La institución hospitalaria “Mi humanidad está en sentir que somos voces de una misma penuria” J. L. Borges organiza y dinamiza su funcionamiento para atender la salud pública y formar a nuevos profesionales especializados.
La organización contempla una Administración que define políticas y normativas y establece prioridades, delegando en gestores y profesionales la garantía de funcionamiento para que dichos objetivos puedan ser cumplidos.
Los diferentes profesionales no son totalmente autónomos, ya que están condicionados por la definición de normativas y por su inclusión en equipos de trabajo, pero a la vez deben ostentar un margen de autonomía derivada de su rol, capacitación y opinión en el proceso de toma de decisiones.
La interrelación y las dinámicas de los miembros y equipos pueden fomentar la salud y la consecución de los objetivos, o, por el contrario, relegarlos a segundo plano como consecuencia de esas dinámicas presentes en un momento determinado.
El hospital alberga fenómenos como rivalidades, intereses personales, omnípotencia o impotencia desgastantes, culpabilización del resto de profesionales, proyecciones, entre otros, que pueden boicotear el trabajo si no se reconoce y aborda.
Estas dinámicas solo pueden contrarrestarse en la medida que se tenga acceso al conocimiento de las mismas, y por ello se precisa un marco formativo y un proceso reflexivo para su reconocimiento (Bion, 1974).
La indagación sobre fenómenos y tensiones que afectan a los psicólogos constituye un elemento que posibilita su modificación al introducir pensamiento y comprensión en la práctica clínica.
Los estilos de liderazgo, el lugar y poder otorgados por la jerarquía, los procesos de comunicación vertical y horizontal, y la articulación entre los medios disponibles son elementos clave en la generación de tensiones y en los que debe actuar el psicólogo (Bleger, 1994).
Se trata, por tanto, de comprender la situación para generar condiciones acordes a los objetivos de salud y, desde esa comprensión, intervenir para favorecer cambios.
La institución hospitalaria es una instancia que atraviesa lo individual, lo relacional, lo grupal y la organización, y todos esos elementos interactúan en lo que llamamos institución, la cual define su objeto de trabajo y produce efectos sobre él.
La organización debe cumplir la función de ordenar el sistema para que los objetivos se cumplan, y la institución hospitalaria preexiste con historia previa cuando un nuevo miembro se incorpora, requiriendo adaptabilidad de ambas partes.
La inscripción en la institución puede traer beneficios y otros aspectos problemáticos como actuaciones al servicio de intereses individuales, decisiones poco reflexionadas, y resistencias al cambio, entre otros.
Cada miembro de la institución necesita armonía para la colaboración y sostiene el narcisismo institucional para evitar ataques o devaluación.
La identidad institucional se define por su presente y su historia, permitiendo continuidad y cambio simultáneos que pueden entrar en crisis si el cambio es abrupto.
Los procesos de cambio institucional requieren intencionalidad y esfuerzo, y suelen ocurrir de forma muy lenta, con la inercia como motor de funcionamiento.
Contexto hospitalario y experiencia del sufrimiento
Las características del contexto hospitalario influyen tanto en los pacientes como en los profesionales, generando un impacto para ambos.
El hospital es un escenario en el que la experiencia del sufrimiento físico y psíquico está constantemente presente y los profesionales deben afrontarla de forma excelente.
La demanda social de alivio, curación y esperanza pone a prueba las fortalezas de los profesionales, quienes deben enfrentar sus propias limitaciones ante realidades que no siempre pueden solucionarse.
La relación entre paciente y profesional es asimétrica, y ambos pueden encontrar en el hospital un ambiente estresante.
Durante el ingreso, la reducción de apoyos sociales, la pérdida de intimidad y control pueden producir estrés en el paciente, favoreciendo desequilibrios que dificultan estrategias de afrontamiento.
Además, la incertidumbre sobre el pronóstico, las dificultades de comunicación y las barreras idiomáticas añaden complejidad al proceso de atención.
El argot médico, la diversidad cultural y las noticias difíciles pueden generar incomprensión entre pacientes y profesionales, dificultando la colaboración.
Los profesionales pueden experimentar burnout debido a inestabilidad laboral, masificación, carencia de medios y otras condiciones laborales, lo que afecta su relación con los pacientes.
Sin embargo, el hospital también ofrece posibilidades protectoras y esperanzadoras, permitiendo al paciente sentirse cuidado y ver valor en la atención recibida.
La buena comunicación y la calidad del trato representan elementos fundamentales de satisfacción para pacientes y, más allá de la evolución clínica, dejan huellas duraderas en la experiencia hospitalaria.
El ingreso puede ser la primera oportunidad para recibir atención clínica, social o preventiva, incluida la salud mental, y que puede iniciar un proceso de tratamiento.
Es fundamental responder a las necesidades psicológicas, ya que la gravedad médica puede acentuar la falta de atención psicológica.
Las necesidades psicológicas afectan tanto a pacientes como a profesionales, quienes pueden requerir asesoramiento para manejar situaciones complejas que trascienden su formación específica.
El psicólogo clínico en el hospital: reflexiones y dificultades
Acercarse al cuerpo de los pacientes es un reto para la formación de los psicólogos clínicos, ya que no siempre se familiariza con la mirada del cuerpo ajeno en condiciones de enfermedad o daño.
El cuerpo enfermo puede exponer olores y fluidos, especialmente en unidades como UCIs o trasplantes, generando reacciones difíciles de asimilar.
El paciente hospitalizado desea mostrar su cuerpo y necesita que esa vulnerabilidad sea tolerada y acogida, viéndose a menudo como objeto prioritario de fragilidad.
Es imposible identificarse plenamente con el discurso del paciente si no se percibe que el profesional comprende su sufrimiento desde dentro.
La intervención psicológica con el paciente ingresado se realiza en tiempo real con el acontecimiento traumático, la urgencia y el mal pronóstico, lo que dificulta mantener una distancia adecuada para la contención de la ansiedad.
La empatía debe equilibrarse con una distancia necesaria para evitar disociaciones y permitir un manejo efectivo del caso.
La discapacidad en una persona se define como una limitación o ausencia de la capacidad para realizar actividades en la forma considerada normal, causada por enfermedad o daño.
Entre las discapacidades, la físico motora se refiere a alteraciones en el desempeño motor debidas al funcionamiento del sistema osteomioarticular y/o nervioso, con variaciones en sensorialidad e intelectuales.
El caso seleccionado presenta discapacidad físico motora causada por esclerosis múltiple (EM), una enfermedad desmielinizante y neurodegenerativa del sistema nervioso central.
La EM es la primera causa de discapacidad neurológica en adultos jóvenes y tiene gran repercusión personal, familiar y socio laboral, con causas aún discutidas y probable participación de factores autoinmunes, ambientales y genéticos.
La RMN cerebral muestra lesiones desmielinizantes múltiples, en sustancia blanca, con signos que sugieren actividad y daño axonal, mientras que la RMN cervical puede revelar lesiones intramedulares relevantes.
El diagnóstico de EM evoluciona con el tiempo, mostrando fases y progresión clínica que incluyen diplopía, ataxia, disfunción y cambios en la memoria y función urinaria.
La familia juega un papel central en el proceso de rehabilitación y la dinámica de cuidado, con ajustes en la organización del hogar y apoyo emocional para el paciente y las hijas.
La intervención psicológica en este contexto incluye intervenciones familiares y psicoterapia para favorecer la cooperación y la adaptación a la nueva realidad de invalidez.
La colaboración con el equipo multidisciplinario contribuye a la mejoría funcional e integración social del paciente en la medida de su recuperación y menor impedimento posible.
La comunicación constante con el paciente, a pesar de las dificultades del lenguaje, y la conversación sobre temas de interés para el paciente, son fundamentales para mantener su participación en la rehabilitación.
Desde el inicio de la rehabilitación, la observación y la entrevista permitieron identificar reacciones psicológicas en el paciente y su familia, orientando una psicoterapia familiar y apoyo psicológico cercano.
La narración de la experiencia familiar revela impactos emocionales, depresión y cambios en el clima familiar, que mejoran significativamente cuando se involucra a la familia en el plan terapéutico y se brinda apoyo adecuado.
La cooperación entre paciente, familia y equipo profesional, junto con las visitas y apoyos sociales, facilita la mejora del estado emocional y la adherencia al tratamiento.
Intervención sistémica y herramientas terapéuticas
Desde el enfoque sistémico, la evaluación contempla el mapa relacional que incluye relaciones con profesionales, familia y otros usuarios, y la intervención se orienta a la reorganización de subsistemas y patrones de interacción.
La intervención se apoya en la regulación y organización circular, comprendiendo el comportamiento individual en el contexto relacional, y se utilizan técnicas de integración de diferentes escuelas sistémicas adaptadas al caso.
Se enfatiza la importancia del trabajo emocional con pacientes y familias, manteniendo la neutralidad cuando corresponde, pero permitiendo el abordaje de sentimientos emergentes.
La intervención puede combinar enfoques del Milán, estructural y estratégico, y se aplica a nivel familiar, individual o de red, según las necesidades.
El resultado final depende de la coherencia del enfoque y no solo de la elección de una técnica; los casos con mayores necesidades requieren abordar el poder relacional que el síntoma otorga al individuo y al sistema.
La familia, a menudo, ha atravesado múltiples dificultades y puede presentar patrones de resistencia al cambio; el terapeuta posiciona al paciente como persona competente con potencial de cambio, estableciendo una relación de confianza.
La intervención se organiza en fases: Acomodación, Evaluación, Desarrollo de la terapia y Finalización, adaptándose a la tipología de la familia y las necesidades del paciente.
En DI con problemas de conducta, el objetivo es generar una experiencia emocional correctiva que permita un cambio emocional, cognitivo y conductual, integrando el síntoma como parte de la dinámica familiar.
Ejemplos prácticos y modelo de programa en ASPRONA
Evaluación de un programa de discapacidad intelectual y problemas de conducta en ASPRONA de Albacete, con trabajo multidisciplinar que incluye psiquiatra, psicóloga, enfermería y trabajo social, entre otros.
El programa organiza la atención en centros ocupacionales, pisos supervisados, residencias comunitarias y miniresidencias para casos graves, con evaluación y manejo individualizado.
La intervención se caracteriza por valoración e intervención conjunta, apoyo de referentes, evaluación funcional de la conducta, y tratamiento complementando enfoques biológico, social y psicológicos.
Se destaca la utilidad de un psiquiatra como consultor y la necesidad de accesibilidad ante crisis, manteniendo un plan terapéutico individualizado y seguimiento continuo del equipo.
Los resultados del programa muestran beneficios en la cooperación familiar y la integración social, sustentados por la evidencia de trabajo interdisciplinar y métodos sistémicos.

Discapacidad psicosocial: todo lo que debes saber
Discusión y perspectivas
Desde el modelo sistémico, se mantienen hipótesis que conectan información, significados y acciones en un marco transgeneracional, como un fotograma de momentos críticos en el ciclo vital familiar.
Se amplía el foco para incluir no solo la relación, sino también al individuo, y se subraya la importancia del trabajo emocional con pacientes y familias para facilitar el cambio.
La terapia sistémica propone intervenir a nivel familiar, individual o de red, adaptando técnicas estratégicas y rituales para DI y conductas problemáticas, con finalización acorde a los objetivos acordados.
La presencia de poder relacional en el síntoma y la resistencia al cambio en familias se consideran aspectos centrales para entender y cambiar la dinámica de cuidado.
La intervención busca colocar al paciente en una posición de agencia, promoviendo un discurso asertivo y una relación de confianza que permita la cooperación necesaria para la rehabilitación.
El enfoque práctico propone tres fases en la intervención: Acomodación, Evaluación y Desarrollo, con flexibilidad para terminar cuando se logren los objetivos o se alcance un cambio sostenible.
La complejidad de los casos exige una coherencia de enfoque que combine técnicas de distintas escuelas y un trabajo sostenido con la familia y el paciente para acompañar el proceso de cambio.