La investigación en torno a la vulnerabilidad y desigualdad social en mujeres es un campo multifacético y crucial que aborda cómo las estructuras sociales, económicas y de género impactan la vida de las mujeres, especialmente en contextos de pobreza y migración. Este artículo explora diversas perspectivas teóricas y empíricas sobre el tema, destacando la interacción entre factores subjetivos y objetivos.

Concepción de la Vulnerabilidad
El término vulnerabilidad presenta diversas concepciones y definiciones que varían según los modelos explicativos, disciplinares o de intervención, a menudo complicándose con posiciones políticas y sociales inherentes a los distintos campos de acción social. Esta característica dificulta el uso de una única aproximación como válida, por lo que es fundamental definir el ángulo desde el cual se reflexiona o incide en la realidad de los grupos de estudio.
Perspectivas Macrosociales de la Vulnerabilidad
Autores como Busso (2005), Filgueira (2001), Kaztman y Filgueira (2006), Kaztman (1999) y Moreno Crossley (2008) han desarrollado una perspectiva macrosocial de modelos explicativos que centran su análisis en variables específicas como la pobreza, la indefensión social o los llamados activos. Una de las vertientes más exploradas en este campo es aquella que remite a contextos de pobreza y exclusión social, donde las condiciones socioeconómicas son un factor determinante.
Desde esta perspectiva, la vulnerabilidad parece ser un rasgo social dominante propio del nuevo patrón de desarrollo en los países de la región, convirtiéndose en un interesante concepto explicativo de la problemática social a fines del milenio, complementario a los enfoques tradicionales de pobreza y distribución del ingreso (Pizarro 2001, 11).
Kaztman (2000) sostiene que los procesos de desindustrialización, la reducción del Estado y la acelerada incorporación de innovaciones tecnológicas reducen la proporción de ocupaciones protegidas y estables, aumentando las disparidades de ingreso entre trabajadores de alta y baja calificación, e intensificando los problemas de desempleo y subempleo, especialmente entre estos últimos. Esto tiene como consecuencia la expansión de la brecha entre pobres y no pobres, precarizando el poder adquisitivo y afectando directamente la calidad de vida y las oportunidades de acceso al mercado de consumo.
Además, esta perspectiva considera el acceso a la educación, servicios de salud y vivienda como factores medibles en el rango de vulnerabilidad. La historia de vida y la subjetividad, incluyendo las creencias sobre las propias facultades para enfrentar la adversidad del entorno, son aspectos cruciales que influyen en esta situación específica de vulnerabilidad.
El Marco de Activos/Vulnerabilidad
Caroline Moser (1998) desarrolló el denominado Asset/Vulnerability Framework o Marco de Activos/Vulnerabilidad, que resalta cómo la debilidad o vulnerabilidad de los pobres para superar crisis sociales y económicas puede ser contrarrestada con una adecuada gestión de sus activos. Estos activos son recursos con los que los individuos, grupos o comunidades cuentan para enfrentar crisis o fenómenos adversos.
El concepto de activos, basado en la visión de capacidades de Amartya Sen, se refiere a "una amplia gama de bienes, recursos o atributos que pueden ser movilizados por las personas para mejorar su nivel de bienestar o para superar situaciones adversas. Los activos sirven a las personas para enfrentar los riesgos o, en su defecto, para adaptarse activamente a sus consecuencias" (21). Las relaciones intradomésticas también constituyen un activo, dependiendo de la estructura, composición y cohesión del hogar, lo que amplía el papel de las variables demográficas en la configuración de la vulnerabilidad social, un aspecto referencial para los estudios de género.
Desde los mismos lineamientos del modelo activos-vulnerabilidad-estructura de oportunidades (AVEO), Kaztman y Filgueira (2006) proponen que la vulnerabilidad social es el resultado de la interacción entre la estructura de oportunidades, los activos y las prácticas, comportamientos y creencias de los sujetos en el uso de esos recursos. Esta perspectiva permite considerar el riesgo contextual en los resultados de investigación.
Vulnerabilidad Social: Componentes y Experiencia
La vulnerabilidad social atiende a dos componentes explicativos: por una parte, la inseguridad e indefensión que experimentan las comunidades, familias e individuos en sus condiciones de vida a consecuencia del impacto de eventos económicos, sociales o epidemiológicos traumáticos; y por otra parte, el manejo de recursos y las estrategias que utilizan para enfrentar los efectos de ese evento (Pizarro 2001).
Arriagada (2006) ha redimensionado la pobreza como una derivación del acceso restrictivo a la propiedad, bajos ingresos, limitadas oportunidades sociales, políticas y laborales, e insuficientes logros educativos y de salud. Esto genera subjetividades ancladas al desamparo e impotencia, conformando identidades centradas en la inequidad y la falta de justicia, particularmente para las mujeres en estados de pobreza.
¿Cuál es la Relación entre Pobreza y Salud Mental?
La expresión de este fenómeno es diferente para hombres y mujeres debido a una condición naturalizada en la interacción social, articulada en representaciones sociales donde los roles masculino y femenino están claramente diferenciados y son inequitativos, derivando en una desigualdad en el ejercicio del poder y la adquisición de recursos materiales. Esto conduce a "rostros femeninos y masculinos de la pobreza", y se conjuga con un malestar de género que se traduce en una expresión específica e incluso en la forma de enfermar.
El plano emocional y la experiencia de vida son aspectos centrales en escenarios sociales y de salud. Aunque se reconocen indicadores y fenómenos complejos como la pobreza o la migración, la vulnerabilidad también puede constituirse en una dinámica de afrontamiento, generando resiliencia y la capacidad de las personas para superar momentos difíciles, minimizando o resignificando el daño causado. Esto se ha observado en investigaciones con mujeres viviendo con VIH (Flores-Palacios y Mora 2010; Flores-Palacios 2010; Flores-Palacios y Serrano Oswald 2012), donde la enfermedad, a menudo resultado de una historia de indefensión social, puede movilizar recursos desde la adversidad.
Se aboga por una cultura de derecho donde la capacidad de bienestar, y no la enfermedad, medie entre eventos estresantes y la condición de vida normal. La vulnerabilidad adquiere rostros diversos en comunidades migratorias, generando procesos de cambio y activando una noción proactiva frente a la adversidad. Cuando se reconoce esta posibilidad de transformar la vulnerabilidad, asumiendo las particularidades del riesgo contextual (condiciones socioeconómicas y psicosociales), se toma un posicionamiento político que impacta en la explicación de un fenómeno. Esta visión de vulnerabilidad conlleva una mirada de posible transformación, considerando los recursos disponibles para el cambio. Los referentes tienen impacto en la construcción de las subjetividades, por lo que el riesgo contextual varía de una historia a otra y se sitúa más en la experiencia individual que en la colectiva. Sin embargo, la experiencia de padecer una enfermedad crónica puede ser compartida en relación con la respuesta e interacción social.
En resumen, la vulnerabilidad es un proceso que integra aspectos objetivos y subjetivos según la historia y condición de las personas. No es una constante, sino un elemento latente que emerge de un contexto de interacción específico. Esta definición permite comprender las diversas dimensiones y causas de la vulnerabilidad, no solo desde la desventaja social y económica, sino también en condiciones naturales de riesgo o construidas socialmente por la complejidad actual.
Vulnerabilidad de Género: Desafíos Específicos para la Mujer
Referirse a la vulnerabilidad de género implica considerar no solo los ejes multicausales tradicionales, sino también comprender las especificidades recurrentes en la construcción del género femenino, que históricamente ha sido colocado en desventaja en relación con el masculino. A pesar de los aparentes avances en la equiparación de oportunidades sociales en algunos contextos, persisten desigualdades significativas.

La presente investigación aborda la desigualdad de género, la vulnerabilidad social de la mujer y su empoderamiento en contextos de exclusión social, particularmente en Ciudad Guzmán, Jalisco. La introducción de una nueva ideología y política de género durante el siglo XX impulsó una lucha por los derechos y garantías de las mujeres. El incremento en el acceso a la educación y una mayor inclusión de las mujeres a la fuerza laboral remunerada no agrícola desde el año 2000 son logros que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) utilizan como base para garantizar el fin de la discriminación hacia mujeres y niñas en todo el mundo.
El Concepto de Empoderamiento Femenino
Para esta investigación, el concepto de empoderamiento se aborda desde la perspectiva de la mujer, abarcando la idea de "tener una elección más amplia en la realización de su proyecto de vida", como señalan Caubergs et al. En este contexto, el empoderamiento es determinante dada la situación de vulnerabilidad a la que las mujeres están sujetas. Se trata de una vulnerabilidad social específica de las mujeres, "distinta a la de los hombres", según Quintal y Vera (2004: 201), quienes añaden que esta situación es acumulativa y varía en función de la edad, la clase social, el nivel educativo y la etnia, entre otros factores.
Kliksberg (2003: 20) señala que las mujeres que se integran al mercado laboral lo hacen "en condiciones muy desfavorables", ya que sus responsabilidades domésticas a menudo no están cubiertas y siguen recayendo íntegramente sobre ellas. Esta situación, planteada por Caubergs et al., fue evidenciada en un estudio de Flores Palacios (2014: 422 y ss) en mujeres de una comunidad migrante en Morelos.
Aguayo y Lamelas (2012) midieron el empoderamiento femenino en 20 países latinoamericanos, concluyendo que es un factor determinante para reducir las disparidades de género que dificultan el desarrollo socioeconómico. Su estudio resaltó que "los avances en la capacitación de las mujeres para el liderazgo, junto a vías que garanticen su mayor y real participación social, constituyen estrategias claves del empoderamiento femenino" (Aguayo y Lamelas, 2012: 130). Por su parte, Canaval (1999) elaboró un instrumento para medir la percepción del empoderamiento comunitario en mujeres de barrios colombianos, abarcando dimensiones como participación e influencia, liderazgo, interés comunitario y control personal. Para el desarrollo comunitario, es esencial conocer el nivel de vulnerabilidad y empoderamiento del sector femenino para determinar estrategias de desarrollo.
Programas Sociales y sus Limitaciones en el Empoderamiento
En el contexto local de Ciudad Guzmán, Jalisco, se implementa el "Programa de Asistencia Alimentaria a Sujetos Vulnerables", parte de la Estrategia Integral de Asistencia Social Alimentaria, a través del Subprograma de Ayuda Alimentaria Directa del DIF municipal. Este programa ofrece despensas y pláticas para fomentar buenos hábitos alimenticios, apoyando a personas con inseguridad alimentaria y vulnerabilidad social, priorizando a grupos de riesgo como mujeres embarazadas, en período de lactancia, con discapacidad, adultos mayores y personas vulnerables por ingresos (DIF Jalisco, 2016).
El objetivo de un estudio realizado en este contexto fue medir el nivel de empoderamiento de las mujeres vulnerables que reciben despensas y reconocer su perfil demográfico. Ochman (2015) encontró que los programas sociales en México, como "Solidaridad", "Progresa", "Oportunidades" y "Prospera", aunque promueven la independencia económica, a menudo reproducen y refuerzan los estereotipos y roles tradicionales de género, generando menos empoderamiento. Ochman detalla que estos programas "han traído ventajas, pero también costos significativos para las mujeres pobres, y su empoderamiento (...) sigue siendo una promesa no cumplida" por los tres órdenes de gobierno. Además, el diseño de estos programas "fortalece los roles tradicionales de las mujeres como cuidadoras desinteresadas de otros, al mismo tiempo que aumenta la jornada laboral y el estrés".
Hernández y García (2015: 422) subrayan que la educación es "probablemente la condición previa más importante para mejorar la posición de las mujeres, ya que la ignorancia es una de las razones para mantenerla sometida". Buedo (2015: 75-76) propone un "empoderamiento sociolaboral de género" que requeriría "introducir masivamente a las mujeres en el ámbito formativo y educativo" para balancear la inequidad laboral genérica.
Sierra (2015: 187 y ss) aborda la situación en España, donde la interrelación entre la etnia, el género, la clase social y el desconocimiento del idioma crea escenarios de vulnerabilidad para algunas mujeres inmigrantes. Los cursos de español para extranjeras, por ejemplo, generaron "mediadoras culturales" que facilitaron la comunicación de las necesidades de la comunidad migrante a las instituciones.
Resultados de Investigación en Ciudad Guzmán
Un estudio en Ciudad Guzmán, Jalisco, con una muestra de 130 mujeres que reciben despensas del DIF municipal, seleccionadas mediante muestreo aleatorio simple de un universo de 920, permitió identificar el perfil de estas mujeres y su nivel de oportunidad para el empoderamiento. Las variables analizadas fueron: nivel de vulnerabilidad sociodemográfica y escolaridad. Los grupos de mujeres en periodo de lactancia y solas o en estado de viudez representaron el 29.20% de la muestra. Destaca que el 37.70% (49 mujeres) reportaron ingresos entre 3 mil y 4 mil 500 pesos, lo que equivale a 50 salarios mínimos mensuales.
La investigación reveló una correlación negativa y significativa entre vulnerabilidad e influencias externas, satisfacción social y empoderamiento, indicando que a menor satisfacción social, menor capacidad de influir en el medio y menor empoderamiento. Las mujeres estudiadas, aunque amparadas por políticas públicas en México, presentan un nivel medio de empoderamiento.
Los resultados por dimensiones del empoderamiento indican que la participación está en un nivel medio, lo que sugiere que las estrategias de cambio deben orientarse a potenciar una mayor participación, como proponen Caicedo y Solarte-Pazos (2015). En cuanto a la independencia, las mujeres estudiadas son dependientes de su familia y de otros para tomar decisiones. La dimensión de igualdad de género también presenta un nivel medio, por lo que es preciso incidir en este tema como factor clave para la justicia y la cohesión social. Respecto a la seguridad, el nivel encontrado fue medio, lo que resalta la necesidad de visibilizar el trabajo remunerado y doméstico de estas mujeres.
En conclusión, el empoderamiento de las mujeres en condición de vulnerabilidad social en el sur de Jalisco presenta un nivel medio. Es crucial visibilizar esta problemática para incidir en el desarrollo integral de esta población, focalizando las acciones de intervención en la dimensión de "influencias externas", que se encontró como la más afectada. En muchos casos, el apoyo gubernamental dificulta el empoderamiento real de estas mujeres.
¿Cuál es la Relación entre Pobreza y Salud Mental?
Acceso al Agua y Cuádruple Discriminación de Mujeres Indígenas en Chile
La tesis de magíster en Derecho de los Recursos Naturales de Mónica Astorga G., dirigida por la Dra. Katherine Becerra Valdivia y enmarcada en el Proyecto FONDECYT No. 1123059, destaca la relación directa entre el acceso al agua y el derecho a la vida, ambos garantizados por la Constitución de Chile. Sin embargo, la autora pone de manifiesto una contradicción estructural: a pesar de que el Código de Aguas de Chile reconoce el agua como un derecho humano y un bien de uso público, permite su comercialización a través de concesiones a privados, creando un mercado del agua que no responde a las necesidades sociales, sino a intereses económicos.
Un punto clave de la investigación es la situación de las mujeres indígenas, quienes enfrentan una cuádruple discriminación. Estas mujeres, a menudo residentes en comunidades rurales y alejadas, lidian con barreras tradicionales de género, pobreza, discriminación racial y la geografía desfavorable de sus zonas de habitación. A pesar de los esfuerzos legislativos como la Ley N° 20.998 de Servicios Sanitarios Rurales (2017) y la reforma al Código de Aguas (2022), las condiciones de acceso al agua no han mejorado sustancialmente. Los sistemas de gestión comunitaria carecen de recursos e infraestructura adecuados para garantizar un acceso sostenible al agua potable.

Astorga propone dos soluciones concretas: un aumento de los fondos públicos para fortalecer los sistemas de agua rural gestionados por organizaciones locales (comités y cooperativas de agua potable) y la creación de un sistema normativo intercultural que reconozca y proteja los derechos de las comunidades indígenas desde sus cosmovisiones y su relación con los recursos naturales.
La investigación subraya cómo el acceso desigual al agua impacta directamente la calidad de vida de las mujeres indígenas en zonas rurales, limitando su autonomía, oportunidades económicas y bienestar físico y emocional. Además de problemas de salud derivados de la escasez de agua potable, estas mujeres enfrentan una exclusión social que las coloca en una situación de vulnerabilidad extrema.
La tesis concluye que el Estado chileno no cumple con su obligación de proteger los derechos fundamentales, especialmente el derecho a la vida y su vínculo con el acceso al agua. Aunque el derecho al agua no está consagrado constitucionalmente, sino a nivel legal, la autora sostiene que, al ser un requisito esencial para la vida, el Estado incumple su deber constitucional al no garantizar un acceso adecuado y equitativo. Astorga utilizó una metodología socio-jurídica, combinando un análisis dogmático de la normativa vigente con un enfoque empírico que incluye estadísticas descriptivas y etnografía.
La Igualdad de Género como Fundamento del Desarrollo Sostenible
La igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Las mujeres y niñas constituyen la mitad de la población mundial y, por tanto, también la mitad de su potencial. Sin embargo, persisten enormes obstáculos como la violencia y explotación sexuales, el reparto desigual del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, y la discriminación en los cargos públicos.

Aunque ha habido avances gracias a los compromisos internacionales, como la disminución de casos de matrimonio infantil y mutilación genital femenina, y una mayor representación de la mujer en la política, la promesa de un mundo con plena igualdad de género y eliminación de barreras jurídicas, sociales y económicas aún no se cumple. Casi la mitad de las mujeres casadas en el mundo no tienen poder de decisión sobre su salud y derechos sexuales y reproductivos. Además, el 35% de las mujeres entre 15 y 49 años han sido víctimas de violencia física o sexual.
Es necesario un liderazgo político, inversiones y reformas políticas integrales para desmantelar las barreras sistémicas que impiden alcanzar el Objetivo 5 de los ODS. Alrededor de 2400 millones de mujeres en edad laboral no tienen las mismas oportunidades económicas, y 178 países mantienen barreras jurídicas que impiden su plena participación económica. En 2019, una de cada cinco mujeres de 20 a 24 años se casó antes de los 18 años.
Emprendimiento Femenino en América Latina y el Caribe
El emprendimiento de las mujeres en América Latina y el Caribe (ALC), motivado por necesidad, presenta altas tasas de actividad y es impulsado desde la política pública como vía para superar la pobreza. Sin embargo, la producción académica es escasa y a menudo presenta sesgos de género. En contextos de subsistencia, surgen interrogantes sobre las ventajas reales que ofrece el emprendimiento a las mujeres.

Una tesis reciente indaga sobre la actividad emprendedora de las mujeres, considerando las características de su contexto desde una perspectiva de género. El estudio conecta un enfoque microsocial (factores de percepción de las propias emprendedoras) con un enfoque macrosocial (condicionantes contextuales de la región como economía emergente). Las conclusiones responden a vacíos existentes en la literatura, como el rol del empoderamiento en el emprendimiento femenino, y articulan ambos enfoques a través de esta mirada de género que los conecta.
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