La noticia publicada por CIPER en la columna “NI UN NIÑO (A) MENOS” sobre la crisis del Servicio Nacional de Menores (Sename) recalca la ceguera de nuestra sociedad frente a los derechos vulnerados de los niños institucionalizados. Desde la experiencia de haber vivido por 16 años (desde los 3 años y medio hasta los 19 años) en ese sistema, se conoce lo que significa haber sido privado de la paz de un hogar en familia, del derecho a la salud, y de crecer sin una madre, ni padre, ni abuelos, así como de haber sido privado de la infancia.
Experiencias Personales en el Sistema de Protección
La Realidad de la Infancia Vulnerada
Cuando el autor de uno de los testimonios tenía 8 años, huyó del hogar en el que estaba internado, conociendo el frío de la noche y la cara de una sociedad que permanece indiferente a la infancia vulnerada hasta nuestros días. Fue Rosita, una niña de la calle y una de las tres "rosas" que marcarían su camino, quien días después lo devolvería al hogar. A partir de ese momento, un número fue su compañero en ese hogar.
Toda la juventud y el inicio de la vida adulta de muchos transcurrieron experimentando de cerca las consecuencias de que el Estado siga considerando como óptimo que el niño sea tratado como objeto más que como sujeto, pese a que Chile ha ratificado la Convención de los Derechos del Niño. A diario, debían lidiar con un sistema que inhabilita y encapsula las esperanzas y sueños de quienes son privados de vivir. Las preguntas recurrentes eran: ¿A quién le importábamos? ¿A quién teníamos cerca frente a tantas irregularidades e injusticias? ¿Al Estado a través del Sename? ¿A la Iglesia Católica a través de los curas o personeros de otros credos? ¿A quiénes hacen de la vulnerabilidad un lucro o un patrimonio? ¿A los que en muchos casos no dan cuenta de su gestión ni de su desempeño?
A los 19 años, el autor fijó un camino para ir en auxilio de aquellos niños y niñas olvidados: los vulnerados e institucionalizados. Con el tiempo, esta iniciativa se fue convirtiendo en la Fundación de Egresados de Casas de Menores (ECAM).

El "Informe Jeldres" y la Visibilización de Fallas
Recién en 2012, y luego de años de silencio, el “Informe Jeldres” detalló a nivel nacional las graves fallas del sistema de protección de menores. Lo que allí se reveló se convirtió para muchos en una sorpresa, pues a través de ese informe y por primera vez conocieron cuán vulnerable se encontraba la infancia en el país. El “Informe Jeldres” se convirtió así en un duro golpe a la cátedra oficial institucional, mostrando que Chile no actuó política ni moralmente con responsabilidad hacia sus niños, niñas y adolescentes más vulnerados.
Aún se recuerda el egreso masivo de niños de los centros de protección que se produjo en los años 90, cuando la población por hogar fluctuaba entre 100 y 200 niños. Lo peor de aquello es que el Chile de hoy, para muchos de los niños y niñas que viven al interior del sistema, no es mejor que el del ayer. Un solo ejemplo: se fue testigo de cómo la delincuencia juvenil en ese entonces se fue transformando año a año en delincuencia infantil.
Responsabilidad Social y Estatal
Si la situación de vulnerabilidad de estos niños y niñas se ha mantenido en el tiempo, es porque como sociedad también se ha fallado al negarse a ver su realidad. Todos son culpables. En primer lugar, el Estado, al alimentar un sistema que prometió protección y terminó por vulnerar aún más a los niños más desprotegidos, reduciendo sus oportunidades a su máxima expresión. Se han permitido errores, como el que estaba cometiendo un gobierno al encapsular las violaciones a los derechos de los niños al período 2005-2016. Surge la pregunta: ¿Por qué no se consideran todos los datos y cifras desde la creación del Sename en 1979?
La jueza de Familia Mónica Jeldres tuvo el coraje de marcar la diferencia entre sus pares al cumplir su rol a cabalidad desde la humanidad y el profesionalismo, haciendo valer los derechos de los niños como se comprometió Chile al firmar la Convención de los Derechos del Niño en 1990. Ella habla de «niños y niñas olvidados, que parecen existir solo cuando mueren. Niños y niñas sin voz, sin risa, sin expectativas, condenados por la pobreza y el abandono. Niños y niñas que no saben de cariño, de abrazos, de cumpleaños, sino de castigos, abusos, soledad y silencio».
Testimonio de Vida: El Libro de Llanos
Un volumen de 219 páginas narra la experiencia de un autor, Llanos, en manos del Servicio Nacional de Menores (Sename), donde pasó entre los dos y 15 años. En este libro son comunes los constantes castigos por parte de cuidadores, la convivencia con violaciones y otro tipo de abusos, el hambre y el frío. «El libro es vivencial, por lo que cada palabra, cada historia me costó redactarla», comenta Llanos, estudiante de Derecho. Llanos es un sobreviviente.
Él quiso hablar de «niños y niñas olvidados, que parecen existir solo cuando mueren. Niños y niñas sin voz, sin risa, sin expectativas, condenados por la pobreza y el abandono. «Con este libro intento exorcizar la pesadilla a la que me sometieron mis torturadores, pero busco también lanzar un grito de alerta a la sociedad entera, por los niños y las niñas sin derechos, habitantes descartados de un país que se jacta de respetar los derechos humanos, pero que ignora que éstos no existen en nuestro infierno».

El comienzo del libro no puede ser más duro. Por un «descuido institucional», Llanos, aún menor de edad, es transferido en Coquimbo a una cárcel. En su primera noche, en un dormitorio con casi 50 presos, es recibido con una golpiza. Antes, la misma monja, al llegar al hogar lo había obligado a bajarse los pantalones, sentarse de cuclillas en un sillón para golpearlo en las nalgas, para dejarlo dos semanas sin caminar. Todo por haber pedido. «Dicho de una manera sencilla, el internado era de muy escasos recursos», escribe Llanos. «Nosotros pedíamos verduras a feriantes en parcelas. Vivíamos de la caridad de las personas más adineradas de la Cuarta Región. Habían momentos en los que hubiera sido mejor haber pasado hambre junto a mis padres desconocidos, que pagar la comida dejándonos pegar, a veces hasta por asuntos del ánimo de los adultos».
Lo triste es que esto no es pasado, es presente, como lo demostró la muerte de Lissette Villa, fallecida a los 11 años en manos del Sename. «Mi realidad y la de muchos, es más que un horror», comenta Llanos. «Me consta que no todos los hogares son malos. La realidad de los internados cambiará cuando cambien sus directores, y algunos empleados que son quienes empobrecen el sistema y realizan ocultamiento de la realidad de los niños», comenta. Él escribió el libro para su hija, para «cuando fuera adolescente y estuviera en su etapa rebelde, regalárselo y que supiera todo lo que pasó el papá».
Informe de la ONU y Críticas del Experto
Visita a Centros de Protección
Un abogado español visitó Chile para inspeccionar cuatro centros bajo la tutela del Estado: los Centros de Reparación Especializada de Administración Directa (Cread) de Playa Ancha y Galvarino en Santiago; y los centros de Organismos Colaboradores (OCAS) Aldea Cardenal Silva Henríquez en Punta Tralca y Pequeño Cottolengo en Santiago. Durante su visita, se reunió con trabajadores, autoridades y exinternos de los centros.
Hubo una polémica cuando el Sename se quejó por un titular de nota publicada en Radio Bío Bío en Valparaíso (“Tras nuevo informe de la ONU: la promesa incumplida del Estado de cerrar Cread Playa Ancha”), asegurando que no era una promesa incumplida porque nunca se había comprometido una fecha. Sin embargo, BioBioChile se contactó con la ONU y con el abogado, quien en una entrevista exclusiva confirmó que el Estado incumplió su promesa de cerrar el Cread de Playa Ancha en abril. El informe menciona, entre otros datos, que el 48,4% de los niños, niñas y adolescentes (NNA) bajo la tutela del Estado han sufrido violencia física o psicológica.
Las lecciones tras 46 años del Sename y el futuro del Servicio de Reinserción
Violaciones Sistemáticas y Responsabilidad Estatal
El abogado subraya que todos los datos en el informe son proporcionados por el propio Estado y organismos oficiales. Aunque muchos NNA están bien cuidados, un gran número se encuentra en una situación dramática. La estructura del sistema no favorece el respeto de los derechos de los niños, niñas y adolescentes, y por ello el informe habla de la responsabilidad del Estado, indicando que las violaciones no solo son graves, sino sistemáticas. Esta situación era conocida desde hace tiempo por el Estado, a través de distintos informes de sus propios órganos, y poco o nada se ha hecho para cambiarla.
Es especialmente llamativo que un Estado democrático y de derecho se haya olvidado de un grupo de sus ciudadanos, aquellos en la situación de mayor vulnerabilidad de todo Chile, quienes llegan a estas residencias porque ya han sido vulnerados en sus derechos.
Deficiencias en la Formación del Personal
La formación del personal de trato directo no es especializada; tienen estudios básicos y muchos carecen de formación en psicología para tratar a niños que vienen de situaciones durísimas, donde pueden haber sufrido abuso sexual, malos tratos, o provenir de entornos desestructurados. Además, es un personal especialmente estresado, ya que muchos doblan o triplican su horario de trabajo para cubrir bajas de compañeros. Se encuentran en una situación de tensión, sin formación y con 24 horas seguidas de atención a niños con problemas complejos, aunque el experto aclara que no justifica las acciones de quienes son culpables y deben ser juzgados por lo que han realizado.
Propuestas para un Sistema de Protección Ideal
Lo ideal es que no haya ningún niño en ninguna residencia, sino que vivan en familia: ya sea la biológica; si no es posible, la familia amplia (abuelos, tíos); y si tampoco, en familias de acogida. Para atención especializada en casos realmente graves, sería conveniente contar con algún centro pequeño con especialistas que puedan atender, por el menor tiempo posible, a niños y niñas con traumas especiales, para que lo antes posible puedan retornar a su familia biológica, ir a la familia amplia o a una familia de acogida. Todo lo que no sea un entorno familiar es una violación del derecho del niño a su desarrollo holístico.

La Naturaleza de los Malos Tratos y la Violencia entre Pares
Jurídicamente hablando, la tortura es algo muy concreto, y se conocen casos de tortura, pero normalmente lo que hay más son malos tratos e inclemencia. Existe una especial violación que se da también en los OCAS, que duele especialmente, y es la violencia entre iguales. Es decir, hay niños y niñas que ejercen violencia contra otros niños y niñas, y el personal no tiene recursos de capacitación para poder intervenir, e incluso en ocasiones lo fomenta como un medio de contención o dominio sobre los otros niños.
Una de las cosas que más impresionó al experto durante su visita a Chile fue la conversación con una persona egresada de un centro. Su experiencia es que cuando llegó al centro, oía cómo entre los más mayores se iban repartiendo a los que entraban: “Este será para mí, este será para ti”. Él, por las noches, se embadurnaba en sus propias heces para no ser violado por otros niños. Es terrible pensar que el Estado, y con ello la sociedad chilena, acepta que esa situación se dé y no considera que son sus hijos los que están en esos centros. Los niños y niñas en centros residenciales están bajo la tutela del Estado, y por lo tanto, el Estado ejerce de padre de esos niños y niñas.
El Cierre Urgente del Cread Playa Ancha
La única solicitud urgente del abogado, tras visitar cuatro centros, fue cerrar el Cread de Playa Ancha. El mismo día de su llegada a Ginebra desde Chile, pidió al comité que solicitara, y así se acordó por unanimidad, el cierre inmediato de este centro. Lo que vio fue una estructura física que en sí misma es una violación de derechos: un centro donde había niños y niñas encerrados en pequeños recintos con llave (las llamadas casas) y que no podían salir sin la supervisión del encargado. Eso en sí mismo es peligroso. Las condiciones materiales eran deplorables: cristales rotos, duchas arrancadas en varios locales, y el tránsito entre hogares era peligroso debido a zanjas donde se podían sufrir heridas graves.
Aunque no era una prisión, es un lugar que debe ser destruido, no puede ser arreglado. Varios trabajadores pintaban paredes e intentaban arreglar la situación, pero el centro, solo por su propia estructura, debe desaparecer. La infraestructura era mala, pero el propio diseño intelectual hace imposible la rehabilitación de los niños que llegan allí, con 100 niños y niñas heterogéneos, mezclados con o sin discapacidades, y con patologías y problemas muy diferentes sin medidas especiales.
El Estado aceptó la solicitud del comité en 48 horas, porque conocía la situación, pero al parecer necesitaba que alguien se lo pidiera. Se respondió que estaba de acuerdo y se comprometía a cerrarlo en tres meses, lo que se cumplía en abril, pero no lo han cerrado. El problema es que el Comité de Derechos del Niño tiene la autoridad para realizar investigaciones y hacer recomendaciones, pero no tiene la potestad para obligar a cumplir. El experto visitó también el centro de Galvarino en Santiago, donde murió Lissette Villa. Cuando lo visitó, solo tenía veintitantos niños porque estaba en trabajos de reforma y se habían encontrado otros centros para llevar a los niños mientras se terminaban las obras. Se pregunta: ¿Y por qué no hacen lo mismo con el centro de Playa Ancha?
Es necesario buscar dónde llevar a esos niños y niñas, analizando la situación de cada uno y sacándolos de allí, porque no están bien. En cada hora de cada día, los niños que se encuentran allí ven violados sus derechos por estar en ese centro. Cuando a uno le están vulnerando sus derechos, no se puede esperar a que se desarrolle un plan piloto de acogimientos familiares en Valparaíso que se llevará a cabo en 2019. Con tres meses, considera que hubiera sido suficiente para encontrar soluciones alternativas.
El experto espera que el centro se cierre, pero subraya la importancia de que no sea un cierre en falso, es decir, que los niños y niñas que se encuentran en el centro de Playa Ancha tengan soluciones alternativas que sean respetuosas de sus derechos, ya que la dilación es una aberración.
Hacia un Cambio Estructural y Reparación Integral
Es importante comprender que no todos los NNA que han estado en el sistema durante los últimos 40 años han visto violados sus derechos. Muchos de ellos, ahora adultos, han tenido un buen trato, y hay centros con profesionales excelentes. Sin embargo, la calidad del servicio a menudo depende de la voluntad individual, muchas veces luchando contra el propio sistema. De ahí la importancia de cambiar la estructura, de cambiar todo el sistema de protección. No se pueden achacar solo a las personas que han violado los derechos los hechos dramáticos vividos durante todos estos años. Hay que darse cuenta de que es necesario cambiar toda la estructura y, en segundo lugar, que los NNA a quienes se han vulnerado sus derechos durante todos estos años tienen derecho a ser reparados, porque el Estado ha violado sus derechos y debe repararlos.
La reparación implica, en primer lugar, poder contar lo que se ha vivido. Por otro lado, tener una reparación psicológica, moral y de educación, ya que muchos de ellos ni siquiera han tenido educación porque no les daban clases dentro de la residencia o no podían ir al colegio ordinario. Pero también hay que plantearse en muchos casos una reparación económica.
Las lecciones tras 46 años del Sename y el futuro del Servicio de Reinserción
Historias de Superación y Esperanza
Una oportunidad puede cambiarlo todo: con convicción y mucho esfuerzo, Christian, joven egresado del Servicio Nacional de Menores, se encuentra trabajando de apoyo administrativo en una constructora y terminando su enseñanza media. Él cuenta: “Cuando tenía 6 años me fui a vivir con mis abuelos, ya que mis papás cayeron presos; a los 12 dejé el colegio, comencé a robar para ayudar a mi familia, a los 17 me pillaron y me enviaron a un centro del Sename”. Soledad Burgos, directora ejecutiva de la Fundación Proyecto B, explica que “con el testimonio de Christian queremos mostrarle a la sociedad que los cambios son posibles, y que gracias al gran trabajo colaborativo con Sename hemos sido capaces de que la reinserción juvenil tenga un lugar en las discusiones”.