El proceso de envejecimiento, especialmente en las personas mayores, se dinamiza por valores asociados al encuentro intergeneracional. La idea moderna de generación, entendida como un colectivo de individuos que hace la historia, ha quedado obsoleta. Aquella concepción, que entendía la generación como "grupo de edad", como una entidad constituida por un conjunto de individuos que han vivido en el mismo momento una experiencia histórica determinante e irrepetible, obteniendo de ella la propia orientación moral y el sentido de compartir un destino común, ya no es capaz de explicar la dinámica social y la complejidad de las relaciones entre las personas, colectivos y culturas (Katz, 1996; Bedmar y Montero, 2003).
La Evolución del Concepto de Generación y Envejecimiento
El patrón tiempo, y mucho menos la variable biológica, no es suficiente para caracterizar lo que es y hace una generación. En primer lugar, las generaciones implican o son relaciones sociales que se establecen entre grupos, personas y culturas. En segundo lugar, las relaciones sociales solo pueden ser comprendidas a través del tiempo que duran, pues tienen su propio tiempo y registros. En tercer lugar, las generaciones son cada vez más definidas desde y en la esfera pública, por su conducta, sus acciones, sus ideas, sentimientos y percepciones, tanto dentro como fuera de la familia. En cuarto lugar, si la apelación a lo biológico para identificar un criterio que caracterice lo generacional es ya insuficiente, es preciso hacerlo conjugar con la edad social, ello en referencia tanto a la posición en la familia como a la que se ocupa en la sociedad. Las generaciones son una combinación relacional, una matriz de eventos, expectativas, fuerzas, causas internas y externas al sistema familiar, y de hechos relacionados entre sí. Finalmente, ante la falta de contacto intergeneracional como la causa fundamental que puede explicar la imagen negativa que la sociedad tiene de las personas mayores, es oportuno destacar la importancia pedagógica del concepto de educación intergeneracional (Sáez, 2001; Noval et al. 2005; Bernad, 2008).

Dimensiones de las Relaciones Intergeneracionales
Los resultados de diferentes investigaciones sugieren hasta cinco tipologías o dimensiones en la relación intergeneracional:
- Dimensión afectiva: Existen altos niveles de afecto entre padres mayores e hijos, aunque puedan descender ligeramente con el tiempo en función de la salud de los mayores. Las interacciones familiares durante la vejez se caracterizan por la proximidad, el afecto y la satisfacción en la interacción.
- Dimensión asociativa: Se está desarrollando un tipo de familia extendida basada en la comunicación y en las relaciones más que en el hecho de vivir bajo el mismo techo, con interacciones frecuentes entre los miembros de la familia y los familiares mayores, aunque no vivan juntos.
- Dimensión funcional: La dirección de apoyo no va exclusivamente de los hijos a los padres en las actividades de la vida diaria y en el apoyo de su salud. En muchos casos, los padres son las principales fuentes de ayuda, sobre todo en el capítulo de apoyo económico y emocional.
- Dimensión normativa: Aunque las personas mayores no esperan recibir ayuda, se han encontrado niveles altos de responsabilidad filial en las familias contemporáneas. Las expectativas sobre el contacto, el afecto, el acuerdo y la ayuda entre generaciones varían de unos grupos familiares a otros.
- Dimensión de consenso: Los valores y creencias sobre temas externos a la familia no convergen con la edad de las personas. Es decisivo y concluyente que, con la edad, los hijos influyen cada vez más sobre las actitudes de los padres, de los mayores (Jerrome, 1991; García Rodríguez y Ellgring, 2004).
La Imagen Positiva del Envejecimiento
Las personas mayores, en principio, y en comparación con otros adultos más jóvenes, se comportan de manera más sana, asumen menos riesgos, son más cautelosos, más activos en la prevención de enfermedades, y afrontan mejor las consecuencias de deficiencias y problemas de salud (Jerram y Coleman, 1999). Todo ello, a pesar de que los problemas de salud y la declaración de enfermedades aumentan con los años y la salud autopercibida como buena disminuye con la edad. Las personas mayores continúan siendo competentes y eficaces, manteniendo una adecuada sensación de control y conservando una visión positiva de su autoconcepto y del desarrollo personal (Baltes, Staudinger y Lindenberger, 1999; Rojek, Shaw & Veal, 2006).
Esta imagen positiva de la adultez tardía se apoya, asimismo, en una serie de modelos que se han propuesto para explicar por qué la gran mayoría de las personas mayores afrontan razonablemente bien el envejecimiento y la vejez. Los años posteriores a los 65 ofrecen oportunidades únicas para que el individuo crezca, se desarrolle y cambie. Las personas mayores, con más recuerdos y una historia más larga, conservan la capacidad y el deseo humano de controlar el entorno y la necesidad de amar y ser amados. El modo en que cumplen sus tareas evolutivas depende en gran medida de cómo han cumplido las anteriores en etapas previas de su vida. Aunque la mayoría de las personas de la tercera edad están dispuestas a renunciar a su responsabilidad con la sociedad, muchos todavía permanecen activos e involucrados con las generaciones más jóvenes. De hecho, la creciente población de adultos jóvenes y mayores, que están sanos y vigorosos, están alargando la fase de la generatividad a la tercera edad. Esto significa que para muchas personas la tarea final de la vida, enfrentarse a la muerte, llega más tarde en su ciclo vital que para sus padres y abuelos. Y la generación es, en definitiva, una construcción.
El Envejecimiento Poblacional y sus Implicaciones
El envejecimiento poblacional constituye una de las características definitorias del siglo XXI. Se manifiesta en tres aspectos:
- El incremento de la esperanza promedio de vida al nacer.
- El aumento del número de personas de sesenta y más años.
- La disminución de la población menor de quince años.
Este hecho demográfico sin precedentes en la historia de la humanidad se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la política social, de los servicios sociales y de los servicios de salud (Ander Egg, 2010: 25). La consecuencia evidente de este fenómeno es la presencia simultánea de personas de diversas generaciones, provenientes de diferentes etnias y ancestros, cuyas relaciones se encuentran condicionadas por el contexto, la historia y la cultura. Así, la convivencia simultánea de cuatro o más generaciones constituye uno de los retos sociales del envejecimiento de la población. La prolongación de la vida hasta edades más avanzadas produce un alargamiento de las familias y permite la coexistencia de diferentes generaciones (Osuna, 2006:16). Este aumento de las familias multigeneracionales destaca la importancia de las relaciones intergeneracionales en el seno de la familia y en la sociedad en general.
Retos en Contextos Rurales
En Chile, por ejemplo, casi el 15% de la población tiene más de 60 años, y se proyecta que en 2050 esta cifra alcance el 35%. En la ruralidad, el envejecimiento adquiere particularidades interesantes. Cuando se dice "el campo se está envejeciendo", no es solo que haya mayor densidad de personas mayores en dichos sectores, sino que las unidades domésticas también empiezan a envejecer. Esto significa que coexisten mayor cantidad de generaciones mayores al interior de un grupo doméstico, lo que trae una serie de consecuencias sociales, comunitarias y del paisaje social.
Las personas mayores que viven en zonas rurales son bastante diversas, y el modelo productivo en la ruralidad ha ido cambiando. Aún existen zonas rurales tremendamente aisladas. El aislamiento, que en otros momentos de la vida se vivía con estrategias más claras de movilidad e interacción con otros grupos generacionales, ahora presenta nuevos desafíos. La actividad campesina también se ve envejecida, con una edad promedio de los productores campesinos que supera los 58 años, lo que implica una falta de relevo generacional, ya que las generaciones más jóvenes migran y las personas mayores se quedan en sus lugares de origen. Esto reduce las redes de apoyo y obliga a seguir trabajando hasta una edad muy avanzada. Sin embargo, este escenario no es necesariamente un problema, ya que las personas son cada vez más longevas y viven más años.

Desafíos y Oportunidades del Cambio Generacional
Los cambios históricos y culturales en torno a la vejez se han producido más rápidamente de lo que en ocasiones somos conscientes. La vejez en la actualidad ha evolucionado en una travesía marcada por cambios culturales significativos. Mientras algunos aspectos de la vejez contemporánea ofrecen oportunidades y ventajas, también presentan desafíos únicos que requieren atención y reflexión.
Desafíos de la Vejez Contemporánea
- Soledad digital: Con el avance acelerado de la era digital, la soledad entre los adultos mayores se ha vuelto más evidente. La brecha tecnológica puede generar un sentimiento de aislamiento, ya que la conexión personal auténtica se ve reemplazada por interacciones virtuales.
- Cambios en la estructura familiar: La independencia que una persona mayor puede tener es más valorada, lo que ha conllevado un cambio en la estructura familiar. La tradición de que los abuelos vivan con los hijos ha disminuido, lo que a veces puede resultar en sentimientos de soledad y falta de apoyo emocional, y supone exigencias importantes hacia los cuidadores no profesionales y familiares.
- Discriminación y estereotipos: La sociedad a menudo perpetúa estereotipos negativos sobre la vejez, llevando a la discriminación y al menosprecio. Este fenómeno puede afectar la autoestima y la participación activa en la sociedad por parte de los adultos mayores.
Oportunidades que Brinda el Cambio Cultural
- La jubilación como una oportunidad: La jubilación ya no se percibe como un adiós definitivo, sino como una puerta que se abre a nuevas posibilidades. Muchos adultos mayores aprovechan este tiempo para explorar sus pasiones, viajar o dedicarse a actividades que antes no tenían tiempo para disfrutar.
- Avances en medicina: Los avances médicos han permitido que las personas vivan más tiempo y con una mejor calidad de vida. La atención médica moderna ofrece soluciones innovadoras que ayudan a gestionar y tratar diversas condiciones relacionadas con la vejez, mejorando significativamente la calidad de vida.
- Independencia y autonomía: A diferencia de generaciones anteriores, la cultura actual valora la independencia de los adultos mayores. Muchos prefieren vivir de manera autónoma, contribuyendo activamente a la sociedad y participando en actividades que les apasionan, lo que supone un cambio de paradigma en muchos aspectos.
Envejecimiento Poblacional Global: Datos y Proyecciones
Todos los países se enfrentan a retos importantes para garantizar que sus sistemas de salud y de asistencia social estén preparados para afrontar este cambio demográfico.
| Aspecto | Dato / Proyección |
|---|---|
| Porcentaje de personas mayores en 2050 | 80% vivirá en países de ingresos bajos y medianos |
| Ritmo de envejecimiento | Mucho más rápido que en el pasado |
| Comparación en 2020 | Número de personas de 60 años o más superó al de niños menores de cinco años |
| Incremento de población mayor de 60 años (2015-2050) | Casi se duplicará, pasando del 12% al 22% |
| Población de 60 años o más en 2030 | 1 de cada 6 personas en el mundo (1.400 millones) |
| Población de 60 años o más en 2050 | Se habrá duplicado (2.100 millones) |
| Población de 80 años o más (2020-2050) | Se triplicará, hasta alcanzar los 426 millones |
Este cambio en la distribución de la población de los países hacia edades más avanzadas -lo que se conoce como envejecimiento de la población- empezó en los países de ingresos altos (en el Japón, por ejemplo, el 30% de la población ya tiene más de 60 años), pero los cambios más importantes se están viendo actualmente en los países de ingresos bajos y medianos. En 2050, dos tercios de la población mundial de más de 60 años vivirá en países de ingresos bajos y medianos.
Factores que Influyen en un Envejecimiento Saludable
La ampliación de la esperanza de vida ofrece oportunidades, no solo para las personas mayores y sus familias, sino también para las sociedades en su conjunto. En esos años de vida adicionales se pueden emprender nuevas actividades, como continuar los estudios, iniciar una nueva profesión o retomar antiguas aficiones. Por otro lado, las personas mayores contribuyen de muchos modos a sus familias y comunidades. No obstante, el alcance de esas oportunidades y contribuciones depende en gran medida de un factor: la salud.
La evidencia indica que la proporción de la vida que se disfruta en buena salud se ha mantenido prácticamente constante, lo que implica que los años adicionales están marcados por la mala salud. Cuando las personas pueden vivir esos años adicionales de vida con buena salud y en un entorno propicio, su capacidad para hacer lo que más valoran apenas se distingue de la que tiene una persona más joven. En cambio, si estos años adicionales están dominados por el declive de la capacidad física y mental, las implicaciones para las personas mayores y para la sociedad se vuelven más negativas.

Aunque algunas de las variaciones en la salud de las personas mayores se deben a la genética, los factores que más influyen tienen que ver con el entorno físico y social, en particular la vivienda, el vecindario y la comunidad, así como características personales como el sexo, la etnia o el nivel socioeconómico. El entorno en el que se vive durante la niñez -o incluso en la fase embrionaria-, en combinación con las características personales, tiene efectos a largo plazo sobre el envejecimiento. Los entornos físicos y sociales pueden afectar a la salud de forma directa o a través de la creación de barreras o incentivos que inciden en las oportunidades, las decisiones y los hábitos relacionados con la salud. Mantener hábitos saludables a lo largo de la vida, en particular seguir una dieta equilibrada, realizar actividad física con regularidad y abstenerse de consumir tabaco, contribuye a reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles, mejorar la capacidad física y mental y retrasar la dependencia de los cuidados.
Los entornos propicios, tanto físicos como sociales, también facilitan que las personas puedan llevar a cabo las actividades que son importantes para ellas, a pesar de la pérdida de facultades. La disponibilidad de edificios y transportes públicos seguros y accesibles, así como de lugares por los que sea fácil caminar, son ejemplos de entornos propicios. En la formulación de una respuesta de salud pública al envejecimiento, es importante tener en cuenta no solo los elementos individuales y ambientales que amortiguan las pérdidas asociadas con la vejez, sino también los que pueden reforzar la recuperación, la adaptación y el crecimiento psicosocial.
La Sinergia Intergeneracional y las Políticas Públicas
La dinámica con la que se desenvuelve la sociedad actual y la novedad en la inclusión del concepto de intergeneracionalidad demanda una aproximación que permita entender el alcance del concepto y la dinámica que debe acompañar el diálogo intergeneracional y sus implicaciones en el ámbito de las relaciones humanas.
Antecedentes Normativos y la Sociedad para Todas las Edades
Frente a la realidad del envejecimiento de la población mundial, se ha generado un movimiento en organismos internacionales orientado a la formulación de políticas que coadyuven a la convivencia entre generaciones. Estudios recientes señalan que aún no existen suficientes oportunidades de encuentro para que las personas mayores y las jóvenes puedan llevar a cabo proyectos conjuntos; por ello, las políticas sociales deben contener elementos orientados a apoyar iniciativas de fortalecimiento de las relaciones intergeneracionales de todo tipo.
La respuesta a esta demanda se enmarca en el envejecimiento activo, concepto que incluye la intergeneracionalidad como uno de sus principios básicos, lo que implica entender este concepto no solo como reducido a la interacción entre personas de generaciones extremas dentro del ciclo vital -niños y personas mayores-, sino que tiene que dar paso a un cruce de relaciones solidarias entre todas las generaciones, que permita la eliminación de barreras discriminatorias contra las personas por razón de su edad. Para ello, la solidaridad ha de asumirse fuera de la connotación asistencial que tradicionalmente la ha acompañado, para ser considerada en términos de responsabilidad social, lo que, desde un enfoque de derechos, compete a todos como deber ciudadano, entendiendo que la sociedad en su conjunto debe implicarse en la meta de envejecer con éxito.
Desde 1948, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) comenzó a destacar la importancia del papel que juega en las sociedades modernas la población mayor, aprobando mediante la resolución n.º 213, el trabajo relacionado con el proyecto de declaración de los derechos de la vejez. En 1991, publicó: Los principios a favor de las personas de edad, como medida para introducir en los programas de las naciones principios de independencia, participación, cuidados, autorrealización y dignidad, como garantía de los derechos de los mayores, lo cual, para este organismo, es posible en una sociedad para todas las edades.
En la cumbre Mundial sobre desarrollo social, celebrada en Copenhague en marzo de 1995, este lema cobró fuerza al indicar que el propósito de la integración social es la creación de una sociedad para todos, entendida como una sociedad integrada, basada en el respeto a los derechos humanos, a las libertades fundamentales, a la diversidad, en la que cada persona, en el marco de sus derechos y responsabilidades, tenga una función activa que desempeñar. En la misma línea, la segunda Asamblea Mundial sobre el envejecimiento (Madrid, 2002) adoptó el lema una sociedad para todas las edades, por considerar que reúne las dimensiones de utopía e intencionalidad política, necesarias para responder a los desafíos y oportunidades que representan el envejecimiento de la población mundial y la cada vez mayor longevidad humana.
Para la ONU, una sociedad para todas las edades es aquella que ajusta sus estructuras y funcionamiento, sus políticas y planes a las necesidades y capacidades de todos, aprovechando por tanto sus posibilidades para beneficio propio y que, en el marco de los principios de reciprocidad y equidad, permita a las generaciones efectuar inversiones recíprocas y compartir los frutos de esas inversiones.
El significado y alcance de este ideal se despliega a partir del marco de fundamentación del concepto una sociedad para todas las edades, presentado en 1995, articulado alrededor de cuatro dimensiones del envejecimiento:
- La situación de las personas de edad.
- El desarrollo permanente de las personas.
- Las relaciones multigeneracionales.
- El desarrollo y envejecimiento de la población.
Sánchez y otros (2009) concluyen, en el análisis de estas dimensiones, que para las Naciones Unidas, cuando se habla de una sociedad para todas las edades, se hace referencia a cinco aspectos:
- El envejecimiento como asunto de importancia para toda sociedad debe abordarse desde todas las políticas.
- La atención a las personas reviste atención prioritaria en el proceso de envejecimiento.
- En el marco de las necesidades de las personas de edad, los aspectos que ameritan atención son: independencia, participación, cuidados, autorrealización y dignidad.
- La atención a las personas mayores puede ser compatible con el desarrollo socioeconómico de las sociedades.
- El envejecimiento como factor de desarrollo implica interdependencia entre generaciones y, en consecuencia, hay que promover intercambios de recursos entre ellas.
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