La Necesidad Humana de Cuidado y la Asignación Tradicional de Roles
La condición humana se caracteriza por una profunda interdependencia, evidenciando que los seres humanos no estamos dotados para subsistir en soledad. La necesidad de cuidado es una constante vital, presente en todas las etapas de la vida. Vivir es un continuo proceso de cuidado mutuo y simultáneo de uno mismo, de los demás y de todas las formas de vida (Lorenzini y Bettineli, 2003). Esta interconexión nos sitúa en un plano de reciprocidad, donde "el mundo que uno vive siempre se configura con otros" (Maturana, 1996, p. 2). Históricamente, las labores de cuidado han sido asignadas de manera predominante a las mujeres, tanto en el ámbito familiar como en el laboral remunerado (Comas, 2016).
Esta asignación se vio reforzada por la mercantilización de los procesos productivos en las sociedades preindustriales, que situó los cuidados en el centro del trabajo familiar (Carrasco, Borderías, y Torns, 2011). Como resultado, las mujeres han sido a menudo consideradas como las "responsables naturales" del cuidado en el ámbito privado (Espinosa, Gómez y Ochoa, 2015).
El Envejecimiento Poblacional y la Creciente Demanda de Cuidados
Un grupo particularmente necesitado de cuidados a lo largo de la historia ha sido el de las personas mayores. A partir de la década de 1990, se observa un incremento sostenido de esta población a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (2015), se estima que entre 2015 y 2050, la población mayor de 60 años pasará de novecientos millones a dos mil millones, representando un aumento del 12% al 22%.
Chile no es una excepción a esta tendencia global. La Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN, 2017) estima que en el país existen 3.440.000 personas en este rango etario. Este fenómeno se manifiesta en un triple sentido: el aumento de la población mayor de 60 años en relación con el total global; el envejecimiento de la vejez, con un incremento de la población mayor de 75 años; y la feminización de la vejez (Acosta, Picasso y Perrotta, 2018).
Estos datos se enmarcan en una relación directa entre envejecimiento y dependencia, que puede derivar en una disminución de la funcionalidad y la pérdida de autonomía (Casado, 2001), incrementando así la necesidad de cuidados. En Chile, el índice de dependencia de personas mayores ha aumentado del 12,2% en 2002 al 16,6% en 2017, lo que ha conllevado una devaluación social de los sujetos de mayor edad (Roble, 2005).
Políticas Públicas y Avances Normativos en Chile
En respuesta a la creciente demanda de atención a la dependencia de personas mayores, Chile ha implementado diversas políticas públicas y normativas. A mediados de la década de 1990, se iniciaron políticas orientadas a la atención del envejecimiento, y en 2002 se creó el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama). Se han fortalecido normativas que afectan a este grupo etario, incluyendo la reforma del sistema de salud en 2004 (ley 19.966), la modificación del sistema previsional en 2008 (ley 20.255) y la ley 20.427 de 2010, que amplió el código de violencia intrafamiliar para incluir a los mayores como víctimas específicas de maltrato.
En materia de discapacidad, la ley 20.422 de 2010 estableció normas sobre igualdad de oportunidades e inclusión social de personas en situación de discapacidad (Acosta, Picasso y Perrotta, 2018).
La Experiencia de las Mujeres Cuidadoras y la Brecha de Investigación
A nivel internacional, numerosos estudios se han centrado en las experiencias de las mujeres cuidadoras, advirtiendo que estas mujeres son más propensas a enfrentar condiciones desiguales en el ejercicio de sus derechos (Kangethe, 2010; Khan, 2009; Pautassi, 2007, 2008, 2015). Esto se relaciona con que un número importante de cuidadoras vive en situaciones de pobreza o con bajos ingresos (Kaplan, 2018; Rogero, 2010; Wakabayashi y Donato, 2006).
El ejercicio del cuidado también tiene implicaciones significativas en la salud física y mental de las mujeres (Rogero, 2010; Wakabayashi y Donato, 2006), así como en su aislamiento social (Hayes et al., 2015; Hinojosa et al., 2014; Rogero, 2010).
A pesar de estos avances en la comprensión de los cuidados, la investigación centrada en las experiencias de varones cuidadores es escasa, y aún más reducida es la que aborda las experiencias de hombres que cuidan de personas mayores en situación de dependencia en Chile. Esta brecha de conocimiento es relevante, dado que, según datos de Senama (2011, en Acosta-González, Picasso-Risso, y Perrotta-González, 2018), un 10% de los cuidados a mayores dependientes son provistos por hombres. En el ámbito de la discapacidad, el 26% de las personas que requieren cuidados cuentan con un cuidador varón (Servicio Nacional de la Discapacidad, 2016).
Marco Conceptual de la Investigación
Esta investigación se fundamenta en tres ejes conceptuales: cuidados, significados y género.
Cuidados: Una Experiencia Vital y un Trabajo Social
Los cuidados se entienden desde un enfoque epistémico fenomenológico, observando las relaciones a partir del "cuidar de" y "velar por". Se conciben como una experiencia vital, esencial para la supervivencia humana, que implica la prestación de apoyo, tanto remunerado como no remunerado, a través de actividades que involucran trabajo y estados afectivos. Tradicionalmente, estas funciones han sido desempeñadas por mujeres, atendiendo a personas adultas sanas, dependientes y a niños, en esferas pública y doméstica (Thomas, 1982).
Ampliando esta definición, Daly y Lewis (2000) proponen el concepto de "social care" o "organización social de los cuidados", entendiéndolo como el conjunto de actividades y relaciones destinadas a satisfacer las necesidades físicas y emocionales de personas dependientes y niños, así como los marcos normativos, económicos y sociales en los que se desarrollan. Este concepto subraya tres ejes fundamentales: el cuidado como trabajo, su carácter de obligatoriedad y responsabilidad, y los costos financieros y emocionales asociados.
Actualmente, la comprensión del cuidado se ha ampliado desde una perspectiva de derechos, considerándolo una condición inherente a la persona, independientemente de su situación o lugar en la sociedad (Batthyány, 2015). Esta visión orienta el diseño de políticas sociales con estándares que integran los derechos humanos y los principios de actuación de los Estados (Pautassi, 2010, 2007).
Significados: La Interpretación de la Experiencia de Cuidado
Los significados corresponden a una experiencia interpretativa, definida como el conjunto de circunstancias físicas y socioculturales externas a la persona, que involucran una interpretación perceptual, simbólica y afectiva (Navarrete Salas y Hernández Lanas, 2019). Nelson y Thomas (2010) categorizan estos significados en distintos niveles, incluyendo los "significados perceptuales", que implican la interpretación de aspectos físicos.
Desde la perspectiva del interaccionismo simbólico, Blumer sostiene que el significado es un producto social y que la comprensión de los fenómenos sociales requiere concebir la sociedad como un acto de interacción simbólica entre individuos, donde el ser humano es un constructor activo de significados (en Natera y Guerrero, 2017).
Género: Construcción Social y Desigualdades
El género se refiere a la construcción social y cultural de lo que significa ser hombre y ser mujer, y cómo esta construcción afecta la vida de ambos (Nascimento y Segundo, 2011). La idea de género permite explicar las asimetrías y desigualdades existentes entre hombres y mujeres en función de su sexo (Biswas, 2004).
El trabajo de cuidados, tradicionalmente asignado a las mujeres, las posiciona como responsables naturales de estas tareas (Carrasco et al., 2011b). En este estudio, los roles asociados al género son relevantes, ya que el rol de cuidado, típicamente femenino, es abordado por hombres participantes de la investigación, lo que sugiere un posible avance en las nociones actuales sobre el cuidado y la vivencia del género.
Para los fines de esta investigación, el género se entenderá como una construcción social y cultural que define las expectativas asociadas a ser mujer y ser hombre.

Metodología de la Investigación
La investigación se ha guiado por un diseño cualitativo con alcance exploratorio-descriptivo, dada la escasez de estudios centrados en las experiencias de varones cuidadores. La estrategia de producción de información se basó en la entrevista semi-estructurada a cuidadores de personas mayores dependientes.
Muestra y Selección de Participantes
El estudio empleó un diseño muestral intencionado por criterios (Marradi, 2007). Para acceder a la muestra, se contó con el apoyo de la iniciativa gubernamental Chile Cuida en la comuna de Quinta Normal, Región Metropolitana, que incluye cuidadores varones informales (sin remuneración) y receptores de cuidados mayores de 60 años en situación de dependencia.
Los criterios de inclusión muestral fueron: ser el cuidador informal principal de la persona receptora de cuidados (sin remuneración) y haber participado en el programa como cuidador durante al menos tres meses. Todos los participantes otorgaron su consentimiento informado.
La muestra final estuvo conformada por diez cuidadores, número que permitió alcanzar la saturación de datos. Las entrevistas se apoyaron en una pauta de preguntas alineada con los interrogantes de la investigación.
Análisis de Datos
Cada entrevista fue transcrita de manera literal para su posterior análisis. La técnica de análisis empleada fue el análisis temático (Mieles y Tonon, 2012). Los resultados presentados se basan en aspectos de saturación, priorizando elementos relevados al menos una vez en las narrativas, en lugar de criterios de frecuencia.
Los relatos que fundamentan el análisis de resultados fueron depurados, manteniendo las estructuras y los significados del habla original.
Significados del Cuidado Otorgado por Varones
El análisis de las narrativas de los cuidadores de personas mayores en situación de dependencia reveló principalmente tres formas de significar los cuidados:
1. Cuidado como Muestra de Amor
Para un varón cuidador, cuidar a una persona en situación de dependencia se significaría como una relación de amor, especialmente cuando se trata de la pareja. Se expresa la necesidad de "puro amor, paciencia y cariño", considerando la experiencia como algo "maravilloso" y una forma de "responderle con amor y con cariño" a la compañera de vida que ha compartido años y ha brindado hijos (cuidador 9). Otros manifiestan un placer explícito en cuidar a su mujer, sintiéndose "feliz cuidándola a ella" (cuidador 4).
Este significado del cuidado como expresión de amor también evoca remembranzas de la infancia, particularmente cuando el receptor de cuidados es la madre. En estos casos, se manifiesta como un "honor" más que un sacrificio (cuidador 1).
2. Cuidado como Responsabilidad
El cuidado es significado también como una responsabilidad, entendida como una obligación. Se argumenta que, así como la madre tuvo la responsabilidad de cuidar y criar al hijo, ahora recae sobre él la responsabilidad de cuidarla a ella (cuidador 1). Esta responsabilidad se integra en la cotidianidad, sin representar un impedimento, sino más bien como una parte intrínseca de la vida y del apoyo en las tareas diarias (cuidador 3).
Se observa que el cuidado asumido como responsabilidad puede ser experimentado con un cierto grado de satisfacción.
3. Cuidado como Retribución
Algunos cuidadores significan el cuidado desde la perspectiva de la retribución, sintiéndose en deuda por un cuidado recibido en el pasado. Se describe como una "devuelta de mano", donde, tras haber sido cuidado en la infancia, ahora es el turno de cuidar al otro (cuidador 2). Esta perspectiva también puede manifestarse como una expresión de compromiso a lo largo de la vida, que moviliza al cuidador.

Características del Cuidado Otorgado por Varones
Diversas características definen el cuidado proporcionado por varones a personas en situación de dependencia. El análisis de los relatos de los cuidadores revela que se caracteriza por ser una preocupación constante en el espacio cotidiano.
Se manifiesta una dedicación del "cien por ciento" para asegurar el bienestar de la persona cuidada, realizando todas las tareas necesarias para alguien postrado o imposibilitado, incluyendo aseo, alimentación y administración de medicamentos (Cano López T., 2012).
Entrevista Completa Capacitación de Cuidadores de Personas Adultas Mayores
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