El sistema de protección a la niñez y adolescencia en Chile ha enfrentado una profunda crisis durante años, marcada por negligencias y una persistente vulneración de derechos. El Servicio Nacional de Menores (Sename), un organismo estatal dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos creado en 1979, estuvo en el centro de las críticas. Entre 2005 y 2016, 1.313 personas murieron mientras se encontraban en algún programa de su red. Esta situación llevó a la creación de una nueva institucionalidad: el Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia, conocido como Mejor Niñez, que busca reemplazar al Sename y revertir esta compleja realidad.

Antecedentes de la Problemática: Las Vulneraciones Bajo el Sename
La situación de los niños, niñas y adolescentes (NNA) bajo la protección del Sename era complicada en diversos aspectos de su vida. En 2017 se identificaron vulneraciones de todo tipo, principalmente centradas en una falta de atención generalizada. Esto implicaba descuidos tan básicos como controles médicos o educación en ciertas residencias.
Las consecuencias de esta desatención eran severas:
- En salud mental, un 69.1% de quienes estaban bajo el sistema de protección de derechos presentaba al menos un trastorno.
- La educación, un proceso fundamental, era deficiente: 1.187 NNA en residencias no estaban inscritos en ningún establecimiento educacional.
- Existe una realidad de casos de abuso sexual dentro de los centros a lo largo del país, llevados a cabo tanto por los propios NNA como por el personal.
- Se observaba también un tema de género, con más niñas que niños en el sistema residencial.
A pesar de las dificultades, el 88,1% de los centros permitía el contacto telefónico y/o virtual entre los menores y sus familiares.
Una Larga Trayectoria de Fragilidad: El Sistema de Protección en Chile
Orígenes y Evolución Histórica
El sistema de protección a la niñez desde el Estado tiene una larga data en Chile, con más de un siglo de historia. Hacia fines de los años veinte, se instaló un sistema "moderno" de atención a la infancia con metodologías racionales y científicas. Su objetivo era disputar a la filantropía y la caridad tradicional la protección de la infancia abandonada. Sin embargo, este antiguo sistema ha experimentado escasas transformaciones hasta hoy.
Las acciones destinadas a la protección y rehabilitación de NNA se consolidaron con una nueva Ley de Menores en 1968, aunque con pocas variaciones respecto a la normativa previa. El sistema funcionaba a través de una red administrada por la institucionalidad pública, pero ejecutada principalmente por privados subvencionados como prestadores de servicios, a cargo de instituciones religiosas y fundaciones privadas. En la práctica, y pese al discurso público, se formó un entramado que unió la inercia de las prácticas carcelarias y del asistencialismo tradicional en manos de las mismas instituciones privadas que históricamente habían atendido a la infancia vulnerable.
La Privatización y el Rol del Sename
La fragilidad de esta política se debió a la exigua respuesta estatal para la implementación de la legislación. Durante décadas, se denunció incesantemente la carencia y desprotección del sistema: escasez de instituciones de rehabilitación, permanencia de niños en las cárceles, cobertura insuficiente de programas, falta de infraestructura, y continuos motines y abusos.
Los escasos establecimientos públicos mantenían un número insuficiente de plazas de atención, y solo en tres ciudades del país (Santiago, Valparaíso y Concepción). Las iniciativas privadas subvencionadas, por su parte, estaban destinadas principalmente a una población infantil de corta edad y baja peligrosidad. La privatización del sistema bajo la dictadura profundizó estas lamentables características.
El Servicio Nacional de Menores (Sename), creado en 1979, encabezó el proceso de ampliación de los sistemas de atención de carácter privado y la aplicación de un modelo de intervención que privilegió la institucionalización. El aumento de la cobertura a través del fomento a la atención privada propició un fuerte desarrollo de los centros de internación y el aumento de la permanencia de los niños en los recintos cerrados debido al fortalecimiento del sistema de subvenciones.
Los cambios normativos, institucionales y administrativos que surgieron a partir de la firma de la Convención de los Derechos del Niño por parte de Chile en 1990 no han logrado variar la estructura de protección a la niñez. Al basarse en subvenciones a instituciones privadas por niño atendido, se mantiene un fuerte componente privado en la administración y ejecución de los programas, con el Estado conservando un rol subsidiario de supervisión y control financiero. Las recientes impugnaciones al sistema han señalado que muchos programas no se adecuan a los preceptos de los acuerdos suscritos y, en varios casos, su ejecución ha significado graves vulneraciones a los derechos de los NNA bajo protección.
Mejor Niñez: Promesa de Cambio y Duros Tropiezos
El 5 de enero de 2021 se publicó en el Diario Oficial la Ley 21.302, que crea el "Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia y modifica normas legales que indica", reemplazando al Sename. La creación de Mejor Niñez fue una declaración del Estado de que se harían las cosas bien, pero Branislav Marelic advierte que esto "no asegura que cambie nada".
Claudio Castillo, director del Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia de Chile, afirma que "la niñez en el país vive una crisis silenciosa". Mejor Niñez nació en 2021 para atender a todo menor vulnerado en sus derechos, pero en su proceso de instalación se ha encontrado con "ripios propios y supuestos sobre los que se construyó que resultaron no ser tal".
Desafíos Inmediatos y Contexto Actual
Estos factores han provocado que Mejor Niñez tenga hoy:
- Residencias con sobrecupo y listas de espera.
- Niños con y sin antecedentes policiales mezclados.
- Residencias cerradas o en proceso (43 hogares cerrados o en proceso a nivel nacional).
Además, la realidad del país es distinta a lo proyectado cuando se creó el servicio, y han aparecido nuevos y complejos problemas. Por ejemplo, la crisis migratoria ha agudizado la problemática, con un 76% de menores de origen extranjero en centros de Iquique, según Ignacio Concha, director ejecutivo de María Ayuda.
La mezcla de NNA con distintos perfiles presenta desafíos significativos. Yenny Cruz, funcionaria de una residencia, relata el caso de Justin, un adolescente con antecedentes que influyó negativamente en niños más pequeños, llevándolos a escapar y robar. Un incidente particular llevó a Justin a romper vidrios y puertas de la residencia, asustando a los niños pequeños. A pesar de las preocupaciones del personal, el tribunal decidió que Justin debía regresar esa noche, antes de ser finalmente trasladado a otra residencia para adolescentes. Este caso ilustra un sistema que no logra dar respuestas adecuadas a las necesidades individuales.
Servicio Mejor Niñez y estrés del sistema: "Implementamos cosas nuevas en medio de una crisis"
Ingresos que Superan los Nacimientos: Un Alarmante Punto de Inflexión
Uno de los problemas más elocuentes y respaldados por cifras es que, por primera vez en la historia de Chile, diariamente están ingresando más NNA a alguno de los programas del Servicio de Protección Especializada (Mejor Niñez) que los que nacen cada día. Este dato es decisivo.
Estadísticas Reveladoras
- En 2024, el organismo recibió un promedio diario de 429 ingresos, mientras que en las maternidades se registraron 371 nacimientos por jornada.
- Esta diferencia, a mayo de 2024, marca un punto de inflexión histórico en la protección de la infancia. Hasta antes del año pasado, los nacimientos superaban los ingresos.
Claudio Castillo analiza que "mientras las familias son cada vez más pequeñas y nacen menos niños, vemos cómo crece la desprotección hacia la niñez. Que los ingresos superen a los nacimientos refleja un problema estructural que no habíamos dimensionado".
Desde la creación del servicio, nunca antes los ingresos habían superado a la natalidad hasta 2024, cuando las incorporaciones fueron 156.759 frente a 135.529 recién nacidos, mostrando un cambio que se venía incubando:
| Año | Nacimientos | Ingresos a SPE |
|---|---|---|
| 2020 | 194.973 | 92.635 |
| 2021 | 177.273 | 102.583 |
| 2022 | 189.310 | 114.945 |
| 2023 | 171.992 | 131.221 |
| 2024 | 135.529 | 156.759 |
Los datos también muestran que los NNA atendidos por el servicio han ganado un mayor peso al compararlos con la población chilena equivalente que no está en el SPE. En 2020, representaban el 3,99% del total de la población menor de 18 años; ahora, esa proporción de derechos vulnerados que requirieron intervención aumentó significativamente, llegando al 5,39%.
Las Causas Profundas de la Vulneración
Abandono, Negligencia y Violencia
La realidad en Mejor Niñez va mucho más allá de la caída de la natalidad. Más del 80% de los recién nacidos que ingresaron en 2023 y 2024 lo hicieron por abandono, negligencia, abuso o algún otro tipo de vulneración grave. Un 20% ingresó por cesión voluntaria para adopción, y otro 5% por abandono directo.
Para Francisca González, coordinadora de Estudios Infancia del Centro de Estudios Justicia & Sociedad de la UC, este fenómeno no surgió repentinamente, sino que "se ha ido incubando durante años en los hogares, en las escuelas y en los barrios. La violencia se normalizó en distintos espacios de la vida cotidiana y hoy estamos viendo sus consecuencias con mayor crudeza".
Entre las principales causas de derivación a cuidado alternativo, destacan:
- Negligencia parental (41%)
- Violencia intrafamiliar directa o vicaria (26%)
- Maltrato (13,5%)
- Vulneración en la esfera de la sexualidad (8,6%)
- Otras causales menores
Factores Multidimensionales y Crisis Social
Anuar Quesille, defensor de la Niñez, subraya que este fenómeno "refleja dos dimensiones que deben ser consideradas con seriedad: existe un aumento real en las situaciones, y contextos de violencia que afectan a NNA". Explica que los "factores son multidimensionales, como la precariedad habitacional, la movilidad humana, la crisis postpandemia y el debilitamiento de redes de apoyo". El Estado es el principal responsable de garantizar los derechos de NNA, lo que implica no solo prevenir la violencia, sino también responder de manera adecuada.
La realidad ha mutado negativamente porque los problemas han calado hondo en la sociedad. Un ejemplo es la incidencia del síndrome de abstinencia en recién nacidos por consumo de sustancias durante la gestación, que se ha triplicado. Esto es un reflejo de cómo factores sociales y de salud afectan directamente a la infancia y explican, en parte, el alza en los ingresos a programas de protección. Coincidentemente, entre abril y junio de 2025 ingresaron en promedio 328 niños de 0 a 3 años al servicio, frente a los 127 del mismo período en 2022.
Los picos históricos de ingresos de enero y marzo de 2025, con 374 y 375 menores entre 0 y 3 años respectivamente, superaron con creces cualquier registro anterior desde la creación del servicio. Claudio Castillo enfatiza que "el aumento en la primera infancia es especialmente impactante porque estos niños necesitan un cuidado más especializado y continuo, y cualquier retraso puede afectar su desarrollo de forma irreversible".
La académica de la UC, Francisca González, advierte que si bien "la violencia física hacia los NNA ha disminuido porque es peor vista socialmente", por otro lado "el abuso sexual y la violencia psicológica han aumentado de forma alarmante". A su juicio, la pandemia marcó un punto de inflexión: "Confinamiento, crisis económica y encierro generaron otras prácticas en los hogares, que después se replicó en otros espacios". La magnitud del cambio es evidente: en 2021 había un promedio de 30 derivaciones mensuales de niños menores de un año a residencias, y a abril de 2025 esa cifra se quintuplicó a 150 por mes. Hoy la capacidad de cuidado alternativo está al límite y se requiere una respuesta urgente.

Las Listas de Espera: Un Sistema al Límite
Una de las principales razones que explican la crisis es el "fantasma" de las listas de espera, un fenómeno que se genera y se incrementa siempre que la demanda efectiva de un servicio sobrepasa la oferta disponible. Mejor Niñez, al igual que su predecesor Sename, arrastra estas listas de espera en el acceso a su oferta programática, denominándolas "lista viva" por el flujo permanente de NNA que no logran ingresar de manera inmediata a los programas.
Programas Afectados y Tiempos de Espera
Actualmente, más de tres mil NNA se encuentran en lista de espera para ser evaluados por los programas de Diagnóstico Ambulatorio (DAM) y más de mil (solo en la Región Metropolitana) para ser atendidos en programas especializados en casos de abuso sexual. Esta situación es insoslayable para cualquier autoridad política.
Los programas DAM son una instancia orientada a la asesoría jurídico-forense en el ámbito proteccional y penal. Al 30 de junio pasado, 3.375 NNA se encontraban en lista de espera para ser evaluados por profesionales de estos proyectos. En comparación con el año anterior, esta lista en los programas DAM se ha triplicado. Los informes elaborados por los proyectos DAM son un puente entre los casos de vulneración ingresados al sistema y el acceso a la justicia, siendo relevantes para audiencias preparatorias y de juicios. En ocasiones, "un niño tiene que esperar diez meses para que lo diagnostiquen y digan 'sí, de verdad lo violaron'".
La Red de Oferta Programática clasifica sus programas según la complejidad de la vulneración de derechos. Para los casos de mediana a alta complejidad, como los del Programa Especializado en Maltrato y Abuso Sexual Infantil (PRM), también aparece una lista de espera. Solo en la Región Metropolitana, hasta fines de abril, el número de NNA esperando atención en el PRM ascendía a 1.533.
El Programa 24 Horas: Un Esfuerzo Intersectorial
El Programa 24 Horas, diseñado en 2009 e implementado en 2010, busca ser un modelo de gestión territorial intersectorial. Es un programa entre la Subsecretaría de Carabineros, el Servicio Nacional de Menores (ahora Mejor Niñez), dependiente del Ministerio de Justicia, y la Subsecretaría de Prevención del Delito, dependiente del Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Este programa es la puerta de entrada a sus intervenciones en ciudades como Arica, Iquique, Antofagasta, Calama, Copiapó, Coquimbo, Valparaíso, Viña del Mar, Rancagua, Talca, Los Ángeles, Temuco y Puerto Montt. Su focalización es barrial o comunal, y se espera que sus proyectos trabajen en complementariedad con otras modalidades y programas, generando sinergia.
Desafíos Operacionales y Soluciones Urgentes
La puesta en marcha de la nueva institucionalidad ha estado lejos de ofrecer una mejor protección. Giannina Mondino, directora de la Unidad de Protección de la Defensoría de la Niñez, comenta que el Servicio se habilitó "de un día para otro", sin un periodo de implementación progresivo, a diferencia de otros servicios. Además, cuando Mejor Niñez se instaló, la Ley de Garantías, que establece que los niños son del Estado y no de un servicio, aún no estaba vigente. Blanquita Honorato, subsecretaria de la Niñez en el segundo gobierno de Sebastián Piñera, recuerda la premura por "apurar las cosas" en el último año de gobierno para asegurar su priorización.
Críticas al Funcionamiento y Recursos
Se observa una notoria discrepancia entre los discursos públicos y las prácticas institucionales. Los Tribunales de Familia, en muchas ocasiones, derivan niños a residencias que no están preparadas. La cantidad de NNA que requieren ayuda especializada es creciente, y el Servicio "no da abasto ante esta tremenda demanda".
El problema no se resuelve solo con inversión económica; se necesita "personal idóneo y preparado", cuya formación toma tiempo. La instalación de nuevas residencias enfrenta la oposición de los vecinos, que "no les gusta que en su barrio llegue una residencia de Mejor Niñez".
Carmen Lagos, experta en el área, menciona situaciones donde los equipos de residencia solicitaban hospitalización psiquiátrica por problemas que no eran de riesgo vital, como una chica en dinámica de explotación sexual que se escapaba. El psiquiatra se negaba porque "no le va a servir", mientras el equipo solo quería "que alguien agarre a esa niña y la encierre para que no salga y no se meta en problemas", evidenciando la falta de soluciones adecuadas.
En cuanto a la financiación, Lissette Allende señala que "se recibe alrededor de $1.400.000 de subvención por niño", pero el gasto real es de "dos millones por cada uno", generando un déficit. Hay 102 menores que reciben atención simultánea en el servicio de protección y en el de reinserción juvenil, lo que indica una alta complejidad en los casos.
Blanquita Honorato admite que "mirando hacia atrás, quizás lo primero debió haber sido tener bien establecidos los mecanismos de priorización en la oferta". De las 248 residencias existentes, el 90% pertenece a privados, en su mayoría fundaciones. El Servicio se ve en la obligación de hacerse cargo de las medidas de protección dictaminadas por los jueces, aunque no tengan cupo.
Asimismo, la externalización de los programas ambulatorios a organismos colaboradores (OCAS) genera problemas. Esto, con el fin de externalizar la relación de trabajo con sus empleados y la responsabilidad del Estado. Muchas veces, los NNA se mantienen con sus familias de origen o externas aun cuando viven graves vulneraciones de derechos. La poca experiencia y capacitación de los profesionales contratados por las OCAS también contribuye a la inadecuación del servicio. Los tribunales de familia, en ocasiones, "hacen la vista gorda" o muestran resistencia a revisar medidas de protección en plazos acotados, con tiempos de espera para una audiencia que pueden "sobrepasar los 3 meses", lo que para un NNA puede significar su estabilidad emocional y física.
Victoria Becerra entiende el diagnóstico: "Podemos mejorar muchas cosas: los incentivos, mejorar la gestión, apoyarlo en ella. Pero en términos de solución, de encontrarles un espacio seguro para la reparación a esos niños, hoy día es muy difícil, porque los colaboradores están apremiados igual que nosotros".
Hacia una Cultura de Acogimiento Familiar y Prevención
El defensor de la Niñez, Anuar Quesille, enfatiza que como sociedad se debe lograr que cada vez lleguen menos individuos al sistema de protección. Para ello, es fundamental "fortalecer la prevención y mejorar la capacidad de respuesta de los servicios", consolidando un piso de protección social que garantice acceso a servicios esenciales y estabilidad financiera para las familias, y fortaleciendo las políticas de cuidado infantil.
Claudio Castillo apuesta por "no solo aumentar la capacidad, sino de fortalecer una cultura de acogimiento familiar y asegurar que cada niño reciba cariño, protección y acompañamiento en su desarrollo".
Mejor Niñez está llevando a cabo una campaña de atracción de familias de acogida para enfrentar la sobrecarga de las residencias, especialmente para lactantes y niños pequeños. Actualmente, el servicio cuenta con 10 mil familias activas en Chile, de las cuales cerca de mil no tienen vínculo sanguíneo ni relación previa con los niños que reciben. El perfil revela que el 53% está encabezado por mujeres (edad promedio 49,4 años), un 25% corresponde a menores de 40, y un 40% a adultos solteros. Castillo afirma que "son un pilar fundamental para dar contención y cuidado", y Francisca González coincide: "Más allá de la capacidad del Estado se requiere del compromiso de la sociedad para que los niños encuentren espacios seguros y afectivos".
Es claro que un niño institucionalizado, por mucha gente preparada que tenga, no puede vivenciar el vínculo necesario que genera apego. Estos niños ya vienen dañados y necesitan estabilidad; las residencias no pueden ser cárceles ni hoteles. Se requiere una planificación ordenada, con calma, con gente especializada y "sin apitutamientos políticos", que han enturbiado el desempeño de Mejor Niñez. El resultado no será de la noche a la mañana, pero requiere de una decisión como país y como sociedad.