Sara, cuyo nombre original era Sarai, es una figura central en la Biblia, destacándose como una de las mujeres más importantes de las Escrituras. Ella era la esposa de Abraham y madre de Isaac. El libro del Génesis dice que su nombre original era Sarai (hebreo: שרי Saray) pero Yahveh la enaltece llamándola "Sara" antes de concederle el milagro de tener un hijo a la edad de noventa años.

Orígenes y Vida Temprana de Sarai
Sarai comenzó su vida en el mundo pagano de Ur, en la tierra de los caldeos, que estaba ubicada en la zona que hoy se conoce como Iraq. Ur era una ciudad próspera en la que abundaban artesanos y comerciantes. La pareja vivía en Ur y, lo más seguro es que tuvieran muchos bienes. Ella era la media hermana, así como la esposa de Abram (quien sería llamado Abraham). Sarai y Abram tenían el mismo padre, pero eran de distintas madres, según Génesis 20:12. En aquellos días, la genética era más pura de lo que es hoy, y el matrimonio no era perjudicial para los descendientes de las uniones entre familiares.
La Biblia no explica cómo adquirió su fe en el Dios verdadero, Jehová, ya que su padre adoró ídolos por un tiempo. Sara se casó con Abrahán, un hombre diez años mayor que ella y que luego llegó a ser llamado “el padre de todos los que tienen fe” (Génesis 17:17; Romanos 4:11). Juntos formaban un matrimonio sólido que se caracterizaba por el respeto, la buena comunicación y la voluntad de enfrentarse juntos a las dificultades. Sara amaba profundamente a su esposo, con quien fundó un hogar cerca de sus parientes, en Ur.
El Llamado de Dios y el Comienzo de un Viaje
Cuando Abram conoció al Dios vivo por primera vez, le creyó (Génesis 12:1-4; 15:6), y lo siguió, obedeciendo Su mandato de dejar su tierra y parentela para ir a un lugar del cual nunca había oído hablar, y mucho menos había visto. Su viaje los trajo a la zona llamada Harán (Génesis 11:31). Taré, el padre de Abram, falleció en esta ciudad a la edad de 205 años. Abram, Sarai, su sobrino Lot y su comitiva, continuaron el viaje, dejando que Dios los condujera y guiara. Sin tener un lugar donde vivir y sin las comodidades modernas, el viaje debió haber sido muy difícil para todos, especialmente para las mujeres. Para Sara, que ya tendría unos 60 años, esto significaba dejar la estabilidad y comodidad de su hogar en Ur, que posiblemente tenía más de una docena de habitaciones, así como fuentes e instalaciones de agua corriente, para vivir en tiendas.
Al salir de Harán, Abrahán tenía 75 años, y Sara, 65, y no tenían hijos. Sin embargo, Jehová le repitió a Abrahán una emocionante promesa: “Haré de ti una nación grande” (Génesis 12:2-4). Abrahán y su familia salieron de allí con las riquezas que habían ganado y “las almas que habían adquirido” (Génesis 12:5), lo más probable es que fueran sirvientes e incluso prosélitos que empezaron a adorar a Jehová junto con Abrahán y Sara.
Desafíos en Egipto y Gerar: Belleza y Protección Divina
Durante su viaje, hubo hambre en la tierra, obligando a Abram y Sara a ir a Egipto (Génesis 12:10). Cuando lo hicieron, Abram tuvo temor que los egipcios lo mataran porque Saraí era hermosa y la querían como esposa. Por esta razón, le pidió a Sarai que les dijera a todos que ella era la hermana de Abram, lo cual era técnicamente cierto, pero lo hizo para engañar. Sara era una mujer de gran belleza. La Biblia la describe como una “mujer de hermoso aspecto” (Génesis 12:11). Cuando Abraham y Sara viajaron a Egipto, ella tenía aproximadamente 60 años, y los egipcios la vieron como una mujer “hermosa en gran manera” y la presentaron al faraón (12:14-15).
Saraí fue llevada a casa de faraón, y Abram fue tratado muy bien por causa de ella. Sin embargo, Dios afligió la casa de faraón, y se reveló la mentira de ambos. El faraón le devolvió a Abram su esposa y los envió de regreso (Génesis 12). Sara era tan hermosa que el Talmud señala que a su lado las otras mujeres parecían monos y ni siquiera los duros viajes junto a Abraham afectaron su belleza. Según el Talmud, durante el viaje a Egipto Abraham escondió a su esposa en un baúl para que nadie pudiera verla. Cuando llegaron a la frontera de Egipto, el baúl fue inspeccionado y cuando finalmente lo abrieron, surgió una luz que emanaba de la misma belleza de Sara.
Para cuando Abraham y Sara viajaron hacia la frontera sur de Canaán, a la ciudad de Gerar (Gén. 20:1; cf. 10:19), parece que Sara tenía 89 años (cf. Gén. 17:1,17; 21:1-5). Abraham pidió de nuevo a Sara que mintiera sobre su identidad, y el rey de Gerar, Abimelec, tomó a Sara para que fuera su esposa. Pero Dios protegió a Sara, ya que por medio de ella nacería Isaac. El rey Abimelec no tuvo relaciones con ella. Es importante interpretar las edades de hombres y mujeres en la Biblia a la luz de los períodos de vida que la gente solía tener en determinada época de la historia. Aunque Abraham, Sara y Abimelec no vivieron tanto como la gente en la generación de Noé, Sara, a los 89 años, puede haber lucido similar a una mujer de entre 45 y 55 años de hoy en día. Además, la Biblia sugiere que los siguientes 25 años fueron buenos para Sara, porque, por la gracia de Dios, su belleza no se desvaneció.
Génesis: La Vida de Abraham
Esterilidad y la Promesa de un Hijo
Sarai era estéril (Génesis 11:30), un asunto de angustia personal y vergüenza cultural. Abram estaba preocupado de que no tendría ningún heredero. No obstante, Dios le dio a Abram una visión en la que le prometía un hijo y que sus descendientes serían tan numerosos como las estrellas del cielo (Génesis 15). Dios también prometió la tierra de Canaán a la descendencia de Abraham. El problema era que Sarai permanecía sin hijos.
Diez años después de que Dios había hecho su promesa a Abram, Sarai, siguiendo las normas culturales, le sugirió a Abram que tuviera un hijo con su sierva Agar. El hijo nacido de esta unión sería contado como hijo de Sarai. Abram estuvo de acuerdo, y Agar concibió un hijo, a quien llamó Ismael. Sin embargo, Agar comenzó a mirar a Sarai con desprecio y como resultado Sarai empezó a tratar duramente a Agar, tanto así que Agar huyó. El libro del Génesis cuenta que en un principio Sara había incitado a Abraham a tener un hijo con su esclava Agar pero más tarde, después del nacimiento de Isaac, expulsó a dicha mujer y a su hijo Ismael.
El Cambio de Nombre y el Nacimiento de Isaac
Trece años después que Ismael nació, Dios reafirmó Su pacto con Abram, esta vez dándole la señal de la circuncisión, así como el cambio de nombre. Abram, que significa "padre enaltecido", se convirtió en Abraham, que significa "padre de multitudes". Dios también cambió el nombre de Sarai, que significa "mi princesa", a Sara, que significa "madre de naciones". El nombre "Sara" tiene el verbo SaR (שר) que significa "gobernar, mandar o reinar" y este de la raíz SaRaR (שרר). Este cambio es menor, es solo una letra ה, pero la importancia de este cambio no se puede subestimar: de ahora en adelante, los nombres de Abraham y Sara indican que el plan de Dios cubre a toda la multitud de sus descendientes.
Dios le dijo a Abraham que le daría un hijo a través de Sara. Este hijo, Isaac, sería aquel con quien Dios establecería Su pacto. Dios también bendeciría a Ismael, pero Isaac era el hijo de la promesa y las naciones serían benditas a través de él (Génesis 17). Isaac significa "el que ríe". Abraham se rió de que a sus 100 años pudiera tener un hijo con Sara, quien tenía 90 años y había sido estéril toda su vida. Poco después de que Dios le prometió a Abraham y a Sara un hijo, Él destruyó Sodoma y Gomorra, pero rescató a Lot, el sobrino de Abraham (Génesis 19).

La Risa de Sara
Cuando Sara escuchó la noticia de que tendría un hijo, se rió, aunque luego negó haberse reído (Génesis 18:12). Esta risa inicial de incredulidad se transformó en un testimonio de gozo y plenitud cuando nació Isaac. Dios permaneció fiel a Su promesa de darle a Abraham y Sara un hijo. Lo llamaron Isaac, y "dijo Sara: Dios me ha hecho reír, y cualquiera que lo oyere, se reirá conmigo. Y añadió: ¿Quién dijera a Abraham que Sara habría de dar de mamar a hijos? Pues le he dado un hijo en su vejez" (Génesis 21:6-7). A pesar de que anteriormente ella se pudo haber reído en la incredulidad y en secreto, ahora Sara se rió con gozo y quería que su situación se conociera.
Consecuencias y Legado
Lamentablemente, la tensión entre Sara y Agar permaneció. Cuando Isaac fue destetado, Abraham hizo un gran banquete. Pero Ismael, el hijo de Agar, se burlaba de Isaac. Sara le dijo a Abraham que echara a Agar e Ismael porque el hijo de la sierva no había de heredar con Isaac su hijo. Abraham estaba angustiado, pero Dios le dijo que hiciera lo que Sara decía porque en Isaac le sería llamada descendencia. Abraham despidió a Agar e Ismael, y Dios proveyó para sus necesidades (Génesis 21:8-21).
Fue después de esto que Dios probó a Abraham al pedirle que sacrificara a Isaac. El vínculo entre Sara e Isaac fue profundo y significativo. Isaac, como hijo de la promesa, ocupaba un lugar especial en el corazón de Sara. Esta relación no solo fortaleció la fe de Sara, sino que también sirvió como testimonio de la fidelidad de Dios al cumplir sus promesas. La muerte de Sara es relatada en Génesis 23:1, donde se menciona que vivió hasta que su hijo Isaac tuvo 37 años, muriendo a los 127 años en Kiriat-arba, que es Hebrón.
Sara como Ejemplo de Fe y Virtud
Sara era una mujer sencilla, hermosa (Génesis 12:11), y muy humana; ella cometió errores, como todos nosotros. Ella pasó por delante de Dios y trató de manejar Sus asuntos por su propia cuenta, al enviar de manera insensata a su sierva Agar con Abraham para concebir el hijo que Dios había prometido. Al hacerlo, se desató una disputa que ha durado 4.000 años (Génesis 16:3).
A pesar de sus imperfecciones, la Biblia la honra como heroína de la fe en Hebreos 11:11 del Nuevo Testamento: "Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido". 1 de Pedro 3:5-6 usa a Sara como un ejemplo de una santa mujer que confiaba en Dios y que se adornaba a sí misma al someterse a su marido. Sara voluntariamente salió de su hogar y se lanzó a lo desconocido para seguir a Abraham, mientras él seguía las instrucciones de un Dios al cual ella no conocía en ese momento.
Ella sufrió mucho para tratar de ofrecer un heredero a su esposo y mantenerlo a salvo en tierras peligrosas. Al final, ella tuvo la fe suficiente para creer que ella y su marido, con 90 y 100 años de edad, producirían el heredero prometido, es decir, Isaac. Sara nos deja una gran enseñanza: fue una esposa obediente y que apoyó a su esposo en sus decisiones, fue también obediente con los mandamientos de Dios, y por su fe, logró ser madre de un hijo que le nacería en su vejez.