La vulnerabilidad hace referencia a la condición de desventaja en que se encuentra un sujeto, comunidad o sistema ante una amenaza y a la falta de recursos necesarios para superar el daño causado por una contingencia. Las personas o grupos son vulnerables al enfrentar experiencias que los colocan en situaciones de riesgo a ser afectados en su bienestar personal, moral, psíquico o material, y donde los recursos para enfrentar la amenaza son limitados, escasos o inexistentes. El objetivo del artículo es mostrar que si bien el concepto de vulnerabilidad es útil para analizar situaciones de riesgo a las que personas y comunidades se enfrentan, no debiera usarse para catalogar como vulnerables a sectores poblacionales o grupos sociales en su totalidad -en el caso que nos ocupa a los adultos mayores.
Enfoque general y marco de análisis
Tres son principalmente las razones que sustentan este argumento: 1) Es imposible demostrar que las personas que pertenecen a ciertos sectores o grupos sociales mantengan las mismas condiciones de vida como realidad sustancial; 2) Ninguna situación de vulnerabilidad es permanente, ya que vulnerabilidad no refiere a un estado sino a una situación en proceso; 3) La vulnerabilidad como proceso implica negociaciones, valoraciones y declinaciones, más allá de un simple enfrentamiento a la amenaza. Situar en el catálogo de vulnerables a determinadas poblaciones, como los adultos mayores, puede construir representaciones forzadas y estigmas, ocultando la heterogeneidad y la continua fragmentación de las poblaciones.

La discusión se articula con tres ejes analíticos típicos del concepto de vulnerabilidad en ciencias sociales: vulnerabilidad como inherente a la condición humana; vulnerabilidad situacional (relación entre contexto social y riesgos específicos); y vulnerabilidad condicionada (atribuciones de vulnerabilidad a ciertos grupos). En este marco, la vulnerabilidad debe entenderse como una perspectiva que permite analizar experiencias de vida cotidiana ante riesgos, impactos de patrones de desarrollo y la estructura de oportunidades, que comprende recursos (activos) y el marco sociocultural al que se accede o no.
Quiénes son vulnerables y cómo distinguir
La vulnerabilidad puede clasificarse en dos grandes unidades de análisis: vulnerabilidad personal y vulnerabilidad colectiva. La vulnerabilidad social articula ambas, expresando la incapacidad de grupos más débiles para enfrentar patrones de desarrollo que reducen su bienestar. No obstante, la vulnerabilidad no debe reducirse a pobreza; los recursos para enfrentar el riesgo incluyen dimensiones material, social y simbólica (dinero, redes de apoyo, conocimiento, creencias y valores). La distinción entre vulnerable y vulnerado es clave: vulnerable refiere a la exposición al riesgo; vulnerado al daño ya causado. En el entramado social, la frontera entre vulnerabilidad y vulneración puede ser difusa, y comprenderla es fundamental para evitar estigmatizaciones injustificadas.

Vulnerabilidad en adultos mayores: perspectiva desde la prevención del estrés
Un artículo original en Ungo muestra cómo la vulnerabilidad al estrés en adultos mayores puede evaluarse con indicadores como estilo de vida, apoyo social, expresión de sentimientos, valores y creencias, y bienestar físico. En un estudio de 85 adultos mayores que asistieron a una consulta de geriatría, el 63,53% no fue vulnerable al estrés; la vulnerabilidad fue mayor en hombres de 74 a 80 años, en jubilados y viudos, y en personas con educación primaria. Los indicadores más relevantes fueron un estilo de vida inadecuado y la carencia de redes de apoyo social. Estos hallazgos señalan la necesidad de intervenciones focalizadas para fortalecer recursos y redes de apoyo en grupos de mayor vulnerabilidad dentro del grupo de adultos mayores.
- El envejecimiento genera cambios que pueden aumentar la vulnerabilidad al estrés, especialmente ante la jubilación, el fallecimiento de parejas y amigos, y la disminución de ingresos o recursos.
- La edad se asocia con una mayor vulnerabilidad al estrés; existe una tendencia a que esta vulnerabilidad aumente con la edad, aunque no siempre de forma uniforme entre individuos.
- La ocupación previa y el nivel educativo influyen en la vulnerabilidad, con mayores diferencias observadas entre quienes tenían primaria o secundaria básica frente a quienes poseen educación superior.
El marco cubano descrito en el estudio complementa la evidencia regional sobre vulnerabilidad en adultos mayores y su relación con indicadores como estatus civil, apoyo social y estilo de vida. La literatura sugiere que la vulnerabilidad no es un estado fijo ni estático; se modifica con la interacción entre condiciones individuales y contextos sociales, culturales y económicos, y debe contemplarse en políticas públicas de salud y protección social, especialmente en escenarios de crisis sanitarias o desastres.

Fragilidad y vulnerabilidad: vínculos y diferencias relevantes
La fragilidad física es un síndrome caracterizado por disminución de fuerza, resistencia y funciones fisiológicas, que incrementa la vulnerabilidad a la dependencia funcional y/o muerte. La sarcopenia (pérdida de masa muscular) es un proceso clave de fragilidad, que se agrava con la edad y se asocia a inflamación crónica. Existen instrumentos de cribado para identificar fragilidad (p. ej., FRAIL, flojo uso de velocidad de marcha <0,8 m/s), y la detección temprana facilita intervenciones como ejercicio, soporte proteico, vitamina D y reducción de polifarmacia. Aunque la fragilidad comparte mecanismos con enfermedades crónicas, su evaluación no debe depender exclusivamente de comorbilidades; la fragilidad es una dimensión adicional para orientar decisiones clínicas y sociales.
En la práctica, la fragilidad debe evaluarse en la comunidad mediante pruebas simples, permitiendo intervenir antes de que surjan discapacidades significativas. Las intervenciones basadas en ejercicio, nutrición y manejo de fármacos han mostrado beneficios en velocidad de marcha, equilibrio y actividades de la vida diaria. Este enfoque admite adaptar estrategias a valores y preferencias de cuidado de cada persona, subrayando la importancia de una atención centrada en la persona mayor como individuo con historia, capacidades y metas propias.
Síndrome de la fragilidad | Noticias de Salud
Desafíos y consideraciones para políticas públicas
La pandemia de COVID-19 y las crisis sociosanitarias han puesto de relieve la vulnerabilidad de las personas mayores, destacando fallas en sistemas de salud, protección social y acceso a servicios. La evidencia regional señala que las personas mayores, y especialmente las muy mayores, enfrentan mayor riesgo de hospitalización, complicaciones y mortalidad asociadas a condiciones crónicas y multimorbilidad. Las desigualdades de género y de ingresos refuerzan estas vulnerabilidades, por lo que las respuestas deben incluir medidas de prevención, apoyo social y protección de derechos para una vejez con dignidad y autonomía.

Implicaciones prácticas: qué hacer
- Promover cribados simples de fragilidad y vulnerabilidad al estrés en la comunidad, especialmente entre adultos mayores de alto riesgo (p. ej., mayores de 74 años, viudos, jubilados con educación básica).
- Fortalecer redes de apoyo social, familiares y comunitarias para reducir la carencia de apoyo y mejorar la resiliencia.
- Fomentar programas de actividad física adaptada, alimentación adecuada y manejo de fármacos para reducir la fragilidad y mejorar la calidad de vida.
- Garantizar acceso equitativo a información y servicios de salud, con formatos accesibles para personas con discapacidad y limitaciones sensoriales o cognitivas.
- Desarrollar políticas de protección social que reduzcan las inequidades y faciliten la movilidad y autonomía de las personas mayores, especialmente ante emergencias sanitarias o desastres.
Riesgo, vulnerabilidad y recursos
Definir la vulnerabilidad permite especificar a quiénes nos referimos y bajo qué condiciones. La relación entre la valoración de las consecuencias y los recursos disponibles determina la probabilidad de enfrentar con éxito la amenaza. Las intervenciones deben considerar el conjunto de recursos materiales, sociales y simbólicos disponibles para las personas, así como las oportunidades que ofrece la estructura social para mejorar su bienestar.

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