Vulnerabilidad al Delito en el Espacio Residencial: Un Enfoque Configuracional

Introducción

El punto de partida de esta investigación es el postulado según el cual la incidencia delictiva vulnera la experiencia urbana del habitante y, por tanto, afecta el derecho humano a la seguridad y la habitabilidad urbana. En México, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE, 2022), el 61,2% de la muestra nacional considera la inseguridad como el problema que más aqueja a la población en la actualidad. Mientras tanto, en la demarcación Álvaro Obregón, 65,7% de la población manifiesta igual percepción. Ello la posiciona en esta materia entre los primeros lugares respecto a las 16 demarcaciones que conforman la Ciudad de México, cuya cifra promedio es de 70,1%.

Infografía: Percepción de inseguridad en la Ciudad de México y Álvaro Obregón (ENVIPE 2022)

En tal contexto, el objetivo de esta investigación es analizar el impacto que tiene el entorno urbano en el delito callejero y, por tanto, en la caracterización de la seguridad objetiva en la demarcación Álvaro Obregón, México. Con tal fin, el estudio se enmarca en cuatro dimensiones de análisis: la geoespacial, la estructura urbana, la tipología del lugar, y las características sociodemográficas.

El Delito Callejero y la Seguridad Objetiva

La seguridad objetiva es aquella que tiene como referencia los registros oficiales de incidencia delictiva de una unidad territorial, utilizados para determinar la probabilidad de ser víctima de un delito. Aunque solo una parte de los delitos que ocurren están registrados, particularmente el delito callejero presenta una cifra negra nacional de 94% (ENVIPE, 2022).

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2013) plantea que el delito callejero, asociado al robo en sus diferentes modalidades, es el tipo de violencia social que más afecta al ciudadano promedio. Agrega que ocurre en lugares públicos abiertos, como calles, parques, mercados y paradas de transporte público, y que generalmente en entornos urbanos no se denuncia. A pesar de ello, la ENVIPE-2022 señala que el robo o asalto en calle o transporte público es el delito que ocurre con más frecuencia en México, al que se suma el robo total o parcial a vehículo, ambos caracterizados por ocurrir en el espacio público. En circunstancias de violencia social y falta de seguridad, el espacio público representa un problema que debilita el tejido social (Díaz García & Esteves Junio, 2017). Ahora bien, el espacio público “no provoca ni genera peligros, sino que es el lugar donde se evidencian los problemas de injusticia social, económica y política; y su debilidad aumenta el miedo de unos, la marginación de los otros y la violencia urbana sufrida por todos” (Borja & Muxí, 2003).

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), en Álvaro Obregón, durante el periodo 2019-2022, un 77,27% de los encuestados reconoció sentirse inseguro. En la Ciudad de México, las demarcaciones Álvaro Obregón, Iztapalapa y Cuauhtémoc son las que han presentado mayor incidencia por delito callejero, entre Muy alta (351-710) y Alta (251-350) (Portal CDMX, 2020-2023). El delito callejero o delito patrimonial cobra relevancia en Álvaro Obregón (7.894 hab./km²), debido a que alcanza mayor promedio (77%) respecto a otros tipos de delito con alto impacto (23%), que aluden al homicidio, el feminicidio, el secuestro, la violencia, el narcomenudeo y la trata de personas (Portal CDMX, 2020-2023). En esta demarcación, la morfología incluye el conjunto de barrancas, lomeríos y pedregales del relieve, las intervenciones de amurallamiento en sitios privados y la presencia de áreas baldías.

Prevención Situacional y Diseño Ambiental

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, 2011) recomienda el enfoque de la prevención situacional y el diseño ambiental para reducir el riesgo de que se produzcan delitos y sus posibles efectos perjudiciales en la sociedad, incluido el temor a la delincuencia. La prevención situacional tiene como alcance reducir o eliminar problemas delictivos específicos que ya existen, a través de la implementación de estrategias y medidas socioambientales que responden a circunstancias inmediatas del entorno, para contrarrestar las decisiones y oportunidades del infractor en el momento y el lugar de la posible comisión delictiva. En esta línea, propone fortalecer su objetivo mediante intervenciones orientadas a la autoprotección (Vozmediano Sanz & San Juan Guillén, 2010).

Diagrama: Enfoque de prevención situacional del delito y sus estrategias

No obstante, la implementación acrítica y estandarizada de tal enfoque puede llegar a ser contraproducente (Arias Sobalvarro & Luneke, 2022); por ejemplo, la obstaculización de la libre circulación de personas a través del blindaje desmedido de accesos y el uso de dispositivos tecnológicos de vigilancia sin regulación, pueden generar nuevos tipos de oportunidades para la comisión del delito.

El Papel del Espacio Urbano en la Delincuencia

La seguridad “objetiva” es definida por el PNUD (2009) como la medición basada en datos de incidencia delictiva para vislumbrar cómo se comportará el riesgo en una unidad territorial, cuyo análisis espacial permite generar información clave para la toma de decisiones de tipo preventivo, correctivo y estratégico (Flores-Gutiérrez, 2021). La delincuencia, en tanto síntoma de la presencia de un problema de descomposición social, “se caracteriza por la intensa polarización económica, la falta de igualdad de oportunidades, más aún, la pérdida de valores personales y comunitarios” (Calvillo Saldaña, 2014, p. 113).

Los señalados son factores que se entretejen en el espacio urbano en el marco de sus condiciones físicas y sociales, incluidas la morfología, el uso de suelo, la tipología, la movilidad, los servicios, el equipamiento, los datos sociodemográficos y las actividades sociales, entre otras. De allí que el papel del espacio urbano en la producción y reproducción de la delincuencia demande un estudio con herramientas de análisis espacial, con el fin de explorar la función que cumple el lugar en la comisión de delitos, en conjunto con las dinámicas sociales (Calvillo Saldaña, 2014). Los estudios realizados por Palacios Pámanes (2014) y Waller (2014) reportaron conversaciones con convictos, quienes manifestaron que el factor “lugar” es determinante para la comisión de ciertos delitos y que la modalidad varía en función de las características del medioambiente, que conjuga el lugar, el tiempo y el objetivo.

Marco Teórico de la Criminología Ambiental

Criminología Ambiental y la Relación Espacial-Temporal

En ese sentido, la relación espacial-temporal de los delitos ha sido abordada por la criminología ambiental en función de cómo el lugar puede ser un factor para el crimen (Anselin et al., 2000).

Teoría de la Elección Racional

De hecho, la teoría de la elección racional (Cornish & Clarke, 1986) apunta a que “los delincuentes toman decisiones sobre los lugares en función de las características sociales y espaciales a nivel del sitio” (Loukaitou-Sideris, 2012).

Teoría de los Patrones Delictivos

La teoría de los patrones delictivos (Brantingham & Brantingham, 1999) establece que la configuración del delito puede abordarse a partir del patrón espacial y temporal, “determinado por las señales que emite el ambiente y ofrece información acerca de sus características físicas, espaciales, culturales, legales y psicológicas” (Vozmediano Sanz & San Juan Guillén, 2010, p. 74), y de “las dinámicas económicas, etc., que estructuran las actividades humanas, incluyendo las delictivas” (p. 79).

Teoría de las Actividades Rutinarias

La teoría de las actividades rutinarias (Cohen & Felson, 1979; Felson, 2008) establece que cuando hay cambios en los patrones de comportamiento de una sociedad, las oportunidades para el delito también cambian. Plantea al respecto la tríada del evento delictivo: el infractor probable, el objetivo potencial y la ausencia de alguien con capacidad para impedir el delito. Especifica que “la organización social y las rutinas de la vida diaria harán que la convergencia entre infractores y objetivos sea mucho más probable en lugares y momentos concretos” (Vozmediano Sanz & San Juan Guillén, 2010).

Esquema: Las principales teorías de la criminología ambiental aplicadas al delito callejero

Aplicabilidad y Desafíos en México

Tales teorías del Norte Global han sido soporte operativo de la prevención situacional del delito en México. No obstante, es importante reivindicarlas a partir del análisis del paisaje urbano que prevalece en un territorio determinado. En esa línea, las dimensiones, las variables y los indicadores de la presente investigación se plantean a partir de recientes estudios que se han enfocado en la incidencia delictiva y la seguridad. Precisamente, el “espacio y lugar” según planteados por Loukaitou-Sideris (2012) se retoman como niveles operativos del territorio. Lo espacial se refiere al área bidimensional, manzana o conjunto de manzanas, vecindarios, colonias y barrios, con situaciones específicas y atributos de los lugares que enmarcan. El lugar remite a un área de tamaño mínimo, como un segmento de calle o esquina, una intersección, una parada de autobús o un edificio, que manifiesta las actividades cotidianas de los usuarios y cuyo efecto puede ser un hecho o conflicto delictivo particular (Loukaitou-Sideris, 2012).

Dimensiones de Análisis y Metodología

Dimensión Geoespacial

La dimensión geoespacial se aborda a través del análisis espacial, cuya finalidad es identificar las zonas críticas o hot spots, como lo plantea Flores-Gutiérrez (2021). Aun así, Flores-Gutiérrez reconoce que la cartografía por sí sola no alcanza a dar cuenta de los procesos desarrollados en torno a la seguridad a escala humana. De hecho, la correlación entre las características físicas y los usos del suelo tiene efecto sobre la delincuencia (Liggett et al., 2004, p. 139) y es desde la planificación y el diseño urbano que se pueden analizar. Contrariamente, la política pública implementada en México para el combate del robo a transeúntes se ha centrado en acciones reactivas y desde un enfoque de la prevención situacional basado en la estética urbana (Fuentes Flores & Sánchez Salinas, 2017). En esta línea argumentativa, la urbanística poco se ha vinculado con criterios morfológicos que permitan cuantificar tales delitos y reflexionar en paralelo con las características sociales.

Estructura Urbana

En cuanto a la estructura urbana, se la estudiará a partir de las variables siguientes: la accesibilidad (Bentley et al., 1999; Brantingham & Brantingham, 1999; Marcial Fiscal & Castillo-Pavón, 2019), esto es, las características de la ruta o calle según el grado de acceso o cambios de dirección (Bentley et al., 1999); las intersecciones o conexiones en su longitud (rutas de escape a mitad de cuadra) y la existencia de estacionamientos; y la movilidad, que refiere al tráfico vehicular y peatonal (Loukaitou-Sideris, 2012).

Tipología del Lugar

La tipología del lugar, por su parte, comprende las variables siguientes: el uso de suelo, esto es, el tipo de uso inmediato a la calle (Loukaitou-Sideris, 2012); la cercanía de establecimientos indeseables, como bares, tabernas y narcomenudeo (Calvillo Saldaña, 2014; Fuentes Flores & Sánchez Salinas, 2017; Liggett et al., 2004; Loukaitou-Sideris, 2012), y los tipos de actividad (Calvillo Saldaña, 2014; Fuentes Flores & Sánchez Salinas, 2017; Loukaitou-Sideris, 2012). Loukaitou-Sideris (2012) señala que los datos sobre delitos recopilados por la policía no incluyen el contexto físico en el que tiene lugar el delito. Por otra parte, se ha argumentado que la asociación entre delincuencia y características sociales no es siempre directa o perfecta y que es muy difícil de medir (Loukaitou-Sideris, 2012).

Características Sociodemográficas

Con el fin de proporcionar un referente interpretativo entre el delito callejero y las características sociodemográficas, para el presente estudio solo se retoman como variables, en primer lugar, el índice de marginación, para conocer las circunstancias sociales en que se encuentra la población. Luego, de acuerdo con Fuentes Flores y Sánchez Salinas (2017), la densidad de población, el grado de escolaridad y el porcentaje de población masculina de 18 a 24 años, son factores que influyen significativamente en las oportunidades para ser objeto de robo en el espacio público.

Metodología Cuantitativa

Se utiliza la metodología cuantitativa, que comprende el componente objetivo de la seguridad, a través de la elaboración del análisis espacial (geoespacial) con información descargada de los registros de las Carpetas de investigación de la Fiscalía General de Justicia (FGJ) de la Ciudad de México, del Portal de datos de la Ciudad de México (Portal CDMX), periodo 2020-2023. Se hizo registro fotográfico en cada ruta elegida, así como observación participante acompañada de una cédula diseñada para el levantamiento de los componentes de las siguientes variables físicas y sociales: la accesibilidad, el uso de suelo inmediato, la vigilancia y el orden físico y social.

Esquema/Tabla: Variables físicas y sociales clave en la metodología de estudio del delito

Resultados del Análisis Espacial y Sociodemográfico

La distribución del delito callejero se interpreta a través del análisis espacial para identificar las zonas de mayor actividad delictiva (robo) con respecto al resto del territorio. El planteamiento inicial se hizo con base en los registros del Portal CDMX, 2020-2021, que dio lugar a la configuración de cuatro unidades de área (1, 2, 3 y 4). Además, el reloj aorístico mostró que el delito callejero ocurrió con mayor frecuencia de lunes a viernes de 9:00 a 10:00 horas, 12:00 a 13:00 horas, 15:00 a 16:00 horas y de 21:00 a 22:00 horas. En cuanto a la densidad del delito callejero, hace referencia a la probabilidad de ocurrencia del delito callejero por cada kilómetro cuadrado, tomando en cuenta las delimitaciones administrativas a nivel colonia o barrio.

Gráfico de reloj aorístico: Horarios de mayor incidencia de delito callejero en Álvaro Obregón

Los resultados señalan que las zonas con riesgo muy alto tienen 187 a 299 incidencias y una densidad de 293-261 delitos callejeros por kilómetro cuadrado. La zona 1 comprende parte de la extensión territorial de las colonias Tlapechico y 2da. El Pirul (Ampliación). La zona 2 se extiende en la colonia Bonanza; la zona 3 comprende Barrio Norte y Olivar del Conde 1ra.

El Consejo Nacional de Población (CONAPO, 2020) define la marginación como aquella situación que “se asocia a la carencia de oportunidades sociales y a la ausencia de capacidades para adquirirlas o generarlas, pero también a privaciones e inaccesibilidad a bienes y servicios fundamentales para el bienestar”. La densidad de población se define como el número de residentes dividido entre la superficie de área acotada. El porcentaje de población masculina joven se estima al dividir la población masculina de 18 a 24 años de edad entre la población total del área acotada. El grado de escolaridad se precisa como el nivel máximo educativo de las personas residentes, y se calcula al dividir la población de 18 años y más con educación posbásica entre la población total de la demarcación.

De acuerdo con los resultados, las colonias con densidad de robo callejero alta o muy alta tienen índice de marginación medio, bajo o muy bajo a escala Ciudad de México, pero puntualmente presentan menor grado de escolaridad. Se trata de Tlapechico; 2da. El Pirul (Ampliación); Olivar del Conde 1ra. Sección I; Bonanza, Lomas de Platero, Barrio Norte, El Rodeo y El Pirul. Las colonias con mayor grado de escolaridad que coinciden en que tienen menor densidad de delito callejero, incluyen San Ángel Inn, Jardines del Pedregal y Lomas de Santa Fe II, a excepción de El Cuernito, que tiene un grado de escolaridad...

Mapa temático: Relación entre densidad de robo callejero e índice de marginación y escolaridad en colonias de Álvaro Obregón

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