Los cuidados de enfermería en el adulto mayor son fundamentales para su bienestar físico y emocional. En una sociedad en constante envejecimiento, el cuidado de las personas mayores ha tomado una relevancia crítica a nivel mundial.
Introducción al Envejecimiento Poblacional y la Demanda de Cuidados
Los cambios demográficos que han acaecido desde la década de 1950 en adelante, con una disminución progresiva de las tasas de mortalidad y un aumento de la expectativa de vida de la población, han dado como resultado un incremento en el número absoluto y relativo de adultos mayores. En el mundo actual, la expectativa de vida promedio es de 66 años y existen 670 millones de adultos mayores, lo que equivale al 10% de la población. Se estima que en el año 2050 la expectativa de vida promedio será de 76 años y habrá 2000 millones de adultos mayores, equivalentes al 19% de la población mundial.
En América Latina, actualmente hay 91 millones de adultos mayores y se estima que en 2050 la cifra llegará a 292 millones. Este fenómeno se observa en países como Perú, donde se espera que la población adulta mayor se duplique para el 2050, representando cerca de 5 millones de personas que superan los 60 años (13.6% de la población). En Chile, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) proyecta que la población mayor de 65 años alcanzará el 19% para el año 2035. En Cuba, la media de vida para los ancianos es de 78 años, seguida de Chile y Costa Rica con 77 años; luego Argentina, Uruguay y Venezuela con 75 años, y posteriormente México y Perú con 74 y 71 años, respectivamente.
En Estados Unidos, el número de personas mayores sigue creciendo, y la comunidad hispana, siendo una de las más grandes y de mayor crecimiento, también experimenta un envejecimiento significativo. En consecuencia, la participación de enfermería en el cuidado de la salud del adulto mayor es y será relevante.

El Concepto de Cuidado en Enfermería Geriátrica
La enfermería es una ciencia humana práctica, una actividad sistematizada que parte de una explicación lógica, racional y fundamentada. El cuidado es el objetivo principal y el fin de la profesión enfermera, el que la hace diferente a otras disciplinas y la cual le confiere valor en sí mismo.
Definiciones y Evolución del Cuidado de Enfermería
El Consejo Internacional de Enfermería (CIE) define la labor de enfermería como aquella que “abarca los cuidados autónomos y en colaboración que se prestan a las personas de todas las edades, familias, grupos y comunidades, enfermos o sanos, en todos los contextos; e incluye la promoción de la salud, la prevención de la enfermedad y los cuidados de los enfermos, discapacitados y personas moribundas”. Funciones esenciales de la enfermería son la defensa, el fomento de un entorno seguro, la investigación, la participación en la política de salud y de gestión de los pacientes, los sistemas de salud y la formación.
De esta definición se rescatan dos conceptos: la enfermería como cuidado y la enfermería como ente participante en distintos ámbitos, como fomento, defensa, entornos, investigación y participación en política y gestión. Esta definición ha sido compartida con otros organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
El primer intento de sistematización de la noción de cuidado se ubica en el siglo XIX, con el trabajo de Florence Nightingale "Notas sobre Enfermería", donde se refiere a las técnicas para ofrecer comodidad, higiene y alimentación a los enfermos. En la segunda mitad del siglo, el concepto se amplía y considera el contexto para comprender y explicar la situación de salud individual o colectiva y el cuidado se lleva a cabo para contribuir a recuperar la salud, prevenir la enfermedad y fomentar el mantenimiento de la salud. Durante las décadas del 30 y 40 del siglo XX, Virginia Henderson desarrolló una propuesta con el objetivo de definir la función de la enfermera, reconociendo que desde los años 20 algunas enfermeras elaboraban proyectos referentes al diseño de planes de cuidado.
Para que el cuidado se exprese en su plenitud, los cuidadores deben adquirir conocimiento y experiencia en la realización de actividades técnicas y de prestación de información y educación del paciente y su familia, conjugando todo esto con expresiones de interés, consideración, respeto y sensibilidad.
La Teoría del Déficit de Autocuidado de Orem
La Teoría del Déficit de Autocuidado de Dorothea Elizabeth Orem refuerza la importancia de la enfermería en la transición al cuidado domiciliario, proporcionando un marco conceptual para entender cómo los profesionales pueden apoyar a los adultos mayores en la gestión de su propia salud y bienestar cuando existen limitaciones.
Funciones y Cuidados Básicos de Enfermería en el Adulto Mayor
La atención de enfermería en el cuidado del adulto mayor hace referencia a un conjunto de actividades dentro del ámbito de la geriatría, cuyo enfoque radica en promover el bienestar de las personas durante su etapa de envejecimiento. Este enfoque va más allá del acompañamiento, la asistencia o de aspectos biomédicos. Los profesionales en enfermería también deben conocer las necesidades psicológicas de los pacientes y los posibles trastornos funcionales que estén padeciendo, a fin de que la atención sea integral. Para diseñar estrategias que garanticen cuidados efectivos, es necesario comprender qué es gerontología, una rama de la medicina que estudia el proceso de envejecimiento y los cambios que produce a nivel físico y mental.
Tareas Cotidianas
En términos generales, la atención de enfermería en el cuidado del adulto mayor a nivel cotidiano incluye:
- Ayuda al adulto mayor a desplazarse.
- Suministro de los medicamentos.
- Monitoreo del estado de salud en general.
- Asistencia para el aseo personal.
- Apoyo en la alimentación de ser necesario.
- Ayuda a adoptar una posición corporal adecuada.
- Vigilancia ante posibles alteraciones en la piel, uñas, ojos, etc.
- Observación constante del estado de ánimo.
- Reportes al médico de cabecera sobre el estado del paciente.
Alimentación e Hidratación
Los enfermeros también están en capacidad de evaluar la condición nutricional de los pacientes de tercera edad, asegurándose de que su dieta sea variada, agradable y equilibrada, y que no consuma alimentos contraindicados. También promueve el hábito de la ingesta de líquidos para prevenir la deshidratación.
Control de Medicación
Parte de los cuidados de enfermería en el adulto mayor pasan por cumplir con las pautas de tratamiento de un médico especializado respecto a la administración de medicamentos. Ello incluye comprobar que el propio paciente entienda las indicaciones y ayudarlo si presenta dificultad para la ingesta de algún fármaco.
Monitoreo de Salud
En base a las condiciones que pudiera padecer el adulto mayor, el enfermero o enfermera a su cargo deberá establecer un protocolo de atención y monitoreo. Entre los aspectos más comunes a evaluar figuran los trastornos de sueño, incontinencia, trastornos de equilibrio, aislamiento, presión alta, afecciones neurológicas, entre otros.
Supervisión de Factores Externos
El personal auxiliar o de enfermería debe procurar que los elementos de mobiliario con los que interactúa el paciente se adapten a su condición. También verifican que la iluminación sea adecuada y que no existan obstáculos en el ambiente.
Detección de Síntomas de Alarma
El cuidador debe estar en capacidad de detectar posibles signos de fragilidad en el paciente, ya sea en su capacidad aeróbica como en sus funciones cognitivas. Ello implica prestar atención a las enfermedades crónicas que pudiera estar padeciendo y sus efectos a nivel físico, psíquico y social.

La Enfermería Geriátrica: Especialización y Competencias
En la mayoría de los casos, los cuidados del adulto mayor están a cargo de profesionales en enfermería, cuyas funciones pueden variar dependiendo de la formación que hayan recibido. Es frecuente pensar que las enfermeras y enfermeros solo realizan actividades de asistencia. Sin embargo, sus labores respecto a los adultos mayores también pueden incluir la realización de controles y evaluaciones diagnósticas, así como cuidados paliativos, rehabilitación y apoyo emocional.
Especializaciones como la Enfermería Geriátrica aportan los conocimientos necesarios para reconocer al adulto mayor dentro de su contexto sociocultural, con el objetivo de establecer protocolos de atención personalizados.
Perfil Profesional y Competencias
La Sociedad Española de Enfermeras Geriátricas y Geronto-geriátricas plantea que la gestión de los servicios gerontológicos, es decir, su planificación y organización, debe estar a cargo de una enfermera con formación reconocida en ese campo. Otros organismos como el Instituto John Hartford de la Universidad de Nueva York y la Asociación de Gerontología en la Educación Superior americana también han planteado competencias específicas.
La OPS, en una reunión de 2003, propuso lineamientos para la formación de profesionales, sugiriendo contenidos y enfoques hacia los campos en que se debe trabajar, y planteando una serie de competencias y objetivos educacionales.
Según estos lineamientos, los objetivos a lograr en la formación del profesional de enfermería que atiende adultos mayores son:
- Lograr una actitud sensible, abierta, comunicativa y de aceptación hacia los adultos mayores, basada en el reconocimiento del derecho a la salud de las personas de este grupo etario y en el respeto por las prácticas culturales de la población, a fin de suministrar un sistema de cuidados de calidad y culturalmente aceptable.
- Desarrollar actitudes y capacidades para realizar actividades de educación destinadas a la promoción de la salud, prevención de enfermedad y promoción de ambientes saludables, y participar activamente en el aprendizaje de los adultos mayores, su familia y la comunidad acerca del proceso de envejecimiento y autocuidado.
- Gestionar el cuidado institucional y comunitario y participar activamente en las esferas de decisión relacionadas con la problemática del adulto mayor.
- Utilizar los resultados de investigaciones clínicas previas como herramienta en la práctica diaria y demostrar disposición para obtener, a partir de su propio ejercicio clínico, resultados basados en la evidencia que retroalimenten el conocimiento de la enfermería geriátrica.
El Consejo Internacional de Enfermería (CIE) declara que la meta del trabajo de enfermería con los adultos mayores es "lograr un óptimo nivel de salud, bienestar y calidad de vida, tal como son percibidos por aquellos que reciben el cuidado, es decir, consistentes con los valores y deseos del individuo".
La Continuidad del Cuidado y la Prevención de Reingresos Hospitalarios
La transición del hospital al hogar para los adultos mayores es un desafío para el sistema de atención médica, especialmente debido al riesgo de reingresos hospitalarios. La continuidad del cuidado de enfermería post-alta es clave para prevenir estos reingresos.
Un estudio con el objetivo de evaluar la importancia de la continuidad del cuidado de enfermería durante el alta hospitalaria en pacientes adultos mayores y de identificar estrategias que prevengan los reingresos hospitalarios y mejoren la calidad de vida de este grupo etario, encontró que las estrategias más utilizadas son el seguimiento telefónico y las visitas domiciliarias. Sin embargo, los estudios muestran que la falta de coordinación entre los niveles de atención, una planificación deficiente del alta y el uso limitado de la tecnología afectan negativamente la continuidad del cuidado y aumentan los reingresos.
El rol de la enfermera de enlace, la integración de plataformas de tecnología de la información y una gestión efectiva, junto con la Teoría del Déficit de Autocuidado de Orem, refuerzan la importancia de la enfermería en la transición al cuidado domiciliario.
Gestión de Riesgos en el Paciente Mayor Hospitalizado
La Gestión del Cuidado en Enfermería en las personas mayores es todo un desafío para la profesión. Durante la hospitalización, características intrínsecas del envejecimiento, sumadas a factores extrínsecos relacionados con la terapia o procedimientos, además de los procesos propios de la organización, podrían elevar la frecuencia de incidentes, lo que a su vez podría aumentar la estadía hospitalaria y la ocurrencia de complicaciones. La prevención de eventos adversos durante la hospitalización se basa en cinco estrategias: identificación del riesgo, trabajo interdisciplinario, estrategias preventivas prácticas, capacitación continua y supervisión.
Los riesgos potenciales de que un evento adverso se presente durante un proceso de hospitalización dependen de factores propios del paciente (intrínsecos), factores asociados a la terapia o procedimientos (extrínsecos), y factores relacionados con los procesos propios de la organización. En los adultos mayores, el conocimiento de las características propias del envejecimiento permite comprender los riesgos a los que esta población pudiese verse expuesta solo por condiciones intrínsecas, lo que prolonga los días de estancia y los costos más allá del curso natural de la patología. Los potenciales daños en la atención del adulto mayor pueden ir dirigidos hacia la pérdida del grado de funcionalidad, la presencia de delirium y la aparición de riesgos inherentes al ámbito hospitalario como la generación de lesiones de piel, caídas e infecciones asociadas a la atención de salud, eventos que pudiesen provocar daño a largo plazo llevando a la dependencia física y cognitiva permanente.
Pérdida de Funcionalidad
No solo la disminución de la fuerza y masa muscular, ni la reducción de la capacidad aeróbica, que se presentan de manera fisiológica en las personas mayores, pueden contribuir a la pérdida de funcionalidad durante una hospitalización. Estudios han descrito que entre un 47% y un 70% de los pacientes mayores de 60 años pueden ser considerados de alto riesgo para presentar deterioro funcional durante la estadía en el hospital. Esto se relaciona con el diagnóstico de ingreso, deterioro cognitivo previo, bajo nivel de actividad social, edad y factores intrahospitalarios como reposo prolongado, larga estancia y rehabilitación tardía.
Intervenciones de carácter interdisciplinar, que incluyan rehabilitación motora temprana y ejercicio físico, son las más recomendadas para evitar la pérdida de funcionalidad en el adulto mayor durante la hospitalización.
Delirium
El Delirium es definido como una “alteración en la atención y conciencia, que se desarrolla de manera aguda y tiende a fluctuar”. Esta afección es extremadamente frecuente en pacientes adultos mayores hospitalizados; al menos un tercio de los pacientes mayores de 70 años tienen delirium, presentándose en la mitad de ellos a la admisión hospitalaria, mientras que la otra mitad lo desarrolla durante el proceso. Los factores de riesgo incluyen edad avanzada, discapacidades funcionales, coexistencia de otras condiciones patológicas, sexo femenino, visión y audición deterioradas, síntomas depresivos, anormalidades de laboratorio, deterioro cognitivo leve y abuso de alcohol. Durante la hospitalización, la administración de ciertos fármacos (hipnóticos, anticolinérgicos, sedantes, anestesia), cirugía, dolor, anemia, infecciones, enfermedades graves y exacerbaciones de enfermedades crónicas, son factores precipitantes que pueden conllevar a un aumento de las complicaciones, mayor tiempo de estadía y requerimiento de cuidados permanentes post alta.
La gestión del cuidado de enfermería para pacientes con delirium debe incorporar la aplicación de estrategias de control de la medicación, protocolos de sueño sin inducción farmacológica y la disminución de fármacos de riesgo. Asimismo, el manejo del ambiente debe considerar la orientación y la reducción de la deprivación sensorial a través de calendarios, relojes, adecuada iluminación y el uso de ayudas como anteojos y audífonos. El aporte de los miembros de la familia es crucial, y el personal de enfermería debe educar a los responsables del cuidado para que proporcionen orientación constante y animen al paciente a mantenerse activo.

Riesgos Inherentes al Ámbito Hospitalario
Algunos de los riesgos que se confieren al adulto mayor durante su hospitalización se relacionan con la presencia de caídas y lesiones de piel asociadas al reposo en cama. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta aproximadamente 646,000 muertes anuales debido a caídas, siendo los mayores de 65 años el grupo más afectado. Se estima que entre un 2% y un 12% de estas personas sufrirán una caída durante una hospitalización. En cuanto a las lesiones de piel, los adultos mayores se ven especialmente afectados por el encamamiento prolongado, la movilidad reducida, la malnutrición, las alteraciones fisiológicas y la incontinencia, entre otras.
El manejo del entorno hospitalario es un factor de riesgo que debe ser gestionado por el personal a cargo de los cuidados, con la finalidad de no deteriorar la capacidad funcional del adulto mayor. Esto incluye evitar paradigmas como las camas en posición alta para conveniencia del personal, el uso de barandas en alto casi todo el tiempo y la restricción de movilización.
El Apoyo Familiar y Comunitario en el Cuidado del Adulto Mayor
El vínculo de convivencia y protección más importante para los adultos mayores es su núcleo familiar, un factor que contribuye directamente a su bienestar. Tratándose de su red social más próxima, una relación familiar cercana contribuye a un envejecimiento más activo y saludable.
La participación de la familia y la comunidad en el cuidado de los mayores es reconocida por el Ministerio de Salud, cuya norma técnica señala que el intercambio de cuidados con hijos y nietos hace que la relación intergeneracional sea más gratificante, ofreciendo una perspectiva más optimista. Parte de las políticas públicas en este ámbito incluye la educación en temática gerontológica al adulto mayor y su familia. Entre los aspectos que se busca promover encontramos el fomento del autocuidado, la independencia, la autonomía y la prevención aplicados a la vida diaria, con el objetivo principal de contribuir al bienestar y calidad de vida de la persona.
La familia y el adulto mayor
Desafíos para la Enfermería en el Cuidado del Adulto Mayor
A pesar de la importancia de su rol, los enfermeros enfrentan diversos desafíos cuando se trata del cuidado de las personas mayores. Uno de los principales es la sobrecarga laboral. Con el envejecimiento de la población, la demanda de cuidados geriátricos ha aumentado, pero el número de enfermeros especializados no ha crecido al mismo ritmo, lo que genera una carga adicional para el personal existente.
Otro desafío importante son las barreras culturales y lingüísticas, especialmente en comunidades diversas como la hispana en Estados Unidos. Muchos ancianos hispanos enfrentan dificultades para comunicarse en inglés, lo que puede generar malentendidos en la atención médica. La competencia cultural es fundamental para garantizar que los cuidados médicos se brinden de manera respetuosa y efectiva. Los enfermeros que trabajan con personas mayores hispanas deben tener una comprensión profunda de las creencias, valores y costumbres de esta comunidad. Por ejemplo, algunos ancianos hispanos pueden preferir ciertos tratamientos o remedios tradicionales que son parte de su cultura.
Para garantizar que los enfermeros estén bien equipados para brindar cuidados de calidad a las personas mayores, la formación continua es esencial. Existen programas de certificación y especialización que preparan a los enfermeros para enfrentar las complejidades del cuidado geriátrico, brindándoles las herramientas necesarias para atender a esta población vulnerable.
