El bienestar de las personas mayores es un tema de creciente importancia en la sociedad actual. Existe un tránsito fundamental desde un enfoque puramente asistencialista hacia uno basado en el reconocimiento y la garantía de sus derechos. El Estado tiene la responsabilidad primordial de brindar a las personas mayores la protección necesaria para mantener su integridad física, psíquica y social, asegurando el respeto a su dignidad y promoviendo su autonomía.
Este cambio de paradigma se refleja en el reconocimiento de una amplia gama de derechos que buscan garantizar una vida plena y digna en la tercera edad. Entre ellos se incluyen el derecho a la igualdad y no discriminación por razón de edad, el derecho a la vida y dignidad en la vejez, y el derecho a la independencia y autonomía. Asimismo, se enfatiza el derecho a la participación e integración comunitaria, el derecho a la seguridad y a una vida sin violencia, y el derecho a no ser sometido a tortura, ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.
En el ámbito de la salud, es crucial garantizar el derecho a brindar consentimiento libre e informado. Las personas mayores que reciben servicios de largo plazo deben ver protegidos sus derechos específicos, al igual que su derecho a la libertad personal. La expresión, opinión y acceso a la información son pilares fundamentales, junto con el derecho a la nacionalidad y libertad de circulación, y el derecho a la privacidad e intimidad.
Otros derechos esenciales que deben ser garantizados incluyen el derecho a la seguridad social, el derecho al trabajo, el derecho a la salud, el derecho a la educación, el derecho a la cultura, y el derecho a la recreación, esparcimiento y al deporte. La protección de la propiedad, el acceso a una vivienda digna, el disfrute de un medio ambiente sano, y el derecho a la accesibilidad y movilidad personal son también vitales. No podemos olvidar los derechos políticos y el derecho a la protección ante situaciones de riesgo y emergencias humanitarias, así como el derecho a igual reconocimiento como persona ante la ley y el acceso a la Justicia.
La soledad no deseada: un desafío en la tercera edad

A pesar del reconocimiento de estos derechos, la soledad no deseada representa una realidad preocupante que afecta a miles de personas mayores en nuestro país. La Fundación Amigos de los Mayores, en colaboración con Mediaset a través del proyecto "12 Meses, 12 Causas", se une para visibilizar esta problemática.
La Navidad, una época de celebración para muchos, puede intensificar la soledad para miles de personas mayores debido a la ausencia de relaciones cercanas, la pérdida de seres queridos o la falta de redes de apoyo. De manera similar, durante los meses de verano, mientras muchos disfrutan de vacaciones, miles de personas mayores viven los días más largos del año en silencio y soledad.
La Fundación Amigos de los Mayores trabaja activamente para que nadie se sienta invisible, ofreciendo acompañamiento emocional y creando espacios de encuentro. Durante el mes de julio, se unieron a la campaña "12 Meses, 12 Causas" de Mediaset con el objetivo de poner el foco en la soledad no deseada que experimentan muchas personas mayores.
La importancia de la interacción social y la compañía
Todo ser humano necesita de la interacción social para mantenerse activo y positivo. En la tercera edad, este contacto es igual o incluso más importante. Fomentar la socialización en esta etapa de la vida es fundamental, ya que las personas mayores comienzan a experimentar cambios significativos a nivel físico y emocional. Es vital ayudarles a afrontar estos cambios con optimismo, evitando que se sientan inútiles, solos o olvidados.
La interacción social tiene efectos muy favorables en las personas mayores. Estudios indican que aquellas con poco contacto social tienen mayor propensión a morir a corto plazo y a padecer depresión. La mejor forma de ayudarles a establecer relaciones es a través de actividades sociales organizadas.
Actividades y estrategias para fomentar la socialización
Las personas mayores pueden participar en una variedad de actividades, como:
- Excursiones
- Actividades culturales y recreativas (talleres, sesiones de baile)
- Paseos a museos o exposiciones
- Salidas al cine o al teatro
Es importante reconocer que no todas las personas mayores tienen las mismas posibilidades de disfrutar de estas actividades debido a limitaciones físicas o condiciones particulares, lo que puede impedirles salir de casa con regularidad. En estos casos, la cercanía familiar es prioritaria.
Los cuidadores pueden desempeñar un papel crucial, convirtiéndose en compañeros positivos que ofrecen una interacción social sana, comprensión y cuidado. Para las personas mayores, tener a alguien a quien confiar sus sentimientos, pensamientos y anécdotas es vital.

Si se valora la necesidad de contratar un servicio de cuidados a domicilio, profesionales como los de Cuideo en Barcelona pueden ofrecer asistencia. Es probable que se haya notado una disminución significativa de la vida social en familiares mayores. Sentir que sus consejos y aportaciones son útiles para quienes les rodean, y compartir experiencias con diferentes personas, les aporta energía y vitalidad.
La cercanía, el afecto y el tejido familiar siempre contribuyen a que una persona mayor se sienta cómoda, querida y con energía. Comunidades como Belmont Village, residencias y comunidades Senior Living con profesionales en geriatría, ofrecen atención personalizada y trabajan con las familias para desarrollar planes de vida que respeten las necesidades, capacidades y el bienestar de cada individuo.
Beneficios de una vida social activa en la tercera edad
La socialización en la tercera edad es un factor decisivo para la salud física, mental y emocional. Participar en actividades sociales, compartir tiempo con otros y mantener vínculos afectivos son aspectos que no deben descuidarse.
A medida que las personas envejecen, su esfera social tiende a reducirse debido a factores como la jubilación, la pérdida de seres queridos, problemas de movilidad o el distanciamiento familiar. El aislamiento social tiene consecuencias reales, incrementando el riesgo de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo. La falta de interacción diaria afecta el estado de ánimo, la autoestima y puede favorecer trastornos del sueño, pérdida de apetito o apatía.
La esfera social del adulto mayor cambia de forma natural. Al dejar el mundo laboral, se pierden muchas relaciones diarias. La familia también puede experimentar cambios: hijos ocupados, nietos en edad escolar, amigos que residen lejos o que van falleciendo. Es importante entender que, en esta etapa, la socialización no debe depender únicamente del núcleo familiar.
Impacto positivo de la interacción social
- Mejora del estado emocional: El contacto regular con otras personas ofrece estímulos positivos, refuerza el sentimiento de pertenencia y combate la soledad.
- Incremento de la autoestima: Conversar, debatir o participar en juegos grupales refuerza la confianza en uno mismo.
- Estimulación cognitiva: Las actividades sociales ejercitan la memoria, la atención y el lenguaje, contribuyendo a retrasar el deterioro mental.
- Beneficios para la salud física: Una vida social activa también se refleja positivamente en el bienestar físico general.
¿Cómo viven las personas mayores la soledad?
Fomentando el contacto social en la tercera edad
Existen diversas maneras de fomentar el contacto social en la tercera edad:
Actividades organizadas y recursos
- Actividades específicas para mayores: Talleres de manualidades, grupos de lectura, gimnasia suave o juegos de mesa en centros de día.
- Convivencia familiar: Participar en reuniones familiares, acompañar a nietos o colaborar en tareas del hogar refuerza los lazos afectivos.
- Herramientas digitales: Adaptadas adecuadamente, permiten mantener el contacto con familiares y amigos a distancia.
- Centros de día y actividades de barrio: Son recursos accesibles para romper el aislamiento.
El aislamiento social puede detectarse y abordarse antes de que derive en problemas más graves. El retraimiento social puede manifestarse como pérdida de interés por actividades habituales, negativa a salir de casa, irritabilidad o tristeza sin causa aparente.
En Sanitas, se trabaja activamente para potenciar la socialización en la tercera edad, reconociendo que una vida social activa es sinónimo de una vida más saludable y plena.