La denominada "crisis del Sename" ha impulsado la búsqueda de nuevos estándares y enfoques para abordar las historias de dolor y trauma de los niños, niñas y adolescentes (NNA) vulnerados en Chile. En este contexto, diversas instituciones y programas pilotos han surgido con el objetivo de establecer modelos de protección y reparación más efectivos y dignos.

El Desafío de la Protección Infantil y la "Crisis del Sename"
La situación de la infancia vulnerada en Chile es un tema multidimensional que entrelaza la pobreza, la desigualdad, la exclusión escolar, la falta de oportunidades y la violencia. Hoy en día, no existen cinco mil niños vagando por Santiago, como describiera el Padre Alberto Hurtado en su carta a "los amigos del Hogar de Cristo", pero sí casi veinte mil NNA están en cuidado alternativo en todo el país. Desde su fundación en 1979, el Servicio Nacional de Menores (Sename) ha arrastrado una historia más asociada a la profundización del daño que a la protección de los niños y adolescentes.
Tragedias como la muerte de Lissette Villa, de 12 años, en 2016, marcaron un momento "de lucidez transitoria", como señala Paulo Egenau, director social nacional del Hogar de Cristo, dentro de un "olvido negligente" y permanente. Esta situación ha puesto de manifiesto las deficiencias del sistema, incluyendo la aplicación de normas como el artículo 80 bis de la Ley N° 19.968, que permite a los magistrados obligar a las residencias a recibir a quien sea y a como dé lugar, a menudo sin considerar las necesidades especiales de los menores.
Egenau relata experiencias que ilustran esta problemática, como la de un niño de 6 años con retardo mental y ceguera parcial en la residencia Maruri, cuyas necesidades especiales no eran satisfechas más allá del alojamiento. O el caso de una joven con consumo de drogas, separada de su abuela y desarraigada geográficamente, cuyos posteriores intentos de quitarse la vida evidenciaron que "el remedio resultó peor que la enfermedad".
Nuevos Modelos y Programas Piloto: La Iniciativa del Hogar de Cristo
Producto de la insatisfacción con los servicios prestados en los programas bajo su responsabilidad, el Hogar de Cristo inició a fines de 2015 un proceso para actualizar su modelo técnico. Esta iniciativa busca establecer estándares de calidad para residencias de protección, plasmados en el libro Del dicho al derecho: Estándares de calidad para residencias de protección de niños y adolescentes, disponible para descarga en www.hogardecristo.cl. Este modelo se aplica como programa piloto en dos de las ocho residencias del Hogar de Cristo desde mayo pasado.
Actualmente, veinte niños y jóvenes de entre 12 y 18 años -diez varones en Santiago y diez niñas en Viña del Mar- participan de este plan piloto. Las residencias piloto incluyen una de mujeres en Viña del Mar y otra de varones en Santiago (en Providencia), que ha conservado el nombre de Maruri a pedido de los niños por un sentido de pertenencia. Francisco Parra, psicólogo a cargo del proyecto, destaca que "Ellos nunca se han sentido ‘niños Sename’."
La calidad de la infraestructura en estas residencias representa un salto cuántico en relación con las condiciones actuales de la mayoría de los hogares. El estándar incluye dormitorios para dos niños con camas (no camarotes) y clósets individuales, acceso a la cocina y al refrigerador, y sala de estudio con computadoras con Internet. A pesar de estas mejoras que "han impresionado a los padres", Parra enfatiza que "eso no sirve por sí solo", y "para los niños no basta" solo con la infraestructura. Magdalena Pardo, directora social de Paréntesis (fundación del Hogar de Cristo que administra las residencias), resalta la importancia de una aproximación de género al tema.
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La Renovación de la Residencia Nuestra Señora de la Esperanza
En línea con la necesidad de mejorar las condiciones de vida y atención de los NNA, la residencia de protección Nuestra Señora de la Esperanza, de María Ayuda -un organismo colaborador del Sename-, ha renovado sus dependencias. Esta iniciativa se concretó gracias a la colaboración del proyecto “Juntos por la infancia” y la empresa SQM.
Con una inversión superior a los 150 millones de pesos, SQM llevó a cabo la remodelación de las instalaciones existentes y la construcción de nuevos espacios. Dentro del nuevo equipamiento se encuentran mejoras significativas en los baños, las habitaciones y la cocina, buscando ofrecer un entorno más digno y adecuado para las niñas y adolescentes bajo su cuidado.
Paola Arias, directora de la residencia, expresó su alegría por contar con una mejor infraestructura para las niñas. Por su parte, la seremi (s) de Justicia y Derechos Humanos (DD.) también estuvo presente, ad portas del traspaso, lo que subraya la importancia de la colaboración público-privada en la mejora de estos servicios esenciales.
