El trabajo que se informa destaca el rol relevante de la familia y del ejercicio adecuado de la parentalidad para el desarrollo humano. La parentalidad es un proceso muy complejo, ya que exige una combinación equilibrada de varios factores esenciales como el afecto, la comunicación, la disciplina y la autonomía que se otorga a los hijos.
El ámbito familiar ha sido ampliamente reconocido como uno de los factores más relevantes para el desarrollo humano en todas sus etapas. Aunque los niños reciben influencias desde diversos ámbitos (e.g., escuela, grupo de pares), el entorno familiar es fundamental para el crecimiento sano debido a que es el primero, el más persistente e intenso a nivel afectivo y en el cual se desarrollan los vínculos iniciales y necesarios para la supervivencia. Si bien las funciones familiares pueden cambiar a lo largo del ciclo vital de una persona, la familia de origen sigue repercutiendo en la vida de sus miembros.
Existe amplia evidencia sobre los efectos que tiene el contexto familiar en el desarrollo afectivo, social y cognitivo de los hijos, en especial en las primeras etapas del desarrollo humano (infancia y niñez) y su repercusión en fases posteriores. La mayoría de los estudios concuerda en que una de las funciones más importantes de la familia es la adecuada satisfacción de las necesidades socioafectivas y cognitivas de los hijos.
Si bien los agentes socializadores y los ámbitos de socialización pueden ser diversos (e.g., escuela, barrio), el énfasis de la bibliografía ha sido puesto en el ambiente familiar, y especialmente en el rol de los padres. En este sentido, la función de crianza o la parentalidad social ha sido definida como las competencias, los conocimientos, las creencias, las pautas y las actitudes que los padres y madres asumen en relación a la socialización de sus hijos.

Contexto de la Vulnerabilidad Social y la Parentalidad
La función de crianza se lleva a cabo desde diferentes escenarios socioculturales que influyen en su desarrollo. Las competencias parentales estarían relacionadas con el contexto social, teniendo en cuenta los riesgos psicosociales a los que muchas veces están expuestas las familias, las consideraciones culturales de lo que significa ser buenos padres y las propias experiencias de los progenitores o cuidadores en sus familias de origen, incluyendo su apego, temperamento y resiliencia.
A lo ya señalado, debe agregarse la consideración de que el potencial del desarrollo psicosocial humano y familiar se encuentra estructuralmente limitado por las características socioambientales y económicas del entorno de vida cotidiano. Esto incluye el papel nocivo que pueden tener algunos entornos sociales.
Algunos organismos internacionales han definido a la vulnerabilidad social como una combinación de eventos, procesos o rasgos que constituyen adversidades potenciales para el ejercicio de los distintos tipos de derechos ciudadanos o el logro de los proyectos de las comunidades, los hogares y las personas.
Un estudio reciente postula que el despliegue de competencias parentales estaría íntimamente ligado al medio social donde los procesos parentales se desarrollan, siendo sensibles al riesgo psicosocial (e. g., extrema pobreza, consumo excesivo de alcohol y drogas, ambientes delictuales, dinámicas de violencia intrafamiliar y maltrato).
Particularmente en la crianza de los hijos, Barudy y Dantagnan (2010) estiman que las funciones parentales más importantes (i.e., afectiva, socializadora y educativa) se encuentran debilitadas o disminuidas en la mayoría de los padres o cuidadores que viven en contextos de riesgo psicosocial. Las investigaciones desarrolladas en este tópico indican que los padres de contextos socialmente vulnerables tienden a experimentar altos niveles de estrés con respecto a su rol de crianza, siendo muchas veces incapaces de responder satisfactoriamente las necesidades de sus hijos.
Evolución de la Intervención con Familias Vulnerables
Aunque la intervención con estos grupos sociales no es reciente, solo a partir de la década de los años 80 se empieza a comprender que las familias en vulnerabilidad social necesitan modelos de intervención centrados en el fortalecimiento de sus recursos y en la preservación familiar, desde una perspectiva más preventiva y positiva. En este sentido, es destacable el rol que adquirió el enfoque del apoyo social en la intervención con familias y padres de contextos socialmente vulnerables, especialmente en tópicos como las redes formales de apoyo social o los sistemas de apoyo comunitario.
Estos programas de fortalecimiento parental han sido considerados fuentes de apoyo social externo y, al mismo tiempo, fortalecedores de redes informales y recursos parentales e intrafamiliares. Los programas de apoyo a grupos familiares proporcionan el soporte que fortalece los recursos psicosociales de los adultos en su rol de padres o cuidadores.

Modelos de Intervención Familiar y Parental
En lo que se refiere a la intervención psicológica, existen diversos modelos y enfoques de abordaje familiar. Para Máiquez Chaves y Capote Cabrera (2001) los principales modelos en intervención familiar son:
- el modelo clínico
- el educativo
- el comunitario
En el modelo clínico las intervenciones terapéuticas y/o educativas pueden ser individuales o con el grupo familiar, dependiendo del enfoque del terapeuta. El modelo educativo se focaliza en la enseñanza de comportamientos y habilidades parentales. Algunas de estas intervenciones pueden tener un propósito asistencial y/o preventivo, en tanto que procuran satisfacer necesidades actuales de la familia y advertir problemas futuros que puedan presentarse.
El modelo comunitario, por su parte, se orienta a promover el desarrollo de competencias para transformar condiciones de vulnerabilidad social. Este tipo de abordaje puede contribuir a la producción de cambios en las actitudes y comportamientos individuales o en la calidad de las relaciones interpersonales, así como en el entorno social comunitario de los beneficiarios. Muchas de las intervenciones familiares comunitarias se basan en el enfoque teórico ecológico de Bronfenbrenner (1979, 1989), que postula que la relación del sistema familiar y su entorno es mutua y permanente.
En España y en algunos países latinoamericanos se realizaron revisiones teóricas y evaluaciones (en menor grado) sobre los efectos de los programas de intervención familiar y parental en sus diversas modalidades con buenos resultados. Un buen número de dichos estudios teóricos y empíricos sobre el abordaje con familias en contextos de vulnerabilidad social ha sugerido como más efectivo el modelo social comunitario desde el enfoque teórico ecológico. Asimismo, el modelo educativo ha sido muy aplicado en programas de entrenamiento para padres o escuela para padres.
AUC2.1: Modelos y herramientas de intervención con familias
Propuesta de Intervención en Contextos de Vulnerabilidad Social en Argentina
En este marco, y considerando que en Argentina existe un escaso desarrollo de programas de apoyo a las familias socialmente vulnerables, se presenta una propuesta de intervención aplicable en el ámbito escolar y dirigida a fortalecer las competencias parentales.
El programa propuesto, basado en el enfoque de la parentalidad positiva, integra elementos de los modelos de intervención educativo y comunitario, ya que se implementa en forma grupal, mediante encuentros expositivo-participativos y en coordinación con la escuela a la que asisten los hijos de los beneficiarios. Si bien se recomienda comenzar con la intervención en las primeras etapas del desarrollo (i.e., primera infancia), realizar el abordaje al interior de los hogares podría resultar invasivo y contraproducente. Por lo tanto, se consideró más natural y apropiado el ámbito escolar. La intención de integrar la intervención con los niños al currículum y a la vida escolar en general, era que el fortalecimiento de recursos psicológicos no se interrumpiera cuando los niños regresaban a sus casas, sino que, por el contrario, continuara a través del fortalecimiento cotidiano por parte de sus padres.
La propuesta de intervención se basó en dos áreas básicas:
- Intervención directa para padres: la promoción de competencias parentales (i.e., apego, empatía parental, estilo parental, comunicación positiva y redes de apoyo).
- Intervención indirecta para niños: capacitación a los padres en estrategias para promover el desarrollo de recursos socioemocionales de los niños (e.g., emociones positivas, comportamiento prosocial, etc.).
La intervención se llevó a cabo en una escuela dentro de un contexto de vulnerabilidad social en la provincia de Entre Ríos (Argentina). La organización de las reuniones fue realizada por un equipo interdisciplinario (i.e., psicólogos y psicopedagogos).
Los temas de los encuentros fueron construidos con los participantes, dándoles protagonismo principal a los padres, ya que no se impuso una agenda temática, sino que se propuso que ellos la armaran. Así se comenzó realizando una planificación anual en función de la necesidad manifestada por los participantes en las primeras sesiones. A los temas sugeridos por los padres, se fueron agregando otros basados en experiencias previas de estudios específicos de intervención con padres. Un total de 30 reuniones de 60 a 90 minutos cada una se llevaron a cabo. Los temas fueron los siguientes:
- Autoestima parental e infantil
- Expresión apropiada del afecto
- Comunicación positiva y resolución de conflictos
- Emociones positivas
- Fortalecimiento de los recursos cognitivos
- Comportamiento prosocial
- Habilidades sociales
- Resiliencia familiar, parental e infantil
- Redes de apoyo social a las familias
- Relaciones familia-escuela
Las principales técnicas de abordaje utilizadas fueron:
- Exposición de información
- Retroalimentación y co-reflexión entre pares
- Modelado de actitudes y comportamientos alternativos
- Asignaciones de tareas y propuestas de acción
- Entrevistas después de los talleres
Los hallazgos de la investigación se relacionan con los encontrados por otros programas de intervención realizados con padres y cuidadores en otros países. Estos resultados preliminares muestran que las competencias parentales, el tipo de relación e incluso el apego con los hijos podrían modificarse a través de la implementación de programas de fortalecimiento parental. Además, los resultados mostraron que el programa también podría ayudar a mejorar las relaciones familia-escuela. En algunos casos, la intervención implementada despertó el interés de los participantes en la situación escolar de sus hijos, y al mismo tiempo mejoró la comunicación entre padres, maestros y el personal a cargo de la escuela. Los resultados exploratorios de esta propuesta de intervención muestran claramente la necesidad de apoyar e implementar este tipo específico de programas, que tienen como objetivo fortalecer los recursos de las competencias parentales y fomentar un desarrollo saludable de los niños.
Definición y Tipos de Competencias Parentales
Las competencias parentales son uno de los pilares fundamentales del desarrollo infantil y adolescente. Comprenderlas en profundidad es clave para intervenir de forma efectiva en contextos clínicos, comunitarios, educativos y judiciales. Son esenciales para garantizar el desarrollo integral y la protección de niños, niñas y adolescentes, especialmente en contextos de alta complejidad.
Las competencias parentales son el conjunto de habilidades, capacidades y disposiciones que posee un adulto para ejercer adecuadamente la crianza, cuidado y formación de niños, niñas y adolescentes. Estos elementos se observan en la práctica diaria y pueden ser comprendidos desde dos grandes componentes: uno biológico, relacionado con lo heredado, y otro práctico, que se construye y perfecciona a lo largo de la experiencia y la reflexión personal.
Según Maryorie Dantagnan y Jorge Barudy (2007), estas competencias se definen como “capacidades prácticas de los padres para cuidar, proteger y educar a sus hijos, asegurándoles un desarrollo sano”, lo que refuerza su carácter desarrollable y no exclusivamente biológico. Este enfoque enfatiza que dichas competencias pueden desarrollarse en adultos significativos, incluso cuando no son los progenitores biológicos, lo que refuerza su vínculo con la parentalidad social.
Parentalidad Biológica vs. Parentalidad Social
En el contexto de la crianza y la intervención psicosocial, los conceptos de competencia, habilidad e idoneidad son usados como sinónimos. En la práctica profesional, especialmente en contextos judiciales, lo que se evalúa es la capacidad concreta de un adulto para cuidar y proteger de forma adecuada a un niño, niña o adolescente.
De acuerdo con Jorge Barudy, las competencias parentales se asocian con la parentalidad social, diferenciándose así de la parentalidad biológica. En muchos casos, madres y padres pueden asumir la parentalidad social como una extensión de la biológica. Sin embargo, existen situaciones en las que, a pesar del vínculo genético, hay incompetencias parentales que provocan carencias y daños en los niños y niñas.
Como señala la docente Mg. Ts. Carol Bettiz, "no todos aquellos que engendran tienen esta capacidad de cuidar a un otro", enfatizando que la parentalidad social involucra aprendizajes, decisiones y experiencias que permiten ejercer un rol protector y vincular. Aun frente a estas deficiencias, otras figuras adultas significativas pueden ejercer una parentalidad social que compense dichas carencias, asegurando la satisfacción integral de las necesidades del niño, niña o adolescente. Esta distinción permite comprender que el ejercicio de la parentalidad no depende exclusivamente del lazo biológico, sino de la capacidad concreta de cuidar, proteger y educar.
Tipos Fundamentales de Competencias Parentales (Modelo ODISEA)
Según Gómez, E. (2022), creador del Modelo ODISEA, las competencias parentales se organizan en cuatro tipos fundamentales. Cada una de ellas aborda dimensiones específicas del rol cuidador y resulta clave para una evaluación integral:
- Vinculares: Hacen referencia a la calidad del vínculo emocional que el adulto establece con el niño o niña. Incluye la sensibilidad, la calidez en el trato y el involucramiento efectivo en la vida del menor. Es una competencia que está relacionada con procesos de mentalización y atención sensible.
- Formativas: Involucran la capacidad de la persona cuidadora para transmitir valores, normas y estrategias de socialización. Va más allá del ámbito escolar e implica formar personas con habilidades para desenvolverse en diferentes contextos sociales.
- Protectoras: Se relacionan con el resguardo de la integridad del niño frente a peligros físicos, psicológicos o sociales. Incluyen la prevención de situaciones de riesgo, así como la capacidad de actuar frente a vulneraciones de derechos.
- Reflexivas: Es la más compleja y está relacionada con el autoconocimiento, la capacidad de analizar la propia historia de vida y de buscar activamente información o acompañamiento para mejorar el rol parental.
Estrategias para el Fortalecimiento y Evaluación de Competencias Parentales
El fortalecimiento de las competencias parentales requiere intervenciones sistemáticas, planificadas y sostenidas, que consideren tanto las trayectorias de vida de los cuidadores como las necesidades específicas de los niños, niñas y adolescentes a su cargo. Según Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan (2007), estas competencias pueden ser desarrolladas mediante procesos que reparen vínculos, fortalezcan habilidades y promuevan prácticas de cuidado sensibles y respetuosas, especialmente en contextos marcados por la adversidad o el trauma.
La profesional trabajadora social Carol Bettiz enfatiza en que las competencias parentales no se adquieren de forma inmediata ni únicamente desde lo teórico, sino que requieren de acompañamiento profesional, práctica reflexiva y experiencia sostenida. "Estas metodologías permiten trabajar aspectos vinculares, formativos y protectores, y deben ser conducidas por personas profesionales capacitadas en infancia y familia, como psicólogos y trabajadores sociales”, menciona. Estas intervenciones son especialmente relevantes en contextos de alta complejidad, pero también pueden implementarse de forma preventiva, promoviendo una parentalidad social que contribuya al desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes.
Diversos programas de intervención basados en evidencia han identificado actividades clave para el fortalecimiento de las competencias parentales. Estas prácticas, utilizadas en enfoques como Triple P (Positive Parenting Program) o Incredible Years, están diseñadas para mejorar la comunicación, la vinculación afectiva y la gestión del comportamiento en el entorno familiar. El trabajo grupal puede ser del tipo psicoeducativo, más enfocado a la prevención, o de tipo terapéutico, enfocado en la intervención sobre el síntoma presente y en la búsqueda compartida de soluciones. La vertiente psicoeducativa se centra en la mejora de las habilidades parentales.
Herramientas de Evaluación de Competencias Parentales
Para los y las profesionales del ámbito psicosocial, disponer de herramientas para evaluar las competencias parentales resulta clave en su quehacer cotidiano. Entre las herramientas disponibles se encuentran:
- Fichas de evaluación de competencias y prácticas parentales (Barudy y Dantagnan): Proponen un modelo cualitativo que permite observar indicadores positivos y de riesgo en distintos ámbitos del cuidado.
- Escala de Parentalidad Positiva (e2p): Desarrollada en Chile, evalúa la presencia de prácticas parentales sensibles, respetuosas y orientadas al desarrollo socioemocional. Es un cuestionario muy sencillo que puede contestarlo cualquier persona adulta responsable de la crianza. Las competencias parentales vinculares se manifiestan principalmente a través de prácticas de crianza socioemocionales, que son las que explora la escala e2p. Evaluar al inicio permite conocer las necesidades de las personas del grupo.
- Instrumento CUIDA (TEA ediciones, España): Herramienta psicométrica que evalúa competencias parentales en diversos ámbitos.
Es importante destacar que estas herramientas no deben ser utilizadas de forma aislada. La triangulación de información es esencial para una evaluación ética y metodológicamente rigurosa. Para los profesionales, el grupo representa un mayor coste-beneficio. Si se combina el formato psicoeducativo con el terapéutico se consiguen atender un mayor espectro de necesidades.
Existe una "Guía para el trabajo con familias" dirigida a los Gabinetes Psicopedagógicos, Profesores de Orientación y demás profesionales escolares que tienen la oportunidad de trabajar directamente con las familias de los estudiantes de premedia y media, con el propósito de fortalecer sus capacidades en aspectos relacionados con la convivencia y la cultura de paz. El objetivo es que las familias se conviertan en actores activos, capaces de gestionar las situaciones que enfrentan sus hijos e hijas en este momento decisivo de sus vidas -la transición de la niñez a la adultez, conocida como adolescencia-, así como de participar con voz propia en la reflexión sobre los retos que implica formar a ciudadanos responsables en la sociedad panameña actual.
Finalmente, el curso “Abordaje Integral de las Competencias Parentales”, impartido por la docente Mg. Ts. Carol Bettiz Ortiz, está diseñado para entregar herramientas teóricas y prácticas que permitan evaluar e intervenir en competencias parentales desde un enfoque integral, ético y contextualizado. Durante el curso se abordan marcos conceptuales actualizados, estrategias de intervención y herramientas de evaluación.
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