El Rango de Edades y la Transición a la Vida Adulta en el Sistema de Protección Chileno

El compromiso del gobierno con los niños, niñas y adolescentes es una prioridad, buscando constantemente oportunidades para mejorar sus condiciones y calidad de vida. En este sentido, la oferta proteccional se ve complementada por nuevas residencias que no solo acogen a decenas de menores que lo requieren, sino que también aportan en su desarrollo personal. Estas nuevas residencias buscan ser un espacio donde los y las jóvenes pueden restituir sus derechos, luego de diversas vulneraciones. Para el servicio es muy importante que estos centros estén pensados como residencias de vida familiar, donde los adolescentes pueden complementar su vida con el entorno en el que están insertos, facilitando y potenciando su trabajo de reparación.

Foto temática de una residencia o centro de acogida para jóvenes en Chile

El Marco Legal y el Desafío de la Mayoría de Edad

El Decreto Ley Nº 2.465, que creó el Servicio Nacional de Menores (Sename), establece que la población objetivo de los programas son todas las personas menores de 18 años que han sido vulneradas en sus derechos. Se entiende entonces que una vez cumplida la mayoría de edad deben abandonar sus lugares de residencia y comenzar su vida independiente. Aunque existe una excepción, la misma ley indica que quienes cumplen 18 años pueden continuar participando en los procesos de intervención hasta los 24 años, siempre y cuando se encuentren cursando estudios de nivel básico, medio o superior, o presenten una situación de discapacidad mental profunda.

La Realidad Post-18 Años

Para Alejandra Riveros, directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Chile -organismo que recibe recursos del Sename-, esta excepción en la práctica no ocurre. Las organizaciones suelen "acelerar el egreso de los chicos bajo la causal de cumplimiento de la mayoría de edad y con el argumento de la preparación para la vida independiente". Generalmente lo que hay detrás de esto es la necesidad de abrir nuevos cupos, para trabajar con chicos más pequeños, con menos complejidad. Por lo tanto, de alguna manera se encubre esta necesidad de los jóvenes de recibir apoyo y acompañamiento en una etapa compleja como es transitar a la vida adulta.

Las cifras confirman esta situación. Según el último informe de atendidos por el área de protección del Sename, en el segundo trimestre de este año, de un total de 127.522 niños, solo 1.617 corresponden al grupo etario "18 años y más". Gabriela Muñoz, asesora de la Dirección Nacional de Sename, asegura que "como servicio intentamos que todos los niños, niñas y adolescentes en cuidado alternativo cuenten con un proyecto escolar que, en lo mínimo, implique completar la educación escolar". Sin embargo, añade que "estamos conscientes de que se requiere fortalecer esta área para brindar mejores espacios de apoyo a los adolescentes en el proceso de transición a la adultez y, por lo mismo, estamos diseñando una metodología específica para fortalecer este tema".

Infografía: Distribución etaria de atendidos por el sistema de protección de la niñez en Chile

Urge una Política Pública de Transición a la Vida Adulta

Un estudio reciente de la Universidad Católica reveló que casi un millón de chilenos mayores de 31 años vive aún en la casa de sus padres. Entre las razones de este fenómeno destacan la extensión de los periodos de estudio, los cambios sociales y de estructura familiar de los últimos veinte años y el emprendimiento en materia laboral. Este estudio se refiere a jóvenes profesionales, es decir, con estudios superiores cursados. Sin embargo, surge la pregunta: ¿qué ocurre con aquellos que no han tenido la posibilidad de estudiar y que además han pasado gran parte de sus vidas institucionalizados porque no cuentan con redes familiares?

Alejandra Riveros advierte: "No tiene sentido que aceptemos como algo natural que personas que tuvieron acceso a contención familiar y económica vivan hasta pasados los 30 años con sus padres y que no nos sorprenda que jóvenes que no cuentan con ninguna de esas ventajas salgan a los 18 años a hacerse cargo de sus vidas sin ningún apoyo. Para mí es un doble abandono. Es haber avanzado durante muchos años y de un momento a otro volver a cero".

La Necesidad de un Acompañamiento Integral

No se trata solo de sustento económico. Hace falta un sistema de monitoreo que permita hacer carne la normativa que habla de apoyo hasta los 24 años. Falta una ley específica, que no existe en Chile -a diferencia de lo que ocurre en Argentina, por ejemplo, donde el año pasado se dictó una ley de acompañamiento en el egreso de jóvenes de residencia-, que permita acompañarlos de forma integral. Esto significa ver dónde van a vivir, ayudarlos a decidir qué van a estudiar, asistirlos en la inserción laboral, incluso en las relaciones que van entablando con las personas, y si eventualmente hacen familia, también apoyarlos, porque son chicos que vienen de historias muy quebradas, de mucha vulneración.

Casos y Modelos de Intervención

La Historia de José Luis Gómez

A José Luis Gómez (20) su madre biológica falleció cuando tenía un mes de vida y llegó a la Aldea SOS de Curicó a los 3 años. Hoy está becado en la Universidad de Chile, donde estudia danza. Un logro que requirió de mucho esfuerzo y que, dice, no habría sido posible solo. Él piensa que si se hubiese quedado con su papá, con suerte habría estudiado la básica, ya que su padre vive en un sector muy rural, donde los niños empiezan a trabajar a los 10 años. José Luis se siente afortunado: "Sé que mi caso es distinto al de muchos jóvenes. Yo siempre supe que quería estudiar danza y tuve la suerte de que me becaran en una academia en Curicó que me abrió el camino para llegar donde estoy. Pero muchos chicos a esta edad no saben bien qué quieren hacer. Algunos ni siquiera han terminado la media cuando cumplen 18. Yo siempre supe que a mí me iban a apoyar, pero también sé que no los pueden apoyar a todos".

José Luis Gómez vivió en la Aldea SOS de Curicó hasta los 18 años. Su meta hoy es encontrar un trabajo que le permita independizarse, pues vive en una casa de la misma universidad para alumnos de regiones o que no tienen dónde vivir en Santiago. Reconoce que, aunque no le gusta vivir allí, por el momento es su única opción. Daniela Toro, jefa nacional de Comunicaciones de Aldeas SOS, comenta que "José Luis es un caso ejemplar. Sabemos que va a llegar muy lejos, pero obviamente no es lo habitual. La mayoría de los chicos que están en nuestras casas de acogida cuesta mucho que adhieran a sus planes de estudio, a sus terapias y a cualquier cosa que se les proponga. Son niños que lo han pasado mal y ya no le creen a nadie, es difícil intervenir en esa realidad. La única manera de lograrlo es estando con ellos, tal como cualquier padre o madre está con sus hijos, creando lazos".

El Modelo de Casas Compartidas: La Experiencia de Aarón Figueroa

A los 16 años, Aarón Figueroa se escapó de un CREAD (Centros de Reparación Especializada de Administración Directa) del Sename, donde vivía desde los seis. Se sentía muy encerrado y percibía que "el que quería estudiaba, a nadie le importaba mucho lo que me pasara". Estuvo un mes viviendo en la calle hasta que lo invitaron a ser parte de los programas especializados en calle (PEC) de la Fundación Don Bosco. Se trata de una invitación a una salida paulatina de la situación de calle, ya que la experiencia demuestra que no es fácil; en la calle los chicos son libres de hacer lo que quieran, sin responsabilidades.

Aarón fue invitado primero al albergue nocturno y después empezó a ir también al PEC diurno. Volvió a estudiar y por las noches llegaba al albergue, donde tenía sus cosas y se duchaba. Los fines de semana los pasaba mayormente en la calle. A veces iba donde su madre, que vive en Pudahuel, pero no se acostumbra a estar con ella. Cuenta que lo intentó un tiempo pero tuvieron muchos problemas. Su madre, proveniente de Linares, también pasó por un proceso muy similar al suyo y ahora vive en un campamento.

Aarón Figueroa fue uno de los jóvenes que participaron del proyecto social de Casas Compartidas. El padre Víctor Mora, presidente del directorio de Fundación Don Bosco, explica que la idea de todos estos programas es acompañar la vida de los jóvenes, desde la razón y el afecto. Él afirma que "si no hay una relación, no hay un proceso de cambio. No se trata de darles la comida, hay que enseñarles a comer". Así surgió el proyecto de 'Casas Compartidas'. La iniciativa, que comenzó en enero de 2014, fue ejecutada por el Ministerio de Desarrollo Social y la fundación. Sergio Mercado, director ejecutivo de la fundación Don Bosco, explica que "se trataba de un lugar transitorio para vivir, destinado a favorecer su inclusión social. Era una casa o departamento financiado en sus gastos de arriendo y servicios básicos por el ministerio, para que vivan allí jóvenes y adultos (mayores de 18 años) por un tiempo aproximado de año y medio, con la idea de iniciar estudios, buscar trabajo y lograr una autonomía que les permitiera la reinserción".

Esquema o foto de una

Aarón relata su experiencia: "Cuando llegué a Casas Compartidas se me abrieron muchas puertas, porque iba a cumplir los 18 años y me veía nuevamente en la calle. Tener que buscar las herramientas tú solo es demasiado difícil. Aquí se me dio la oportunidad de permanecer con la condición de estudiar, trabajar y administrar y rendir el presupuesto que me entregaban; de empezar a hacer mi vida independiente, pero con ayuda". Según Paulina Herrada, directora de este programa, ese "empujoncito" es clave. "Los chicos de esa edad que no tienen estudios acceden a empleos superprecarios. Teníamos chicos que los contrataban por 11 meses, los despedían para que no cumplieran el año y a los tres meses los volvían a contratar. Y lo mismo pasa con las políticas públicas. Es un sector muy abandonado, porque ya no son niños, pero tampoco adultos, y como no tienen hijos no pueden acceder a un subsidio", explica.

El primer año de este proyecto fue de mucho aprendizaje para todos. Les habían dicho que no iba a funcionar, "pensando que no los íbamos a encontrar en la casa o que iba a estar todo desordenado, pero varias veces hicimos el ridículo". Paulina explica que hubo complejidades que obedecen a la etapa del desarrollo de los chicos, pero que ellos venían de una vinculación importante con la fundación y desde ahí se crearon lealtades. Por eso es importante no soltarlos nunca en el proceso, pues eso permite que los resultados sean más exitosos.

Durante los tres años que duró esta experiencia, 27 jóvenes vivieron en estas casas compartidas. Sergio Mercado cuenta que, cuando llegó el momento del cierre, le dijeron a las personas del Ministerio de Desarrollo Social que no lo cerraran, que podían mostrar resultados, pero ellos tenían otra intención. Efectivamente, el 60% de los jóvenes se pudo reinsertar de forma definitiva y el resto con avances muy significativos. Lo más importante, dice, es que cuando les avisaron que debían irse de ahí, para ninguno de ellos la calle fue una alternativa, lo que él considera "suficiente para decir misión cumplida".

Hacia el Nuevo Servicio de Protección Especializada de la Niñez y Adolescencia (Mejor Niñez)

Gabriela Muñoz, asesora del Sename, confirma que la institución está en un proceso de transformación. El nuevo modelo contempla potenciar las habilidades cotidianas que los preparen para resolver los temas del día a día, tales como alimentación, presupuesto, higiene y limpieza, cosas que la mayoría de nosotros aprendió por imitación en nuestras casas, pero ellos no. Además, detalla que se potenciarán la búsqueda vocacional y habilidades de relacionamiento comunitario, a fin de que los jóvenes se mantengan vinculados a redes de protección, participen en espacios comunitarios, talleres recreativos y culturales. También se abordarán las habilidades para la práctica laboral, incluyendo estrategias asociadas a las entrevistas laborales, la búsqueda de empleo y sus derechos como trabajador.

Aarón hoy está trabajando y arrienda una habitación mientras junta dinero para algo más grande. Además, está terminando sus estudios, habiendo elegido la carrera de técnico en trabajo social. Cada año, cerca de 1.500 jóvenes alcanzan la mayoría de edad y, por lo tanto, su permanencia en las residencias es voluntaria.

La Promulgación de Mejor Niñez y las Expectativas

El 23 de diciembre del 2020 se promulgó la ley que crea el nuevo Servicio de Protección Especializada de la Niñez y Adolescencia (Mejor Niñez) en reemplazo del Sename. Carlos Vöhringer, director técnico de Hogar de Cristo, precisa que ya en el 2018, en otro estudio "Del dicho al derecho: Estándares de calidad para residencias de protección de niños y adolescentes", se señaló expresamente el deber de asegurar servicios de soporte a los jóvenes en su transición a la vida adulta, al menos hasta los 25 años. La evidencia señala que este acompañamiento debe tener una perspectiva holística y considerar:

  • Alternativas habitacionales seguras, hasta que estén en condiciones de arrendar o comprar su propia vivienda.
  • Beneficios financieros que apoyen el inicio de su vida independiente.
  • Soporte educacional para acceso a capacitación y/o a programas de educación superior.
  • Programas de apoyo al empleo.
  • Acceso a asesoría legal.
  • Acceso a servicios de salud, especialmente para aquellos jóvenes con trastornos de salud mental.
Infografía: Componentes clave del acompañamiento integral para jóvenes extutelados

La Cruda Realidad de la Calle

La triste realidad que se observa desde el Hogar de Cristo es que hay muchos jóvenes en situación de calle cuyo denominador común es haber estado en el Sename. Hace una década, el Segundo Catastro de Personas en Situación de Calle (2011) reveló que el 46% de los jóvenes en situación de calle, entre 18 y 28 años, había estado en el Servicio Nacional de Menores. Para Daniela Moreno, jefa de la hospedería de Hogar de Cristo en la Región de Valparaíso, es una señal de alarma para todo el sistema de protección que mujeres cada vez más jóvenes, que llevan meses viviendo en situación de calle, vengan a tocar la puerta pidiendo albergue.

Ella destaca que "nos golpea fuerte esta situación y hemos levantado este tema con los organismos de protección para que podamos generar estrategias a nivel de red que incidan en políticas más efectivas de apoyo frente a los riesgos y vulneraciones que han sufrido las mujeres en situación de calle en la región. Hemos visto situaciones de extrema violencia hacia ellas, de abuso por el solo hecho de ser mujer y estar en calle". Claramente, una hospedería mixta, donde hay adultos mayores que han pasado largo tiempo en situación de calle, no es el mejor lugar para este perfil de jóvenes cuyas historias de vida han sido de permanente vulneración de derechos. "Nosotros tenemos que hacernos cargo y estamos en proceso de aprendizaje. Un aspecto positivo dentro de lo malo es que ellas no quieren volver a vivir en la calle, tienen muy clara la percepción de riesgo que eso significa", añade.

Foto temática o ilustración sobre jóvenes en situación de calle en Chile

Propuestas para un Futuro Interdependiente

La Fundación Sentido, que dirige Margarita Guzmán, tiene precisamente la finalidad de trabajar con niños, niñas y jóvenes bajo la protección del Estado. Hace 9 años que trabajan con ellos y se dieron cuenta de que estaban en la calle y, aunque intentaron reinsertarlos, no resultó, sencillamente porque no tienen un techo sobre sus cabezas. Hasta hace muy poco, la ley del Sename permitía que hasta los 24 años los jóvenes permanecieran bajo protección siempre y cuando tuvieran un certificado de alumno regular del Ministerio de Educación, lo que dejaba fuera a cualquier joven que no estuviera en el sistema formal de educación.

Después de mucho lobby y presión por parte de organismos colaboradores, se logró que el nuevo Servicio Mejor Niñez quitara ese requisito y se aceptara el certificado de una institución colaboradora acreditada. Sin embargo, dado que son centenares los que egresan del sistema de protección cada año, se está pidiendo que la nueva ley asegure programas de transición a la vida adulta con vivienda, "porque mientras estos jóvenes estén en situación de calle, no hay ningún programa ambulatorio que pueda lograr que continúen con sus estudios en esas condiciones".

Chile es el único país de Latinoamérica que no tiene un programa de transición hacia la vida independiente de jóvenes que salen del sistema de protección. Por ello, se han iniciado gestiones con el Ministerio de Vivienda para emular lo que se hace con el programa "Vivienda Primero" para personas en situación de calle, es decir, que haya un subsidio de arriendo colectivo para estos jóvenes. Se está pidiendo que se haga un proyecto piloto con fundaciones, que permita, ante una emergencia, poder abrir nuevas casas. La residencia debe cambiar el enfoque de preparación para la vida "independiente" por preparación para la vida "interdependiente", alejándose de la búsqueda de la autosuficiencia y promoviendo, en cambio, el desarrollo de habilidades sociales en los jóvenes y apoyando la construcción de una red social a la cual pertenecer.

Ahora todos los ojos están puestos en el nuevo Servicio Especializado para la Niñez y Adolescencia, en el que se tienen grandes expectativas. Es de suma urgencia evitar que estos jóvenes lleguen a situación de calle.

tags: #rango #de #edades #ninos #del #sename