Un desafío clave del diseño urbano es reconfigurar y adaptar nuestro entorno construido a las necesidades de una población que está envejeciendo rápidamente. El cómo diseñamos los entornos construidos -desde los barrios hasta la vivienda- es fundamental para promover un “envejecimiento saludable”, pudiendo determinar los niveles de autonomía y dignidad de las personas en la vejez (Garin et al., 2014).
El Envejecimiento Poblacional y la Vulnerabilidad en Chile
La Organización de los Estados Americanos (OEA, 2015) define a las personas mayores como aquellas de 60 años o más. No obstante, las personas mayores son un grupo muy diverso. En Chile, se prevé que en treinta años, alrededor de un tercio de la población estará compuesta por personas mayores. En este contexto, Chile ha suscrito una serie de acuerdos que velan por los derechos, la dignidad y el bienestar de las personas mayores (Organización de las Naciones Unidas [ONU], 2002; Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2022).
Sin embargo, las personas mayores en Chile padecen una serie de vulnerabilidades (Adams, 2012; Abusleme y Caballero, 2014). Según la Subsecretaría de Evaluación Social (2020), en Chile actualmente casi un cuarto de las personas mayores (22%) sufre de pobreza multidimensional.

Diseño del Entorno Construido y las Necesidades de las Personas Mayores
Las prácticas cotidianas de las personas mayores ocurren en interacción con su entorno construido. No obstante, las viviendas y los entornos residenciales no han sido diseñados teniendo en consideración las necesidades y capacidades de las personas en la vejez. El cuerpo de una misma persona es distinto cuando es niño/a, adulto/a o persona mayor ya que sus “dimensiones y habilidades varían en diferentes etapas y esto hace que las personas se relacionen con su hábitat residencial de manera distinta en los diferentes períodos de la vida” (Gaete-Reyes, 2017, p. 281).
Muchas personas mayores, en especial de avanzada edad, padecen de alguna limitación de movilidad u otros problemas físicos, cognitivos o mentales. Los mayores de 65 años, por ejemplo, son quienes sufren más caídas con consecuencias fatales, y son muy sensibles a cambios de nivel y pavimentos en mal estado. En el contexto de envejecimiento poblacional, se deben crear entornos más adaptados a las personas mayores, que acojan la capacidad funcional de las personas en la vejez, y que promuevan sus prácticas cotidianas, participación social, seguridad y salud (OMS, 2019).
Así, en las últimas dos décadas se han formulado numerosas iniciativas para promover un envejecimiento “activo” y “saludable” en barrios y viviendas inclusivas que respondan a las necesidades de las personas mayores.
Investigaciones sobre Entornos Construidos y Vejez
En general, las investigaciones sobre entornos construidos y vejez tienden a enfocarse en la accesibilidad de los hogares (Wahl et al., 2009; Gaete-Reyes, 2017), así como en el espacio público barrial, donde se analiza de qué manera el entorno construido afecta la movilidad de las personas mayores, especialmente la caminata (Graham et al., 2018; Vecchio et al., 2020; Herrmann-Lunecke et al., 2022). De igual forma, se ha destacado la relevancia que tiene la calle y lo público para el cuidado y la participación de las personas mayores en la sociedad (Osorio-Parraguez et al., 2019; Anigstein et al., 2021).
Los conjuntos de vivienda colectiva se componen de una serie de unidades habitacionales articuladas por espacios comunes. Éstos son de toda la comunidad y pueden ser pasillos, escaleras, ascensores, salas comunes, patios y jardines, entre otros, y son particularmente relevantes para las personas mayores que tienden a pasar más tiempo en sus hogares y entornos residenciales (Yuen, 2019).
Investigaciones recientes sobre espacios comunes de vivienda colectiva destacan su importancia para el encuentro de la comunidad (Chiarito, 2014; Franco, 2017; Franco, 2022). Son considerados espacios de transición entre el ámbito público y el privado (Schlack, 2007), espacios intermedios capaces de albergar actividades sociales (Montoro, 2012) y espacios que ponen en relación la escala de lo íntimo con lo comunitario y lo urbano, en diferentes gradientes de transición (Franco, 2017). Los espacios comunes constituyen lugares que son clave para la salud, la sociabilidad y la integración de las personas mayores (Henríquez, 2019), pudiendo acoger diversas prácticas cotidianas, por ejemplo, de actividad física (caminata, acondicionamiento físico), sociabilización (conversación con vecinos/as), descanso (sentarse), y cuidado (juego con niños/as), entre otras.
Sin embargo, las investigaciones existentes han tendido a enfocarse en espacios comunes de lugares dedicados exclusivamente a personas mayores como son las residencias de adultos mayores (Andersson et al., 2014; Jansson, 2020).

Análisis Normativo e Indicativo en Chile sobre Espacios Comunes de Vivienda Colectiva
La presente investigación tiene como objetivo analizar en qué medida los instrumentos normativos e indicativos en Chile consideran a las personas mayores en el diseño de los espacios comunes de vivienda colectiva.
Metodología del Estudio
Para el análisis, se importaron los documentos al software de análisis de datos cualitativos atlas.ti (versión 8.0) y se identificaron fragmentos que contuvieran referencias a: i) personas mayores, ii) espacios comunes de vivienda colectiva, iii) espacios comunes amigables para personas mayores en vivienda colectiva, y iv) prácticas cotidianas de personas mayores en espacios comunes de vivienda colectiva. Luego, a los fragmentos se le asignaron códigos, los que fueron agrupados en categorías formando una estructura de “árbol”. El análisis, similar al empleado en otros trabajos (Herrmann-Lunecke et al., 2021), siguió un enfoque orientado al descubrimiento (Fossey et al., 2002) y fue refinado en reuniones entre miembros del equipo de investigación. Se identificaron códigos y categorías para el año 2024.
Terminología y Lenguaje en la Normativa Chilena
Los diferentes documentos analizados denominan de múltiples formas a las personas mayores, siendo las más frecuentes “personas mayores” (118 menciones), “personas de edad” (105 menciones) y “adultos mayores” (53 menciones). Las primeras dos acepciones se encuentran principalmente en tratados y convenciones internacionales firmados por Chile que abordan el envejecimiento poblacional como un asunto de política pública (e.g., Convención Interamericana de Derechos de las Personas Mayores, Ministerio de Relaciones Exteriores, 2017; Carta de Santiago, CEPAL, 2022).
Estas denominaciones también están presentes en documentos nacionales indicativos que comúnmente citan y se ajustan a los lineamientos que entregan los tratados y convenciones. La denominación de “adulto mayor”, por otro lado, se utiliza en documentos que se han desarrollado por el Servicio Nacional para el Adulto Mayor (SENAMA), tanto normativos (MISEGPRES, 2002) como indicativos (SENAMA, 2021). Los documentos analizados en esta investigación evidencian una transición desde un lenguaje aún “edadista” a uno que reconoce a las personas mayores como sujetos de derecho.
Regulación de los Espacios Comunes en Chile
En Chile no existen documentos de carácter vinculante o indicativo que regulen en detalle las características físicas y los usos de los espacios comunes de la vivienda colectiva. Los espacios comunes son normados de manera muy general por la Ley General de Urbanismo y Construcciones (MINVU, 1976) y la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (MINVU, 1992) que regulan las construcciones, y por la Nueva Ley de Copropiedad Inmobiliaria (MINVU, 2022) que norma la convivencia de un grupo de personas que viven en comunidad y comparten el dominio sobre un inmueble (copropiedad).
Según la Ley de Copropiedad Inmobiliaria (MINVU, 2022, p.), los espacios comunes incluyen:
- El terreno en que se emplazan las edificaciones, circulaciones o áreas verdes.
- Los elementos constructivos estructurales horizontales y verticales, como muros, fachadas, losas y techumbres.
- Las redes e instalaciones de servicios básicos.
- Los bienes destinados al servicio, recreación y esparcimiento.
- Los bienes necesarios para el desempeño de funciones por parte del personal contratado, entre otros.
En tanto, la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones (MINVU, 1992), hace referencia a los espacios comunes de manera general y de múltiples formas, destacando las siguientes tres acepciones: espacios (de uso común o de uso público), áreas o zonas (de uso común y externas susceptibles de ser ocupadas por personas) y recintos (de uso público, de uso común o de atención al público). La normativa le asigna también a los espacios comunes funciones genéricas, incluyendo la circulación, esparcimiento, recreación y servicios. Respecto a sus características, los documentos normativos indican que los espacios comunes deberían ser accesibles, seguros, adaptados, cómodos, utilizables y comprensibles.

El Requerimiento de Accesibilidad Universal y la Ruta Accesible
En la práctica, en los instrumentos de carácter normativo el principal requerimiento de diseño de los espacios comunes de vivienda colectiva se refiere a la accesibilidad para personas con discapacidad o movilidad reducida (86 menciones). La ruta accesible se define como un espacio libre y continuo, destinado a la circulación de personas en una vereda, en el espacio público, o al interior de una edificación; libre de obstáculos, gradas u otro tipo de barreras que dificulten el desplazamiento y la percepción del mismo, apto para el desplazamiento seguro de todas las personas (MINVU, 1992, p.).
La ruta accesible aparece por primera vez en el año 2016 (MINVU, 2016), y se establece como un volumen vacío de 2,1 m de altura por aproximadamente 1,2-1,5 m de ancho, de longitud y de pendiente variable. Este concepto define al menos tres aspectos claves de los espacios comunes:
- Precisa las dimensiones mínimas (ancho y altura mínima) de las circulaciones.
- Establece los desniveles posibles de aquellas circulaciones y las maneras en que se resuelven (rampas entre 8% y 12% de pendiente, según la longitud de la rampa).
- Define las formas en que las unidades de vivienda y los espacios comunes se conectan entre sí (e.g., pasillos) y con el exterior (e.g., accesos).
Por otra parte, los espacios comunes exteriores, ya sea la ruta accesible o espacios que se conectan a ella, tienden a seguir los principios de diseño que norman a los espacios públicos, que están orientados principalmente al movimiento. En ese sentido, y coincidiendo con los hallazgos de Herrmann-Lunecke et al. (2021), el cuerpo de instrumentos vinculantes privilegia el movimiento por sobre actividades que implican permanencia y en consecuencia, describe como obstáculos elementos verticales o mobiliario que podrían enriquecer la experiencia y el confort de las personas que ocupan los espacios comunes. Los árboles, por ejemplo, son mencionados cuando se detalla la distancia que los debe separar de la ruta accesible y la disposición de alcorques y platos de riego, con el propósito de mantener el espacio de circulación libre.

Escasa Consideración de las Personas Mayores en la Normativa
Los instrumentos normativos tienen numerosas referencias a personas con discapacidad (51 menciones) o con movilidad reducida (10 menciones), lo que coincide con la relevancia que se le otorga a la accesibilidad universal en el diseño de los espacios comunes. Por el contrario, las referencias a personas mayores como usuarios de los espacios comunes son muy escasas en los instrumentos normativos. Sólo en un fragmento se menciona a los adultos mayores al detallar un acceso adecuado hacia los estacionamientos de ciclos de las viviendas colectivas (MINVU, 1992). Otros grupos vulnerables siguen patrones similares y son raramente mencionados en los documentos normativos; los/as niños/as son mencionados en el mismo fragmento que referencia a las personas mayores respecto a los estacionamientos de ciclos.
Eventuales prácticas cotidianas que pueden ocurrir en los espacios comunes son rara vez mencionadas en los instrumentos normativos y reglamentos que se enfocan más bien en las prohibiciones de ciertas conductas. Así, el Reglamento de Copropiedad (MINVU, 2023), que establece el conjunto de derechos y obligaciones que tienen los ocupantes de las viviendas colectivas, indica que son prácticas prohibidas aquellas que causan ruido o son molestas, modifican o dañan bienes comunes, implican contaminar el conjunto (e.g., acumular basura, fecas de perro) o vender o consumir sustancias ilícitas. Las únicas prácticas protegidas/permitidas indirectamente son aquellas asociadas a la tenencia y cuidado de mascotas o animales de compañía que están protegidos por ley (MINVU, 2023). Actividades como hacer deporte, cuidar a alguien o encontrarse entre vecinos no son mencionados en los instrumentos normativos.
El análisis muestra que la convivencia en los espacios comunes de la vivienda colectiva se concibe en los instrumentos normativos desde una perspectiva individual y desde la prohibición.
Avances en la Concepción de Espacios Comunes desde Instrumentos Indicativos
Este cuerpo de instrumentos analizado muestra que existen avances sobre la concepción de los espacios comunes de la vivienda y el rol que se les asigna para la vida de las personas mayores. De esta forma, para la denominación de los espacios comunes, se utilizan de forma frecuente las palabras espacio y entorno, asociando a estos lugares los adjetivos: colectivo, intermedios, exteriores y comunes.
El conjunto de instrumentos analizados reconoce a los espacios comunes como “mediadores” entre lo público y lo privado (Schlack, 2007; Franco, 2017) y parte del entorno cercano que es clave para las personas mayores, en la medida en que en la vejez se pasa más tiempo en el hogar y los espacios que se encuentran en sus inmediaciones (Yuen, 2019). El entorno inmediato es uno de los aspectos que influye en el nivel de satisfacción que entrega la vivienda, ya que es demandado por el adulto mayor para la realización de actividades recreativas y de sociabilización (MINVU, 2006, p.).
La accesibilidad universal sigue siendo relevante en la forma en que este grupo de documentos concibe los espacios comunes. Así, el concepto de ruta accesible se encuentra presente literalmente en documentos recientes (MINVU, 2021), pero también de forma implícita en documentos más antiguos (MINVU, 2006). La gran mayoría de los elementos normados y las definiciones que se hacen sobre características y dimensiones coinciden con los que se definen para la ruta accesible.
Investigaciones Recientes y Propuestas para el Diseño de Viviendas Colectivas
La Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño UDP se adjudicó un Fondecyt de Iniciación por parte la académica Luz María Vergara con su proyecto titulado “Envejecer en comunidad: relación entre el entorno construido y el entorno social en viviendas colectivas para personas mayores autovalentes en Chile” (Folio: 11250701). La investigación se enmarca en el contexto de la transición demográfica que enfrenta Chile y otros países, caracterizada por el aumento progresivo de la población mayor.
Este fenómeno plantea nuevas exigencias en la planificación y diseño de entornos habitables que respondan a las necesidades y aspiraciones de las personas mayores, considerando las diversas etapas de envejecimiento. En Chile, las políticas públicas han avanzado con iniciativas como los Condominios de Vivienda Tutelada (CVT), destinados a personas mayores autovalentes en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, persisten importantes vacíos en cuanto a la oferta de viviendas colectivas especializadas y el diseño de espacios que faciliten la interacción social y la cohesión comunitaria.
El objetivo de esta investigación es generar conocimiento que permita cerrar las brechas existentes en el diseño arquitectónico de viviendas colectivas para personas mayores. Se espera que los hallazgos contribuyan al desarrollo de tipologías habitacionales innovadoras, adaptadas a las particularidades del envejecimiento en el contexto chileno.
El artículo problematiza en la necesidad de estándares de diseño y pautas arquitectónicas para adaptaciones de viviendas de personas mayores con y sin discapacidad para disminuir riesgos en las actividades diarias en sus viviendas. Para esto se utiliza el Modelo Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF) identificando los problemas de funcionalidad y discapacidades que afectan en las actividades domésticas de personas mayores. El objetivo es proponer criterios de diseño que mejoren la calidad de vida de la población mayor al facilitar las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria al interior de sus viviendas.
Panorama Socioeconómico y Geográfico de las Personas Mayores en Chile
El 82% de las personas mayores vive en territorios urbanos y el 18% en zonas rurales. A su vez, las personas mayores se concentran en focos urbanos bien delimitados. Las comunas de Chile con mayor presencia de adultos mayores son Maipú, La Florida, Viña del Mar, Puente Alto, Valparaíso, Antofagasta, Temuco, Las Condes, Talca, San Bernardo y Rancagua, todas poseen sobre 20 mil habitantes adultos mayores.
En ese sentido, el estudio destaca que la oferta municipal en beneficio del adulto mayor es variada y consistente con su situación; de hecho, el 78,7% de las personas mayores declara no haber sentido nunca un trato injusto por parte de un servicio público o municipio. A nivel socioeconómico, se desprende que el 79% de las personas mayores están inactivos (laboralmente). El 20% está ocupado. Por otro lado, el promedio de ingresos en donde existe al menos una persona mayor es de $190.379.
Es importante señalar que las autoridades municipales se han destacado en trabajar por una sociedad que incluya a las personas mayores. En las comunas del país es visible una cultura de trabajo donde el envejecimiento es algo positivo, bien abordado.