La Escritura revela que Cristo ha designado funcionarios para gobernar la iglesia bajo su mando, derivando su autoridad directamente de Él, aunque sean elegidos por el pueblo. Ocupar un cargo en la iglesia es una responsabilidad dada por Dios, no una posición de superioridad. En la iglesia local, existen tradicionalmente tres cargos principales: anciano, diácono y ministro. Estos oficiales trabajan juntos, formando el consistorio, para supervisar la vida y el ministerio de la congregación.

La Naturaleza Divina del Ministerio Eclesiástico
Hombres y mujeres, santificados por Cristo, son llamados, ordenados e instalados en estos cargos. Se convierten en colaboradores de Dios, participando en la misión divina a través de la iglesia y en el mundo. Por medio del Espíritu Santo, Dios llama a estas personas, les otorga dones para sus cargos y les brinda la oportunidad de cultivarlos. Se entiende que los oficios mismos son iniciados por el Señor ascendido de la iglesia y efectuados por el Espíritu Santo. Así, cuando los oficiales de la iglesia actúan fielmente, lo hacen por el Espíritu. A través de estos cargos, el ministerio pastoral de Cristo se perpetúa a lo largo de la historia y la misión de la iglesia se extiende continuamente al mundo.
Las Escrituras enseñan que, por la acción del Espíritu Santo, aquellos que representan a Cristo como oficiales de la iglesia "actúan" en nombre del Señor en sus deliberaciones y acciones. Aunque los oficiales rinden cuentas ante la congregación, su responsabilidad última es hacia Cristo en el ejercicio de su cargo. Esta responsabilidad se administra a través de los propios cargos, por ejemplo, llevando quejas al consistorio si un pastor no cumple con sus responsabilidades.
Los Oficios en la Iglesia: Ancianos, Diáconos y Ministros
Reciprocidad y Unidad de los Oficios
Identificar un enfoque misional para cada oficio no significa que cada uno tenga una función única o que sus responsabilidades no sean asumidas también por los demás. Existe una reciprocidad entre los cargos, donde cada uno sirve a los propósitos de los otros, formando juntos una representación completa de Cristo. Ningún oficio por sí solo representa adecuadamente a Cristo; es la suma de los tres oficios lo que logra esta representación.
El Ministerio de la Congregación General
Es fundamental recordar que Cristo llama a toda la Iglesia, no solo a quienes ocupan cargos. La congregación en su conjunto comparte la responsabilidad con los ministros, ancianos y diáconos para su mutuo crecimiento cristiano. Todos los cristianos necesitan la gracia que trae el perdón, comunica el amor de Dios y orienta sus vidas según los propósitos de Cristo. Somos nuevas criaturas en Jesucristo, pero el "viejo Adán" sigue activo incluso en la comunidad de fe. Las personas llamadas a ser agentes de transformación deben estar ellas mismas en proceso de transformación; sin ello, el testimonio de la iglesia sería escaso e ineficaz.
Liderazgo y Trabajo en Equipo
Mientras que quienes ministran a través de los cargos atienden principalmente a la comunidad de fe a la que sirven, el ministerio del pueblo de Dios bautizado se extiende a través de la iglesia y hacia el mundo. Es responsabilidad de todos los cristianos llevar el mundo a la iglesia, ya que el pueblo de Dios disperso encuentra su hogar en la comunidad de fe. Cada miembro de iglesia es llamado a ministrar, recibiendo dones espirituales por medio del Espíritu Santo y siendo ungido por el bautismo para desempeñar su ministerio (Efe. 4:11-12). El concepto bíblico del laico incluye a todos los creyentes como ministros.
El Rol del Anciano: Supervisión Espiritual y Gobierno
Los ancianos son los principales responsables de la supervisión espiritual de la congregación. Su primer deber es buscar y seguir la voluntad de Cristo para la iglesia. El oficio de anciano es una "buena obra" (1 Ti 3:1) que comprende la guía, protección, enseñanza, disciplina y gobierno de la iglesia. Los ancianos tienen la responsabilidad general de cuidar y proteger la iglesia (Hch 20:28-31), lo que se deriva en gran medida de su ministerio de enseñanza.
Deberes Principales del Anciano
- Atender a la sana enseñanza: Asegurar que los miembros sean nutridos a través de las Escrituras, los sacramentos, el culto y la oración.
- Guiar a la congregación: Esto incluye el gobierno y la disciplina. Los ancianos son responsables de la comunidad, tejida por Jesucristo a través del Espíritu Santo, una comunidad que apunta a la comunión del reino de Dios.
- Conocer y guiar a los miembros: Deben aprovechar las oportunidades especiales para conocer y guiar a los miembros hacia una fe y un discipulado más profundos, incluyendo visitas regulares e intencionales a los hogares.
Cuidado Pastoral y Disciplina
La atención pastoral, una responsabilidad de los ancianos, requiere buena capacidad de escucha, visitas intencionales y atención empática. En muchas iglesias reformadas, los ancianos también supervisan y cuidan al ministro, vigilando su conducta en la predicación y enseñanza, tanto en palabra como en obra, y nutriéndolo espiritualmente.
La disciplina de la iglesia es también una responsabilidad de los ancianos, quienes, junto con el ministro, son responsables de que los miembros y la comunidad rindan cuentas con amor. El propósito positivo de la disciplina es guiar a los miembros a un discipulado maduro, ayudando así al discipulado.
Ancianos Comisionados
En algunas denominaciones, como la Iglesia Reformada en América, un pastor comisionado es un anciano que ha sido comisionado por un cuerpo eclesiástico particular (classis) para cumplir una necesidad ministerial específica.
Distinciones Terminológicas y Bíblicas del Anciano
Anciano, Supervisor y Pastor
Los términos anciano (presbuteros), supervisor u obispo (episkopos) y pastor (poimēn) son frecuentemente intercambiables en el Nuevo Testamento, refiriéndose al mismo oficio. Por ejemplo, en Hechos 20:28, Pablo instruye a los ancianos de Éfeso a "pastorear" el rebaño. De manera similar, Pedro exhorta a los ancianos a "pastorear el rebaño de Dios" (1 Pe. 5:1-2). Así, ser un anciano es ser un pastor, y todo pastor es un anciano.
Históricamente, sociedades antiguas como Israel honraban el papel de los hombres mayores y maduros, buscando en ellos liderazgo. En el Nuevo Testamento, conforme la era apostólica terminaba, los apóstoles (particularmente Pablo) tomaron pasos para levantar una nueva generación de líderes. En Hechos 14, Pablo y Bernabé asignan ancianos, y en Tito 1:5, Pablo instruye a Tito a "designar ancianos en cada ciudad".
Anciano Docente y Anciano Gobernante
Dentro del oficio de anciano, algunas tradiciones presbiterianas y reformadas distinguen entre el Anciano Docente y el Anciano Gobernante. Ambos son ancianos, comparten la misma autoridad gubernamental y se superponen en funciones, pero con énfasis diferentes:
- El Anciano Docente (o ministro de la Palabra) se dedica principalmente a la predicación, la enseñanza y la administración de los sacramentos.
- El Anciano Gobernante se enfoca en la supervisión, el gobierno y la disciplina de la congregación, aunque también deben ser aptos para enseñar.
Esta distinción no implica una superioridad de rango, sino una división de trabajo que contribuye a la edificación de la iglesia. La Biblia establece que los ancianos que gobiernan bien deben ser considerados dignos de doble honor, "principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza" (1 Timoteo 5:17). Esto sugiere que algunos ancianos se dedicarán más intensamente a la enseñanza, mientras que otros se enfocarán en el gobierno, pero todos deben poseer la capacidad de enseñar.

Cualificaciones para el Oficio de Anciano
Las Escrituras establecen claras cualificaciones para quienes aspiran al oficio de anciano, principalmente en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9. Estas cualificaciones, más allá de las habilidades, se centran en el carácter y la madurez espiritual.
Carácter Irreprochable y Buena Reputación
Un anciano debe ser "irreprensible", lo que significa que nadie en la congregación debe poder cuestionar su buena conducta. Además, debe tener una "buena reputación entre la gente de afuera" (1 Ti. 3:2, 7). Su honradez y bondad no deben ser puestas en duda por no creyentes.
Cualidades Personales y Familiares
- Esposo de una sola mujer: Fiel en el matrimonio y distinguido por la pureza sexual (1 Ti. 3:2).
- Sobrio, prudente, decoroso, hospedador: Equilibrado en sus hábitos, sensato en el uso del tiempo y abierto a recibir a otros (1 Ti. 3:2; Tito 1:8).
- No dado al vino, ni violento, sino amable: Moderado en todo, no conflictivo, pacífico y de tacto (1 Ti. 3:3; Tito 1:7).
- No amar el dinero: Poner los intereses del Reino en primer lugar, usando tiempo y recursos para adorar a Dios y servir a la congregación (1 Ti. 3:3; Tito 1:7).
- Buen juicio y ordenado: Evaluar los asuntos a la luz de principios bíblicos, tomar decisiones equilibradas, ser organizado y puntual (Tito 1:8).
- Dirigir bien su familia: Ser un cabeza de familia amoroso y responsable, tomando la iniciativa en la adoración cristiana. Si tiene hijos menores, deben estar "en sujeción a él con toda seriedad" y ser "creyentes, a quienes no se les pueda acusar de desenfreno ni de rebeldía" (1 Ti. 3:4-5; Tito 1:6).
Capacidad para Enseñar
El anciano debe ser "apto para enseñar" (1 Ti. 3:2; Tito 1:9). Esto no significa necesariamente ser un gran orador, sino ser capaz de exhortar con sana doctrina y refutar a quienes contradicen, basando siempre su enseñanza en la Palabra de Dios y esforzándose por llegar al corazón de quienes escuchan. Debe ser un buen estudiante de la Biblia y un comunicador eficaz.
Madurez Espiritual y Lealtad
No debe ser un "recién convertido", sino haber tenido suficiente tiempo para madurar como cristiano. Debe demostrar humildad, disposición a servir a Jehová y lealtad a sus justas normas y a las instrucciones de su organización (1 Ti. 3:6).
El Anciano como Mentor Espiritual y Administrador
Visitación y Dedicación a la Ganancia de Almas
El anciano es un elemento vital para el cuidado y fortalecimiento espiritual de la feligresía, efectuando una comunión mutua basada en el amor y la confianza, y brindando ánimo al pastor. Es esencial que el anciano se interese en la ganancia de almas. Al demostrar determinación y dedicación a esta misión, otros en la congregación captarán el mismo espíritu.
Dirección de los Servicios de la Iglesia
El anciano debe ser capaz de dirigir los servicios de la iglesia. Esto incluye aprender y desarrollar habilidades para la dirección del culto, la lectura de las Escrituras, la dirección de oraciones públicas, la planificación del orden del servicio y, en iglesias más pequeñas o de distrito, la predicación. Una dirección dinámica puede transformar un servicio lánguido en una celebración expresiva de alabanza.
Administración y Capacitación
El anciano debe hacer una aportación positiva a la organización y progreso de la iglesia, no para dominar, sino para capacitar a otros para que participen en el proceso de decisiones. A menudo, sirve como asesor de varios departamentos, comisiones y proyectos.
El Apoyo al Ministerio del Anciano
Compensación Económica
Las Escrituras enseñan que "los que proclaman el evangelio deben vivir del evangelio" (1 Co. 9:14). Con referencia explícita a los ancianos, Pablo dice: "Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, especialmente los que trabajan en la predicación y la enseñanza. Porque la Escritura dice: No pondrás bozal al buey cuando pise el grano, y: El obrero merece su salario" (1 Ti. 5:17-18). Esto indica que algunos ancianos, dedicados especialmente a la labor de predicar y enseñar, deben ser apoyados económicamente. Sin embargo, no todos los ancianos son remunerados a tiempo completo; Pablo mismo, en ocasiones, trabajó secularmente para proveer a sus necesidades (Hch. 20:34-35).
Respuesta y Respeto de la Congregación
Así como los ancianos tienen responsabilidades de peso, la congregación tiene la obligación de responder con buen agrado y gozo a los líderes que Dios ha colocado. Hebreos exhorta: "Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta" (He. 13:17). Es necesario concederles honor (1 Ti. 5:17) y protegerlos de ataques injustos. La iglesia también tiene la obligación de orar por sus líderes.
La Cuestión de las Mujeres en el Oficio de Anciano
La cualificación de que el anciano ha de ser "marido de una sola mujer" (1 Ti. 3:2) ha generado debate sobre si el oficio está abierto a las mujeres. El punto principal de este pasaje es probablemente la fidelidad matrimonial y la pureza sexual. Sin embargo, una observación más convincente es que la lista de cualificaciones en 1 Timoteo 3 aparece inmediatamente después de una discusión sobre los papeles de hombres y mujeres dentro de la iglesia (1 Ti. 2:8-15), donde Pablo afirma: "no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre, sino que permanezca callada" (v. 12). La interpretación de estos textos varía entre las denominaciones.
El Sufrimiento como Parte del Liderazgo Cristiano
Un aspecto integral y a menudo ignorado del liderazgo cristiano es la expectativa de que el ministerio del evangelio implicará sufrimiento. Pablo lo dejó claro en sus epístolas, utilizando su propio ministerio como apóstol (y modelo para otros líderes) como ejemplo. Él indicó que su sufrimiento no era incidental, sino integral a la naturaleza misma del evangelio y al sufrimiento de Jesús (Col. 1:24-25).
La Aspiración al Ministerio: Más Allá del "Llamado"
Aunque comúnmente se habla de ser "llamado" al ministerio, las Escrituras no usan este término en relación con el ministerio pastoral. Pablo dice: "Si alguno aspira al cargo de superintendente, desea una noble tarea" (1 Tim. 3:1). Esta formulación bíblica habla de un deseo o aspiración. Aspirar a ser un anciano significa desear enseñar la palabra y pastorear el rebaño de Dios, cumpliendo así el oficio establecido para ese propósito.
No todos los ancianos son remunerados a tiempo completo. La aspiración al ministerio implica estar dispuesto a hacer el trabajo incluso sin un título formal o compensación económica. El desarrollo de un ministerio cada vez más parecido al de los ancianos implica animar a otros con la palabra, ayudarles a crecer en la semejanza con Cristo, vivir sabiamente, dar consejos sabios y orar fervientemente. La decisión de servir como anciano, y si se es remunerado por ello, recae en última instancia en la iglesia y en la voluntad de Dios.
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