Aportes de Docentes de Educación Básica en Escuelas Vulnerables

La educación, especialmente en la primera infancia (0 a 6 años), es un pilar fundamental en la formación de los niños, con un impacto directo en su desarrollo cognitivo y socioemocional. La investigación científica ha demostrado que los primeros seis años de vida son cruciales para adquirir las herramientas necesarias para enfrentar la vida escolar y el desempeño futuro. En este sentido, la formación de los estudiantes de Educación Parvularia es esencial.

Contribuir a la educación de los niños más vulnerables es un eje central en la Escuela de Educación de Párvulos de una universidad privada, la cual se materializa a través de diversas iniciativas. Las prácticas se realizan en establecimientos educacionales de la Red de Centros de Prácticas de la Facultad de Educación, que, entre otros requisitos, deben contar con estudiantes en condiciones de vulnerabilidad. Los educadores se han vinculado a organizaciones, sociedades científicas y asociaciones para mantenerse actualizados en temas de primera infancia.

Investigadores como María Francisca Valenzuela y Pelusa Orellana han participado en iniciativas relacionadas con políticas públicas, incluyendo la preparación de material de capacitación para educadoras en Chile, por encargo de la Subsecretaría de Educación Parvularia. Los investigadores también abordan temas como la medición y mejora de las interacciones educadora-niño/a, las dinámicas educadora-niño/a y el desarrollo socioemocional, la evaluación de habilidades de autorregulación en niños de 3 y 4 años en contexto de pandemia, y la promoción de la autorregulación y su impacto en el rendimiento y desarrollo matemático en niños de 4 a 5 años, entre otros.

La Educación como Motor de Desarrollo y Equidad

El desarrollo humano actual implica el acceso a la educación, servicios de salud, vivienda, empleo y alimentación, entre otros elementos. En la comprensión del proceso de desarrollo, es fundamental considerar la cooperación y la difusión de las libertades y capacidades. Las capacidades humanas se relacionan con la autonomía de las personas, permitiéndoles desarrollar confianza para actuar y participar en la cultura y sociedad de la que forman parte. El bienestar de una persona depende de los funcionamientos que alcance, desde los básicos, como tener alimentos y buena salud, hasta los más complejos, como la autoestima, la autonomía, la identidad y la intervención en la vida comunitaria, aspectos que son desarrollados en el proceso educacional.

Esto no se logra sin educación, entendida como un conjunto de acciones e influencias destinadas a cultivar y desarrollar aptitudes intelectuales, conocimientos, competencias, así como actitudes y comportamientos en el marco de una moral determinada. En las últimas dos décadas del siglo XXI, las políticas públicas han evidenciado cambios sustantivos en la interpretación de la educación como estrategia para el desarrollo económico, humano y social.

Existe una visión arraigada de que la educación es una vía privilegiada para trascender y hacia una mejor manera de vivir, según Pérez (2020). El saber que la educación proporciona contribuye a la interpretación y actuación en la vida personal y social. La educación es un elemento imprescindible en los procesos de desarrollo económico y humano de las naciones. Sin embargo, algunas visiones parciales insisten en que las estrategias para combatir la pobreza deberían centrarse en la generación de ingresos como la principal solución al problema. Si bien el ingreso es importante, no lo es todo para una vida de calidad.

La Educación y la Brecha de la Vulnerabilidad

En América Latina, se ha diagnosticado que el 50% de los jóvenes se encuentran en condición de vulnerabilidad, lo que presenta desafíos relevantes para el desarrollo. Actualmente, en Chile, 1.143.193 estudiantes son considerados de primera prioridad de vulnerabilidad, representando el 76.34% del total de estudiantes en el sistema escolar. Esta situación ha llevado a un estudio con énfasis en la calidad de la educación, interacciones pedagógicas o el liderazgo educacional en relación con la vulnerabilidad. No obstante, una arista poco investigada es la formación inicial docente, siendo fundamental identificar la percepción del profesorado en formación sobre su práctica pedagógica en contextos vulnerables.

Es relevante identificar las principales tensiones, desafíos y problemáticas experimentadas, así como los aspectos importantes a desarrollar para fortalecer el proceso de formación y permitirles un desempeño efectivo en estos contextos. La formación de pregrado para desempeñarse en contextos de vulnerabilidad no ha sido considerada óptima, con deficiencias evidentes desde principios de la década del 2000. En Chile, los segmentos más vulnerados obtienen menores resultados en evaluaciones estandarizadas, como lo demuestran los resultados de la prueba PISA en 2015, donde estudiantes del cuartil más alto superan significativamente a los demás en ciencias, lectura y matemáticas.

Las desventajas económicas a menudo conducen al abandono prematuro del sistema educativo por parte de los niños, quienes ingresan al mercado laboral en actividades informales, o solo logran completar la educación obligatoria. Sin embargo, la vulnerabilidad no es una condición estática o inherente, sino una situación intermedia entre la inclusión y la exclusión, donde factores de riesgo (carencia de servicios básicos, rezago educativo) y factores protectores (transferencias económicas gubernamentales, becas de estudio) interactúan.

Dada la exacerbación de la desigualdad por la pandemia, las políticas educativas actuales deben reconocer las deudas históricas con estos grupos, garantizando su educación en términos de oportunidades de aprendizaje, derechos y una educación de calidad que sea relevante a sus condiciones, necesidades y deseos.

Impacto de la Pandemia COVID-19 en la Educación

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La pandemia de COVID-19 ha provocado una crisis sin precedentes en todos los ámbitos de la sociedad. A mediados de mayo de 2020, más de 1.200 millones de estudiantes de todos los niveles educativos habían dejado de tener clases presenciales, según datos de la UNESCO. Esta crisis ha tenido efectos negativos en la salud, la educación y el empleo, interrumpiendo las trayectorias educativas y afectando la alimentación y nutrición de la población estudiantil, especialmente en los sectores más vulnerables.

La modalidad más utilizada para la alimentación pasó a ser la entrega de kits de alimentos, seguida de la provisión de almuerzos y, en menor medida, transferencias monetarias y vales para alimentos. Aunque la mayoría de los países cuentan con recursos y plataformas digitales para la conexión remota, reforzadas por los Ministerios de Educación con recursos en línea y programación en televisión abierta o radio, pocos países de la región tienen estrategias nacionales de educación digital que aprovechen plenamente las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC).

La pandemia ha transformado los contextos de implementación del currículo, no solo por la necesidad de considerar condiciones diferentes a las originales, sino también porque existen aprendizajes y competencias que cobran mayor relevancia debido a las demandas del desarrollo tecnológico global. A pesar de la importante inversión en infraestructura digital escolar en América Latina en las últimas décadas, los países se han preparado de manera desigual para responder a esta crisis mediante el uso de la tecnología, exacerbando las brechas preexistentes en el acceso a la información y el conocimiento.

El Rol Crucial de los Docentes en la Crisis

En este contexto, los docentes y el personal educativo han desempeñado un papel fundamental en la respuesta a la pandemia, enfrentando las necesidades de apoyo social, emocional y de salud mental de los estudiantes y sus familias. Las acciones docentes y las nuevas demandas han revelado que el personal capacitado y los recursos disponibles a menudo son insuficientes para adecuar los cursos y formatos de enseñanza para estudiantes desfavorecidos.

Uno de los principales desafíos para los docentes es preparar a los estudiantes para enfrentar contextos cambiantes, inciertos, complejos y extremadamente desiguales. Para lograr una educación de calidad e inclusiva, es esencial contar con profesionales comprometidos y preparados. La formación docente debe resolver la problemática diaria que enfrentan estos profesionales, ya que a menudo existe un desajuste entre su formación y las necesidades reales del contexto. Esta respuesta formativa debe estar muy contextualizada, pues no existen recetas universales.

La implementación de nuevas tecnologías en la enseñanza se desarrolla junto con cambios en los métodos de enseñanza y aprendizaje, donde los estudiantes a menudo controlan este proceso, adaptando materiales y recursos a sus necesidades. La brecha digital y la desigualdad en las condiciones materiales de los hogares y las escuelas representan un reto mayúsculo que debe ser atendido por gobiernos e instituciones educativas. Internet y las TIC han producido una tendencia a la desjerarquía en la educación, permitiendo a docentes y estudiantes alternar roles de emisor y receptor de manera más eficaz que la relación docente tradicional.

Estas nuevas formas requieren docentes capacitados y autorizados para tomar decisiones pedagógicas basadas en los lineamientos curriculares y las condiciones de los estudiantes. Desde el punto de vista docente, la virtualidad conlleva el riesgo de perder el contacto cara a cara y puede generar tensiones por el excesivo contacto o la dificultad para mantener la relación pedagógica y la mediación.

A nivel social, el aumento del desempleo, la pobreza, la violencia intrafamiliar y los problemas de salud física y mental han llevado a que todo el personal escolar enfrente las dificultades de las familias. En muchos casos, no se dispone de los recursos materiales o profesionales necesarios para resolver estos problemas. Para diseñar e implementar contramedidas educativas a la crisis socio-sanitaria, se requiere la participación de todos los actores educativos, tanto durante el confinamiento como en la reapertura de las escuelas. Es necesario fortalecer el equipo directivo para buscar respuestas creativas y contextuales que aseguren la continuidad del aprendizaje, el apoyo socioemocional y fortalezcan el rol social de la escuela.

Docentes implementando tecnología en el aula con estudiantes

Estrategias y Programas para el Desarrollo Docente

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible concibe la educación como un factor clave para el cumplimiento de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y para alcanzar mayores niveles de bienestar, prosperidad y sostenibilidad ambiental. La inclusión debe ser un eje central de las políticas educativas y una responsabilidad de todo el sistema. Para la UNESCO (2020), la inclusión busca hacer efectivo el derecho a la educación mediante la integración de todos los estudiantes, el respeto a sus diversas necesidades, capacidades y características, y la supresión de todas las formas de discriminación en el contexto del aprendizaje.

La vulnerabilidad es un concepto multidimensional que puede reducir las oportunidades de desarrollo individual y colectivo. La pobreza es una de las variables de riesgo más importantes para el acceso a la educación. En países de bajos ingresos, solo el 25% de los niños de familias pobres completan la escuela primaria, en comparación con el 75% de los de hogares de ingresos altos. Las clases más pobres resienten con mayor fuerza los recortes en el gasto público a la educación, lo que paradójicamente ocurre mientras estos países expanden la educación secundaria sin que gran parte de su población haya concluido la primaria.

A nivel internacional, estudios han abordado la vulnerabilidad escolar desde diversos ángulos. La formación y el perfeccionamiento docente juegan un papel primordial en la optimización del trabajo pedagógico en contextos vulnerables, con programas de apoyo a profesores que enfrentan la injusticia educativa. Estos programas promueven procesos de enseñanza-aprendizaje de mayor calidad, abordando aspectos como la autoestima de docentes y estudiantes, el desarrollo de competencias emocionales y la convivencia escolar.

A pesar de los beneficios, se ha observado que docentes capacitados y con más años de experiencia tienden a ubicarse en escuelas de menor o nula vulnerabilidad, lo que perpetúa las desigualdades. La alfabetización, por ejemplo, puede actuar como catalizador de la reproducción de la vulnerabilidad, evidenciando cómo la escuela y el sistema escolar reproducen ciertas normas.

Factores Clave en la Cultura Escolar de Escuelas Vulnerables

En la cultura escolar de los contextos vulnerables, múltiples factores abordan la vulnerabilidad, trascendiendo la exclusiva responsabilidad del entorno socioeconómico. Estos incluyen:

  1. La relación entre la cultura familiar del estudiantado vulnerable y la cultura escolar, que a menudo es antagónica, privilegiando la estandarización de la enseñanza por parte del personal docente, encarnada en el currículum oficial.
  2. El clima escolar, donde los estilos de liderazgo, la forma de trabajo entre docentes y la participación de madres y padres pueden influir en la formación académica y social. La mejora de estos aspectos es compleja en escuelas con liderazgo vertical y una visión desesperanzadora por parte del personal docente sobre la vulnerabilidad de sus estudiantes.
  3. La formación emocional del profesorado. Si bien los docentes presentan un dominio robusto de las dimensiones interpersonales e intrapersonales de la inteligencia emocional, estudios sugieren la necesidad de una formación inicial que desarrolle no solo aspectos intelectuales, sino también emocionales con foco en la justicia social. El profesorado valora más las habilidades interpersonales (relacionarse y manejar emociones de otros) sobre las intrapersonales (manejo del estrés propio).
  4. El tamaño del establecimiento y el rol de la familia en la escuela, evidenciado en la baja participación y compromiso de los apoderados.

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Investigación sobre Percepciones de Docentes en Formación

Una investigación se propuso indagar en las percepciones de docentes en formación de enseñanza primaria sobre el trabajo educativo realizado durante sus prácticas pedagógicas en contextos vulnerables. La muestra fue de carácter no probabilístico-intencionado, con docentes que hubiesen realizado al menos una práctica en colegios de dependencia administrativa municipal o particular subvencionada, y con un Índice de Vulnerabilidad Escolar (IVE SINAE) superior al 90%. De 18 docentes invitados, 14 participaron (12 mujeres y 2 hombres), todos matriculados en Educación Básica en una universidad privada chilena, con una edad promedio de 21 años y cursando los dos últimos años de la carrera.

Los datos se recolectaron a través de entrevistas semiestructuradas, con un guion de 16 preguntas base y preguntas de seguimiento. Para analizar las entrevistas se utilizó un análisis temático, siguiendo los lineamientos de Braun y Clarke (2006). Este proceso incluyó la familiarización con las transcripciones, la identificación de códigos, la agrupación en categorías iniciales, la identificación de temas generales, la revisión y refinamiento de temas y la descripción de los mismos a través de citas pertinentes. Se utilizaron dos codificadores para establecer la confiabilidad del análisis.

Hallazgos Principales de la Investigación

Del análisis de las entrevistas, se identificaron dos temas principales, cada uno compuesto por cuatro códigos. Los docentes en formación mencionaron que en los establecimientos educativos con alto índice de vulnerabilidad, era común y recurrente observar conductas violentas en el estudiantado, manifestadas en peleas, amenazas, gritos o menoscabos. Los participantes consideraron que esta violencia está naturalizada en los estudiantes, cuyas conversaciones en diversos espacios (patio, sala de clases) se centraban en situaciones ocurridas durante el fin de semana, el día anterior o lo que escuchaban en sus barrios o de sus familiares.

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