enfrentan riesgos personales al abordar estos casos, como atestigua la experiencia de ir a ratificar informes periciales en los juzgados, donde se someten a la violencia del maltratador. Las amenazas y coacciones del maltratador para impedir el trabajo y la ayuda a la mujer y a los menores son frecuentes. Se han documentado denuncias deontológicas en el Colegio Oficial de Psicología, interpuestas por padres maltratadores contra profesionales que intentaban realizar su trabajo y apoyar a menores afectados por el maltrato. Numerosas intervenciones con menores han tenido que pausarse debido a las amenazas de estos padres, impidiendo el acompañamiento.
La experiencia de un psicólogo en este campo puede implicar sentir impotencia, miedo físico y psicológico al salir de la consulta por solo realizar su trabajo. La deshumanización en los juzgados añade otra capa de dificultad, donde los procesos legales, a menudo impersonales, pueden desestimar la complejidad de las experiencias de las víctimas, reduciendo sus narrativas a meros datos.
En última instancia, la vulnerabilidad de los profesionales de la psicología en esta batalla resalta la necesidad urgente de abordar estos desafíos de manera integral. Esto implica no solo proporcionar formación especializada y recursos adecuados, sino también reformar los sistemas legales y judiciales para garantizar un enfoque más humano y compasivo en la erradicación de la violencia de género. Es un llamado a las autoridades competentes y al Colegio de la Psicología para que protejan a los profesionales, porque para salir de la violencia, estas mujeres y niños necesitan profesionales comprometidas y sin miedo.

El Vínculo Terapéutico como Espacio para la Narrativa y la Sanación
La experiencia de una crisis o un hecho no esperado a menudo sitúa a la persona en un estado de vulnerabilidad, que se refiere a una debilidad que probablemente se deba afrontar, aunque no se quiera. En el contexto de la psicoterapia, es importante resaltar cómo un mismo hecho impacta diferentes situaciones e influye en cómo los consultantes exponen su duelo en el espacio terapéutico. Para quienes asisten a terapia, el motivo de consulta a menudo relata la experiencia de la ruptura de una relación de pareja con infidelidad, y en este recorrido, perciben la necesidad de un proceso psicoterapéutico. Fragmentos como: "Yo no esperaba que mi esposo me fuera hacer eso; cuando descubrí su infidelidad yo no lo podía creer, antes habíamos hablado de llegar juntos a viejitos" o "Te llamo para pedir una cita, pensé que podía superar esto solo, pero no es así, tengo mucho miedo y lo que hago es llorar", ilustran la profunda angustia y el quiebre vital.
Percibirse en la propia vulnerabilidad es el primer recurso desde el cual pueden crear, junto con el terapeuta, el vínculo terapéutico. Es aquí donde se moviliza la historia de vida, el sistema de creencias y los significados de la pareja, así como sentimientos de culpa y dolor que pueden llevar a una postura defensiva que, con el tiempo, podría desencadenar una crisis emocional.
El Rol del Terapeuta en la Construcción Narrativa
El terapeuta, al iniciar el proceso, debe usar una disposición amorosa que se traduzca en un vínculo seguro para el consultante, sintiéndose recibido en la vivencia del duelo. El terapeuta comprende los significados del consultante a su propio ritmo, para captar las vivencias que dan sentido a su forma de estar y ser. Reconocer que no todo sufrimiento es malo ni todo sufrimiento es bueno es crucial; hay dolores que ayudan a crecer y otros que son un tormento. La persona que se enfrenta al sufrimiento puede sentir que pierde la posibilidad de vincularse auténticamente consigo misma y con los otros, experimentando incapacidad, angustia, y un quiebre en su ser, dejando un estado de poca claridad en su posicionamiento. Las habilidades para reconstruirse pueden quedar paralizadas por la ansiedad que inmoviliza la estructura del Yo, dando lugar a sensaciones de fragilidad, vacío y descontrol.
Cuando el ser humano toma conciencia de su dolor, puede identificar heridas, habilitándose vivencialmente para reconocer sus sensaciones, emociones y el dolor de sentirlas. En el proceso psicoterapéutico, el consultante decide generar una nueva posición al elegir encontrarse en el dolor, la tristeza, la melancolía y la profundidad de la vivencia de sentirse traicionado, decepcionado y engañado. Este estar presente en el vínculo terapéutico agudiza la conciencia de heridas preexistentes, pero también permite el surgimiento de defensas que, con la confianza en sí mismos, dan paso a una etapa de comprensión y transformación del dolor. Frases como "Yo era como un caballo con tapaojos", "No quiero ni levantarme de la cama" o "Yo quiero olvidar" reflejan la defensa inicial.
Proceso de Recuperación y Reconfiguración del Ser
La vivencia de vulnerabilidad en el vínculo terapéutico se reconoce, y los significados personales, previamente desorganizados, encuentran claridad, reflejando la decisión consciente de reconfigurar el propio ser. La terapia de duelo, especialmente la humanista y sistémica, valora el contexto de vida de los consultantes que aceptan sentirse vulnerables y perdidos. Este proceso facilita la comprensión del dolor y la sanación de las heridas, donde la posición del terapeuta frente a la vivencia y la personalidad del paciente es fundamental.
En un quiebre de pareja, el duelo es normal y complejo de vivir, transitando por varias etapas. La persona puede optar por aislarse como protección o experimentar negación. Sin embargo, se avanza si hay una nueva comprensión de este dolor a través del vínculo terapéutico y se pueden sanar las heridas. Sanar una relación amorosa rota no sucede a corto plazo, implica un proceso similar al duelo por la muerte de un ser querido, donde hay que aprender a perder y, a veces, la esperanza puede convertirse en un verdadero obstáculo. Reconocer que "se acabó" libera de una espera improductiva y dolorosa, permitiendo finalmente entrar en la fase de reorganización, recuperando la iniciativa y las ganas de vivir. Dicho potencial de hacerse cargo de uno mismo constituye el fundamento para recordar sin dolor.
Panel: Intervención en duelo desde un enfoque con base cognitivo conductual - Juanjo Bringué
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