Relación entre la moral y los cuidados paliativos: dignidad, cuidado y límites frente a la eutanasia

Algunos países hablan de la necesidad de aprobar una ley sobre la eutanasia. Antes de hablar de lo inevitable de la muerte humana, es necesario precisar qué se entiende por eutanasia y suicidio médicamente asistido. Eutanasia significa, pues, causar la muerte a otra persona, con o sin su consentimiento, para evitarle dolores o padecimientos físicos o morales, que se estiman insoportables. El suicidio médicamente asistido, por su parte, es la acción que lleva a cabo una persona para acabar con su propia vida sirviéndose de los medios que le ha proporcionado un médico (fundamentalmente sustancias letales) para lograrlo sin graves padecimientos. Ambos conceptos -eutanasia y suicidio médicamente asistido-, aunque se parecen mucho, no son exactamente iguales.

Definiciones y diferencias básicas

Difieren en que en el segundo es el propio paciente quien activa el mecanismo que termina con su vida, aunque necesite de otro o de otros para llevar a cabo su propósito. La diferencia, entonces, estriba en que en este el paciente es el sujeto activo, aconsejado por un médico; en cambio, en la eutanasia, uno es un sujeto pasivo, es decir, otra persona (la mayoría de las veces es un médico) es el agente activo.

Realizada esta distinción terminológica, hay que advertir que morir y la enfermedad son parte de la vida humana y, por ello, la muerte tiene que acontecer de forma natural. En concreto, aceptar esta última supone que deberíamos prepararnos para la de otras personas, pero también, para la nuestra. Además, hablando con exactitud, la muerte no existe, existe el proceso de morir. Es más, si se quisiera “evitar” la muerte como un hecho natural, se dejaría de ser persona; y en la eutanasia, lamentablemente, subyace esta concepción.

La vulnerabilidad humana y el sufrimiento

La muerte nos sitúa en la realidad de lo que constitutivamente somos: seres limitados, finitos, débiles y frágiles. La enfermedad y la muerte son signos evidentes de esta vulnerabilidad. Así también, el dolor (expresión fisiológica de un mal que tiene una repercusión psico-somática, vital, relacional-social y espiritual) y el sufrimiento (sufrimiento moral, no solo psicológico, sino también espiritual; al físico lo llamamos dolor) forman parte de la vida humana. Al ser humano le gustaría vivir sin sufrimiento y dolor. Pero, el sufrimiento es un elemento consustancial a la vida humana. Existe una trampa peligrosa: pensar que somos capaces de erradicarlo; eso es imposible, porque tampoco podemos erradicar o desprendernos de nuestra limitación.

Se dice que legalizar la eutanasia tiene como objetivo impedir alargar el dolor y el sufrimiento; pero la eutanasia ¿es el único medio para evitarlos? Ciertamente, con la eutanasia desaparece el sufrimiento, pero al precio de eliminar también al que sufre. El dolor, en abstracto, no existe. Existen los dolientes. ¿Cómo nos enfrentamos a la etapa final de la vida? ¿Puede actualmente la medicina garantizar una muerte sin dolor?

Los defensores de la legalización de la eutanasia afirman que esta es un derecho subjetivo a morir que brota de la autonomía del sujeto. a) ¿Dónde queda la autonomía de los discapacitados psíquicos o físicos? b) Se dice que los documentos (con los que se pretende que el enfermo transmita cómo desea que lo cuiden cuando él no esté en condiciones de poderlo expresar personalmente) son expresión de la autonomía del sujeto y se dice bien. c) ¿Dónde queda el derecho de autonomía a no matar?

Obstinación terapéutica y cuidado al final de la vida

Muchas veces, los defensores de la eutanasia dicen que los que están en contra de esta se encuentran a favor de alargar la vida todo lo posible o retardar la muerte, es decir, están a favor de la obstinación terapéutica, ensañamiento clínico u obstinación clínica. Actualmente, la medicina dispone de medios con capacidad de retardar artificialmente la muerte, sin que el paciente reciba un real beneficio. Pero esto solo significa mantenerlo con vida o prorrogarle, por algún tiempo, la vida. Cuando un enfermo ha llegado al final de su vida, carece de sentido someterlo a una serie de tratamientos desproporcionados y gravosos para él o su familia, que solo prolongarán precaria y penosamente la existencia, pero de ninguna manera le devolverán la salud. La renuncia a la obstinación terapéutica es la aceptación del carácter finito de la vida humana.

Por tanto, la obstinación terapéutica consiste en la instauración de medidas no indicadas, desproporcionadas o extraordinarias, con la intención de evitar la muerte en un paciente tributario de tratamiento paliativo. La medicina paliativa considera que morir con dignidad supone vivir dignamente hasta el último momento. Los cuidados paliativos no tienen como objetivo la muerte del enfermo, sino que cuidan de su vida mientras este llega a su fin, alivian su sufrimiento y proporcionan los medios para una muerte tolerable.

Cuidados paliativos: foco en la dignidad y el cuidado

La eutanasia, por su parte, se olvida del paciente. Un pronóstico de vida limitado permite remitir al paciente a un área sanitaria específica, como los cuidados paliativos (no solo para enfermos de cáncer), en la que, por medio de una evaluación multidimensional, se tengan en cuenta los aspectos, no solo físicos, sino también psicológicos, relacionales, emocionales, sociales, espirituales, entre otros. Además, el cuidado, como hábito social y personal, se halla en la base de la existencia humana y es una actitud moral que promueve el compromiso y la solidaridad. El cuidado se traduce en solidaridad con el ser humano débil y frágil. En pocas palabras, los cuidados paliativos son la mejor manera de ayudar a morir al enfermo, no “ayudándolo” a terminar con él.

Por eso podemos afirmar claramente que el derecho a la asistencia sanitaria debe incluir el cuidado de la vida del paciente que llega a su fin, en un contexto humanizado. Habitualmente, no siempre, suele suceder que cuando se inicia una sedación paliativa, prescrita por el médico, lo más frecuente es que a las pocas horas se produzca la muerte del enfermo. Desde el punto de vista médico, es verdad que la sedación paliativa deteriora el nivel de conciencia; pero esto no quiere decir que provoque intencionadamente la muerte, sino que esta es consecuencia del curso natural de la enfermedad grave.

No es la sedación paliativa la causa del fallecimiento, sino que gracias a este tratamiento se impide una muerte con sufrimiento o dolor. El paciente muere fruto del trascurso de su enfermedad grave. La sedación paliativa puede tener, como efecto accidental, y no querido, la posible aceleración de la muerte del enfermo. En cambio, se aplica la eutanasia cuando algo se hace o se deja de hacer con la intención directa de producir la muerte del enfermo. En la eutanasia, la muerte del paciente es el objetivo buscado.

Esta puede producirse por acción (administración de sustancias, etc.) o por omisión (no asistir médicamente). Sin embargo, la sedación paliativa no tiene como intención la muerte del paciente, sino el alivio de un síntoma intolerable. Por consiguiente, ante una situación clínica objetivamente conflictiva, no es lo mismo acelerar y provocar de manera directa la muerte del enfermo con la finalidad de terminar con sus sufrimientos y posibles dolores físicos, que llevar a cabo un tratamiento cuyo objetivo sea el alivio de estos, sin intención de provocar su fallecimiento (sedación paliativa), aunque es posible que se acelere la muerte natural, debido a los fármacos suministrados.

De dejar morir a la eutanasia: distinciones éticas clave

Esta última acción no es una eutanasia directa, pero tampoco indirecta, pues no hay intención de provocar desenlace final, sino que la muerte no buscada del paciente acontece en el curso de un correcto tratamiento. La muerte del paciente es consecuencia del curso natural de su enfermedad grave. No es la sedación paliativa la causa del fallecimiento, sino que gracias a este tratamiento se impide una muerte con sufrimiento. Así también, para el trato debido a la dignidad de todo ser humano y para distinguir la sedación paliativa de la eutanasia, tiene suma importancia distinguir la acción de “dejar morir” de la acción de “matar”. El médico no pretende la muerte del paciente, sino que deja de intervenir en un proceso abocado a la muerte. Cuando la sedación está indicada y existe consentimiento, el médico tiene la obligación de aplicarla.

Esto no es óbice para la existencia de aplicaciones médicas imprudentes de la sedación paliativa, por debajo de los estándares recomendados; abusos en su aplicación, o un uso inadecuado o inapropiado de la misma. Hay que señalar que las únicas “alternativas” a la sedación paliativa no son “matar” al paciente, esto es, abogar por la eutanasia, o mantenerlo con suero sin sedarlo, lo que conduce a prolongar la agonía.

La lex artis remite al derecho que tienen los médicos a establecer los criterios para decir lo que es indicado para cada paciente en cada circunstancia. No se puede acabar con el sufrimiento y el dolor del enfermo matándolo, y esto es lo que se hace cuando se aplica una eutanasia. Hay que eliminar el sufrimiento humano, no al ser humano que sufre. La eutanasia se propone, entre otros motivos, como “solución” para suprimir el sufrimiento y el dolor del paciente, a costa de su eliminación.

De la misma manera, los médicos y su equipo tienen la “oportunidad” de presentar su rostro más humano frente al paciente que vive una dramática situación próxima a la muerte. Así las cosas, la sedación paliativa es una práctica médica que, realizada correctamente, no solo es lícita, sino acorde con la dignidad humana. Está destinada al alivio de síntomas y no es, por tanto, una eutanasia encubierta o “razonable”.

La ética del cuidado en práctica

Se trata de que la sedación paliativa no se convierta en un recurso que, en vez de servir a los mejores intereses del enfermo, sirva para reducir el esfuerzo del equipo médico que le atiende, el propio sufrimiento de la familia, o se aplique en atención a criterios meramente economicistas. La sedación paliativa del paciente no descarga al equipo médico de la dignidad intrínseca del paciente, de la ética de la propia profesión y de los cuidados básicos que todo enfermo precisa. Esta se ubica dentro de los cuidados al enfermo al final de su vida.

En efecto, lo que no se puede hacer es provocar la muerte de un ser humano por hambre y sed. La alimentación y la hidratación (aunque sean artificiales) son, en principio, medios ordinarios y proporcionados que evitan el sufrimiento y la muerte derivados del hambre y de la deshidratación; es decir, son un soporte vital básico. La “causa” de la muerte no debe ser nunca la falta de alimentación y de hidratación, sino en todo caso, el propio curso de la enfermedad. El enfermo que está muy grave “tiene que morir” de muerte natural.

Es moralmente aceptable, e incluso obligatoria desde la ética de las profesiones sanitarias, la cesación de unos cuidados con la intención de prestarle la mejor atención a fin de permitir la llegada de la muerte. Es cierto que algunos casos serán relativamente sencillos de calificar, otros, en cambio, pueden plantear más dudas.

Cuidados paliativos como derecho y práctica central

  1. Pretender que la muerte del paciente acontezca de forma natural es apostar por el Servicio Médico de Cuidados Paliativos, que rescata lo humano en el paciente en fase terminal.
  2. No hay que confundir la eutanasia con la sedación paliativa; son conceptos distintos. Ambas buscan evitar el sufrimiento, pero difieren en los medios. La sedación paliativa busca alivio sin intención de provocar la muerte; la eutanasia busca la muerte como fin.
  3. El foco está en las personas alrededor del enfermo: familiares y cuidadores, y en cómo nos comportamos ante la fragilidad y la vulnerabilidad humana.
  4. Los cuidados paliativos deben ser un derecho efectivo dentro del sistema público de salud, para aliviar el sufrimiento y evitar el dolor, con acceso universal y calidad uniforme.

La medicina paliativa debe tener el mismo rango científico y de calidad que la medicina curativa. La sesión de seminarios de la Universidad de Zaragoza subraya que la sedación no debe ser “eutanasia lenta” o “encubierta”; la diferencia fundamental es la finalidad y el consentimiento.

Esquema conceptual: diferencia entre eutanasia y sedación paliativa

La atención paliativa, fundada en la dignidad humana, se apoya en principios bioéticos: beneficencia, autonomía, justicia y no maleficencia. La relación médico-paciente debe basarse en diálogo, deliberación y respeto a la autonomía, sin abandonar la responsabilidad de cuidar y acompañar.

Entender los cuidados paliativos

Principios bioéticos en cuidados paliativos

Entre los principios relevantes destacan: inviolabilidad de la vida humana, proporcionalidad terapéutica, doble efecto, veracidad y no abandono. La atención al paciente terminal debe buscar una solución integral, evitar daños innecesarios, informar adecuadamente y garantizar que el sistema de salud cubra sus necesidades sin discriminación.

La limitación del esfuerzo terapéutico se presenta como alternativa ética al encarnizamiento terapéutico, siempre acompañada de cuidados paliativos. La sedación paliativa implica reducir de forma intencionada la conciencia para aliviar síntomas refractarios, con consentimiento y priorizando el bienestar del paciente. En estas cuestiones, el acompañamiento en el proceso de morir es central: la eutanasia implica una acción activa para terminar con la vida, mientras que los cuidados paliativos buscan aliviar sin acelerar la muerte.

Qué aporta la ética del cuidado a la sociedad

El cuidado, como hábito social y personal, promueve la solidaridad con el ser humano débil y frágil. Los cuidados paliativos son la mejor manera de ayudar a morir al enfermo, no “ayudándolo” a terminar con él. El derecho a la asistencia sanitaria debe incluir el cuidado de la vida del paciente al final de su existencia, en un marco humanizado y respetuoso de la dignidad.

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