El embarazo en la adolescencia es un fenómeno mundial con causas claramente conocidas y graves consecuencias para la salud, la sociedad y la economía. Se produce cuando ni el cuerpo ni la mente de la mujer están preparados para ello, concretamente entre la adolescencia inicial o pubertad (comienzo de la edad fértil) y el final de la adolescencia, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece en los 19 años. Cada día los derechos de las mujeres y las niñas son vulnerados, y el embarazo adolescente es una de las múltiples caras que adopta esta desigualdad.
Aunque la tasa de natalidad en adolescentes ha disminuido a escala mundial, los ritmos de cambio han sido desiguales entre las regiones y existen enormes variaciones en los niveles entre los países y dentro de ellos. Este fenómeno tiende a ser mayor en personas con menos educación o de bajo estatus económico.

Panorama Global y Regional del Embarazo Adolescente
En 2019, se registraban unos 21 millones de embarazos al año entre las adolescentes de entre 15 y 19 años en los países de ingreso mediano bajo; dichos embarazos, de los que aproximadamente el 50% eran no deseados, daban como resultado una cifra estimada de 12 millones de nacimientos (1, 2). Según los datos de 2019, el 55% de los embarazos no deseados entre las adolescentes de 15 a 19 años terminan en abortos, los cuales a menudo no son seguros en los países de ingreso mediano bajo (1).
A escala mundial, la tasa de nacimientos en la adolescencia ha disminuido de 64,5 nacimientos por cada 1000 adolescentes en 2000 a 41,3 nacimientos por cada 1000 mujeres en 2023. Sin embargo, las tasas de cambio han sido desiguales en diferentes regiones del mundo, con la mayor disminución en Asia Meridional y disminuciones más lentas en las regiones de América Latina y el Caribe y África Subsahariana. Aunque se han producido disminuciones en todas las regiones, África Subsahariana y América Latina y el Caribe continúan teniendo las tasas más altas a nivel mundial, con 97,9 y 51,4 nacimientos por cada 1000 mujeres, respectivamente, en 2023 (3).
DOCUMENTAL EMBARAZO ADOLESCENTE
Tasas de Natalidad en Niñas más Jóvenes
Cada vez se dispone de más datos sobre los partos entre niñas de 10 a 14 años. A escala mundial, se calcula que la tasa de natalidad entre las adolescentes de 10 a 14 años en 2023 fue de 1,5 por cada 1000 mujeres, con tasas más elevadas en África subsahariana (4,4) y América Latina y el Caribe (2,3) (3). El mayor número estimado de nacimientos de jóvenes de 15 a 19 años en 2021 tuvo lugar en el África Subsahariana (6 114 000), mientras que en Asia Central los nacimientos fueron muchos menos (68 000). El número correspondiente fue de 332 000 entre los adolescentes de 10 a 14 años en el África Subsahariana, en comparación con 22 000 en Asia Sudoriental en el mismo año (3).
Variaciones Regionales y Nacionales
También hay enormes diferencias en la tasa de natalidad en adolescentes dentro de las regiones. En la Región de África de la OMS, se calcula que la tasa de natalidad en adolescentes era de 97 por 1000 adolescentes en 2023, frente a 13,1 por 1000 adolescentes en la Región de Europa (3). Hay enormes variaciones, incluso dentro del mismo país. Por ejemplo, en Zambia, el porcentaje de adolescentes de 15 a 19 años que han comenzado a procrear osciló entre el 14,9% en Lusaka y el 42,5% en la Provincia Meridional en 2018 (4). En Filipinas, este porcentaje osciló entre el 3,5% en la Región Administrativa de la Cordillera y el 17,9% en la Región de la Península de Davao en 2017 (5).
La Vulnerabilidad Social como Motor del Embarazo Adolescente
La OMS destaca que el embarazo adolescente es un problema de salud pública y refleja inequidades sociales. Las adolescentes con escaso acceso a la educación y bajos ingresos tienen mayor riesgo de embarazo. Los estudios de factores de riesgo y protección relacionados con el embarazo en la adolescencia en los países de ingreso mediano bajo indican que los niveles tienden a ser más altos entre aquellos con menos educación o de bajo nivel económico (6).
Definición de Pobreza y Vulnerabilidad Social
Definiéndola de manera sencilla, la pobreza significa no tener los medios suficientes para satisfacer necesidades básicas, tales como alimentación, vivienda, acceso a la educación básica y a los servicios de salud. Por otro lado, ser vulnerable significa ser susceptible de ser lastimado, de recibir un golpe físico o moral. La vulnerabilidad social implica que esta susceptibilidad no es determinada de manera individual, sino socialmente. Comprende la interacción de condiciones y situaciones tanto estructurales como coyunturales; abarca varias dimensiones: la económica, la social y la cultural, y se manifiesta en varios niveles: objetivo y subjetivo.
En la mayoría de los casos, la vulnerabilidad social se asocia empíricamente con la pobreza, pero esta relación es contingente y no necesaria. Hay muchas formas en que la vulnerabilidad puede ser minimizada aun dentro de la pobreza. El acceso universal a los servicios básicos de salud, a una educación básica y a la seguridad social es una de esas formas. El desarrollo o el reforzamiento de "redes de apoyo social" es otra.
Factores Contribuyentes a la Vulnerabilidad
Hay varios factores que influyen en el número de embarazos y nacimientos en la adolescencia:
- Presión social: En muchas sociedades, las niñas se ven presionadas a casarse y tener hijos, lo cual está arraigado en la desigualdad de género.
- Matrimonio infantil: Aumenta el riesgo de embarazo entre las niñas porque las que se casan muy pronto suelen tener una autonomía limitada para influir en la toma de decisiones sobre el retraso de la maternidad y el uso de anticonceptivos. En 2021, el número estimado de novias infantiles en el mundo fue de 650 millones. En muchos países, la mayoría de los partos adolescentes ocurren entre niñas que ya están casadas. En otros lugares, los embarazos fuera del matrimonio llevan a muchos padres a casar a sus hijas para evitar el estigma.
- Escasas perspectivas: En muchos lugares, las niñas eligen quedarse embarazadas porque sus perspectivas educativas y laborales son escasas y la maternidad es valorada. La escuela es, de hecho, un factor protector clave frente a estas vulneraciones.
- Acceso limitado a anticonceptivos: Los adolescentes no tienen fácil acceso a métodos anticonceptivos. Pueden carecer de los medios o los recursos para pagarlos, así como el conocimiento sobre dónde obtenerlos y cómo usarlos correctamente. A menudo, el personal de salud tiene prejuicios o falta de voluntad para reconocer las necesidades de salud sexual de los adolescentes.
- Abuso sexual infantil: Aumenta el riesgo de embarazos no deseados. Un informe de la OMS de 2021 estima que 120 millones de niñas menores de 20 años sufrieron violencia sexual por parte de personas distintas de su pareja. Se estima que en 2020 al menos 1 de cada 8 niños del mundo había sufrido abusos sexuales antes de cumplir los 18 años, y 1 de cada 20 niñas de 15 a 19 años había experimentado relaciones sexuales forzadas durante su vida. El informe de la OMS "Violence against women prevalence estimates 2018" señala que "las adolescentes de 15 a 19 años (24%) ya han sido objeto de violencia física o sexual por parte de su pareja al menos una vez en su vida".

Consecuencias del Embarazo en la Adolescencia
Cuando un embarazo ocurre a temprana edad, esta realidad se desmorona. El embarazo precoz no solo afecta a nivel físico, sino que también tiene profundas consecuencias psicológicas y sociales, tanto para las personas afectadas como para sus familias y comunidades. Las madres adolescentes (de 10 a 19 años) tienen mayor riesgo de eclampsia, endometritis puerperal e infecciones sistémicas que las mujeres de 20 a 24 años.
Asimismo, los bebés de madres adolescentes tienen un mayor riesgo de padecer bajo peso al nacer, nacimiento prematuro y afección neonatal grave. Cuando una niña queda embarazada, su vida cambia radicalmente. Es posible que no termine la escuela y se desvanezcan sus perspectivas de trabajo. Se vuelve más vulnerable frente a la pobreza y la exclusión y, por lo general, se resiente su salud.
Entre las consecuencias psicosociales y socioeconómicas, se destacan:
- Deserción escolar.
- Dificultades para la inserción laboral y una mayor reproducción de la pobreza.
- Inestabilidad familiar.
- Natalidad descontrolada.
- Problemas psicológicos: las madres adolescentes suelen enfrentarse al miedo al rechazo, ansiedad, estrés y tensiones familiares.
- Dependencia.
Contexto en Chile y México
Situación en Chile
Pese a su disminución durante los últimos años, el embarazo adolescente sigue afectando a miles de niñas y adolescentes en Chile. Según datos del Ministerio de Salud, el 16% de los niños y niñas nacidos en el año 2000 tenían madres menores de 19 años, mientras que en 2017 esta cifra llegó al 7,8%, el número más bajo del que se tiene registro. Si bien se trata de un avance, contrasta con el gran aumento de contagios por VIH y ETS en el país durante los últimos años. En América Latina, el 50% de las madres que registraba baja escolaridad tuvo su primer hijo antes de los 20 años (UNFPA 2014). El 30% y 35% de las y los jóvenes de nivel socioeconómico bajo y medio son madres y padres, respectivamente. El embarazo adolescente es una problemática social que se concentra principalmente en sectores de mayor vulnerabilidad socio-económica, lo que genera una mayor tendencia a la deserción escolar, dificultades para la inserción laboral y una mayor reproducción de la pobreza.
Investigaciones sobre Embarazo Adolescente y Vulnerabilidad en México
Claudio Stern, de El Colegio de México, ha explorado el papel que juega la vulnerabilidad social en la mayor propensión a los embarazos en la adolescencia en ciertos contextos. La tasa de embarazo adolescente en México ha ido disminuyendo a lo largo de los últimos veinte años, pero aún es relativamente alta, de 81 por mil (Menkes y Suárez, 2002). Se estima que aproximadamente 40 por ciento de estos embarazos no son deseados (Zúñiga, 2000).
Existe evidencia de grandes diferencias entre las distintas clases sociales, estratos o grupos en la incidencia del embarazo adolescente, pero estas diferencias no han sido analizadas sistemáticamente. Por ejemplo, en 1997, la tasa de fecundidad para adolescentes de entre 15 y 19 años por nivel de escolaridad fue de 216.6 entre mujeres no escolarizadas, y solo 27.1 por ciento entre mujeres con preparatoria y educación universitaria (INEGI, 2002).
Un proyecto de investigación cualitativo emprendido por Stern buscó desentrañar el significado de los embarazos adolescentes en diferentes sectores sociales de la población mexicana, así como los mecanismos que influyen en su ocurrencia y sus resultados. Este estudio comprendió investigación etnográfica, entrevistas grupales y en profundidad con jóvenes de ambos sexos en cinco contextos socioculturales distintos, incluyendo una comunidad rural tradicional en Oaxaca, un sector marginal urbano en la Ciudad de México, sectores populares urbanos en Tonalá (Jalisco) y Matamoros (Tamaulipas), y un sector de clase media alta en la Ciudad de México.
El concepto de adolescencia que subyace en este estudio es socioculturalmente relativo, adaptando el enfoque metodológico a cada contexto y estableciendo la edad de los informantes dentro de los límites definidos por los propios grupos, abarcando generalmente de los 15 a los 24 años.

Estrategias de Prevención y Respuesta
La prevención del embarazo entre las adolescentes y la mortalidad y morbilidad relacionadas con el embarazo son fundamentales para lograr resultados positivos en la salud a lo largo de la vida, y son imprescindibles para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) relacionados con la salud materna y neonatal (indicadores 3.7.2 y 5.3.1).
Enfoque de Organismos Internacionales y ONG
La OMS colabora con sus asociados para promover la atención a los adolescentes, crear la base de datos empíricos y epidemiológica necesaria para la acción, elaborar y poner a prueba instrumentos de apoyo a los programas, crear capacidad e iniciativas experimentales. La salud de los adolescentes ha pasado a ocupar un lugar central en la agenda mundial de salud y desarrollo. En este contexto cambiante, la OMS sigue trabajando para ayudar a los países a abordar eficazmente el embarazo en la adolescencia en el contexto de sus programas nacionales, así como para prevenir el matrimonio infantil y proporcionar atención y apoyo a las adolescentes casadas.
El UNFPA trabaja para abordar las causas profundas del embarazo en la adolescencia centrándose en intervenciones que promuevan la protección y el cumplimiento de los derechos de las adolescentes. Apoya políticas y programas basados en pruebas y en los derechos humanos que ponen el foco en las adolescentes. Esto incluye apoyar el acceso a una educación sexual integral dentro y fuera de la escuela, mejorar la calidad de la información y los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los métodos anticonceptivos para los jóvenes, y promover programas de empoderamiento para llegar a las personas más marginadas.
Desde Ayuda en Acción, se cree que para enfrentar el problema de los embarazos adolescentes es esencial atacar sus causas de raíz. Colaboran con socios locales para impulsar proyectos educativos y campañas de sensibilización en las comunidades más vulnerables. La educación en igualdad y el empoderamiento de mujeres y niñas están en el corazón de su labor global, reconociendo que la escuela es un factor protector clave. Muchos de estos obstáculos están siendo superados gracias a una educación necesaria en igualdad de género y políticas que empoderan a las mujeres y defienden sus derechos en la sociedad.
En el marco de “Quiérete, Unidos contra la violencia de género”, proyecto financiado por la Unión Europea, World Vision Chile con el apoyo de CEMERA (Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente) de la Universidad de Chile, impartirá el módulo “Prevención de Embarazo Adolescente” con grupos de jóvenes de San Carlos, La Pintana y Temuco durante abril. El estudio "Prevenir con Educación", realizado en 2008 con 17 países de Latinoamérica, tuvo como desafío mejorar la educación sexual en colegios.
Acceso a Atención de Calidad
Las estrategias e intervenciones relacionadas con el embarazo en la adolescencia se han centrado en la prevención del embarazo. No obstante, cada vez se presta más atención a mejorar el acceso de las adolescentes embarazadas y con hijos a una atención materna de calidad. Sin embargo, los datos disponibles muestran resultados desiguales. El acceso a una atención de calidad depende del contexto geográfico y de la posición social de los adolescentes. Incluso cuando el acceso no está limitado, las adolescentes parecen recibir atención clínica y de apoyo interpersonal de menor calidad que las mujeres adultas.
Investigación sobre Adversidad y Vulnerabilidad Inmunológica en el Embarazo
Un equipo de investigadoras/es de la University of California San Francisco (UCSF) plantea que la primera infancia no es el único período sensible para los cambios en el sistema inmunológico a partir de la exposición a un evento traumático, sino que el embarazo también lo es después de sufrir violencia interpersonal. La evidencia existente ha puesto de manifiesto que la exposición a eventos adversos, especialmente a aquellos que ocurren durante períodos de sensibilidad del desarrollo inmunológico, se asocian con peores resultados de salud, incluyendo un mayor riesgo para el desarrollo de enfermedades psiquiátricas, neurodegenerativas e incluso de muerte prematura. La inflamación parece ser la vía principal mediante la que la exposición a la adversidad aumenta la vulnerabilidad a la posterior aparición de enfermedades.
A causa de los cambios drásticos que se dan en el sistema inmunológico durante el embarazo, se ha hipotetizado que este período puede constituir una etapa de mayor vulnerabilidad a la adversidad. Un estudio reciente evaluó si los informes retrospectivos de exposición a la adversidad durante la infancia temprana o el embarazo se asociaban con marcadores de inflamación. Las participantes se extrajeron de una cohorte de mujeres de bajos ingresos y de diversidad étnica (N=53) que buscaban terapia familiar para el abordaje del trauma después de haber estado expuestas a violencia interpersonal.
Para estudiar estas variables en relación a la función inmunológica, las/os investigadoras/es utilizaron y analizaron diferentes marcadores de reactividad inflamatoria. La variable resultado principal fue el fenotipo inmunogenómico (ratio M1/M2, que refleja el incremento relativo de la expresión de genes proinflamatorios “M1-like” vs. antiinflamatorios e inmunoreguladores “M2-like”). Los hallazgos de este estudio sugieren nuevos biomarcadores para identificar la exposición a la adversidad y así tener la posibilidad de hacer diagnósticos más precisos, así como opciones de tratamiento para mujeres que han experimentado violencia interpersonal. Mientras que la evidencia existente solamente identifica la infancia temprana como una ventana sensible para el desarrollo inmunológico, este estudio describe al embarazo como otro período sensible para el desarrollo inmunológico.
Referencias
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