El Servicio Nacional de Menores (SENAME) en Chile ha sido históricamente un organismo gubernamental centralizado, funcionando como colaborador del sistema judicial y dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos. Fundado en 1979, su labor inicial se centró en dos áreas principales: la atención a adolescentes en conflicto con la ley y la protección de niños y niñas vulnerados en sus derechos. Sin embargo, a partir del 1 de octubre de 2021, se produjo una reestructuración significativa. El SENAME actual se enfoca exclusivamente en las áreas de justicia y reinserción juvenil, atendiendo a adolescentes y jóvenes de entre 14 y 17 años que han estado en conflicto con la ley.
El área de restitución de derechos, por su parte, pasó a formar parte del nuevo Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Este cambio marcó un giro hacia la intervención y restitución de derechos, alejándose de una perspectiva puramente judicializadora.

Preparación para la Vida Independiente y la Perspectiva del Curso de Vida
Según los protocolos del Departamento de Protección y Restitución de Derechos del SENAME (2016), los organismos colaboradores acreditados a cargo de centros residenciales tienen la responsabilidad de identificar tempranamente a los adolescentes, a partir de los 14 años, que proyectan un egreso hacia la vida independiente. Esto exige el desarrollo de un plan de intervención enfocado en su preparación para una vida emancipada. Este proceso implica la transición de la adolescencia a la adultez, pasando de una vida protegida a una de autovalencia y autocuidado en las esferas biológica, social y psicológica.
En la relación de estas esferas, el concepto de interdependencia es fundamental desde la perspectiva del curso de vida. Alude a la interrelación entre las distintas esferas y trayectorias vitales (Elder et al., 2003), lo que significa que los cambios en una esfera pueden desencadenar modificaciones en las otras. Otro supuesto clave es que el curso de vida tiene "memoria", y los eventos de la infancia o adolescencia se reflejan en la adultez o vejez.
Esta perspectiva es coherente con investigaciones previas, como la realizada en 2005 sobre la primera infancia institucionalizada, donde se observó que el 50% de los casos analizados presentaba un apego de riesgo extremadamente evitante, caracterizado por una menor capacidad para establecer relaciones sociales sanas y duraderas (Lecannelier, 2015, citado en Colombres-Sopaga, 2016).
La perspectiva del curso de vida también considera la influencia del momento sociohistórico en la ocurrencia y temporalidad de los acontecimientos (Mayer, 2004). Una historia vital se construye a partir de las experiencias pasadas, y estas traerán consigo rezagos u oportunidades en función de las vivencias previas (Mayer, 2004).
Desafíos del Egreso y la Transición a la Vida Adulta
El egreso y el paso a la autonomía representan un hito crucial en la vida de un adolescente institucionalizado. Este proceso requiere un esfuerzo conjunto de todo el equipo de la residencia. Para que la salida y el inicio de una nueva etapa como adulto independiente sea positiva, es fundamental contar con condiciones sociales y materiales sustentables que garanticen su bienestar (SENAME, 2016).
Rodríguez et al. (2018) señalan que el proceso de egreso y transición a la vida adulta es un tema poco conocido, dado que el Estado cesa sus tutelas obligatorias al cumplir los 18 años. Se asume que a esta edad los jóvenes han desarrollado las habilidades necesarias para la vida independiente y deberían ser capaces de participar activamente en la sociedad. Sin embargo, Álvarez-Chuart (2012) indica que la edad de egreso del sistema de protección de menores oscila entre los 13,5 y 17,5 años, lo que sugiere que la edad por sí sola no es un indicador directo de competencias y habilidades para la vida independiente.
Pertenecer a una residencia o institución que aborda vulneraciones de derechos no es sencillo, ya que la carga emocional para quienes pasan por estos lugares va más allá del abandono parental. Goffman (2006) destaca que los usuarios de estas residencias pueden ser estigmatizados por la sociedad, portando un atributo desacreditador que limita sus oportunidades vitales. En Chile, la categoría de "niño/a SENAME" puede generar este estigma, afectando la construcción de la identidad y la disposición a compartir esta parte de la historia personal.
Las experiencias vitales de una persona determinan en gran medida su presente, identidad, personalidad, estilo de vida e intereses. Según un estudio de Díaz-Prieto y García-Sánchez (2019), los adultos con menor calidad de vida experimentan más emociones negativas derivadas de sus vivencias, con mayores efectos a corto y medio plazo.
Un estudio reciente de Acosta y Aliaga (2020) entrevistó a jóvenes egresados del SENAME, concluyendo que la indefensión que sienten al cumplir la mayoría de edad puede interpretarse como una respuesta a la falta de atención estatal. Estos jóvenes a menudo carecen de apoyo institucional o civil, se ven expuestos a situaciones violentas y las posibles ayudas son limitadas e insuficientes. Al llegar a los 18 años, muchos se enfrentan a la falta de vivienda, oportunidades de estudio superior y redes de apoyo social reducidas.
Joven egresado del Sename Los Ríos recibió su título profesional
Metodología de Investigación sobre Experiencias Post-Egreso
El estudio presentado utiliza una muestra por conveniencia (Bertaux, 2005) y una estrategia de recolección de datos mediante muestreo bola de nieve. Dada la dificultad de acceso a una muestra representativa de casos tan específicos, el contacto y la selección de participantes fueron complejos. Las experiencias vitales estigmatizadas y la tendencia a ser tratadas con categorías lastimosas llevan a que muchas personas se nieguen a participar por temor a la exposición (Mallimaci y Giménez-Béliveau, 2006).
Las historias recopiladas pertenecen a tres sujetos mayores de 18 años que accedieron a dialogar sobre sus trayectorias vitales dentro de las residencias del SENAME y su trayectoria ocupacional posterior al egreso. Los criterios de inclusión fueron: ser mayor de 18 años, haber residido en el SENAME por un mínimo de 3 años y haber egresado hace al menos 1 año.
La información se recolectó a través de entrevistas semiestructuradas (Flick, 2015), enfocándose en las categorías de trabajo, educación y contexto familiar durante la estadía en la residencia y después del egreso, conectando las valoraciones de esa experiencia con su momento ocupacional actual.
El estudio fue aprobado por el Comité de Ética Científico de la Macrozona Centro Sur de la Universidad Santo Tomás, sede Concepción. Se obtuvo consentimiento informado, y las entrevistas fueron grabadas y transcritas bajo criterios de confidencialidad. En cuanto a la transferibilidad, se describe el contexto y los casos de estudio para posibilitar la replicación de la investigación en otros entornos (Noreña et al., 2012).

Resultados: Experiencias Vitales, Familia, Educación y Trabajo
Los resultados de la investigación se estructuran en dos focos. El primero presenta las experiencias y categorías principales expresadas por los informantes, permitiendo una comparación entre sus trayectorias vitales y los sucesos vividos.
Ingreso a la Residencia
Las razones del ingreso a las residencias son similares en todos los casos, marcadas por la vulnerabilidad social. Las familias de los menores, en el momento del ingreso, carecían de las competencias o recursos económicos necesarios para su cuidado. Los relatos incluyen ingresos a edades tempranas, a veces por situaciones como la reclusión de un padre o la institucionalización previa de hermanos.
Condiciones de las Residencias
Las percepciones sobre las condiciones de las residencias varían. Algunas experiencias describen espacios con áreas de juego y entretenimiento, funcionando como refugio familiar y de amistad. Otras, sin embargo, relatan condiciones deficientes, incluyendo problemas de alimentación y riesgos sanitarios. Se menciona la negligencia estatal en casos donde las familias recibían pagos por el cuidado de los menores pero no cumplían adecuadamente.
La entrada a un sistema cerrado con compañeros de la misma edad, pero con diversas problemáticas, se describe como un desafío. La necesidad de "encontrar un espacio" en un entorno potencialmente agresivo es un tema recurrente, especialmente para quienes se sentían indefensos.

Educación Post-Egreso
Un hallazgo positivo es que, tras el egreso, todos los entrevistados lograron cursar educación superior. Las motivaciones para ello incluyeron el deseo de superación personal, de dejar atrás la etiqueta de "niño/a vulnerado/a" o de escapar de su entorno anterior para proyectarse hacia una vida independiente.
Se relatan dificultades específicas, como la dislexia, que requirieron apoyo especializado para el aprendizaje de la lectura. La falta de apoyo educativo en algunos casos generó dudas sobre cómo se logró avanzar en el proceso académico.
Influencia del SENAME en la Concepción de Familia
La influencia del SENAME en la concepción de familia se manifiesta en aspectos valóricos, emocionales y comunicacionales, observándose dos focos: duelo y aceptación. El duelo se presenta en las etapas iniciales del ingreso, con sentimientos de abandono y culpa al separarse de la familia. Posteriormente, surge un proceso de aceptación, valorando el espacio, los profesionales y compañeros.
Las definiciones de familia varían, priorizando el componente emocional y el bienestar. Se incluyen como familia a personas significativas del entorno, e incluso a compañeras de hogar, trascendiendo el modelo tradicional y valorando la familia elegida y el sentirse pleno.
Influencia del SENAME en la Educación
La influencia del SENAME en el ámbito educativo se percibe como positiva. En general, se considera que el área educativa es fundamental. Algunos entrevistados creen que su vida habría sido distinta y negativa de no haber pasado por el sistema. Los profesionales de las residencias son vistos como un aporte para las niñas que requerían apoyo. No obstante, se señala la falta de apoyo en algunos procesos educativos.
Influencia del SENAME en el Trabajo
Respecto al trabajo, se evidencia que el SENAME no prepara adecuadamente a los jóvenes para la vida laboral. Al egresar, muchos presentan desconocimiento e inseguridades sobre sus capacidades y herramientas. Existe poco control sobre sus competencias laborales, lo que genera desconfianza en su desempeño y en la colaboración con otros.

Terapia Ocupacional y la Intervención a través del Juego
Desde la perspectiva de la Terapia Ocupacional y Ciencia de la Ocupación, la participación en ocupaciones es esencial para adquirir y fortalecer destrezas y habilidades para la vida. El juego, en particular durante la niñez y adolescencia, es fundamental para el desarrollo integral.
El objetivo de un estudio en este ámbito es identificar la importancia de las ocupaciones significativas, como el juego, y su incorporación como herramienta de intervención en los programas ambulatorios del SENAME. La metodología empleada consistió en la revisión y análisis descriptivo de documentos de orientaciones técnicas utilizados en dichos programas.
Los resultados de este análisis indican que, en la mayoría de las directrices revisadas, el juego o las actividades recreativas no son considerados como una estrategia de intervención terapéutica para niños, niñas y adolescentes en el contexto del SENAME.
Rol y Competencias de Terapeutas Ocupacionales
Los terapeutas ocupacionales desempeñan un papel crucial en la rehabilitación y apoyo a los jóvenes en el sistema de protección. Sus funciones y competencias incluyen:
Funciones Principales:
- Elaboración y evaluación de programas de tratamiento de rehabilitación con objetivos individualizados.
- Entrenamiento y reeducación en el uso de habilidades básicas e instrumentales para la vida diaria.
- Confección, prescripción y operacionalización de apoyos técnicos, entrenamiento del joven y asesoría a equipos de intervención directa.
- Formulación de indicaciones para otros programas de la oferta socioeducativa, estableciendo indicadores de riesgo, avance y logro.
Competencias Clave:
Si bien el texto proporcionado no detalla explícitamente las competencias de los terapeutas ocupacionales en este contexto, se infiere que estas estarían alineadas con las funciones mencionadas, abarcando la evaluación de necesidades, el diseño e implementación de intervenciones centradas en la ocupación, y la promoción de la autonomía y participación social de los jóvenes. Las competencias genéricas en terapia ocupacional suelen incluir:
- Evaluación integral de las capacidades y desafíos ocupacionales.
- Diseño e implementación de planes de intervención terapéutica.
- Adaptación del entorno y de las actividades para facilitar la participación.
- Desarrollo de habilidades para la vida diaria y la independencia.
- Promoción de la salud mental y el bienestar emocional.
- Colaboración con equipos multidisciplinarios y redes de apoyo.
- Educación a jóvenes, familias y cuidadores.
- Gestión de casos y coordinación de servicios.
- Investigación y aplicación de evidencia científica.
- Habilidades de comunicación y relación interpersonal.
- Promoción de la autodeterminación y la autogestión.
- Abogacía por los derechos de los usuarios.
La ausencia del juego como estrategia de intervención terapéutica en los programas ambulatorios del SENAME, según el análisis de los documentos, resalta la necesidad de integrar enfoques más holísticos y basados en la ocupación, donde el juego pueda ser reconocido como una herramienta valiosa para el desarrollo y la recuperación de los niños, niñas y adolescentes bajo su protección.
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