La discapacidad es la situación de la persona que, por sus condiciones físicas o mentales duraderas, se enfrenta con notables barreras de acceso a su participación social. La pérdida auditiva, comúnmente y a veces incorrectamente llamada "sordera", se considera una disminución de la capacidad auditiva que, en muchos casos no tratados, puede ser discapacitante. Padecer una discapacidad auditiva significa que la persona no tiene una audición 100% perfecta, es decir, no oye bien, lo que se conoce como hipoacusia.
Es frustrante no poder escuchar bien como para poder disfrutar de una charla con amigos o con la familia. Los trastornos de la audición dificultan escuchar, pero no lo hacen imposible. Muchas veces, mejoran con ayuda y un manejo adecuado.
¿Qué es la Hipoacusia o Pérdida Auditiva?
Se entiende como discapacidad auditiva la pérdida o anormalidad de una función anatómica y/o fisiológica del sistema auditivo. Esto tiene su consecuencia inmediata en una discapacidad para oír, lo que implica un déficit en el acceso al lenguaje oral y a los sonidos del entorno. Este déficit auditivo, según su grado, afecta a la comunicación y, cuanto más importante sea el grado, mayor será la desconexión con el entorno, afectando significativamente la calidad de vida.
Mecanismo de la Audición
El oído se compone de tres partes principales: el oído externo, el medio y el interno. Las ondas sonoras pasan a través del oído externo y hacen vibrar al tímpano. El tímpano y tres pequeños huesos del oído medio incrementan las vibraciones a medida que viajan hacia el oído interno. En las células nerviosas de la cóclea hay miles de vellos pequeños que ayudan a convertir las vibraciones sonoras en señales eléctricas, las cuales se transmiten al cerebro.

Tipos y Grados de Pérdida Auditiva
La pérdida de audición puede clasificarse en dos tipos principales:
- Una ocurre cuando hay una lesión en el oído interno o en el nervio auditivo (sordera neurosensorial), siendo usualmente permanente.
- El otro tipo ocurre cuando las ondas de sonido no pueden llegar al oído interno (sordera conductiva), lo cual puede ser causado por acumulación de cera, líquido detrás del tímpano o por la perforación de la membrana timpánica.
La hipoacusia se clasifica según el nivel de pérdida auditiva medido en un examen de audición. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la audición normal como un umbral auditivo en ambos oídos igual o mejor que 20 dB. El grado de pérdida se clasifica en leve, moderada, moderadamente grave, grave o profunda. Puede afectar a uno o a ambos oídos y dificultar la audición de conversaciones o de sonidos intensos.
Según el BIAP (Bureau International d’Audiophonologie), la clasificación de las deficiencias auditivas es la siguiente:
| Clasificación | Rango (dB) | Características |
|---|---|---|
| Audición Normal (Normoacusia) | 0 a 20 dB | Ninguna dificultad para percibir el habla o los ruidos cotidianos. |
| Pérdida auditiva Leve | 21 a 40 dB | El habla con voz normal es percibida, pero difícilmente en voz baja o lejana. La mayoría de los ruidos familiares son percibidos. |
| Pérdida auditiva Moderada | 41 a 70 dB | El habla es percibida si se eleva un poco la voz. El sujeto entiende mejor si mira cuando le hablan. Se perciben aún algunos ruidos familiares. |
| Pérdida auditiva Severa | 71 a 90 dB | El habla es percibida con voz fuerte cerca del oído. Los ruidos fuertes son percibidos. |
| Pérdida auditiva Profunda | 91 a 119 dB | Ninguna percepción de la palabra. Solo los ruidos muy potentes son percibidos. |
| Cofosis | 120 dB o más | Deficiencia auditiva total. No se percibe nada. |

Cuando la pérdida es leve, moderada o grave, suele decirse que la persona «es dura de oído». En general, estas personas pueden comunicarse mediante el habla y, en algunos casos, utilizan auxiliares auditivos, implantes cocleares u otros dispositivos, además de subtítulos. En cambio, las personas sordas presentan una pérdida de audición profunda y oyen muy poco o nada. Algunas pueden utilizar implantes cocleares y comunicarse mediante la lengua de signos.
Prevalencia y Estadísticas Globales
Según la OMS, más del 5 % de la población mundial -430 millones de personas, entre ellas 34 millones de niños- necesita rehabilitación por una pérdida de audición discapacitante. Se considera que la pérdida de audición es discapacitante cuando se produce una reducción superior a 35 decibelios (dB) en el oído que oye mejor. Cerca del 80 % de las personas afectadas viven en países de ingreso bajo y mediano, y se observa también que la frecuencia de este problema aumenta con la edad: más del 25 % de las personas mayores de 60 años presenta una pérdida de audición discapacitante.
Las previsiones indican que en 2050 esa cifra superará los 700 millones de personas (es decir, una de cada diez). Aproximadamente 95,1 millones de niños de entre 5 y 19 años presentan pérdida de audición. El costo mundial asociado a los casos de pérdida de audición no atendidos asciende a casi USD 1000 millones al año. Más de 1000 millones de adultos jóvenes corren el riesgo de sufrir una pérdida de audición permanente y evitable debido a los riesgos a los que se exponen. Ampliar los servicios de atención del oído y la audición en todo el mundo requiere una inversión adicional inferior a USD 1,40 por persona y año, y se estima que el rendimiento de esta inversión a los 10 años sería de casi USD 16 por cada dólar invertido.

Síntomas de la Pérdida Auditiva
Los síntomas de la pérdida auditiva varían según la edad y el grado de afectación:
En adultos:
- Dificultad para entender una conversación o comunicarse.
- Necesidad de aumentar el volumen de aparatos como el celular o la televisión para poder escuchar.
- Presencia de un ruido constante en el oído (tinnitus).
- Sensación de oído tapado.
- Aislamiento social.
En niños:
- Falta de reacción ante ruidos fuertes.
- Retraso en el desarrollo del lenguaje.
- Sospecha de trastorno del espectro autista o déficit atencional.
- Mal rendimiento escolar.
Causas de la Pérdida Auditiva
Existen diversos factores que pueden afectar la audición en distintas etapas de la vida. Durante determinados periodos críticos, la vulnerabilidad a sus efectos puede ser mayor.
Factores presentes a lo largo de la vida:
- Daño al oído interno: El envejecimiento (presbiacusia) y la exposición a ruidos fuertes pueden causar el desgaste natural de los vellos o de las neuronas de la cóclea que envían señales de sonido al cerebro. Los vellos y neuronas dañados o ausentes no envían señales eléctricas útiles, y los tonos agudos más altos pueden sonar amortiguados.
- Acumulación de cerumen: Con el paso del tiempo, el cerumen puede bloquear el conducto auditivo y evitar la conducción de las ondas sonoras.
- Traumatismos: Lesiones en el oído o en la cabeza.
- Exposición a ruidos o sonidos fuertes: La exposición a ruidos explosivos, como los de armas de fuego y turbinas de avión, puede causar pérdida auditiva inmediata y permanente.
- Medicamentos ototóxicos: Antibióticos como la gentamicina, sildenafilo (Viagra) y algunos medicamentos para tratar el cáncer pueden dañar el oído interno. Dosis muy altas de aspirina, otros analgésicos, medicamentos para la malaria o diuréticos del asa pueden causar efectos de corto plazo en la audición.
- Exposición laboral a productos químicos ototóxicos.
- Deficiencias nutricionales.
- Infecciones virales y otras afecciones del oído.
Periodo prenatal:
- Factores genéticos: Que pueden ser hereditarios o no hereditarios.
- Infecciones intrauterinas: Como la rubéola y la infección por citomegalovirus.
Periodo perinatal:
- Asfixia perinatal: Falta de oxígeno en el momento del parto.
- Hiperbilirrubinemia: Ictericia grave en el periodo neonatal.
- Bajo peso al nacer.
- Otras afecciones perinatales y su tratamiento.
Infancia y adolescencia:
- Otitis crónicas: Otitis media supurativa crónica.
- Presencia de líquido en el oído: Otitis media no supurativa crónica.
- Meningitis y otras infecciones.
Edad adulta y edad avanzada:
- Enfermedades crónicas.
- Tabaquismo.
- Otosclerosis.
- Pérdida de audición neurosensorial debida a la edad (presbiacusia).
- Pérdida de audición neurosensorial repentina.
- Infección del oído o tumores o bultos anormales en los huesos.
- Ruptura del tímpano, también llamada perforación de la membrana timpánica.

Impacto del Ruido en la Audición
La pérdida de audición secundaria a ruido depende del nivel (volumen), duración y frecuencia de exposición a sonidos fuertes. La recomendación universal es una exposición menor a 80 decibelios (dB) -como el ruido de una carretera muy transitada o de un tren- durante un máximo de 40 horas a la semana. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades indican que los ruidos por encima de 70 decibelios pueden comenzar a causar daños en la audición.
A continuación, se incluyen los sonidos frecuentes y sus niveles aproximados en decibelios:
| Sonido Frecuente | Nivel en Decibelios (dB) |
|---|---|
| Respiración humana | 10 |
| Murmullo | 30 |
| Conversación normal | 60 |
| Tráfico intenso / Aspiradora | 70 |
| Secador de pelo | 80 |
| Cortadora de césped / Motocicleta | 90 |
| Sierra eléctrica / Martillo neumático | 100 |
| Concierto de rock / Sirena de ambulancia | 110-120 |
| Disparo de arma de fuego / Motor de avión | 140+ |

Consecuencias de la Pérdida Auditiva no Tratada
Cuando la pérdida de audición no se trata, repercute en diversos aspectos de la vida, afectando negativamente la calidad de vida de las personas:
- Dificultades para la comunicación y el habla: Lo que puede hacer la vida menos agradable y frustrante.
- Efectos negativos sobre la cognición: En personas mayores, el deterioro cognitivo se ha relacionado con la deficiencia auditiva no tratada, aumentando el riesgo de demencia y el deterioro cognitivo acelerado.
- Aislamiento social, soledad y estigmatización: La dificultad para dialogar puede llevar a que algunas personas se sientan aisladas y deprimidas.
- Consecuencias sociales y económicas: Incluyendo dificultades para acceder a la educación y al empleo.
- Repercusiones psicológicas: La pérdida de la habilidad para comunicarse puede conducir al distanciamiento social, a la disminución de la autoestima, a la inestabilidad emocional, a la ansiedad e incluso a la depresión.
Prevención de la Pérdida Auditiva
Muchas causas de pérdida de audición pueden evitarse mediante estrategias de salud pública e intervenciones clínicas aplicadas a lo largo de toda la vida. La prevención debe abordarse desde las primeras etapas -en los periodos prenatal y perinatal- y mantenerse hasta la edad avanzada. Cerca del 60 % de los casos de pérdida de audición en los niños se deben a causas evitables que pueden prevenirse mediante medidas de salud pública. En los adultos también pueden prevenirse causas frecuentes, como la exposición a sonidos intensos o el uso de medicamentos ototóxicos.
Para reducir el riesgo de pérdida de audición a lo largo de la vida, se pueden aplicar diversas estrategias eficaces:
- La vacunación: Siguiendo el plan nacional de vacunación para prevenir enfermedades que causan pérdida auditiva.
- Unas buenas prácticas de atención materna y de puericultura.
- El asesoramiento genético.
- La detección y el tratamiento de afecciones frecuentes del oído, como las infecciones. En caso de infecciones, usar solo los medicamentos recomendados por un médico y seguir las indicaciones de cuidado sugeridas. No se recomienda el uso de cucuruchos ni introducir elementos al conducto auditivo.
- Los programas de protección auditiva frente a la exposición a ruidos y a productos químicos en el trabajo.
- Las estrategias de escucha sin riesgos para reducir la exposición a sonidos intensos en entornos de ocio. Evitar riesgos al practicar pasatiempos y deportes como andar en moto de nieve o de agua, cazar, usar herramientas eléctricas o escuchar conciertos de rock, ya que pueden dañar la audición con el tiempo. Usar protectores auditivos o hacer pausas para alejarse del ruido pueden proteger los oídos.
- El uso racional de medicamentos para prevenir la pérdida de audición por factores ototóxicos. Evitar la automedicación.
- Protegerse los oídos: La mejor forma de proteger los oídos es no exponerse a ruidos fuertes.
- Mantener controles médicos para prevenir enfermedades que afectan el sistema auditivo o tratarlas de forma oportuna. Evitar el cigarro.
Detección Temprana y Diagnóstico
Para tratar eficazmente la pérdida de audición y las enfermedades del oído, es fundamental diagnosticarlas tempranamente. Por este motivo, conviene realizar un tamizaje sistemático para detectar pérdidas de audición o enfermedades otológicas en las personas con mayor riesgo, entre ellas:
- Recién nacidos y niños menores de un año (se recomienda el tamizaje auditivo en todos los recién nacidos para un diagnóstico temprano).
- Niños en edad preescolar y escolar (se sugieren revisiones auditivas).
- Personas expuestas al ruido o a productos químicos en el trabajo (considerar pruebas de audición periódicamente).
- Personas en tratamiento con medicamentos ototóxicos.
- Personas mayores.
Las pruebas auditivas y la exploración de los oídos pueden realizarse en entornos tanto clínicos como comunitarios. Recursos como las aplicaciones hearWHO y WHOears de la OMS, junto con otras soluciones técnicas, permiten detectar enfermedades del oído y pérdidas de audición incluso cuando la formación disponible o los recursos son limitados.
Ante cualquier solicitud burocrática para el certificado de discapacidad, la persona interesada debe presentar la documentación específica para acreditar aquello que reclama. Tras la presentación de documentos, la evaluación médica será el siguiente paso y el último paso será la comunicación del grado de discapacidad. Conviene destacar que no todas las personas con pérdida de audición pueden tener acceso al certificado de discapacidad.
Ante el inicio de un cambio abrupto en la audición, se recomienda acudir lo más pronto posible a consultar, idealmente con un otorrinolaringólogo.
Tratamiento y Rehabilitación
Una vez detectada la pérdida de audición, se debe iniciar el tratamiento lo antes posible y de manera adecuada para evitar consecuencias negativas. Entre los posibles tratamientos se incluyen:
- Tratamiento médico o quirúrgico: Si el origen de la pérdida auditiva lo permite, el otorrinolaringólogo (ORL) puede paliar el problema a partir de tratamiento, tanto farmacológico como quirúrgico.
- Prótesis auditivas: Cuando el tratamiento médico no es posible, el audiólogo protésico da solución a partir de prótesis auditivas. Son la opción más efectiva para paliar la falta de estimulación en la vía auditiva.
- Audífonos: Dentro de las prótesis no implantables, los audífonos son los más utilizados para compensar la pérdida auditiva y devolver el input auditivo al cerebro. Ayudan a aumentar el volumen y a ralentizar el deterioro cognitivo en personas mayores. Existen diferentes formatos que se prescriben según las características de la pérdida y las necesidades del usuario.
- Implantes cocleares: Para las personas con sordera profunda, los implantes cocleares funcionan al evitar las células ciliadas y enviar las señales directamente al nervio auditivo y al cerebro.
- Otras prótesis implantables: Como los implantes osteointegrados, implantes de oído medio e implantes de tronco cerebral.
- Trabajo logopédico: Junto con la función correctora de las diferentes prótesis auditivas, en ocasiones es recomendable la realización de trabajo logopédico, una acción muy beneficiosa que consigue mejorar la comunicación del paciente y con ello su calidad de vida.

La rehabilitación permite que las personas con pérdida de audición mantengan el mayor grado posible de autonomía en su vida cotidiana. Les ayuda a participar en actividades educativas, laborales y recreativas y a seguir desempeñando funciones importantes en su familia, su entorno y otros ámbitos de la vida. El uso de audífonos puede evitar muchos de los efectos psicológicos y sociales negativos descritos, pudiendo devolver el bienestar psicológico a estos pacientes.
La Discapacidad Auditiva: Un Aspecto Invisible
La discapacidad auditiva aparece como invisible, ya que no presenta características físicas evidentes. Es importante reconocer que no todas las personas con discapacidad auditiva utilizan la lengua de señas; algunas aprenden el lenguaje oral, otras la lengua de señas, algunas ambas, y en otros casos, ninguna. La lengua de señas es una lengua natural de expresión y configuración gesto-espacial y percepción visual, gracias a la cual las personas sordas pueden establecer un canal de comunicación con su entorno social, ya sea conformado por otros individuos sordos o por cualquier persona que conozca la lengua de señas empleada. Su principal característica es que utiliza signos que se realizan con las manos, en combinación con la expresión gestual y corporal, donde se expresa su gramática y sintaxis propias.