El Servicio Nacional de Menores y la importancia de la memoria histórica en la protección de la infancia

La crisis del Servicio Nacional de Menores (SENAME) ha sido objeto de análisis desde diversas perspectivas, incluyendo la psicología, la sociología y la economía. Sin embargo, la académica del Instituto de Historia UC, Ximena Illanes, y el doctorante Miguel Morales, han destacado la necesidad de incorporar una perspectiva histórica para comprender a fondo la problemática de la infancia vulnerada y las instituciones que la acogen.

Perspectivas sobre la crisis del SENAME

La crisis del Servicio Nacional de Menores (SENAME) ha sido abordada a través de diversas disciplinas. Psicólogos y trabajadores sociales se han referido a la calidad de los programas, psiquiatras han analizado la carencia de lugares capacitados para tratar a niños con trastornos de personalidad y economistas se han referido a la falta de recursos y poca eficiencia administrativa de los mismos.

La docente del Instituto de Historia UC, Ximena Illanes, y el psicólogo y estudiante de doctorado, Miguel Morales, publicaron una columna conjunta en El Mercurio, sobre el abandono de la infancia en diferentes épocas y contextos, tras los hechos que han marcado el debate sobre la crisis actual. Ese hecho, aseguran, "volvió a instalar la pregunta por el estado actual de las políticas de protección hacia la infancia vulnerada en nuestro país, en particular, por las condiciones de vida a las que se ven enfrentados miles de niños y niñas que viven en instituciones públicas y privadas dedicadas a acogerlos y resguardar sus derechos fundamentales".

Los casos de menores fallecidos en este contexto, que llegan a 1.313 desde 2005, continúan, "parece tratarse de hechos sistemáticos y prolongados en el tiempo". A partir de esta afirmación, Illanes y Morales, se refieren a cómo los políticos y especialistas han puesto el foco de atención en "las causas de las muerte, los problemas de atención médica, especialmente psiquiátrica, la mala infraestructura y las responsabilidades del Estado".

Estos menores vulnerados e institucionalizados, aseveran, son "verdaderos espejos de una sociedad y su historia, no tan solo en Chile, sino que en todo el mundo".

Ilustración histórica que representa la acogida de niños abandonados en la Edad Media.

La infancia vulnerable a través de la historia

Illanes y Morales enumeran una serie de hechos históricos donde se vislumbra la temática de la infancia vulnerable. Explican que, "a fines de la Edad Media, diferentes instituciones de asistencia se especializaron en acoger a miles de criaturas abandonadas en los espacios urbanos; uno de los casos estudiados es la Barcelona del siglo XV".

"Las pequeñas cartas, ropas y abrigos, medallas partidas por la mitad y señales de identificación, reflejaron un doloroso proceso de separación momentánea o definitiva", dan cuenta los historiadores.

Abordan también el caso de Chile. Lo anterior, aseguran, dificultó la creación de lazos afectivos y la integración a la comunidad. "Los registros, a su vez, mencionaron historias de maltratos y abusos. A partir de investigaciones como las descritas, dicen los académicos, se puede reflexionar sobre la realidad actual del SENAME y el lugar que estas instituciones han tenido en las sociedades que las han construido.

Illanes y Morales recalcan además, que el uso del concepto de abandono en casos como los anteriores, puede promover "la invisibilización de la precariedad y desigualdad social de los niños, niñas y sus familias, que son usuarios de este sistema".

El nuevo Servicio de Reinserción Social Juvenil

Tras 46 años de funcionamiento, el Servicio Nacional de Menores (SENAME) dejó de existir oficialmente. Su cierre se enmarca en la reestructuración del Estado para separar la protección de la infancia de la administración de justicia para adolescentes infractores de ley. La última directora del SENAME, María Eugenia Fernández, encabezó el cierre institucional, destacando el rol de quienes trabajaron en la institución.

La directora del Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil, Rocío Faúndez, abordó la puesta en marcha total del nuevo organismo que reemplaza al SENAME en materia de adolescentes infractores de ley. Destacó cambios estructurales, mayor dotación y un enfoque centrado en la reinserción y la justicia restaurativa.

Faúndez explicó que el cierre del SENAME se concretó de forma definitiva el 12 de enero y que el nuevo servicio ya opera a nivel nacional tras una implementación gradual. "Por primera vez el Estado de Chile tiene una institución dedicada única y exclusivamente a trabajar con adolescentes que han cometido delitos", afirmó.

El despliegue del nuevo servicio comenzó en el norte en 2024, continuó en el sur en 2025 y recientemente se completó en la Región Metropolitana, Valparaíso y O’Higgins, cerrando así el proceso de transición institucional.

Infografía comparativa entre el antiguo SENAME y el nuevo Servicio de Reinserción Social Juvenil, destacando diferencias en recursos, personal y enfoque.

Avances y diferencias con el modelo anterior

El nuevo modelo introduce diferencias técnicas y administrativas relevantes respecto del esquema anterior. Entre ellas, se menciona el aumento de recursos y personal especializado en terreno. "Tenemos un 30% más de dotación y más recursos, y esa dotación adicional está toda en los centros y en las regiones, no en el nivel nacional", señaló Faúndez.

Además, se abandonó la lógica de subvenciones que caracterizaba al SENAME y que fue ampliamente cuestionada. Se destaca la creación de un acompañamiento posegreso, enfocado en los meses posteriores al cumplimiento de sanciones, considerados críticos para evitar la reincidencia.

El sistema contempla mediaciones penales guiadas por profesionales acreditados. "Quiere decir que la víctima se reúne con la persona que le causó un daño; ese joven reconoce el daño que causó y hay un proceso de conversación muy importante", explicó la directora.

En ese marco, es la propia víctima quien define la forma de reparación. Algunos acuerdos incluyen limpiar por un período el espacio dañado, completar tratamientos de drogas o realizar trabajo comunitario. "Son distintos tipos de medidas que permiten que el joven salde su deuda con la víctima y con la comunidad", indicó.

La importancia de la reinserción para la seguridad pública

Consultada por las críticas que privilegian enfoques más punitivos, la directora sostuvo que existe evidencia internacional que vincula directamente la reinserción con mayor seguridad pública. "Se ha instalado mucho que son cosas dicotómicas, la seguridad y la reinserción, y la evidencia internacional indica que no hay seguridad sostenible sin reinserción efectiva", afirmó.

Agregó que, aunque se endurezcan penas, los jóvenes eventualmente egresan del sistema, por lo que el foco debe estar en cómo salen. Según planteó, intervenir en la adolescencia ofrece mejores resultados que hacerlo en etapas adultas: "Es una ventana mucho más propicia para conseguir cambios que cuando ya son adultos".

La autoridad también relevó las inversiones en infraestructura y tecnología, informando de nuevos centros, proyectos de conservación y recintos urbanos para el cumplimiento de medidas, junto con la implementación de un expediente único digital que integra información de distintas instituciones del Estado. Este sistema permite que jueces, fiscales y defensores accedan a la trayectoria completa de cada joven.

Crisis y cuestionamientos al SENAME

Durante su existencia, el SENAME enfrentó múltiples crisis que terminaron por erosionar su legitimidad. Uno de los hitos más graves se conoció en 2016, cuando el entonces diputado René Saffirio presentó ante la Comisión Investigadora SENAME II el antecedente de que 185 menores a cargo de la institución habían fallecido desde 2005.

Ese mismo año, el país se conmocionó con el caso de Lisette Villa, una niña de 11 años que murió en abril de 2016 en el Centro de Reparación Especializada de Administración Directa (Cread) Galvarino, en Estación Central. Las denuncias no cesaron en los años siguientes.

En 2021, la Fiscalía inició una investigación de oficio luego de que se escucharan gritos “de dolor y auxilio” provenientes de una dependencia del SENAME en Providencia. A ello se sumó un contundente fallo internacional: en febrero de 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó al Estado de Chile por las malas condiciones de detención de adolescentes y por la muerte de diez jóvenes en un incendio ocurrido en 2007 en el centro “Tiempo de Crecer” de Puerto Montt, administrado entonces por el SENAME.

Servicio Nacional de Menores cierra sus puertas tras 46 años de historia

Historias de vida marcadas por la institucionalización

Las experiencias de quienes pasaron por el SENAME son un testimonio crudo de las falencias del sistema. Cristóbal, quien estuvo institucionalizado desde niño, relata:

"Tenía 7 años cuando me fugé de un hogar del SENAME. Si no hubiese huido quizá estaría muerto. Varios morían por distintas circunstancias; desnutrición o enfermedades sin tratamiento". De eso han pasado 29 años. Fue abandonado cuando tenía pocos meses de vida y quedó bajo la tutela del Servicio Nacional de Menores (Sename). Pasó de centro en centro durante años. "En aquel período éramos la basura, así nos trataban y así nos decían también", recuerda. Revela que luego de su huida, se encontró solo en la calle. "Estaba aterrado. Era solo angustia, cada actividad se transformaba en un castigo, por cualquier situación, así lo recuerdo. Llegar a la institución implica un congelamiento de sentimientos, no tienes cariño, menos preocupación por fechas significativas, como tu cumpleaños, te vuelves duro, no te conectas con nada."

Relata situaciones de maltrato: "Te dejaban sin comida, te pegaban lumazos, te encerraban, era como estar en la cárcel. Nunca olvidaré cuando cachetearon a un niño hasta dejarlo sangrando, solo porque se demoraba en contestar."

Su historia, marcada por la violencia estatal y la búsqueda de un nuevo comienzo, lo llevó al boxeo y a inspirar a otros jóvenes.

Cheyenne Rezzio (24) revivió la década que permaneció en un hogar colaborador del SENAME al escuchar la historia de Lissette Villa. Relata: "Cuando tenía trece años estuve varios meses en un tratamiento por depresión. Tomaba diazepam, ravotril, fluoxetina y clorpromazina, diariamente. La tutora, a cargo de la casa en donde yo vivía, nos entregaba las tiras de pastillas a nosotros, quizás por flojera, pero cada uno se tenía que hacer responsable de tomarlas. Pero un día olvidé tomar una de las dosis y junté dos para que no me fueran a retar. Nunca pensé que me iba a hacer tan mal. Comencé a sentir la lengua dormida, luego se me durmió todo un lado del cuerpo y nadie entendía lo que hablaba. Me llevaron rápido, de madrugada, al hospital. Ingresé con preinfarto cerebral, pero cuando desperté estaba en la UCI amarrada a una camilla, porque supuestamente había intentado suicidarme. ¿Para qué iba a querer suicidarme, si ni siquiera sufría por las cosas que me pasaban? Prefirieron hacerlo pasar por eso y no responsabilizarse de una negligencia de ellos. Por eso, cuando vi el caso de Lissette, decidí hablar. Ella tuvo los mismos síntomas míos, pero se murió y nadie va a hablar por ella. Yo también podría haber muerto ese día, como los más de 185 niños que han fallecido en los últimos 10 años y que ahora no pueden dar su versión de las cosas. Yo sí, y tengo la responsabilidad de hacerlo por todos los que aún están ahí", dice convencida.

Los recuerdos más duros de Cheyenne están relacionados con el consumo de medicamentos y episodios de abuso. Relata un incidente de maltrato y su rebelión posterior: “Andaba todo el día con sueño, era terrible. Lo único que quería era dormir y la tutora que me cuidaba no me dejaba. Pero un día tuvimos un problema. Me dio un ataque de furia porque esas pastillas me ponían eufórica, sobre todo si no me dejaban dormir, y le saqué la chucha a la tía. Primero, ella me pegó una cachetada porque la insulté, y sobre la misma le pegué un combo de vuelta. Fue la primera vez que me rebelé”.

Eva Viera (32) narra cómo su difícil infancia en dos centros del SENAME en Santiago durante los noventa influyó en su rol como madre y su posterior búsqueda de ayuda. "Mi infancia había sido muy difícil: había crecido en dos centros del Sename de Santiago en la década de los noventa. También detallé los problemas que había tenido con mi familia y con mi mamá, que era muy estricta y que me hizo creer que yo nunca iba a poder lograr nada en la vida. Me volví una persona muy dura y, cuando tuve a mis hijos, fue el modelo que repliqué. Yo estaba muy consciente de que necesitaba ayuda para cambiar, por eso conté todo y les pedí ayuda", cuenta Eva.

En 1991, con nueve años, Eva llegó a un centro femenino administrado directamente por el SENAME. Describe la dureza de las cuidadoras y la violencia entre las internas: “Nunca había visto mujeres más feas. ¡Eran tan serias! Todas eran terribles; las tutoras eran muy agresivas, y las niñas, pese a que eran chicas, eran muy violentas y peligrosas. ¡Había una que estaba ahí porque había intentado matar a sus papás! A esa ni siquiera se le podía mirar la cara. Como yo no hablaba con nadie, me decían ‘Pollo’”.

La falta de pertenencia y la dureza del trato marcaron su experiencia: “Cuando arribó al lugar donde la cuidarían, todavía lloraba. Para que estuviera más cómoda, una persona guardó su chaqueta. “Nunca más la vi, igual que toda la ropa con la que llegué. Me hicieron elegir algo para ponerme, entre unos montones que estaban en el suelo, y nunca más volví a usar mi ropa ni mis zapatos”, dice.

El olvido de la historia personal, la falta de objetos propios y la ausencia de vínculos afectivos sólidos son elementos comunes en la experiencia de los niños institucionalizados. La memoria del niño, separada de su familia de origen, es quizás el aspecto más relevante y decisivo que debe ser conservado y reparado desde el momento en que es institucionalizado.

La supresión de la historia y el riesgo de olvido

Un aspecto central del problema de los niños que viven institucionalizados es la supresión de su historia y el riesgo permanente al olvido. Pasando de un hogar a otro, los acontecimientos más importantes en la vida de los niños, que son los de la vida cotidiana, desaparecen. La historia de los vínculos del niño es olvidada.

Cuando un niño vive en una institución o en un hogar, la posibilidad de registrar y escribir la propia historia se ve francamente amenazada. El niño es sometido a cambios reiterados de hogares y de cuidadores, lo que implica también cambios en los adultos que se vuelven significativos para él. Así, los acontecimientos más importantes en la vida de los niños, que son los de la vida cotidiana, desaparecen.

El olvido también tiene su correlato en otras situaciones propias de la institucionalización. Los niños habitualmente carecen de objetos propios y que dan cuenta de su historia. La ropa que usan todos los días es intercambiada con otros (los zapatos, las prendas preferidas, la ropa interior). Los regalos de Navidad son de todos y de nadie. Mantener las pertenencias del niño es una actividad que requiere de una preocupación especial que las instituciones no suelen realizar.

Existe una recomendación del SENAME de realizar “libros de vida” en los niños institucionalizados, pero esto en contados casos se realiza en forma sistemática y seria. Y hoy casi nadie está dispuesto a mantener un registro fotográfico de la familia de origen del niño. La mayor parte de las instituciones niega explícitamente conservar en el “libro de vida” del niño (si es que lo tiene) la imagen de sus padres y hermanos.

Un problema tanto más grave que ocultar la historia es, justamente, el olvido. Toda historia requiere del olvido, pero cuando el olvido predomina lo que está implicado es el abandono y la negación del otro: en este caso, implica sepultar la infancia de los niños, negar su existencia. El olvido imposibilita la pregunta por el origen, pero más relevante aún, anula o aniquila la propia infancia. Implica la destrucción del otro a partir de la pérdida de la memoria de sus lazos significativos.

El abandono del trabajo de memoria por parte de quienes tienen al niño bajo su cuidado, implica la creación de un contexto en el que el adulto renuncia al establecimiento de un vínculo responsable con el otro. De este modo comienzan a primar los lazos de dependencia (por interés o por necesidad) por sobre los lazos éticos o amorosos. El niño ya no se puede pensar a sí mismo como constituido históricamente con un pasado y un futuro que le pertenecen sino que simplemente queda sometido a la presión del presente.

El niño institucionalizado sigue desarrollándose, es alimentado y abrigado, pero carece, en el contexto antes descrito, del trabajo de memoria del otro: de este modo crece desnudo y sólo. Queda expuesto y despojado cuando nadie lo ayuda a construir, con recuerdos y anécdotas, fotografías y miradas, una idea de sí mismo. Queda desprovisto del sentido del pasado, presente y futuro. Y por lo mismo los vínculos que desarrollan los niños institucionalizados son generalmente de interés más que propiamente afectivos.

La memoria del niño separado de su familia de origen es quizás el aspecto más relevante y decisivo que debe ser conservado y reparado desde el momento en que es institucionalizado. La urgencia y la necesidad de este trabajo son inversamente proporcionales a la capacidad representativa y de memoria del niño. Esto significa que mientras menor sea la capacidad de elaboración propia del niño, mayor es la urgencia de desarrollarla por parte de los adultos que lo tienen a cargo. El trabajo debe ser iniciado inmediatamente después de la separación de sus padres cuando ingresa a la institución.

Es dramático observar cómo los niños cuando ingresan a una residencia entran “con lo puesto” y existen casi nulos esfuerzos por parte de las instituciones de recolectar y mantener consigo los objetos, juguetes, vestuario significativos para el niño.

La invitación es a hacerse responsables de la historia de los niños de nuestra sociedad, particularmente de los que han sido vulnerados en sus derechos. Ser transmisores de la memoria para luchar contra la tragedia del olvido.

Ejemplo de un

El nuevo Servicio de Reinserción Social Juvenil, al diseñar, implementar y evaluar políticas y programas orientados a la modificación de la conducta delictiva y a la reinserción social de los jóvenes, debe considerar la importancia de la memoria histórica en el proceso de reparación.

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