La discapacidad intelectual (DI) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual y en la conducta adaptativa. Estas limitaciones pueden originarse en diferentes momentos y afectan habilidades sociales y prácticas, es decir, las destrezas de la vida diaria necesarias para vivir, trabajar y socializar en la comunidad.
El término retraso psicomotor se utiliza para describir la situación en niños pequeños donde los logros o hitos del desarrollo no aparecen o lo hacen de forma anómala. En edades más avanzadas, esta denominación es reemplazada por discapacidad intelectual o retraso mental. Los hitos del desarrollo son comportamientos o destrezas físicas observadas en lactantes y niños a medida que crecen, abarcando desde la sonrisa social hasta la capacidad de sentarse, gatear, caminar, usar la pinza fina y comunicarse verbalmente o reír.
La Psicomotricidad y su Rol Fundamental
La psicomotricidad es un conjunto de habilidades que se desarrollan y mejoran continuamente desde el nacimiento. Implican el uso de otras destrezas necesarias para el adecuado desarrollo de las habilidades motoras gruesas (como aprender a caminar o sentarse sin caerse) y las habilidades motoras finas (agarrar un objeto, colorear dentro de las líneas). También abarca el desarrollo sensorial (responder a sonidos), afectivo-emocional (imitación), cognitivo y del lenguaje (pronunciación correcta de palabras).
Muchas patologías, como el autismo, la discapacidad intelectual, el daño cerebral, la dislexia, el TDAH o el cáncer infantil, pueden cursar con un retraso psicomotor, manifestándose en dificultades motoras, cognitivas y afectivas.

Evolución y Leyes del Desarrollo Motriz
Desde el nacimiento y durante la infancia, la motricidad del niño evoluciona de forma rápida y dinámica, siguiendo dos leyes fundamentales del desarrollo: la ley céfalo-caudal (el control muscular avanza de la cabeza a las extremidades inferiores) y la ley próximo-distal (el control se extiende desde el centro del cuerpo hacia las extremidades). Esta evolución permite a los niños pasar de movimientos involuntarios a intencionados y coordinados, alcanzando la posición erguida y el dominio de sus extremidades.
Una de las primeras manifestaciones de la motricidad es el juego, que se vuelve más complejo con los estímulos y experiencias, logrando movimientos cada vez más coordinados. La motricidad se relaciona con todos los movimientos coordinados y voluntarios que el niño realiza con pequeños y grandes grupos de músculos, constituyendo la base para el desarrollo de las áreas cognitivas y del lenguaje, e incluyendo la espontaneidad y la creatividad. A partir de los dos años, las habilidades motrices fundamentales permiten al niño desplazarse de manera autónoma y controlar objetos con mayor eficacia.
Los niveles de alteración de las conductas motrices son directamente proporcionales a los niveles cognitivos de cada individuo, los apoyos que se le brinden y las condiciones de su entorno. Un déficit leve puede permitir al niño alcanzar niveles normales, mientras que deficiencias severas y profundas pueden presentar falta de coordinación, torpeza, mala configuración del esquema corporal, problemas de equilibrio y dificultades en la orientación y estructuración del espacio.
Diagnóstico y Evaluación del Retraso Psicomotor
Para cada hito del desarrollo, existe un rango normal dentro del cual un niño puede alcanzarlo. Herramientas como el test de Denver o la escala Haizea-LLevant son utilizadas para valorar desviaciones de la normalidad. Sin embargo, no existe una prueba médica única (como una analítica o una técnica de imagen) que pueda diagnosticar un retraso psicomotor.
Los tests de inteligencia o pruebas neuropsicométricas son útiles principalmente a partir de los 5 años, aunque también existen para evaluar el coeficiente de desarrollo en menores de 5 años. Estas evaluaciones siempre deben ser realizadas e interpretadas por especialistas y valoradas en el contexto de los grandes cambios que los niños experimentan a lo largo de su desarrollo.
Una vez que un especialista valora un retraso patológico en la adquisición de hitos, es crucial distinguir entre un retraso global (que afecta todas las áreas del desarrollo) y un retraso en un área concreta, ya que el tratamiento y el proceso diagnóstico pueden variar significativamente. Las causas pueden ser:
- Problemas adquiridos: Pueden ocurrir intraútero, durante el parto o de forma postnatal.
- Problemas genéticos: Muchos errores congénitos del metabolismo pueden causar afectación motora y cognitiva.
Cuando no hay una sospecha diagnóstica concreta, se recurre a una batería de pruebas de "screening", incluyendo estudios analíticos (de primer o segundo nivel), estudios de neuroimagen (ecografía transfontanelar, resonancia magnética o TAC, según la sospecha y el rendimiento esperado) y estudios genéticos. A pesar de la gran cantidad de pruebas disponibles, un porcentaje elevado de niños con trastornos del desarrollo no llegan a descubrir la causa subyacente.
Talleres de Psicomotricidad: Un Enfoque Terapéutico
En el contexto educativo, formal o no formal, es esencial desarrollar un programa de psicomotricidad con objetivos claros. Estos deben dirigirse a que las personas con discapacidad intelectual controlen y conozcan mejor su propio cuerpo en relación con el movimiento, logrando así el mayor desarrollo psicomotor posible.
Los talleres de psicomotricidad buscan potenciar el desarrollo integral de niños y niñas, habilitándolos para el aprendizaje, la autonomía, la autogestión emocional y social. Trabajando sobre el desarrollo infantil, se busca repararlo o potenciarlo según sus capacidades para maximizar su potencial cognitivo, social, vincular, de aprendizaje y emocional. Esto incluye:
- Potenciar y favorecer las habilidades de aprendizaje.
- Promover capacidades cognitivas como la atención, vinculación, comunicación, organización, concentración, entre otras.
La psicomotricidad concibe el cuerpo en su dimensión vincular, como vehículo de relación consigo mismo y con los otros. Desde esta perspectiva, la actitud postural, la gestualidad, la mirada, la escucha, la voz, el lenguaje, la prensión, las coordinaciones y el proyecto motor son variables relacionales esenciales para interactuar con el mundo y construir el lazo social.
Trabajar con niños con necesidades especiales (NEE) | Jornadas de Atención Temprana de Red Educa
Ejemplo de Taller: Juegos de Malabares en la Discapacidad Psicosocial
Un taller como el de "Juegos de Malabares" para adultos con discapacidad psicosocial ilustra la importancia de la psicomotricidad. En estas personas, es común observar problemas corporales que evidencian fallas en la construcción primaria del vínculo entre el cuerpo y el lenguaje: posturas fijas y rígidas, pobreza de gestos y movimientos, dificultades para organizar o detener el movimiento, para cambiar de ritmo o adaptarlo a la actividad, y fallas en el esquema y la imagen corporal. El padecimiento puede comprometer el cuerpo hasta inutilizarlo, generando abulia y falta de deseo de moverse o jugar.
Los propósitos de un taller de este tipo son favorecer el despliegue del movimiento, el registro del propio cuerpo, la organización de la postura y la apropiación de nuevas praxias. A través de juegos con pelotas, se promueve la interacción entre los participantes mediante la comunicación gestual y visual, el aprendizaje corporal, la atención, la emoción del juego, la regulación de la tensión y distensión muscular, y el disfrute por la actividad.
El trabajo grupal es fundamental, ya que la riqueza proviene de la interacción entre pares: acuerdos y desacuerdos, diferencias en los ritmos de juego y aprendizaje, y distintos niveles de tolerancia a la frustración. Las dificultades iniciales pueden incluir la falta de iniciativa para jugar, escasa tolerancia a la frustración, resistencia a aprender juegos nuevos y dificultad para improvisar.
Fases de un Proceso en Taller Psicomotriz
- Primer contacto con la técnica: Caracterizado por la tensión ante lo nuevo, el fracaso inicial, la frustración y el esfuerzo por tolerarla. Hay una búsqueda activa para dominar la praxia, dificultad para organizar postura y movimiento, y torpeza.
- Instancias de práctica: Apropiación gradual de las praxias mediante la repetición. Se observa mayor tolerancia a la frustración y mayor disfrute a medida que los intentos son exitosos. La dificultad disminuye y la regulación de la tensión mejora.
- Apropiación de un saber: La praxia aprendida se convierte en un saber incorporado al sujeto, lo que genera mayor distensión y disfrute. Se logra una nueva organización tónico-postural y motriz más eficiente y económica en términos de esfuerzo.
- Exploración de nuevas formas de juego: Surge la creatividad, la improvisación y la recreación de la técnica aprendida. Esto permite al participante asumir un rol de autoría, posibilitando la circulación del deseo y la creación junto a otros.
El aspecto terapéutico de este espacio radica en el trabajo de transición a través de los propios obstáculos para llegar a la apropiación de un saber hacer con el cuerpo. Lo que inicialmente era un impedimento, se convierte en una posibilidad.
Actividades y Ejercicios Prácticos para el Desarrollo Psicomotriz
Existen numerosos juegos y ejercicios que pueden ayudar a mejorar las habilidades psicomotrices en los niños. Estos entrenan aspectos como la coordinación, las habilidades motoras finas, la coordinación mano-ojo y la integración visual-espacial.
- Jugar con arcilla o plastilina: Apretar, estirar y manipular la arcilla ayuda a desarrollar la fuerza en los músculos implicados en la motricidad fina. Crear formas estimula la creatividad. Se pueden incorporar botones, pajitas, alubias para insertar y extraer.
- Realizar laberintos: Comenzar con laberintos sencillos y aumentar la dificultad progresivamente. Se puede pedir al niño que lo complete mentalmente antes de dibujarlo.
- Jugar con formas geométricas (Tangram): Reconocer y manipular formas geométricas como plantillas o para crear figuras ayuda a la integración visual-espacial.
- Cortar: Usar tijeras de seguridad para recortar formas. Empezar con formas simples y luego jugar con ellas.
- Puzzles (rompecabezas): Mejoran las habilidades motoras y las funciones ejecutivas. Se deben usar puzzles apropiados para la edad y aumentar la dificultad a medida que las habilidades del niño mejoran.
- Jugar a disfrazarse: Ponerse y quitarse diferentes prendas con distintos tipos de botones, velcro y cremalleras desarrolla las habilidades motoras finas.
- Encestar o disparar aros: Tomar una papelera y encestar pelotas o aros.
- Picado con punzón: Actividad que mejora la precisión y la coordinación mano-ojo.
- Hacer pulseras: Enhebrar cuentas para crear pulseras contribuye al desarrollo de la motricidad fina.

La Importancia de la Estimulación Temprana y el Enfoque Inclusivo
A nivel mundial, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) aseguran una educación más inclusiva, promoviendo la atención a personas con un desarrollo bajo de sus capacidades. Es crucial prestar especial atención a la adaptación de las actividades para satisfacer las necesidades de cada individuo.
Diversas investigaciones, como las de Jara & Rodas (2010), Chachapoya (2019) y Sandoval (2019), reafirman la importancia del desarrollo de la motricidad para un mejor desempeño e inserción social de los niños con Necesidades Educativas Especiales (NEE). Estos estudios, basados en la estimulación temprana, coinciden en que los primeros años de vida son el espacio ideal para la formación de hábitos y destrezas motrices que contribuyen positivamente a su autonomía e independencia. Se destacan también trabajos como el de Simón (2015), que propone actividades para la estimulación de la motricidad fina en niños con factores de riesgo de retraso mental, y el de Olivera (2018), enfocado en actividades manuales para escolares con discapacidad intelectual asociada al Síndrome de Down.
A pesar de estos valiosos estudios, se considera necesario profundizar en el desarrollo de estrategias de estimulación del área motriz, ya que aún no son suficientes las investigaciones sobre la motricidad en escolares con discapacidad intelectual. La pedagogía en la enseñanza especial debe buscar un desarrollo multilateral y armónico de los niños con discapacidad intelectual.
Evolución del Concepto de Discapacidad
La 10ª edición de la Asociación Americana para el Retraso Mental (AAMR) mantuvo características importantes como el término retraso mental y la orientación funcional, pero incorporó la 5ª dimensión de participación, interacción y roles sociales, y avanzó en la planificación de los apoyos. Se propuso una mayor precisión en la medición de la inteligencia y la conducta adaptativa, eliminando las diez habilidades adaptativas de la definición de 1992 y organizándolas en torno a tres tipos: conceptuales, sociales y prácticas.
Posteriormente, la AAMR pasó a denominarse Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD). El cambio de concepción, reflejado en la eliminación definitiva del término "retraso mental" por el de discapacidad intelectual en 2007, tiene un enorme impacto. Mientras que "retraso mental" hace referencia a una condición interna de la persona, "discapacidad intelectual" se refiere a un estado de funcionamiento. Esta nueva visión implica una comprensión de la discapacidad desde una perspectiva ecológica y multidimensional, requiriendo que la sociedad responda con intervenciones centradas en las fortalezas individuales y enfatizando el papel de los apoyos para mejorar el funcionamiento humano, como se subraya en el Artículo 8, inciso c, de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD).
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