Tipos de Vulnerabilidad según Gustavo Wilches-Chaux

Los conceptos de vulnerabilidad y riesgo son de uso multidisciplinario, empleados en campos tan diversos como la antropología, geografía, ciencias de la salud, ciencias ambientales y la ciencia del cambio climático, entre otras (Luers et al. 2003; Chambers 2006). Su definición, por ende, depende del campo de estudio. A menudo, estos conceptos se abordan de manera desconectada, lo que lleva a imprecisiones analíticas. La vulnerabilidad, por ejemplo, puede usarse para etiquetar grupos sociales sin precisar las características que los hacen vulnerables (Cardona 2001), mientras que los estudios de riesgo pueden centrarse en mediciones probabilísticas sin un sustento que explique la complejidad del proceso social que los produce (Álvarez 2008).

Para abordar esta disociación, es crucial examinar las ventajas analíticas de estudiar la vulnerabilidad y el riesgo dentro de un mismo marco conceptual, especialmente ante amenazas como las altas temperaturas en la salud humana. Para ello, es indispensable definir la amenaza a la que se está expuesto.

El Impacto del Cambio Climático y las Altas Temperaturas

Las amenazas y peligros climáticos han aumentado significativamente. Por primera vez en la historia, las actividades humanas han alterado la composición de gases en la atmósfera, provocando cambios en la temperatura del planeta y en la circulación del aire, lo que se conoce como cambio climático (IPCC 1996). Esto se evidencia en el incremento de desastres relacionados con fenómenos climáticos como sequías, inundaciones y tormentas tropicales. El número de estos fenómenos pasó de un promedio de 195 por año entre 1987 y 1998, a una media de 365 en el período 2000-2006 (Battista et al. 2009).

Los fenómenos climáticos extremos reducen la posibilidad de satisfacer condiciones básicas para la salud, como el acceso a agua potable, vivienda segura, aire limpio y alimentos. La desatención de estas condiciones se relaciona con diversas enfermedades, incluyendo diarrea, paludismo, dengue y desnutrición (Riojas-Rodríguez et al. 2011; WHO 2009a).

Aumento Global de la Temperatura

La elevación de la temperatura es uno de los eventos climáticos que más destaca debido a su impacto global. El IPCC calculó que la temperatura de la superficie global del planeta se incrementó en 0.85 °C de 1880 a 2012 (IPCC 2013, 5). Además, se ha determinado que los días y noches calurosos, así como las olas de calor, serán cada vez más frecuentes (IPCC 2013; Wu et al. 2014).

Las olas de calor, definidas como períodos prolongados de temperatura por encima de la media histórica (UN-Habitat 2011), pueden tener implicaciones severas, incluso mortales. Un ejemplo trágico es la ola de calor de 2003 en Europa, asociada con aproximadamente 70,000 muertes (Robine et al. 2008). La forma más común de determinar el número de muertes por olas de calor es analizar las tendencias en series de tiempo de todas las causas de mortalidad, identificando valores atípicos durante estos eventos (Robine et al. 2008; Oudin et al. 2011). La forma más extrema de daño a la salud es la muerte por golpe de calor, que puede producir múltiples alteraciones, incluyendo afectaciones del sistema nervioso central, manifestaciones musculares, problemas cardíacos (hipotensión, taquicardia e hiperventilación) y dificultades respiratorias (Piñeiro et al. 2014).

Las proyecciones del quinto informe del IPCC indican que la temperatura media global de la superficie podría aumentar entre 0.3 °C y 1.7 °C en el mejor escenario, y entre 2.6 °C y 4.8 °C en el peor, para 2081-2100, en comparación con 1986-2005 (IPCC 2013, 20).

Gráfico de tendencias de temperatura global y proyecciones del IPCC

Impacto en el Noroeste de México

En el noroeste de México, Cavazos y Arriaga-Ramírez (2012) proyectaron que las temperaturas medias anuales podrían aumentar aproximadamente 5 °C en el año 2100 en un escenario de altas emisiones, utilizando modelos de circulación general (MCG) para la región del Monzón Norteamericano. De manera similar, Conde y Gay (2008, 43) proyectan un aumento de entre 4 y 4.5 °C para el norte de México en 2080.

Incluso si los eventos climáticos no se vuelven más frecuentes o intensos, algunas regiones presentan un clima que es una amenaza por sí mismo, como el noroeste de México. Según la clasificación climática de Köppen-Geiger, gran parte de esta región es árida y semiárida cálida desértica (BWh y SWh), caracterizada por escasez de agua y evaporación que excede la precipitación, con zonas que reciben solo entre 380 y 760 milímetros anuales de lluvia (Strahler 1973, 168-69). La tendencia al aumento de la temperatura en esta región, particularmente en Sonora, ha sido bien documentada, mostrando un incremento en el número de días calurosos entre 1966 y 2015, asociado a factores físicos como la elevación, la cobertura urbana y el porcentaje de precipitación anual durante el verano (Navarro et al. en prensa).

Aunque existe este trabajo reciente, aún no hay un estudio que correlacione estadísticamente y temporalmente las olas de calor con la mortalidad y morbilidad en el noroeste de México. No obstante, Díaz et al. (2014) examinaron las estadísticas de mortalidad por calor natural excesivo en esta región, encontrando que gran parte de las personas fallecidas eran jornaleros agrícolas.

Jornaleros del campo, ¿una historia de suerte?

Vulnerabilidad de Jornaleros Agrícolas y Migrantes Internacionales

Los trabajadores agrícolas, especialmente aquellos que migran del sureste de México (SEDESOL 2010), están expuestos a largas horas de trabajo en ambientes extremadamente cálidos y en condiciones precarias. En 2002 y 2003, los contingentes de asalariados en los campos agrícolas de Sinaloa, Sonora y Baja California superaban los 300 mil, y en Sonora llegaron a residir hasta 80 mil (Calvario y Díaz 2017). Muchos de ellos carecen de seguridad social o viven hacinados en lugares con poca higiene dentro de los campos (Calvario y Díaz 2017). Además, sus condiciones ambientales se combinan con movilidad, desnutrición e infecciones, factores que atentan contra su salud (Ortega y Castañeda 2007).

Otro grupo afectado por las altas temperaturas son los migrantes internacionales que cruzan Sonora con destino a Estados Unidos (Díaz y Calvario 2017). Entre 2001 y 2013, en el sur de Arizona (parte de la región desértica de Sonora), murieron 2,184 migrantes internacionales, y aproximadamente el 75% perecieron por hipertermia, golpe de calor o deshidratación. De ellos, 1,785 eran hombres y 377 mujeres, con 22 casos de sexo indeterminado. Además, se desconocía el nombre de un tercio del total de migrantes (Díaz y Calvario 2017), muchos de los cuales provenían de Centroamérica (Casillas 2008).

A partir de la década de 1980, la cantidad de migrantes centroamericanos que transitaron por México superó las decenas de miles de devoluciones por año, llegando a cientos de miles en la década siguiente. En 2005, se registró un máximo de 388,243 migrantes centroamericanos irregulares pasando por México. Aunque la tendencia ha disminuido desde entonces, la cifra sigue siendo alta, con 108,823 transmigrantes registrados en 2011 (Berumen et al. 2014).

El incremento en las muertes de migrantes fue resultado de las políticas migratorias de Estados Unidos en su frontera sur a partir de la década de 1990, que incluyeron un aumento del presupuesto y del personal de la patrulla fronteriza. Operativos como la Operación Bloqueo, Operación Guardián y Operación Escudo reforzaron la vigilancia en corredores como San Diego, El Paso, el centro de Arizona y el sur de Texas (Alonso 2013), empujando el flujo de migrantes hacia zonas inhóspitas como el desierto de Sonora, creando el "efecto embudo" (funnel effect) (Rubio-Goldsmith et al. 2006). Antes de este efecto, se recuperaron 125 cuerpos en el condado de Pima entre 1990 y 1999, mientras que entre 2000 y 2005, la cifra ascendió a 802 (Rubio-Goldsmith et al. 2006).

Definiciones y Enfoques de la Vulnerabilidad

Los conceptos de vulnerabilidad y riesgo tienen una extensa trayectoria de publicaciones (Beck 1992; Douglas 1996; Luhmann 2006). La vulnerabilidad, en particular, presenta una gran variedad de usos y nociones. Ha sido utilizada para caracterizar la respuesta de los sistemas sociales y ecológicos a diversas perturbaciones (Liverman 2001), generando cierta confusión debido a su polisemia. Su definición teórica se ha matizado en función de las disciplinas que la abordan, como las ecológicas, antropológicas y geográficas (Luers et al. 2003; Chambers 2006). Algunos consideran que estas diversas acepciones son complementarias e indispensables para comprender la complejidad intrínseca del concepto (Eakin y Luers 2006). Sin embargo, las imprecisiones conceptuales pueden afectar la identificación y atención de grupos vulnerables (Delor y Hubert 2000; Schroeder y Gefenas 2009).

En el contexto de estudios climáticos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la vulnerabilidad como el "nivel de susceptibilidad de un sistema o de incapacidad para afrontar los efectos adversos del cambio climático, incluidos la variabilidad climática y los fenómenos extremos" (OMS 2003, 33). El IPCC (1996, 5), en su segundo informe de evaluación, la definió como "la medida en que el cambio climático puede dañar o perjudicar a un sistema. Éste depende no sólo de la sensibilidad del sistema, sino también de su capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones climáticas".

La Propuesta de Gustavo Wilches-Chaux y LA RED

Ante las diversas nociones de vulnerabilidad, este trabajo rescata la propuesta de expertos de la Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina (LA RED), quienes definen la vulnerabilidad en relación con otro elemento fundamental: la amenaza o peligro. Según Cardona (2001, 11), al hablar de vulnerabilidad, es crucial preguntar y especificar: "¿vulnerable ante qué?", ya que a cada tipo de amenaza corresponderá una serie de factores que caractericen la vulnerabilidad. Por ejemplo, la falta de aire acondicionado en un hogar aumenta la vulnerabilidad de la salud ante altas temperaturas (Curriero et al. 2002), pero no necesariamente ante una inundación.

La experiencia de estos autores influyó significativamente en el Informe Especial (SREX) (IPCC 2012) y en el Quinto Reporte del IPCC (2014), documentos que avanzan hacia un marco conceptual del riesgo que integra la vulnerabilidad, la exposición y la amenaza como sus componentes. Las ventajas y desventajas analíticas de este enfoque se ejemplifican mediante la revisión de estudios recientes sobre las altas temperaturas en el noroeste de México a la luz de estos componentes (Díaz et al. 2014; Díaz y Calvario 2017; Calvario y Díaz 2017; Navarro et al. en prensa).

Diagrama de interrelación entre vulnerabilidad, exposición y amenaza en el marco de riesgo

Tipos de Vulnerabilidad según Gustavo Wilches-Chaux

El abogado colombiano Gustavo Wilches-Chaux, a través de su propuesta de "vulnerabilidad global" (Wilches-Chaux, 1993), despliega un importante marco de referencia que contiene once ángulos o tipos de vulnerabilidad. Esta herramienta de análisis es fundamental para comprender las múltiples facetas de la vulnerabilidad en el estudio del riesgo y del desastre. Los tipos de vulnerabilidad identificados por Wilches-Chaux son:

  1. Vulnerabilidad Natural: Se refiere a la exposición de las comunidades a fenómenos geológicos (terremotos, volcanes cercanos) y climáticos extremos (inundaciones, sequías, huracanes) inherentes a su entorno geográfico.
  2. Vulnerabilidad Física: Ligada a las características de las edificaciones e infraestructuras, su calidad constructiva, ubicación en zonas de riesgo, y la densidad poblacional en áreas expuestas.
  3. Vulnerabilidad Técnica: Relacionada con la capacidad tecnológica de una comunidad para prevenir, mitigar y responder a desastres, incluyendo sistemas de alerta temprana, infraestructura de comunicación y la aplicación de estándares técnicos en la construcción.
  4. Vulnerabilidad Ecológica: Concerniente a la degradación de los ecosistemas y la pérdida de la biodiversidad, lo que reduce la capacidad de resiliencia del entorno y aumenta el impacto de fenómenos naturales.
  5. Vulnerabilidad Educativa: Asociada al nivel de conocimiento y conciencia de la población sobre los riesgos, las medidas de prevención, la educación ambiental y la capacidad de las instituciones educativas para integrar estos temas.
  6. Vulnerabilidad Social: Se refiere a las condiciones de desigualdad, exclusión, pobreza, falta de organización comunitaria, movilidad poblacional, desnutrición e infecciones que afectan a grupos específicos, mermando su capacidad de respuesta y recuperación.
  7. Vulnerabilidad Cultural: Relacionada con las creencias, costumbres y tradiciones de una comunidad que pueden influir positiva o negativamente en su percepción del riesgo y en su capacidad para adoptar medidas de prevención.
  8. Vulnerabilidad Económica: Determinada por la falta de recursos económicos, acceso limitado a seguros, sistemas de crédito y medios de vida diversificados, lo que impide a las personas y comunidades prepararse y recuperarse de un desastre.
  9. Vulnerabilidad Ideológica: Vinculada a las formas de pensamiento, dogmas, prejuicios o la resignación que pueden paralizar a una comunidad y obstaculizar la toma de decisiones efectivas frente a un riesgo.
  10. Vulnerabilidad Política: Se refiere a la debilidad de las instituciones gubernamentales, la falta de voluntad política, la corrupción, la tramitomanía burocrática y la limitada participación ciudadana en la toma de decisiones que afectan a la comunidad.
  11. Vulnerabilidad Institucional: Asociada a la ineficacia de las instituciones encargadas de la gestión del riesgo, la falta de coordinación entre ellas, la ausencia de marcos legales adecuados y la carencia de liderazgo y gestión en situaciones de emergencia.

Este enfoque integral de Wilches-Chaux subraya que la vulnerabilidad no es un concepto único, sino un entramado de factores interconectados que deben analizarse en conjunto para desarrollar estrategias de gestión de riesgo más efectivas.

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