Vulnerabilidad, Dignidad y Justicia en el Contexto Global

En el presente ensayo, se reflexiona sobre un aspecto ético vinculado con la dignidad y la justicia en el contexto de los procesos de globalización que afectan desigualmente a toda la humanidad: la vulnerabilidad. Se propone que esta sea asumida como un valor antropológico y ético. Esto conlleva a construirla histórico-conceptualmente como Vulnerabilidad Compartida, por cuanto representa un problema que actualmente impacta a todos los habitantes de la tierra, aun cuando los grados de afectación se encuentren asimétricamente distribuidos.

Esquema de la interconexión entre vulnerabilidad, dignidad y justicia

La Dignidad Humana como Fundamento Inalterable

Se presenta una propuesta de reconocimiento de que todas las personas vulnerables, sea cual sea su grado de vulnerabilidad, son sujetos que gozan plenamente de naturaleza y dignidad humana. Este objetivo se aborda desplegando el contenido de dos características axiomáticas que forman parte integrante de la condición humana y que son compatibles con la dignidad: que todas las personas enferman y mueren. Nadie escapa a estos dos acontecimientos que pueden llegar a ser insoportablemente aceptados.

Críticas a la Reducción de la Dignidad a la Autonomía

Se hacía hincapié en la opinión de la bioeticista estadounidense Ruth Macklin sobre dicho concepto, que ha generado numerosas críticas en el entorno académico. Este entorno considera que la dignidad no puede verse reducida meramente al respeto a la autonomía. No en vano, es posible respetar la autonomía de un paciente, por ejemplo, proporcionando los debidos consentimientos informados para intervenciones médicas, y no tratarlo con dignidad en la relación médico-paciente.

El término autonomía proviene del griego y significa «autogobierno». Para Beauchamp y Childress, padres del principialismo en bioética, el individuo autónomo es el que actúa libremente de acuerdo con un plan autoescogido. Ambas definiciones arrojan luz acerca de la opinión de Ruth Macklin. Sin duda, no siempre la dignidad y la autonomía convergen en el trato dispensado a los pacientes en el entorno sanitario.

Ilustración de un médico y un paciente dialogando sobre el consentimiento informado

La Experiencia de la Vulnerabilidad Extrema

En el caso de la escritora del artículo, relata haber vivido una de esas situaciones de extrema vulnerabilidad hace poco tiempo. Su padre, de 82 años y aquejado de un tumor cerebral, en concreto un glioblastoma multiforme de grado IV, padeció una severa demencia sobrevenida por su enfermedad. En ese momento, ella misma, como hija, asumió su «autonomía» como familiar directo y se vio inmersa en un marasmo de burocracia administrativa, visitas médicas, pruebas y conversaciones con médicos y sanitarios.

En una de esas pruebas, en concreto, una resonancia magnética del cerebro, el radiólogo empezó a hacerle preguntas a su padre (¿tiene usted alguna enfermedad, alergias, diabetes, etc.?) para obtener un consentimiento informado verbal. Su padre se puso visiblemente nervioso y ella tuvo que exigir y suplicar que los consentimientos informados se enviaran previamente por escrito para poder firmarlos debidamente «informada» y evitar estas situaciones innecesarias.

Riesgos Bioéticos de Negar la Fragilidad Humana

Se advierte también de los riesgos bioéticos que supone rechazar o negar esas características. ¿No debería ser sólo la muerte lo único incompatible con la vida humana? Si solo es viable y digno vivir sano, ¿qué hacer entonces con el extenso panorama de vidas humanas que sufren o que sufrirán una discapacidad física y mental? Parece deseable y conveniente que, en una cultura postmoderna y posthumanista donde se exalta la perfección sobre la imperfección, se formulen reflexiones bioéticas que partan de la constatación originaria de la fragilidad de todos los seres humanos.

La Vulnerabilidad como Característica Universal

Partiendo del reconocimiento previo de la específica igualdad biológica entre las personas sanas y enfermas, por la que ambas pertenecen al género humano, existen dos características o propiedades equivalentes en todas las personas: por un lado, la vulnerabilidad en sus distintas formas de enfermedad, discapacidad y dependencia, y por otro, lo que vendría a ser su consecuencia más radical: la muerte.

La Realidad Ineludible de la Enfermedad y la Muerte

De momento, en el mundo real se sigue constatando el hecho de que todos los seres de naturaleza humana mueren de enfermos: nadie muere de sano, de sobredosis de salud. Aunque pueda parecer obvio y cómico a la vez, la enfermedad - a pesar de los progresos científicos - sigue ocupando en el siglo XXI el primer puesto en el ranking de causas de mortandad, seguida lamentablemente de las llamadas causas evitables de muertes: las guerras, los accidentes, el hambre, los suicidios, los abortos, etc.

“Impacto de Delta en los niños y la importancia de la vacunación en este sector de la sociedad”

Puede parecer incluso molesto, pero hay un hecho incontrovertible a día de hoy: que las enfermedades no han desaparecido, ni incluso las más investigadas por su extensión: depresión, cáncer, arteriosclerosis, enfermedades vasculares y cardíacas, diabetes, leucemia, Alzheimer, sida, malaria, etc. Por tanto, siguiendo una nítida lógica, si todos mueren o han de morir, y la mayoría lo hacen de enfermos, la humanidad entera es vulnerable; antes o después enferma y acaba padeciendo lesiones, discapacidades, etc. En ella convive con más o menos protagonismo y a lo largo del desarrollo vital el binomio salud/enfermedad.

Por eso, sostiene con lucidez MacIntyre en su obra Animales racionales y dependientes que todas las personas del mundo ocupan un puesto, un lugar en la escala de la discapacidad, en la que ascienden o descienden a lo largo de su existencia. Lo normal humano no viene definido por una autonomía y perfección absolutas, sino por lo contrario: estados transitorios de enfermedad y dependencia. En cambio, lo que no existe en el mundo real y en sus habitantes son estados biológicos perfectos y puros.

Consecuencias de una Sociedad "Perfecta"

Si se llegara a esa imaginaria y ficticia situación, sucederían dos hechos tan desconcertantes como hipotéticamente probables: uno, la disolución de la naturaleza humana y dos, la clausura de hospitales y la extinción de la medicina y la enfermería. Son mundos futuros y virtuales ya profetizados por la literatura fantástica. El Mundo Feliz construido por Huxley describe con pasión los deleites de perfección de sus habitantes: “actualmente el mundo es estable. Las gentes son felices; tienen lo que desea y nunca desea lo que no puede obtener. Está a gusto, a salvo; nunca está enferma; no teme la muerte; ignora la pasión y la vejez; no hay padres ni madres que estorben; no hay esposas ni hijos ni amores excesivamente fuertes. Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar.”

La Enfermedad y la Dignidad

Ciertamente, las enfermedades no son deseables, pero tampoco son degradantes. No degradan al hombre ni le hacen indeseable porque le dispongan a ser lo que no es, sino todo lo contrario, le confirman en su auténtica naturaleza y por tanto en su dignidad como humano. La enfermedad le ratifica al que la padece que sigue siendo no alguien distinto a la naturaleza que tenía antes de estar enfermo, sino que se trata de la misma naturaleza que atraviesa ahora por uno de sus estados patológicos. Es decir, que sigue siendo lo de siempre: un ser humano.

Por eso, todos los enfermos, todas las posibles discapacidades físico-mentales, en definitiva, todos los estados dependientes, no representan en absoluto una humanidad incompleta, una desviación de lo humano, sino a la inversa el reconocimiento de lo normal y lo propio del hombre. Y todavía sucede algo aún más incuestionable e incluso evidente científicamente: que todos los enfermos, mientras dure la enfermedad y hasta que no se certifique clínicamente la muerte, están vivos: son personas vivas en equilibrio con la salud o con la muerte - moribundas incluso -, pero siempre vivas.

La Dignidad como Cualidad Intrínseca e Innegociable

El discurso argumentativo busca justificar que todos los individuos de la familia humana son intrínsecamente dignos sin que existan grados en la posesión de esa dignidad. Si se parte del reconocimiento de la idéntica naturaleza humana en todos los seres humanos, independientemente de sus estados de salud o de enfermedad, no cabe entonces distinción en la dignidad.

Igualdad Ontológica de la Dignidad

No existen personas humanas más dignas que otras, porque la dignidad, como dimensión o cualidad intrínseca a la naturaleza, está estrictamente igual de inherida y presente en cualquier vida humana. Se haya desplegada en su totalidad en cuanto hay vida y hasta que esta se extingue. Por eso, conviene reafirmar que la dignidad no puede identificarse con un elemento protésico o yuxtapuesto a la naturaleza, algo de quita y pon en función de la perfección genética y anatómica, de la autogestión racional y de la belleza estética.

Todas estas características no dicen objetivamente nada de la dignidad ontológica que pertenece a la vida humana; no la definen en absoluto porque sencillamente la dignidad es independiente de todas ellas, es innata a la naturaleza humana en el sentido que nace con ella, y por eso inseparables entre sí. Se trata de una dimensión que radica en la realidad del ser, en la naturaleza, y coexiste con ella hasta su extinción: si está el ser humano, está ella, y por eso la dignidad se tiene o no se tiene. Es decir, que no se considera como una categoría conmensurable, no tiene precio, no aumenta en los sanos ni disminuye en los enfermos, no es un valor más o menos positivo de los humanos pero fluctuante por razones patológicas o por conveniencia de una mayoría parlamentaria.

Precisamente, la dignidad peligra hasta desaparecer en el momento en el que se le adjudica un cierto precio a la vida humana a la que pertenece, porque de este modo es cuando se cosifica e instrumentaliza al ser humano. Como asegura Kant en su Metafísica de las costumbres: “cuando a algo le asigno un precio o un valor, aquello a partir de ese momento podría ser sustituido por algo equivalente”. Por tanto, los únicos seres que son exclusivos de protección, llamémosle ontológica, son aquellos que no admiten nada equivalente, ya que poseen una naturaleza - digna - que está por encima de toda estimación. En conclusión, la dignidad es un absoluto axiológico que no podría ser ignorado bajo ningún concepto. Lo único éticamente legítimo que se permite hacer en un ser humano vivo - sano o enfermo - es constatarla en él, señalar que está, y si lo está - porque hay vida - lo está en su totalidad, no parcial, circunstancial, condicional ni temporalmente. No es relativa a nada, escapa y es inmune a la subjetividad humana porque estamos ante una cualidad objetiva de la naturaleza.

Los Derechos Humanos como Expresión de la Dignidad

La naturaleza humana iguala a todos los seres humanos en dignidad, es común a todos, convirtiéndose este principio no en un derecho humano sino constitutivamente en el mismo fundamento de los derechos humanos, independiente de todo consenso al que incluso legitima y positivamente pudiera llegarse para respetar toda vida humana. Es cada hombre, cualquiera - por su naturaleza - el que reivindica para sí de modo irrevocable su dignidad y su derecho a un respeto incondicional.

Mapa mundial destacando países con altos índices de vulneración de derechos humanos

Por tanto, ese derecho “tiene un carácter previo a la intervención de una legislación humana que solo puede limitarse a reconocerlo, pero nunca a crearlo”. Nadie puede quedar fuera de la posesión plena de su dignidad por ningún motivo. Definida la radical igualdad ontológica, se puede asegurar que lo natural humano degradado, enfermo, es tan natural - es decir digno - como lo natural humano sin degradarse o sano. Si no son humanos y dignos los débiles, los enfermos, los discapacitados, no pueden ser humanos ni dignos ninguno de los hombres, tampoco ninguno de los sanos, que perderían su dignidad en cuanto enfermaran.

Unidad y Fragilidad del Género Humano

Todos los miembros de la familia humana al completo, es decir, sanos y enfermos, son y valen lo mismo. Todos válidos, no sobra ninguno porque posea algo distinto. Se puede hablar de una unidad de todo el género humano: no hay hombres o mujeres diferentes o extraños, no existen categorías o razas superiores o inferiores de personas porque solo existe un único modo de expresar la esencia de la naturaleza humana de modo auténtico: su finitud, su fragilidad y dependencia. Hasta la fecha, solo ha habido una única posibilidad de ser humanos, y esa ha sido siempre la fragilidad, la alternancia entre estados patológicos y sanos. ¿Por qué entonces tanta insoportabilidad ante la originaria y genuina deficiencia humana que ha sido la protagonista de la historia? Es la violencia de esta insoportabilidad la que puede abocarnos a lo peor para los más vulnerables.

Vulneración de Derechos Humanos

Los derechos humanos son fundamentales para la protección y promoción de la dignidad de todas las personas, sin distinción de etnia, religión, creencia o condición sexual, entre otras. Sin embargo, en diferentes partes del mundo se siguen produciendo situaciones en las que estos derechos son vulnerados, a pesar de ser universales, es decir, que deberían cumplirse para todas las personas por igual. Hablamos sobre lo que significa esta vulneración de derechos humanos, las causas que la propician y las consecuencias que conlleva.

Mecanismos de Vigilancia Internacional

El sistema internacional tiene sus propios mecanismos para actuar cuando ocurre una vulneración de los derechos humanos. Desde el sistema de Naciones Unidas, vigila el Consejo de Derechos Humanos, ubicado en Ginebra, y encargado de hacer el Examen Periódico Universal a los países que han ratificado la Declaración. Además, está el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, y existen Comités que atienden a cuestiones especiales (por ejemplo, el Comité contra la tortura).

A nivel regional, existen también mecanismos encargados de vigilar los derechos humanos:

  • La Corte Europea de Derechos Humanos
  • La Corte Interamericana de Derechos Humanos
  • La Corte Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos
  • La Comisión Africana

Además de todo ello, desde organizaciones de la sociedad civil también se hace esta labor de vigilancia sobre la vulneración de derechos humanos.

“Impacto de Delta en los niños y la importancia de la vacunación en este sector de la sociedad”

Causas de la Vulneración de Derechos

A la hora de buscar las causas de la vulneración de los derechos humanos, por encima de todo destaca la falta de voluntad política. Los Estados deben preocuparse por respetar y proteger los derechos de la ciudadanía. También existen causas coyunturales. Hechos como la corrupción o la impunidad de los delitos pueden hacer que la vulneración de los derechos humanos se cronifique. Pero también puede darse un conflicto armado, una emergencia humanitaria o situaciones de inestabilidad política o socioeconómica que genere una grave vulneración de derechos.

Sin embargo, hay una causa que desde organizaciones como Ayuda en Acción ponemos de especial relevancia a la hora de producirse una vulneración de derechos: la pobreza. La pobreza, además de limitar el acceso a derechos humanos como el derecho a la educación, la salud, entre otros, también reduce la capacidad de las personas para defender su ejercicio. A nivel personal, la violación de los derechos fundamentales pone a quien la sufre en una situación de desventaja a la hora de ejercer sus derechos y sus libertades. Normalmente ocurre que quienes se encuentran en una situación de vulnerabilidad social son también quienes más posibilidades tienen de que sus derechos sean vulnerados. Por eso los Estados deben proteger especialmente a dichas personas. Sabemos que existen y convivimos con ellas.

Manifestaciones Comunes de Vulneración de Derechos

Las vulneraciones de derechos humanos siguen ocurriendo en todo el mundo, también cerca de ti, aunque quizás no te lo hayas planteado. La violencia ejercida contra las mujeres es, sin duda, una de las formas más extendidas de vulneración de los derechos humanos en todo el mundo. Da igual el país, porque la igualdad está muy lejos de lograrse en cualquier país del mundo. Se trata esta de una forma moderna de esclavitud que afecta a millones de personas en todo el mundo. Mujeres y niñas se encuentran además en mayor riesgo para sufrir este tipo de vulneración de derechos humanos.

En aquellos países donde gobiernan regímenes dictatoriales o autoritarios, los derechos humanos pasan a un segundo plano. Sin duda, esta vulneración de derechos humanos es una de las que podemos ver más frecuentemente en nuestro día a día. La discriminación racial persiste en diferentes formas y contextos en todos los países del mundo. La censura, la persecución de periodistas y la limitación del acceso a información veraz y plural son prácticas que violan el derecho a la libertad de expresión.

Ayuda en Acción lleva desde sus orígenes trabajando para que los derechos humanos se cumplan, hasta en los rincones más recónditos del planeta. A través de nuestros programas de cooperación al desarrollo promovemos el acceso a la educación como herramienta de transformación social.

La Inteligencia Artificial y la Bioética

En este contexto, es importante destacar la aparición de la inteligencia artificial (IA) en el entorno sanitario en los últimos tiempos. La emergencia de la IA y de las decisiones algorítmicas puede constituir otro factor determinante en la gestión de la salud de la población. Decía Emil Cioran que el error de la filosofía era ser demasiado soportable. La bioética no puede ni debe cometer ese grave error. Al contrario, debe estar implicada en este proceso de digitalización y automatización de la salud.

Infografía sobre los dilemas éticos de la inteligencia artificial en medicina

Análisis de las Formulaciones Contractualistas y la Justicia

La obra, de la que parte el texto original, parte de un análisis de las formulaciones contractualistas modernas, así como de las consideraciones políticas de John Rawls, autor en el que se actualizan las concepciones contractualistas sobre la justicia. Así, al final de cada capítulo se establece un diálogo sobre los puntos de encuentro y disyuntivas sobre las concepciones de los autores en cuestión.

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