El Servicio Nacional de Menores (SENAME) en Chile, y los organismos colaboradores que operan bajo su alero, han sido objeto de un intenso escrutinio debido a las graves vulneraciones de derechos que experimentan los niños, niñas y adolescentes bajo su protección. A lo largo de los años, múltiples investigaciones y testimonios han revelado un panorama desolador, donde la protección estatal no siempre se cumple, y en muchos casos, agrava la situación de quienes deberían ser resguardados.
Abusos y maltratos dentro de las residencias
En marzo de 2010, las Aldeas Infantiles S.O.S. tuvieron que recurrir a la justicia debido a que cuatro niñas bajo su cuidado fueron abusadas sexualmente. Dos de ellas, de 4 y 6 años, vivían en la Aldea Los Aromos, mientras que las otras dos, de 7 y 8 años, residían en la Aldea Madreselvas. Estas pequeñas estaban internadas tras haber sido maltratadas por sus propios padres. Lo alarmante de estos nuevos abusos fue que los agresores no eran adultos, sino jóvenes que, en algún momento, también fueron víctimas. Uno de los agresores tenía 15 años y se albergaba en el mismo hogar que las niñas, y el otro, de 18 años, había vivido desde los 6 en el hogar de las niñas abusadas. Según informó el Sename a CIPER, este último joven aprovechó un descuido durante una visita a las cuidadoras para cometer los abusos. Adicionalmente, en el hogar de Los Aromos, se detectó que una chica de 16 años tuvo “conductas sexualizadas” con un niño de 9 años.
Estos incidentes evidencian las fallas del sistema de protección, que en ocasiones llega tarde al auxilio de los niños o, peor aún, permite que las vulneraciones continúen dentro de sus propias instalaciones. Los motivos son múltiples: falta de control, personal sin la preparación adecuada, y criterios deficientes en la gestión de casos. Por ejemplo, se denunciaron casos de maltrato físico en dos hogares del Ejército de Salvación, lo que llevó al cierre de los mismos por parte del Sename a principios de 2010.

Las complejas realidades de los niños institucionalizados
Los niños que ingresan a la red Sename a menudo han sufrido daños extremos antes de su internación. En el hogar Cardenal Carlos Oviedo, por ejemplo, se reciben a muchos de estos chicos sin que la institución esté plenamente preparada para sus necesidades especializadas. Leontina González, quien dirige el hogar, relata el caso de un niño abusado por su padre durante años, quien luego intentó violar a otro interno en un hospital. Este caso subraya la necesidad crítica de atención especializada que muchos de estos niños no reciben a tiempo. Leontina González reflexiona que es así como se forjan las personalidades despiadadas que más tarde causan espanto en la sociedad.
Actualmente, en el hogar Carlos Oviedo, uno de los problemas más graves es un joven con retardo mental severo que tiene una fijación sexual con la perra mascota del centro, lo que genera situaciones angustiantes. Aunque el muchacho está bajo medicación y tratamiento, es evidente que requiere una atención mucho más especializada de la que el centro puede ofrecer. La directora se pregunta qué ocurrirá si el animal es retirado, y en qué se centrará la atención del niño, resaltando la complejidad y la falta de recursos adecuados para estos casos.
Precarización y falta de recursos
La situación se agrava por la brecha financiera significativa en la atención. Se estima que el Estado paga solo el 60% de lo que se necesitaría para brindar una atención de calidad a un niño abandonado. Si el Sename paga 150 mil pesos mensuales por niño, lo adecuado serían 250 mil. Esta insuficiencia presupuestaria, que no se espera que cambie radicalmente en los próximos años, no solo afecta la atención general, sino también la especializada.
Distintos personeros del sistema estatal coinciden en que los niños con daño extremo no deberían superar los 20 casos en todo Chile, lo que indica la magnitud del problema y la falta de capacidad para manejar la alta demanda. Un catastro de las atenciones de salud mental, necesario desde hace mucho tiempo, apenas se está realizando. Además, el Sename no puede resolver solo este problema, ya que no existen posibilidades de levantar un sistema paralelo al de Salud Pública.

Fallas en la supervisión y control
Una mesa de trabajo conocida como “Comisión Despeje”, integrada por jueces de familia y el Sename, examinó los problemas de la red de protección. Sus hallazgos confirmaron un "hoyo negro" en la situación de los niños bajo protección estatal. Se encontraron con situaciones tan delicadas como la ausencia de niños durante las visitas a los hogares, algunos de los cuales se habían fugado sin que se informara a los jueces.
Estos problemas también fueron detectados en dos hogares de la fundación Mi Casa (“Puertas Abiertas” y “Abriendo Caminos”), que la propia entidad cerró a fines de 2009. Angélica Marín, jefa del departamento de protección de derechos del Sename, señaló que las supervisiones revelaron la “ausencia continua de los niños, especialmente en horario nocturno y fines de semana”, a pesar de que figuraban presentes en las nóminas internas. Tras una visita al centro “Abriendo Caminos”, un fiscalizador de Sename informó que, de 67 niños, siete se habían fugado y 27 estaban en "acercamiento familiar" bajo circunstancias cuestionables.
En otro caso, supervisores del Sename descubrieron en agosto un hogar que adulteraba constantemente la cantidad de niños atendidos: la Residencia Especial Galileo de La Serena, que decía atender a 20 niños. La auditoría a este hogar también reveló precarias condiciones de vida, una realidad extendida en toda la red, según un informe de la Comisión Despeje. Este informe también detectó conductas sexualizadas entre niños y niñas en las Aldeas SOS y recomendó capacitación para el personal. El hogar de niñas de la fundación Carlos Oviedo fue señalado por problemas de higiene en la cocina y el comedor, falta de profesionales y atención insuficiente para niños con problemas de salud mental.
Uno de los centros con más problemas fue el hogar Juan XXIII de Buín, administrado por Coanil, que alberga a niños con discapacidad mental grave o profunda. Con 60 cupos, el Sename le asignó 111 millones de pesos ese año. Sin embargo, el informe consignó que los jóvenes “permanecen habitando en condiciones de emergencia en un gimnasio que fue habilitado; los baños se encuentran en pésimas condiciones de higiene, filtraciones y agua en el piso, haciendo el lugar frío para albergarse ahí”. Cuando CIPER visitó el centro, el hacinamiento persistía, y los niños deambulaban por un patio sin estímulos ni actividades.
La violencia como factor recurrente
En los hogares del Sename, la violencia hacia los menores es un problema recurrente. En el Hogar Helmuth Hunner, con 30 muchachos, la esposa del director fue acusada de golpear a un niño con un pedazo de manguera. El otro hogar, "El Broquel", era para niñas. Muchas de ellas habían sido víctimas de sus padres o convivientes de sus madres. La periodista Carolina Rojas, autora del libro "Abandonados", afirma que existe una violencia sistemática y enquistada en los centros, y que la falta de supervisión es el principal problema.

Perfil de los niños en el sistema de protección
Mirando el listado con las historias de los niños que ingresan al sistema, se puede obtener un panorama claro de sus vidas. Muchos son hermanos, internados juntos, a veces desde muy pequeños. Una gran cantidad de abuelas deben hacerse cargo de niños maltratados, a menudo mujeres que ya fracasaron en la educación de sus propios hijos y ahora, agotadas, intentan hacerlo mejor con sus nietos. Algunos ejemplos de historias de ingreso incluyen:
- Un niño de 9 años que ingresa por violencia intrafamiliar, abandono y abuso sexual, y cuya madre no mantiene contacto con él.
- Una niña de 7 años que ingresa por negligencia parental, maltrato psicológico y abuso sexual por parte del conviviente de su madre.
- Hermanos de 4 y 3 años con escasas posibilidades de egreso debido al abuso de cocaína por parte de la madre y sospecha de abuso sexual por parte del padre.
- Hermanas de 13 y 17 años que ingresan por abuso sexual del padre biológico y violencia de la madre.
La "institucionalización por pobreza" y el rol de la adopción
Un aspecto crítico es la “institucionalización por pobreza”. La jueza de familia indica que muchas veces, los niños son internados no por violencia o maltrato, sino por la pobreza de sus familias. Un hecho que en sectores acomodados se interpreta con tolerancia, en otros se cataloga como “negligencia parental”. Un psicólogo, Camilo Morales, precisa que gran parte de los niños en el sistema de protección no fueron maltratados o abusados por sus padres y podrían volver a sus hogares si las familias recibieran la ayuda adecuada. La mayoría mantiene un lazo con su familia de origen y no están en situación de abandono real.
La internación, aunque se disfraza de protección, opera como una sanción velada para el niño y su familia, culminando en la privación del medio familiar. Los especialistas concuerdan en que el tránsito por estas instituciones debe ser breve, idealmente no más de dos años, pero la realidad dista mucho de eso.
Sobre la adopción, aunque muchas personas creen que agilizarla es la solución, la jueza de familia argumenta que tanto la internación como la adopción deberían ser los últimos recursos. La Ley 19.620 sobre adopción establece que esta procede solo cuando la familia de origen no es capaz de satisfacer las necesidades espirituales y materiales del niño, y siempre que se hayan agotado los esfuerzos para habilitar a los padres y la familia extensa. Sin embargo, los procesos suelen ser lentos y complejos, a menudo debido a la oposición de la familia extensa o a informes de habilidades parentales realizados por las propias instituciones de adopción, que son parte interesada.

Bienestar subjetivo y la perspectiva de los niños
Un estudio del abogado Harry Ortúzar de la U. Alberto Hurtado, en el marco de su doctorado en psicología de la U. de Girona, analizó indicadores de bienestar subjetivo en 115 niños y adolescentes (8 a 17 años) de 10 residencias colaboradoras del Sename. Los resultados son preocupantes: el 48% de los niños declara estar "poco o nada de contento" de vivir en la residencia. Quienes llevan menos de seis meses en la residencia tienen un bienestar general más alto que los que llevan más de dos años, lo que sugiere los efectos nocivos de las estancias prolongadas.
La satisfacción del niño con la residencia y el apoyo que perciben del director de la institución son elementos fundamentales para su bienestar subjetivo global. Xavier Oriol, académico de la U. Andrés Bello, enfatiza la importancia de consultar al niño sobre su "interés superior", algo que a menudo es determinado únicamente por los especialistas.
Cuando los niños ingresan a las residencias, ya presentan problemas en su desarrollo afectivo y socioemocional debido a las vulneraciones previas. Por lo tanto, el ingreso no es inadecuado per se, siempre que los tiempos de estancia no sean prolongados y la atención integral sea la adecuada. Se requiere un sistema de protección especial a los derechos reconocidos en tratados internacionales para abordar sus necesidades materiales, afectivas, socioemocionales y educacionales, y así evitar nuevas vulneraciones dentro de la residencia.
La crisis del SENAME y la "violencia simbólica"
La periodista Carolina Rojas, en su investigación plasmada en el libro "Abandonados", destaca que la plata recibida por niño se ha convertido en un incentivo perverso, fomentando la privatización del cuidado de la infancia. Los centros privados, que atienden a más del 90% de los niños institucionalizados, son los que presentan mayores violaciones de derechos, desde adopciones irregulares hasta abusos sexuales. La falta de supervisión y el incumplimiento de protocolos son problemas sistémicos que llevan a tragedias como la muerte de Lissette Villa.
Rojas también critica la "violencia simbólica" que margina a los niños del Sename. Afirma que la sociedad chilena es "provida", pero criminaliza o invisibiliza a los niños que crecen en la calle. Un niño en situación de calle probablemente huyó de un centro debido a las condiciones de encierro y maltrato. Es crucial educar sobre los abusos que sufren y hacer visibles sus vulneraciones, para evitar que se les despoje aún más de sus derechos.
MOMENTOS| Carolina Rojas presenta su libro "Abandonados. Vida y muerte al interior del SENAME"
Transición a la vida adulta y el nuevo Servicio Mejor Niñez
Cada año, cerca de 1.500 jóvenes del sistema Sename alcanzan la mayoría de edad y su permanencia en las residencias se vuelve voluntaria. La promulgación de la ley que crea el nuevo Servicio de Protección Especializada de la Niñez y Adolescencia (Mejor Niñez) en reemplazo del Sename, el 23 de diciembre de 2020, representa una esperanza de cambio.
Carlos Vöhringer, director técnico de Hogar de Cristo, señala que ya en 2018 se destacó la necesidad de asegurar servicios de soporte para los jóvenes en su transición a la vida adulta, al menos hasta los 25 años. Este acompañamiento debe ser holístico, incluyendo alternativas habitacionales seguras, beneficios financieros, soporte educacional, programas de empleo, asesoría legal y acceso a servicios de salud mental.
La triste realidad es que muchos jóvenes egresados del Sename terminan en situación de calle. El Segundo Catastro de Personas en Situación de Calle (2011) reveló que el 46% de los jóvenes de 18 a 28 años en esa situación había pasado por el Sename. Daniela Moreno, jefa de la hospedería de Hogar de Cristo en Valparaíso, advierte sobre el aumento de mujeres jóvenes en situación de calle, muchas de ellas ex-Sename, que buscan refugio.
La Fundación Sentido, dirigida por Margarita Guzmán, trabaja con estos jóvenes para ofrecerles un techo y apoyo. Antes, la ley del Sename exigía un certificado de alumno regular hasta los 24 años para permanecer bajo protección, excluyendo a quienes no estaban en el sistema formal de educación. Gracias a la presión de organismos colaboradores, el nuevo Servicio Mejor Niñez eliminó este requisito. Sin embargo, dado que cientos de jóvenes egresan anualmente, se pide que la nueva ley asegure programas de transición a la vida adulta con vivienda, ya que es imposible que continúen sus estudios o se reinserten socialmente en situación de calle.
Actualmente, Chile es el único país de Latinoamérica que carece de un programa de transición hacia la vida independiente para jóvenes que salen del sistema de protección. Se están realizando gestiones con el Ministerio de Vivienda para emular programas como "Vivienda Primero" para personas en situación de calle, con subsidios de arriendo colectivo y proyectos piloto para fundaciones que permitan abrir nuevas casas en caso de emergencia.
La propuesta es cambiar el enfoque de preparación para la vida "independiente" a preparación para la vida "interdependiente", promoviendo habilidades sociales y el desarrollo de una red de apoyo para los jóvenes. Hay grandes expectativas en el nuevo Servicio Especializado para la Niñez y Adolescencia, con la urgencia de evitar que estos jóvenes terminen en situación de calle.