El Cuidado a Distancia: Desafíos y Estrategias para Cuidadores Familiares

La labor de cuidar a un ser querido que enfrenta un problema de salud física o mental es una de las tareas más gratificantes, pero también más exigentes y, a menudo, no anticipadas. Las personas cuidadoras presentan con frecuencia cuadros de estrés, depresión y ansiedad, trastornos del sueño, apatía e irritabilidad, además de tener menos posibilidades para descansar, desarrollar proyectos personales o relacionarse. Estos efectos del cuidado sobre la salud y el bienestar varían dependiendo de las características de las personas cuidadoras (sexo, edad, estatus socioeconómico, etc.) y de las personas cuidadas (tipo y grado de limitaciones, recursos disponibles, demandas de cuidado, etc.).

Muchas personas asumen el papel de cuidador de un familiar, a menudo un pariente o hermano mayor, mientras viven a más de una hora de viaje. Intentar gestionar los cuidados de un ser querido a la distancia puede agravar los sentimientos de culpa y ansiedad y presentar muchos otros obstáculos. Sin la ayuda y el apoyo adecuados, puede ser difícil proporcionar cuidados amorosos y eficaces sin tener que sacrificarse en el proceso.

Persona cuidando a un familiar con cariño y empatía, con un mapa de distancia de fondo

El Rol del Cuidador Familiar

Un cuidador (o proveedor de atención a pacientes) ayuda a una persona que necesita asistencia para cuidarse. Quien necesita apoyo puede ser un niño, adulto o una persona mayor. Algunos cuidadores son informales, suelen ser familiares o amigos. Otros cuidadores son profesionales remunerados. Los cuidadores pueden brindar atención en el hogar, en un hospital u otro entorno de atención médica. En ocasiones, realizan su labor a distancia.

Sea cual sea la circunstancia particular, ser cuidador de un familiar es un papel difícil y, probablemente, uno para el que no se ha capacitado. El trabajo de cuidador de salud puede ser gratificante, ayudando a fortalecer la relación con un ser querido o sintiendo satisfacción al ayudar a una persona. Sin embargo, el cuidado también puede ser estresante y, en ocasiones, incluso abrumador.

Impacto en la Salud y Bienestar del Cuidador

El impacto negativo de cuidar afecta a nivel físico, pero sobre todo mental y emocional, estando asociado a un incremento de la vulnerabilidad debido al estrés y la ansiedad que comporta esta actividad. Se ha observado que las personas mayores cuidadoras presentan menor satisfacción con la vida y más riesgo de depresión que las personas no cuidadoras de la misma edad, así como un alto consumo de medicamentos, sobre todo antidepresivos y ansiolíticos, que aumenta a medida que se prolonga el tiempo de cuidado.

La mayor parte de las evidencias sobre la relación entre el cuidado y la salud provienen de estudios enfocados en los flujos de apoyo intergeneracional. Teniendo en cuenta que la edad media de los cuidadores informales está aumentando, y que alrededor de un 18% de estos tienen más de 65 años, la investigación sobre la salud de las personas mayores cuidadoras es bastante escasa, aunque creciente en los últimos cinco años. Una revisión de alcance (scoping review), realizada sobre artículos de investigación, revisiones bibliográficas, capítulos de libro y libros publicados en inglés durante el periodo 2010-2022, ha mostrado que las investigaciones utilizan fundamentalmente un enfoque cuantitativo, planteando estudios de caso de países del Norte Global. Aunque la mayoría apunta a efectos negativos, también se han encontrado indicios de efectos positivos, donde el cuidado no merma la salud, sino que mantiene y mejora las capacidades y el bienestar de las personas mayores cuidadoras.

Emociones Comunes en el Cuidado

Los cuidados pueden desencadenar una serie de emociones difíciles, como ira, miedo, resentimiento, culpa, impotencia y aflicción. Es importante reconocer y aceptar lo que se siente, tanto lo bueno como lo malo, sin martirizarse por las dudas y recelos. Entre las emociones más frecuentes se encuentran:

  • Ansiedad y preocupación: Puede que le preocupe cómo afrontará las responsabilidades adicionales o cómo se las arreglará su familiar si a usted le ocurre algo.
  • Enojo o resentimiento: Puede sentirse enojado o resentido con la persona a la que cuida, aunque sepa que esto es irracional.
  • Culpa: Puede que se sienta culpable por no ser un "mejor" cuidador, por no tener más paciencia o por no aceptar su situación con mayor serenidad.
  • Aflicción: Son muchas las pérdidas que puede traer el cuidar de alguien, como el futuro saludable imaginado con un cónyuge o hijo, o los objetivos y sueños que se han tenido que dejar de lado.

Incluso cuando se entiende por qué se siente así, estas emociones pueden ser molestas. Pero en lugar de intentar mantenerlas reprimidas, es importante hablar de ellas.

El Síndrome del Cuidador: Una Carga Creciente

El síndrome del cuidador, denominado en la literatura científica como carga del cuidador (caregiver burden), se refiere al conjunto de consecuencias físicas, emocionales, sociales y económicas que experimentan las personas que cuidan de manera prolongada a alguien con dependencia o enfermedad crónica. La doctora Andrea Slachevsky, neuróloga y académica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, ha investigado este fenómeno durante años, especialmente en el contexto del cuidado de personas con demencia.

“Las personas que cuidan a familiares en situación de dependencia, especialmente a quienes viven con demencia, suelen enfrentar una alta carga física, emocional y social”, explica la doctora Slachevsky. El desgaste asociado al cuidado no aparece de forma abrupta, sino que se desarrolla progresivamente. “Existe un continuo en el grado de sobrecarga y en las repercusiones negativas del cuidado. Cuando ese desgaste alcanza niveles críticos, se habla propiamente del síndrome del cuidador. El síndrome corresponde al extremo de ese proceso”.

Desde el punto de vista de la salud, el desgaste asociado al cuidado prolongado puede manifestarse de diversas maneras: “Es como un elástico que está permanentemente sometido a tensión”. A diferencia de otras etapas del ciclo vital, como la crianza de los hijos, el rol de cuidador de una persona mayor dependiente no es una experiencia socialmente anticipada ni normada. “Ser cuidador no es una etapa de la vida socialmente esperada, como lo es, por ejemplo, cuidar a los hijos. En el caso de las demencias, esta adaptación puede resultar particularmente exigente”. Entre las manifestaciones más frecuentes, una persona con síndrome del cuidador puede presentar “cuadros severos de depresión, trastornos de ansiedad, problemas de sueño, fatiga crónica y una persistente sensación de sobrecarga”.

Infografía sobre los síntomas del síndrome del cuidador

El Cuidado en el Contexto Social: Chile Cuida como Ejemplo

El envejecimiento de la población y el aumento de enfermedades que generan dependencia han instalado el cuidado como uno de los grandes desafíos sociales y sanitarios. Históricamente, esta responsabilidad ha recaído en las familias, y particularmente en las mujeres. En Chile, por ejemplo, se promulgó la ley que crea el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados “Chile Cuida”, una iniciativa que reconoce el cuidado como un cuarto pilar de la protección social, buscando fortalecer los apoyos a personas cuidadoras y a quienes viven en situación de dependencia.

Según cifras del Gobierno de Chile, más de un millón de personas en el país realizan diariamente labores de cuidado no remunerado de familiares con enfermedades que generan dependencia, particularmente demencias. Aunque este cuidado suele surgir del afecto y el compromiso familiar, también puede convertirse en una experiencia de alta exigencia emocional, física y económica. El cuidado informal de personas dependientes sigue recayendo mayoritariamente en las familias y, dentro de ellas, particularmente en las mujeres: el 86% son mujeres. “En su mayoría, mujeres jóvenes sin formación profesional en cuidados”, señala la doctora Slachevsky. Este fenómeno refleja una construcción social profundamente arraigada, donde “el cuidado continúa siendo una tarea culturalmente asociada a las mujeres”. La consecuencia es que muchas de estas mujeres deben abandonar o limitar su participación en el mercado laboral para asumir estas tareas, transformándose la falta de estructuras de cuidado en una barrera para la empleabilidad.

Además, las alternativas formales de cuidado siguen siendo limitadas. “Las familias que pueden contratar cuidadores lo hacen, pero son una minoría”, y “las plazas en residencias son escasas y muchas corresponden a establecimientos privados de alto costo”. La especialista subraya la necesidad de avanzar hacia una política pública más integral: “Chile necesita desarrollar un sistema nacional de cuidados efectivo, que apoye tanto a la persona dependiente como a quien la cuida. Experiencias internacionales muestran que existen alternativas posibles”. En el ámbito de las políticas públicas, aún persisten importantes desafíos, como la falta de consideración del cuidador como beneficiario directo en algunos sistemas de salud, lo que limita su acceso a apoyo y atención.

Desafíos Específicos del Cuidado a Distancia

Cuidar de un ser querido cuando se vive lejos presenta desafíos únicos. La imposibilidad de estar presente físicamente para responder rápidamente a emergencias o para supervisar de cerca el bienestar diario del familiar puede generar una carga adicional de culpa y ansiedad. La gestión remota requiere una organización meticulosa y la implementación de estrategias específicas para asegurar que el ser querido reciba la atención necesaria y que el cuidador a distancia pueda mantener su propio equilibrio.

Estrategias Efectivas para Cuidadores a Distancia

Para aquellos que asumen el rol de cuidador a distancia, la planificación y el uso de recursos son esenciales:

  • Utilice un sistema de alerta médica: Si vive lejos de la persona a la que cuida, no podrá responder con rapidez en caso de emergencia, como una caída o un problema de salud potencialmente mortal. Un sistema de alerta médica permitirá a su ser querido pedir ayuda inmediata cuando la necesite.
  • Coordine las citas y consultas médicas: Intente programar todas las citas médicas juntas, a una hora en la que vaya a estar en el área. Tómese el tiempo necesario para conocer a los médicos de su ser querido y acuerde que le mantengan al corriente de todos los asuntos médicos por teléfono o correo electrónico cuando no se encuentre en el área.
  • Utilice un administrador de casos: Un administrador de casos puede ayudar a organizar y coordinar los servicios y la atención de su ser querido.
  • Investigue los servicios locales: Busque servicios locales que puedan ofrecerle ayuda a domicilio, entregarle comidas o proporcionarle transporte local para su ser querido.
  • Programe una comunicación regular: Organice llamadas de acompañamiento con un grupo religioso local, un centro para adultos mayores u otra organización pública o sin fines de lucro para que su ser querido se sienta acompañado y usted tenga actualizaciones.

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Dinámica de la Relación Cuidador-Persona Cuidada

Una de las claves del buen cuidado es la relación entre el cuidador y la persona en situación de dependencia. La evidencia muestra que el estrés del cuidador y las preocupaciones por la seguridad pueden afectar a la relación si no se atienden a tiempo. Cuidar no es solo ayudar con la higiene, la movilidad o la medicación; también significa acompañar emociones, escuchar y adaptarse a nuevos roles. Diferentes estudios e investigaciones indican que el temor a caídas y el aumento de responsabilidades pueden afectar la relación entre la persona cuidada y el cuidador [1][2].

La comunicación es la base de cualquier relación de cuidado. La pérdida de autonomía puede generar inseguridad o irritación en la persona cuidada. Es importante atender a sus decisiones y opiniones y respetar que, en la medida de lo posible, intenten mantener el control de su vida. La dignidad y el respeto deben ser recíprocos y la empatía por parte del cuidador, primordial. Muchas de las personas que hoy necesitan cuidados, ayer eran seres humanos totalmente autónomos e independientes, por lo que es preciso comprender que puedan tener dificultades para aceptar el nuevo rol que la vida les ha destinado. Cuando el cuidador está cansado o sobrecargado, la comunicación se vuelve más difícil y la paciencia disminuye [3].

Para mejorar la calidad de vida y el bienestar de cuidador y persona cuidada, se puede atender al Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP), implementado por entidades como la Fundación Pilares para la Autonomía Personal.

  • Escuche sus motivos y explíquele por qué es importante ayudarle.
  • Organícese, marque límites y cuide su descanso. El cuidado transforma roles y rutinas.

Autocuidado y Búsqueda de Apoyo para el Cuidador

Para que un cuidador familiar pueda desempeñar de manera correcta su labor, tiene que establecer y mantener sus relaciones con los demás. El contacto con el resto de la familia, así como con amigos y otros círculos próximos, es vital para que la actitud del cuidador sea positiva y sus aptitudes vayan mejorando con el paso del tiempo. Eso irá en su beneficio y en el bienestar de la persona cuidada.

Es vital que el cuidador no se olvide de sus propias necesidades mientras cuida de su ser querido. Dedicar tiempo a relajarse diariamente y aprender a desestresarse cuando se empiece a sentir abrumado es fundamental. Un cuidador familiar no puede afrontar en solitario el reto de cuidar. El estrés del cuidador a largo plazo puede aumentar el riesgo de muchos problemas de salud diferentes, incluyendo enfermedades crónicas como enfermedades cardíacas, cáncer, diabetes o artritis. Tomar medidas para prevenir o aliviar el estrés del cuidador puede ayudar a prevenir problemas de salud. Si el cuidador se siente mejor, puede cuidar de mejor forma a su ser querido y concentrarse en la gratificación del cuidado.

Persona meditando o relajándose para gestionar el estrés del cuidador

Estrategias de Autocuidado Diario

  • Hable con alguien para darle sentido a su papel de cuidador y a sus sentimientos al respecto.
  • Lleve un diario.
  • Alimente su espíritu: rece, medite o realice otra actividad que le haga sentirse parte de algo más grande.
  • Manténgase en contacto social. Convierta en una prioridad la visita regular a otras personas y cultive sus relaciones cercanas.
  • Haga cosas que le gusten y mantenga el equilibrio en su vida. Dese un respiro.
  • Encuentre una comunidad. Únase o restablezca su conexión con un grupo religioso, club social u organización civil.
  • Haga ejercicio con regularidad. Intente hacer al menos 30 minutos de ejercicio, tres veces por semana. El ejercicio es una excelente forma de aliviar el estrés y aumentar su energía [4].
  • Coma bien. Los cuerpos bien alimentados son más resistentes y están mejor preparados para hacer frente al estrés de los días ajetreados.
  • Evite el consumo excesivo de alcohol y drogas. A largo plazo, pueden empeorar el estrés y la ansiedad, e incluso comprometer la calidad de los cuidados.
  • Duerma lo suficiente. Intente dormir entre seis y ocho horas seguidas sin interrupciones cada noche.
  • Procure su propia atención médica. Manténgase al día con sus citas médicas, tratamientos y recetas.

Recursos y Servicios Comunitarios

Aunque se sea el principal cuidador, no se puede hacerlo todo solo. Se necesitará ayuda de amigos, hermanos y otros familiares, así como de profesionales de la salud. Para ello, es útil hacer una lista de todas las tareas de cuidado necesarias, haciéndola lo más específica posible, y luego determinar qué actividades puede realizar el cuidador. No siempre es fácil pedir ayuda, pero si simplemente se dan a conocer las necesidades, puede que sorprenda la disposición de los demás para contribuir.

La mayoría de las comunidades disponen de servicios para ayudar a los cuidadores. Para encontrar recursos, se puede llamar al centro para adultos mayores de la localidad, al servicio de información y referencia del condado, a los servicios familiares o a la unidad de trabajo social del hospital. Las organizaciones de apoyo para la enfermedad o discapacidad del ser querido también pueden recomendar servicios locales.

Algunos tipos de servicios comunitarios y de apoyo incluyen:

  • Servicios para cuidadores en su comunidad: Muchas comunidades tienen servicios de guardería para adultos o servicios de relevo.
  • Apoyo a los cuidadores de veteranos: Si el receptor de los cuidados es un veterano de guerra, es posible que sea elegible para servicios de apoyo adicionales en algunos países.
  • Afiliaciones de sus familiares: Organizaciones fraternales como las logias Elks, Eagles o Moose pueden ofrecer alguna ayuda si su ser querido es un miembro que paga cuotas desde hace mucho tiempo.
  • Servicios de transporte comunitario.
  • Cuidado diurno para adultos: Si la persona a la que cuida es mayor y se encuentra lo suficientemente bien, considere la posibilidad de cuidados diurnos para adultos.
  • Servicios de atención personal: La ayuda con las actividades de la vida diaria, como vestirse, bañarse, alimentarse o preparar la comida, puede ser proporcionada por asistentes de atención domiciliaria, acompañantes contratados, asistentes de enfermería certificados o asistentes médicos a domicilio.
  • Servicios de atención médica: Algunos servicios de atención médica se pueden brindar a domicilio por profesionales capacitados, como fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales o enfermeros a domicilio. Es importante consultar con el seguro o servicio de salud para saber qué tipo de cobertura está disponible.
  • Programas de comidas: Es posible que el ser querido sea elegible para que un programa de Meals on Wheels (Comidas sobre ruedas) le entregue comidas calientes a domicilio.
  • Plataformas de apoyo online: Plataformas como BetterHelp, por ejemplo, conectan con psicólogos cualificados y colegiados que pueden ayudar a mejorar y cuidar la salud mental.

Considerar tomar un tiempo de vacaciones si se trabaja y se siente abrumado también es una opción. Según la Ley Federal de Ausencia Familiar y Médica en Estados Unidos, por ejemplo, los empleados elegibles pueden tomar hasta 12 semanas de licencia anual no remunerada para cuidar a sus familiares.

Hacia una Cultura del Cuidado Sostenible

Frente a las señales de alerta del síndrome del cuidador, la doctora Slachevsky plantea la necesidad de poner mayor atención en la figura del cuidador, sin perder de vista las causas que generan la dependencia de la persona cuidada. La educación y el acompañamiento temprano son claves. Instituciones como la Unidad de Memoria del Hospital del Salvador en Chile han desarrollado enfoques integrales que consideran tanto a la persona con demencia como a su cuidador, con un componente psicoeducativo sobre la enfermedad y estrategias de autocuidado. Una vez que el síndrome del cuidador ya se ha instalado, es fundamental que la persona reciba tratamiento específico, incluyendo la división del cuidado, la delegación de tareas y la construcción de redes de apoyo. Contar con cuidadores capacitados (profesionales o familiares formados) puede ayudar significativamente a prevenir crisis y mejorar la calidad del cuidado.

Uno de los cambios más importantes que debe producirse es cultural: “Hay que dejar de ver el cuidado como un problema y comenzar a entenderlo como una inversión social para el futuro”, señala la doctora Andrea Slachevsky. En un contexto de envejecimiento acelerado de la población, el desafío de cuidar a quienes lo necesitan se convierte así en una tarea colectiva que involucra al sistema de salud, las políticas públicas y a toda la sociedad. Las demencias, por ejemplo, son una de las principales causas de dependencia en las personas mayores y se caracterizan por ser enfermedades de larga duración, lo que significa que la labor de cuidado puede extenderse por años, incluso décadas, afectando no solo al paciente, sino a todo su entorno.

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