Cambios Musculoesqueléticos y Problemas de Hombro en la Vejez

El envejecimiento es un proceso natural que conlleva transformaciones significativas en el organismo. Estos cambios, sumados a los hábitos de vida individuales y a la presencia de enfermedades, influyen en la salud y la capacidad funcional de los ancianos. Aunque a menudo se percibe el envejecimiento como una enfermedad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como "el desarrollo y mantención de una capacidad funcional que permita el bienestar en la edad avanzada". Esta capacidad se refiere a poder realizar actividades que la persona valora, incluyendo satisfacer necesidades básicas como aprender, moverse, relacionarse y contribuir a la sociedad.

Esquema de las diferencias posturales en personas jóvenes y ancianas

Cambios Musculoesqueléticos Asociados al Envejecimiento

Huesos y Columna Vertebral

Con el paso de los años, los huesos experimentan un remodelado continuo. A partir de la edad adulta, se produce una pérdida de masa o densidad ósea, especialmente notable en mujeres después de la menopausia, donde los huesos pierden calcio y otros minerales. La columna vertebral, compuesta por vértebras y discos intervertebrales, se ve particularmente afectada. El tronco se vuelve más corto a medida que los discos pierden líquido y se adelgazan gradualmente. Las vértebras también pierden contenido mineral, volviéndose más delgadas. Este proceso puede llevar a que la columna se curve y comprima, además de la posible formación de espolones óseos.

Los arcos del pie pueden volverse menos pronunciados, contribuyendo a una ligera pérdida de estatura. Aunque los huesos largos de los brazos y las piernas pierden minerales y se vuelven más frágiles, no cambian de longitud. Esto puede hacer que los brazos y las piernas parezcan más largos en comparación con el tronco acortado.

Articulaciones

Las articulaciones, que proporcionan flexibilidad al esqueleto, también sufren cambios significativos. Con la edad, se vuelven más rígidas y menos flexibles, y el líquido sinovial en su interior puede disminuir. El cartílago puede empezar a friccionarse y desgastarse. En algunas articulaciones, como alrededor del hombro, pueden depositarse minerales (calcificación).

Las articulaciones de la cadera y la rodilla pueden iniciar procesos degenerativos con pérdida de cartílago. Las articulaciones de los dedos también pierden cartílago y los huesos se adelgazan ligeramente, siendo más comunes los osteofitos (hinchazón ósea) en mujeres, a menudo con un componente hereditario.

Músculos

La masa corporal magra disminuye con la edad, en parte debido a la pérdida de tejido muscular (atrofia). Esta disminución comienza, con frecuencia, a los 20 años en hombres y a los 40 en mujeres, y su velocidad está influenciada genéticamente. A partir de los 40 años, se pierde un 8% de las fibras musculares cada 10 años, y a partir de los 70 años, esta pérdida se acelera al 16% por década.

La lipofuscina (un pigmento relacionado con la edad) y la grasa se depositan en el tejido muscular, y las fibras musculares se encogen. El tejido muscular se reemplaza más lentamente, y el tejido perdido puede ser sustituido por tejido fibroso duro, lo que es notorio en las manos, que pueden lucir delgadas y huesudas. Además, los músculos están menos tonificados y son menos capaces de contraerse debido a cambios en el tejido muscular y el sistema nervioso, pudiendo volverse rígidos incluso con ejercicio regular.

Impacto en la Postura y la Movilidad

Alteraciones Posturales Típicas

Los cambios en músculos, articulaciones y huesos afectan directamente la postura y la marcha. La estatura general disminuye, principalmente por el acortamiento del tronco y la columna vertebral. La postura puede volverse más encorvada (inclinada), las rodillas y caderas pueden flexionarse más, el cuello puede inclinarse, los hombros volverse más estrechos y la pelvis más ancha. Estos cambios posturales pueden influir en la distancia occipito humeral, reflejando una alteración en la alineación del cuerpo.

Cambios en la Marcha y la Resistencia

El movimiento en general se vuelve más lento y limitado. El patrón de la marcha se vuelve más pausado y con pasos más cortos. La marcha puede volverse inestable y el movimiento de los brazos escaso. Las personas mayores se cansan con mayor facilidad y tienen menos energía. La pérdida de masa muscular reduce la fuerza y la resistencia, dificultando la realización de las actividades de la vida diaria y aumentando la discapacidad y dependencia.

Problemas de Hombro en Ancianos

Los problemas de hombro son comunes y con frecuencia subestimados en la tercera edad, a pesar del dolor y la discapacidad que originan. Su prevalencia en el paciente geriátrico es del 21%, siendo más frecuente en el género femenino (25%) que en el masculino (17%). A menudo, los pacientes no buscan atención médica, lo que convierte el dolor de hombro en una causa frecuente de discapacidad y se asocia a depresión.

Prevalencia y Causas Comunes

Las lesiones de tejidos blandos son la causa más común de dolor en el hombro del anciano, incluyendo:

  • Tendinitis, tendinosis y/o ruptura del manguito rotador: Presentes hasta en el 80% de los pacientes octogenarios.
  • Síndrome de pinzamiento subacromial.
  • Osteoartritis de la articulación acromioclavicular.

Otra causa relativamente común es la fractura proximal del húmero, cuya incidencia se eleva considerablemente debido a la osteoporosis, siendo la tercera fractura más frecuente por esta causa después de las vertebrales y las de radio. Los cambios degenerativos, como la lesión del manguito rotador y la inflamación/ruptura del tendón de la porción larga del bíceps, predominan en estos pacientes.

Diagnóstico y Evaluación Funcional

Para diagnosticar problemas de hombro, la historia clínica y una exploración física completa suelen ser suficientes. Las radiografías simples y el ultrasonido de la articulación ayudan a corroborar la mayoría de los diagnósticos. La valoración funcional es primordial en el anciano, ya que el dolor (aunque sea moderado) repercute en actividades diarias como el vestido, el aseo personal y el traslado, lo que puede llevar a depresión, alteraciones del sueño y disminución de la ingesta alimentaria.

Instrumentos como la escala DASH (Disability of Arm, Shoulder and Hand) y el cuestionario de calidad de vida (WHOQOL-OLD) son de gran utilidad para evaluar la función y la calidad de vida, facilitando la toma de decisiones sobre el tratamiento.

Infografía: Tipos de problemas de hombro en ancianos (manguito rotador, artrosis, pinzamiento)

Fractura de Húmero en Personas Mayores

La fractura de húmero en personas mayores es una lesión frecuente debido a la fragilidad ósea que aumenta con la edad. Su correcta atención es clave para garantizar una buena recuperación.

Anatomía y Factores de Riesgo

El húmero es un hueso largo en la parte superior del brazo, fundamental para la movilidad del brazo y el soporte de las actividades diarias. En las personas mayores, el riesgo de fractura de húmero aumenta por:

  • Osteoporosis: Condición común que reduce la densidad ósea.
  • Pérdida de equilibrio y debilidad muscular: Aumenta el riesgo de caídas.
  • Caídas y accidentes domésticos: La causa más frecuente de fracturas de húmero en este grupo.
  • Otras condiciones médicas: Como artritis, Parkinson o deterioro neurológico, que afectan la movilidad.

Un golpe directo en el brazo también puede provocar una fractura.

Tipos de Fracturas de Húmero

Las fracturas de húmero se clasifican según la zona afectada:

  • Fractura proximal del húmero: Cerca del hombro, muy común en ancianos y asociada a caídas.
  • Fractura diafisaria del húmero: En el eje medio del hueso, por caídas o golpes directos.
  • Fractura distal del húmero: Cerca del codo, por caídas o golpes directos.

La gravedad varía desde una fisura hasta una fractura completa con desplazamiento, que a menudo requiere intervención quirúrgica.

Diagnóstico y Atención Médica

Ante una caída o golpe que cause dolor y limitación funcional en el brazo, es crucial buscar atención médica inmediata. El diagnóstico se basa en la entrevista clínica, exploración física y radiografías de la articulación glenohumeral, que permiten observar la fractura. Pruebas complementarias como ECG, analítica de sangre y radiografía de tórax pueden ser necesarias para evaluar el estado general del paciente.

Radiografía de fractura proximal de húmero

Opciones de Tratamiento para Fracturas de Húmero

El tratamiento para un húmero roto en personas mayores depende del tipo de fractura y las condiciones generales del paciente.

Tratamiento No Quirúrgico

Es la opción preferida para fracturas simples y no desplazadas. Se centra en inmovilizar el brazo para permitir la curación ósea natural:

  • Uso de cabestrillo: Forma común de inmovilización para mantener el brazo fijo.
  • Férula o yeso: Proporcionan mayor inmovilización y soporte.

Durante la inmovilización, es importante movilizar las articulaciones cercanas (hombro, codo, muñeca) para evitar la rigidez, aunque el período prolongado de inmovilización puede generar rigidez, dolor, sarcopenia y déficit funcional.

Tratamiento Quirúrgico

Se considera cuando la fractura es grave, desplazada o fragmentada. Las opciones incluyen:

  • Fijación interna con placas y tornillos: Para unir los fragmentos óseos.
  • Clavos intramedulares: Insertados en el canal central del hueso para estabilizar la fractura.
  • Reemplazo parcial o total de la cabeza del húmero (artroplastia): Especialmente en fracturas graves de la cabeza humeral, o en pacientes con osteoporosis avanzada. La artroplastia total inversa de hombro es una opción válida para fracturas complejas en mayores de 65 años.

La cirugía busca restaurar la alineación anatómica, estabilizar la fractura y acortar el período de recuperación, pero conlleva riesgos, sobre todo en la población anciana.

Comparación entre Tratamiento Conservador y Quirúrgico

Estudios comparativos han analizado la eficacia de ambos enfoques:

  • Dolor postratamiento: No se hallaron diferencias significativas entre los pacientes tratados quirúrgicamente y los que recibieron tratamiento conservador a los 3, 12 y 24 meses.
  • Funcionalidad: El grupo quirúrgico no mostró mejores resultados en funcionalidad a los 3, 12 o 24 meses en comparación con el tratamiento conservador. Sin embargo, el tratamiento quirúrgico de las fracturas de húmero proximal (FHP) mostró mejores resultados en funcionalidad a los 6 meses y en la puntuación Constant a los 12 meses. La artroplastia superó a la reducción abierta y fijación interna (RAFI) a los 12 meses.
  • Calidad de vida: No hubo diferencias entre ambos grupos a los 3, 6, 12 o 24 meses según el cuestionario EuroQol.
  • Complicaciones: El grupo quirúrgico presentó cuatro veces más complicaciones que el grupo conservador. El odds ratio de complicaciones fue menor para el tratamiento conservador, con una probabilidad cinco veces mayor de complicaciones en el grupo quirúrgico. Las complicaciones graves a menudo requieren intervenciones adicionales.
  • Factor edad: El pronóstico para el tratamiento conservador se vuelve desfavorable a medida que aumenta la edad, lo que puede provocar un deterioro funcional y un dolor persistente.

Aunque la cirugía permite un tratamiento más rápido y una recuperación funcional más efectiva, los beneficios deben sopesarse frente a la posibilidad de eventos adversos y la necesidad de reintervenciones, especialmente en pacientes frágiles. Se recomienda el tratamiento quirúrgico para pacientes con mayores demandas funcionales y fracturas complicadas para evitar la inmovilización prolongada.

Cuidados Postoperatorios y Recuperación

Los cuidados de enfermería son cruciales para la recuperación del paciente, especialmente tras una intervención quirúrgica.

Manejo del Dolor y Movilidad

Tras la cirugía, se administra analgesia intravenosa para controlar el dolor intenso. Se realizan controles radiográficos para confirmar la correcta posición del implante. Es vital movilizar las extremidades y realizar pequeños paseos con ayuda para favorecer la circulación y evitar edemas, incluso si la movilidad del paciente está limitada por drenajes o reposo. El Test de Barthel es útil para valorar la movilidad y la capacidad para realizar actividades diarias, indicando el grado de dependencia.

Prevención de Complicaciones

  • Riesgo de Infección: Se recomienda aseo diario, cambios de apósitos y desinfección de la herida, observando signos de infección como fiebre, enrojecimiento o secreción.
  • Riesgo de síndrome de desuso: Importancia de ejercicios diarios y paseos cortos para evitar debilidad muscular.
  • Estreñimiento: Se promueve la movilización diaria, una dieta rica en fibra y una ingesta adecuada de líquidos; si es necesario, laxantes o enemas.
  • Deprivación del sueño: Asegurar la medicación para el dolor y la comodidad es esencial para un sueño reparador, que favorece la curación y la autoestima.

Cuidado de la Piel e Higiene

Mantener la piel en óptimas condiciones de limpieza e hidratación es fundamental para prevenir infecciones, sobre todo durante la cicatrización. Se realizan cambios diarios de pijama y ropa de cama.

Aspectos Psicosociales y Autonomía

La comunicación y el apoyo social son vitales. Mantener las relaciones con familiares y amigos ayuda a la autoestima y hace más amena la estancia hospitalaria. Es importante que el paciente exprese sus necesidades y emociones. La tercera edad puede ser un desafío para la autoestima, ya que la disminución de capacidades físicas y mentales, junto con la pérdida de contactos sociales, puede afectar la percepción de sí mismos.

Rehabilitación y Fisioterapia

La rehabilitación y la fisioterapia desempeñan un papel fundamental. Después de la inmovilización, se inicia la terapia de movimiento pasivo y, posteriormente, ejercicios de fortalecimiento. Ejercicios como deslizamientos en pared y movimientos pasivos/activos restauran la movilidad y fuerza del brazo y hombro. El tiempo de recuperación de una fractura de húmero suele ser de 6 a 8 semanas, pero varía según la gravedad y la velocidad de consolidación ósea.

ARTROSIS de HOMBRO: 10 ejercicios fáciles para el Dolor | Mariana Quevedo | Fisioterapia Querétaro

Prevención y Envejecimiento Saludable

Estrategias para Prevenir Fracturas y Mantener la Salud Musculoesquelética

Para evitar futuras fracturas y mantener la salud musculoesquelética, es fundamental tomar medidas preventivas:

  • Ejercicio regular: Una de las mejores maneras de retardar o evitar problemas musculares, articulares y óseos. Un programa moderado mantiene la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad, y ayuda a fortalecer los huesos.
  • Dieta equilibrada: Con suficiente calcio y vitamina D, especialmente en mujeres mayores, para controlar el peso y reducir el riesgo de osteoporosis.
  • Adaptación del entorno doméstico: Implementar barras de apoyo, buena iluminación y eliminar obstáculos para prevenir caídas.

Hablar con un profesional de la salud antes de iniciar un nuevo programa de ejercicios es crucial.

Concepto de Envejecimiento Saludable (OMS)

El envejecimiento saludable se basa en el desarrollo y mantenimiento de una capacidad funcional que permita el bienestar en la edad avanzada. La capacidad funcional implica poder hacer aquello que se valora, incluyendo las necesidades básicas como movilidad, relación social y contribución. La capacidad intrínseca (física y mental, como caminar, pensar, ver, oír y recordar) está influenciada por enfermedades, lesiones y cambios asociados a la edad. El entorno (hogar, comunidad, sociedad, relaciones, actitudes, políticas de salud) también juega un papel fundamental.

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