La discapacidad intelectual, anteriormente conocida como retraso mental, es una afección diagnosticada antes de los 18 años de edad que implica un funcionamiento intelectual general significativamente por debajo del promedio y una carencia de las destrezas necesarias para la vida diaria. Este término ha reemplazado al de retraso mental para evitar el estigma social.
Afecta a alrededor del 1% de la población, aunque si se considera un CI inferior a 70, la prevalencia puede llegar al 3%. Es un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por problemas concurrentes en el funcionamiento intelectual y el comportamiento adaptativo, incluyendo habilidades sociales y de la vida cotidiana. Las personas con discapacidad intelectual presentan diferentes grados de deterioro, desde leves a profundos.

Tipos de Discapacidad Intelectual y Niveles de Apoyo
La discapacidad intelectual se clasifica según el cociente intelectual (CI), aunque actualmente se recomienda un enfoque multidimensional centrado en el entorno y el desarrollo de habilidades. Tradicionalmente, se divide en:
- Leve (CI 50-69): La mayoría de los afectados alcanzan una independencia completa en el autocuidado y actividades prácticas, aunque con un desarrollo más lento. Pueden beneficiarse de educación especializada y tener dificultades escolares.
- Moderada (CI 35-49): Los individuos presentan lentitud en el desarrollo del lenguaje y un dominio limitado. La adquisición de capacidad de cuidado personal y funciones motoras también está retrasada, pudiendo necesitar supervisión permanente. Pueden realizar trabajos prácticos sencillos si las tareas están estructuradas.
- Grave (CI 20-34): Tanto el cuadro clínico como la etiología orgánica y la asociación con otros trastornos son similares a los del retraso mental moderado, pero con un nivel de adquisiciones más bajo. En este grupo es frecuente que existan discrepancias entre los perfiles de rendimiento, y algunos nunca llegan a hacer uso del lenguaje oral.
- Profunda (CI inferior a 20): Es el tipo más infrecuente y el más temido por los padres. Implica un cuidado permanente y la tasa de supervivencia es baja debido a la frecuente asociación con graves problemas neurológicos y déficits somáticos. Los afectados están totalmente incapacitados para comprender instrucciones o para actuar de acuerdo con ellas, con movilidad muy restringida o inexistente y formas muy rudimentarias de comunicación no verbal.
El impacto de la discapacidad intelectual en la vida de la persona depende de la cantidad de apoyo que se requiera. El apoyo se clasifica como:
- Intermitente: Apoyo ocasional.
- Limitado: Apoyo como un programa diario en un taller supervisado.
- Importante: Apoyo continuo diario.
- Profundo: Un alto nivel de apoyo para todas las actividades diarias, incluyendo cuidados especializados exhaustivos.
Causas de la Discapacidad Intelectual
La discapacidad intelectual puede tener su origen en una amplia variedad de circunstancias médicas y ambientales, con la característica común de que algo afecta el crecimiento y desarrollo del cerebro. Incluso con los avances en genética, a menudo no se puede identificar una causa específica.
Las principales causas se resumen en:
- Anomalías cromosómicas: Como el síndrome de Down, donde las personas presentan 47 cromosomas en lugar de 46, o el síndrome del X frágil.
- Anomalías del desarrollo del sistema nervioso central (SNC): Trastornos que afectan el cerebro, la médula espinal y el sistema nervioso, impactando la inteligencia y el aprendizaje. Ejemplos incluyen parálisis cerebral y trastornos del espectro autista.
- Teratógenos ambientales: Exposición a sustancias tóxicas como el plomo, el metilmercurio o el alcohol (trastorno del espectro alcohólico fetal) durante el embarazo.
- Retraso mental sociocultural: Asociado a maltrato y pobreza, así como desnutrición.
- Complicaciones de la prematuridad: Especialmente la prematuridad extrema, que puede llevar a problemas de visión y/o audición.
- Enfermedades monogénicas conocidas y causas sindrómicas.
- Enfermedades metabólicas o endocrinas: Afectan cómo el cuerpo utiliza los alimentos y otros materiales para obtener energía y crecer, como la fenilcetonuria (PKU) y el hipotiroidismo congénito.
- Infecciones: Presentes al nacer o que ocurren después del nacimiento, como la rubeola (prevenible con vacuna), citomegalovirus, virus del herpes simple, toxoplasmosis, virus Zika, meningitis y encefalitis.
- Traumatismos: Antes y después del nacimiento, incluyendo traumatismos craneales graves.
- Factores hereditarios: Como la enfermedad de Tay-Sachs o la neurofibromatosis.
Epigenética: La historia sobre los genes y el medio ambiente
Síntomas y Detección de la Discapacidad Intelectual
Algunos niños con discapacidad intelectual pueden presentar anomalías evidentes al nacer o poco después, ya sean físicas o neurológicas, como características faciales inusuales, tamaño de la cabeza muy grande o muy pequeño, o malformaciones. Otros pueden parecer normales, pero muestran signos de enfermedades graves como convulsiones, letargo, vómitos u olores anómalos en la orina.
En el primer año de vida, muchos niños con discapacidad intelectual grave tienen un desarrollo motor tardío. Sin embargo, la mayoría de los niños con discapacidad intelectual no muestran síntomas perceptibles hasta la edad preescolar, siendo el retraso en el desarrollo del lenguaje el primer problema que suelen notar los padres. Su desarrollo social y las habilidades de autocuidado también pueden ser lentos.
Los niños con discapacidad intelectual son más propensos a problemas de comportamiento, como crisis explosivas o autolesivas, a menudo debido a la incapacidad de comunicarse y controlar impulsos. También tienen un mayor riesgo de sufrir explotación o abusos físicos y sexuales. Entre el 20 y el 35% de las personas con discapacidad intelectual también presentan trastornos de la salud mental, siendo la ansiedad y la depresión comunes.
Detección Precoz y Diagnóstico
La detección precoz del retraso en el neurodesarrollo es fundamental. El diagnóstico se basa en:
- Detección prenatal: Ecografías, amniocentesis, biopsia de vellosidades coriónicas y análisis de sangre como el cribado cuádruple y el cribado prenatal no invasivo (NIPS) pueden identificar trastornos genéticos y anomalías congénitas.
- Pruebas de cribado del desarrollo: Cuestionarios y evaluaciones rutinarias durante las visitas pediátricas.
- Pruebas formales intelectuales y de habilidades: Incluyen entrevistas con los padres, observaciones del niño y cuestionarios estandarizados como el test de inteligencia de Stanford-Binet y la Escala de inteligencia de Wechsler para niños-IV (WISC-IV). Las Escalas de Conductas Adaptativas de Vineland valoran comunicación funcional y habilidades de la vida diaria.
- Pruebas de diagnóstico por la imagen: La resonancia magnética nuclear (RMN) para problemas estructurales en el cerebro y el electroencefalograma (EEG) para valorar convulsiones.
- Pruebas genéticas y de laboratorio: Análisis de micromatrices cromosómicas, cariotipo convencional, test para descartar el síndrome del cromosoma X frágil, estudios de síndromes de microdeleción (mediante FISH) y estudio de las regiones subteloméricas de los cromosomas (mediante MLPA o FISH). Recientemente, los microarrays de hibridación genómica comparada (CGH-arrays) permiten detectar reordenamientos genéticos a una resolución mayor.
Es importante destacar que el diagnóstico de discapacidad intelectual requiere que tanto la capacidad intelectual como la adaptativa estén significativamente por debajo del promedio. Es crucial diferenciar la discapacidad intelectual de problemas de audición, trastornos emocionales o del aprendizaje, y situaciones de privación afectiva grave.
Tratamiento y Abordaje de la Discapacidad Intelectual
El objetivo del tratamiento es desarrollar al máximo el potencial de la persona. El entrenamiento y la educación especial pueden comenzar desde la lactancia, incluyendo el desarrollo de destrezas sociales y de autoayuda.
La mejor atención para un niño con discapacidad intelectual la proporciona un equipo multidisciplinario, que puede incluir:
- Médico de atención primaria
- Neurólogo pediátrico o pediatra del desarrollo
- Psicólogo
- Logopeda
- Terapeuta ocupacional y fisioterapeuta
- Educador especial
- Trabajadores sociales
- Consejeros genéticos
La terapia conductual es generalmente útil. Es fundamental una evaluación constante para identificar y tratar otros problemas de salud mental y física asociados, como la epilepsia o los déficits sensoriales, que pueden tener un gran impacto en el cuadro clínico y el rendimiento del individuo. Además, es necesario que la sociedad trabaje para identificar y eliminar las barreras en el entorno que impiden la plena participación de las personas con discapacidad intelectual.
Prevención
La prevención de la discapacidad intelectual puede abordarse desde varias perspectivas:
- Genética: El asesoramiento genético y los exámenes durante el embarazo pueden ayudar a los padres a entender los riesgos y tomar decisiones.
- Social: Los programas de nutrición pueden reducir la discapacidad intelectual asociada con la desnutrición. La intervención temprana en situaciones de maltrato y pobreza es de gran ayuda.
- Tóxica: Prevenir la exposición a plomo, mercurio y otras toxinas durante el embarazo y la infancia reduce el riesgo. Educar a las mujeres sobre los riesgos del alcohol y las drogas durante el embarazo también es crucial.
- Enfermedades infecciosas: La prevención de infecciones mediante vacunas (como la de la rubéola) y el tratamiento adecuado de otras enfermedades puede reducir el riesgo.
tags: #retraso #mental #profundo #tipo #adiestrable