Las profundas transformaciones experimentadas por el Sistema de Educación Superior en Chile han posibilitado la incorporación de amplios sectores, históricamente excluidos de la educación terciaria. Este escenario ha generado significativos desafíos para la educación en su conjunto, puesto que los crecientes niveles de heterogeneidad, si bien evidencian aumentos notables en la cobertura, no reflejan de igual manera avances en materia de equidad. Gran parte de los nuevos jóvenes ingresantes no disponen de las condiciones y herramientas necesarias para afrontar con éxito la vida universitaria, lo que a menudo desemboca en el abandono forzoso o voluntario de la educación superior.
Esta situación afecta de manera particular al sector de menores recursos, para quienes la reincorporación al sistema educativo es mucho más compleja. Debido a las implicaciones públicas y privadas que conlleva el fenómeno de la deserción en la Educación Superior chilena, el Estado y las instituciones han desarrollado diversas estrategias con el propósito de fortalecer las condiciones de entrada de los estudiantes y, de esta forma, aumentar los niveles de retención. Estas políticas y programas se han focalizado especialmente en la población que presenta mayores desventajas.
El Contexto de la Deserción Universitaria y sus Implicaciones

A mediados de la década de los ochenta, el Sistema de Educación Superior chileno experimentó importantes transformaciones. Por un lado, las vacantes de pre y posgrado se ampliaron significativamente, superando en el año 2010 un 300% de la oferta disponible en 1980. Paralelamente, la oferta de carreras e instituciones que las impartían aumentó de forma constante (Donoso et al., 2010). Este proceso de crecimiento y diversificación incentivó una mayor demanda por este nivel educativo, impulsada por las expectativas de los estudiantes y sus familias sobre los altos retornos económicos y sociales que podía ofrecer la titulación (Canales y de los Ríos, 2009), convirtiendo la educación superior en un potente instrumento de movilidad social.
Las transformaciones en la oferta y demanda fueron acompañadas de cambios en la composición del sistema y del alumnado. El número de instituciones creció, y el sistema pasó de ser relativamente homogéneo a uno integrado por diversas instituciones que debieron enfrentar la incorporación de sectores anteriormente excluidos (Donoso y Schiefelbein, 2007). Según cifras del Sistema de Información de la Educación Superior (SIES, 2012a), la matrícula en educación superior pasó de 165 mil estudiantes a principios de los 80 a más de un millón en 2012, cubriendo al 36,3% de la población joven de entre 18 y 24 años en 2011.
En este contexto, el Estado ha respondido con políticas públicas para apoyar la continuación de estudios superiores, mediante subsidios a la oferta (Aporte Fiscal Directo e Indirecto) y a la demanda (becas y créditos universitarios) (Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, 2008). Sin embargo, la ampliación de la cobertura ha planteado desafíos complejos. A pesar de la credibilidad inicial en los sistemas de selección, la creciente diversidad de estudiantes ha afectado los resultados de aprendizaje, ya que muchos no han logrado desarrollar competencias clave para enfrentar las exigencias universitarias. Persisten desigualdades de origen que no fueron mitigadas en el sistema escolar, impactando fuertemente las posibilidades de permanencia de jóvenes socioeconómicamente vulnerables y de primera generación en la educación terciaria (Donoso et al. op.cit.: 49). De hecho, el SIES (2012b) señala que 7 de cada 10 estudiantes son de primera generación, lo que representa un desafío crucial para la retención.
El informe de la Comisión de Financiamiento Estudiantil para la Educación (2012) indica que alrededor del 50% de los estudiantes matriculados en universidades y Centros de Formación Técnica no completan su programa de estudios, cifra que aumenta al 60% en Institutos Profesionales. El SIES (2012a) agrega que, al segundo año, un 38% de universitarios, un 55% de IP y un 53% de CFT ya no están matriculados en la misma institución de ingreso. Por tanto, el fenómeno de la deserción, definido como el abandono voluntario o forzoso del programa de estudios por factores internos y/o externos (Tinto en Canales y de los Ríos, 2007), ha cobrado particular interés.
Modelos Explicativos de la Deserción
El estudio de la deserción ha sido abordado internacionalmente desde diversas perspectivas teóricas:
- Enfoque Psicológico: Releva los rasgos de personalidad, creencias y actitudes de los estudiantes. Argumenta que las conductas previas al ingreso, la actitud hacia la deserción o persistencia, y las normas subjetivas, determinan la intención conductual (Fishbein y Ajzen, en Donoso et al.). Ethington (en Donoso et al., op.cit.: 2), basándose en la teoría de conductas de logro de Eccles et al (1983), sugiere que el rendimiento académico y el apoyo familiar influyen en el desempeño futuro, el autoconcepto y las aspiraciones del estudiante.
- Enfoque Sociológico: Destaca el modelo de Spady (en Donoso et al., op.cit.), quien señala que las diversas fuentes de influencia, al actuar sin una misma direccionalidad, afectan el rendimiento académico y la integración social del estudiante. Esto repercute en los niveles de satisfacción y compromiso con la institución, aumentando las probabilidades de abandono.
- Teoría Económica: Aborda la deserción desde el análisis costo-beneficio percibido por los estudiantes. Si perciben que los costos superan los beneficios de cursar un programa, deciden desertar (Donoso et al., op.cit).
- Modelos Organizacionales: Son ampliamente empleados y se centran en variables operacionales de las instituciones que son más factibles de controlar. El modelo de Tinto (en Donoso et al., op.cit.) es el de mayor influencia, indicando que el tránsito del alumno por la universidad involucra diversas variables que determinan su integración y adaptación. Las características de ingreso (antecedentes familiares, atributos personales, experiencia académica previa) influyen en la conducta inicial y expectativas de graduación. Variables como la calidad de la docencia, las experiencias en el aula y los beneficios disponibles (salud, deportes, apoyo académico) influyen en la integración social y académica necesaria para la permanencia.
William Tierney (en Donoso et al., op.cit.), desde la Teoría de la Construcción Social de la Realidad, critica el modelo de Tinto, al considerar que la integración a la que alude es un proceso de imposición, responsabilizando a las instituciones por no ser capaces de actuar en contextos de multiculturalidad creciente.
Consecuencias y Factores Influyentes de la Deserción
Las implicaciones de la deserción afectan en términos económicos, sociales y privados. El SIES (2012a) señala que los recursos invertidos por el Estado, las familias y los estudiantes se pierden; las instituciones dejan de percibir los recursos asociados a los estudiantes desertores; y para los estudiantes y sus familias, el abandono de la educación superior significa ver truncados sueños de movilidad y desarrollo.
Esta situación ha incentivado el estudio del fenómeno para avanzar en el conocimiento de sus causas y generar políticas y programas que disminuyan la deserción, aumenten la retención y aseguren el éxito académico, especialmente de grupos con importantes desventajas. Un estudio clave del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile (2008) identificó como factores influyentes en la deserción:
- Falta de claridad vocacional: Incluye la elección de una carrera no preferencial y la falta de información y orientación sobre la oferta académica.
- Situación económica: A pesar del aumento del financiamiento público, para los alumnos de los primeros quintiles, estudiar representa un costo de oportunidad al destinar tiempo a estudios en lugar de trabajar, lo que disminuye las posibilidades de manutención económica familiar.
Estrategias Institucionales de la Universidad del Bío-Bío para la Retención
Desde el año 2007, la Universidad del Bío-Bío (UBB) ha prestado especial atención a la problemática de la deserción y ha desarrollado distintas estrategias, convertidas en programas institucionales, que buscan retener a los estudiantes a través de procesos de adaptación e integración al ciclo universitario.
Modularización de Asignaturas de Ciencias Básicas

Habida cuenta de los altos niveles de reprobación existentes en las asignaturas de Ciencias Básicas, la Universidad del Bío-Bío estableció como estrategia la Modularización de asignaturas, a fin de mejorar los resultados de aprendizaje de los estudiantes y con ello aumentar los niveles de aprobación. En este contexto, se describen los resultados obtenidos por estudiantes del Liceo Enrique Molina Garmendia que participaron en el pilotaje del Módulo I de la asignatura de Álgebra y Trigonometría. La hipótesis planteada es que esta estrategia permite a los alumnos elevar resultados de aprendizaje en áreas vinculadas como la matemática.
Articulación Curricular con la Enseñanza Media
La desvinculación entre los niveles medio y superior ha incentivado la formulación de estrategias que permitan a los estudiantes desarrollar competencias para enfrentar las exigencias de la vida universitaria de manera temprana. Por ello, desde el Convenio de Desempeño Sistema Territorial de Educación fue diseñada una estrategia de articulación curricular de la enseñanza media científico-humanista y técnico-profesional con la educación superior no universitaria. En el ámbito científico-humanista, se han adaptado las asignaturas modularizadas de ciencias básicas y están siendo trasladadas a la enseñanza media con participación de estudiantes de tercer y cuarto año, con reconocimiento posterior en la Universidad.
Programa de Inclusión sobre Accesibilidad y Discapacidad para Estudiantes (PIESDI)
La Universidad del Bío-Bío, a través de la Dirección de Desarrollo Estudiantil, lidera el Programa de Inclusión sobre Accesibilidad y Discapacidad para Estudiantes (PIESDI), coordinado por Richar Rocha. El objetivo de este programa es contribuir a disminuir las barreras de participación y aprendizaje que presentan las personas con discapacidad que cursan estudios de educación superior.
La iniciativa se implementa en colaboración con el Servicio Nacional de la Discapacidad (Senadis). En una ocasión de lanzamiento, se presentaron las bases de postulación, entregando orientaciones a los estudiantes en stands de información equipados con folletería y links de postulaciones, en modalidades accesibles con videos explicativos que incluyen intérpretes de lengua de señas y códigos QR para información audible.
El seremi de Desarrollo Social y Familia del Biobío, Hedson Díaz, subrayó el rol de Senadis en apoyar a estudiantes, tanto nuevos como en continuidad, para eliminar barreras y generar mayores derechos e inclusión. Por su parte, la directora regional del Senadis, Paulina Fuentes, destacó que este lanzamiento en la UBB refuerza el compromiso gubernamental con la educación pública y cómo los espacios universitarios generan acciones para incluir a estudiantes en la educación superior.
Richar Rocha afirmó que, de acuerdo con los indicadores institucionales, el rendimiento de los estudiantes con discapacidad es similar al del resto de sus pares, dado el apoyo que reciben de Senadis y de la Universidad para cursar sus estudios. «Cuando un estudiante recibe los ajustes razonables necesarios según el tipo de discapacidad mejora su desempeño», destacó. Cada año, más universidades se suman a las políticas de mayor acceso e inclusión, generando un impacto positivo en la comunidad estudiantil.
Programas de Acceso Inclusivo en el Contexto Nacional
En un contexto más amplio, la red de Propedéuticos Unesco fue pionera en impulsar el acceso inclusivo a la universidad, con el objetivo de insertar a estudiantes talentosos provenientes de contextos vulnerables. Para postular, se debe acreditar la situación socioeconómica. Programas similares, como el Programa Talento + Inclusión de la UC, buscan asegurar el acceso y retención de alumnos talentosos. Otros ejemplos incluyen el Programa de Equidad de la UDP, creado para incorporar estudiantes talentosos con desventajas socioeconómicas a través de admisión especial, y el Programa Propedéutico UCSC, que convoca a estudiantes de cuarto año medio ubicados en el 10% superior del ranking de su curso. Estas iniciativas reflejan un esfuerzo sistémico por abordar las brechas de equidad en el acceso a la educación superior.
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