La Visita Domiciliaria en el Trabajo Social: Análisis y Perspectivas

La visita domiciliaria ha sido históricamente reconocida como una herramienta efectiva para proporcionar apoyo y servicios en diversas áreas, como la educación, la medicina, la enfermería y el trabajo social (COOK; SPARKS, 2008; WASIK; BRYANT, 2001). Consiste en la entrega directa de un servicio de ayuda, información o guía a individuos en su hogar, abarcando ámbitos como la salud, el apoyo social o la educación (UNITED STATES OF AMERICA, 1990). Este servicio puede estar dirigido a una persona o familia en sus distintas etapas de vida, desde antes de nacer hasta la adultez mayor (Aracena et al., 2011).

Definición y Características de la Visita Domiciliaria

De acuerdo con Wasik y Bryant (2001), la visita domiciliaria es un proceso mediante el cual un agente visitador proporciona ayuda a una familia durante un período de tiempo extenso en su propio hogar, y este agente puede ser o no un profesional. La característica principal de la visita domiciliaria es que se lleva a cabo en el propio hogar de las personas y a través de encuentros habituales a lo largo del tiempo.

Esta modalidad se presenta como una herramienta óptima para poblaciones en condiciones de pobreza o exclusión social, dado que estas poblaciones a menudo enfrentan dificultades para acceder o desplazarse hacia los sistemas formales de atención social (ARACENA et al., 2011). Las cualidades de las visitas domiciliarias ofrecen la oportunidad única de obtener información relevante acerca del ambiente familiar, sus recursos y necesidades, y de entregar un servicio individualizado. Los niveles en los que se realiza la entrega del servicio pueden consistir en la prevención social, la intervención o tratamiento, o la evaluación.

La principal ventaja de la visita domiciliaria radica en que la provisión de los servicios a las familias se realiza en su ambiente natural, lo que facilita la detección y comprensión de las necesidades familiares, así como la individualización de los servicios para responder a ellas (ALLEN; TRACY, 2004). Adicionalmente, contribuye a equilibrar la relación asimétrica de poder entre el profesional y la familia, fomentando la construcción de relaciones de confianza (ALLEN; TRACY, 2004).

Ilustración de un profesional realizando una visita domiciliaria

Impacto en Diferentes Ámbitos y Razones para su Implementación

Estudios en el campo de la salud han determinado que las visitas domiciliarias tienen un impacto positivo en las familias. Se han encontrado resultados favorables en la salud de recién nacidos, niños y familias en riesgo social (ACADEMIA AMERICANA DE PEDIATRÍA, 1998; AVELLAR; SUPPLEE, 2013; KITZMAN et al., 1997; BAQUI et al., 2008; GOGIA; SACHDEV, 2010; CRUZ; MARTHE, 2010), embarazadas (ISSEL et al., 2011), adultos mayores (BRUGEROLLES; DOIS; MENA, 2008; MEDINA et al., 1998) y en el apoyo a enfermos terminales (ASCENCIO-HUERTAS; RANGEL-DOMINGUEZ; ALLENDE, 2013; ASTUDILLO; MENDINUETA; GRANJA, 2008).

Wasik y Bryant (2001) establecen diversas razones por las cuales puede iniciarse una visita domiciliaria. Pueden ofrecerse como servicio universal, por ejemplo, desde los centros de salud locales a padres de recién nacidos. Alternativamente, pueden ser una estrategia de prevención o intervención según las necesidades especiales de los niños; por ejemplo, a nivel preventivo, a familias cuyos hijos están en riesgo de deserción escolar. A nivel de intervención, los profesores pueden realizar visitas a padres con niños con retraso del desarrollo, ayudándolos a mejorar el desarrollo social y cognitivo de los menores.

En otras instancias, las familias pueden solicitar el servicio como ayuda en el cuidado de un miembro con discapacidad física o enfermedad crónica. Es fundamental que los agentes visitadores sean competentes y posean conocimientos técnicos, habilidades y supervisión para que la visita sea efectiva (WASIK; BRYANT, 2001). Existe consenso en que el agente visitador debe estar capacitado para realizar la visita, sea o no un profesional (AVELLAR; SUPPLEE, 2013; ARACENA et al., 2011; WASIK; BRYANT, 2001).

La Visita Domiciliaria en el Ámbito Educativo

En el campo de la educación, los estudios aplicados sobre la visita domiciliaria son escasos, tanto a nivel internacional como nacional. No obstante, Wasik y Bryant (2001) proponen que el bienestar y desarrollo social de los niños es uno de los principales propósitos de la visita domiciliaria, lo que convierte al sistema escolar en un contexto idóneo para su realización.

El potencial de aplicar visitas domiciliarias desde el ámbito escolar se fundamenta en que es "una estrategia que puede facilitar la participación de los padres en la educación de sus hijos y ayudar a entender mejor el contexto extraescolar y sus influencias en el aprendizaje, cuestiones claves para las escuelas básicas".

Modelos de Programas de Visitas Domiciliarias Escolares

Según Allen y Tracy (2004), existen tres modelos de programas de visitas domiciliarias en escuelas:

  1. Enfocado en los recursos: Las visitas se realizan antes o durante el inicio del año escolar a las familias nuevas o de los niveles iniciales, e incluyen la referencia a agencias y servicios para responder a las necesidades familiares.
  2. Enfocado en el riesgo: Las visitas se implementan para aumentar la colaboración entre las familias y las escuelas en temas académicos y de comportamiento, buscando reducir las dificultades que ciertos grupos de niños puedan presentar.

Estos autores sugieren que las visitas domiciliarias pueden mejorar la conexión entre la escuela y la familia, partiendo de la premisa de que los padres no necesitan ingresar a la escuela para influir e involucrarse en la educación de sus hijos, ya que existen actividades importantes de involucramiento que pueden desarrollarse desde el hogar. Las visitas domiciliarias también pueden ayudar a resolver barreras para la participación de los padres, como la falta de tiempo, la sensación de no ser valorados, la incomprensión del sistema escolar o problemas de accesibilidad (ALLEN; TRACY, 2004).

Además, las visitas domiciliarias pueden proporcionar mejores mecanismos para responder a la diversidad cultural de las familias de los estudiantes, ya que cada cultura puede involucrarse de manera distinta, lo cual puede ser subvalorado o malinterpretado por la escuela.

Celia Rosemberg: ¿Es necesaria la interacción familia-escuela o alcanza con la escuela?

Estudio sobre la Aplicación de la Visita Domiciliaria en Escuelas Públicas

El presente artículo tiene como propósito analizar los resultados de un estudio enfocado en la aplicación de la visita domiciliaria en las escuelas públicas. Este estudio buscó analizar la visión colectiva que los profesionales tienen sobre esta estrategia e identificar los límites y oportunidades que les brinda en su actuación profesional. Los grupos de discusión se aplicaron de manera paralela, el mismo día, en el marco de una jornada de trabajo con profesionales organizada por la Universidad y el municipio. Cada grupo fue dirigido por un miembro del equipo de investigación y se aplicó la misma pauta temática, realizándose en tres salas de la universidad a puertas cerradas y sin interrupciones.

Las categorías de análisis fueron elaboradas de manera deductiva en relación con el objetivo de la investigación.

Hallazgos del Estudio

Definición y Propósito

Se observó que los trabajadores sociales restringieron la definición de visita domiciliaria a considerarla únicamente como una estrategia para recabar información de la situación de la familia y el estudiante. La perciben como una herramienta para profundizar en casos donde la información inicial levantada por profesores o psicólogos es insuficiente, buscando detalles sobre la dinámica familiar, las condiciones de vida del niño, etc., principalmente para apoyar la intervención o las acciones subsiguientes con esas familias.

Una de las razones más frecuentes para la aplicación de la visita fue la inasistencia del estudiante a la escuela, lo que coincide con lo planteado por Wasik y Bryant (2001). Los participantes la utilizan cuando "hay muchas ausencias y ninguna de las vías funcionan, como la comunicación o el llamado telefónico, o problemas socioeconómicos donde uno tiene que ir para luego hacer el informe social y derivar". También mencionaron su ventaja ante barreras de acceso a las familias, como problemas económicos o la inefectividad de otros mecanismos, lo cual es convergente con Allen y Tracy (2004), Wasik y Bryant (2001) y Aracena et al. (2011).

Importancia Asignada y Rol Profesional

Los participantes le asignaron relevancia a la visita domiciliaria, considerando importante su utilización para potenciar el vínculo con las familias de los estudiantes en su espacio más íntimo. En sintonía con Allen y Tracy (2004), valoran su capacidad para estrechar la relación con las familias en un contexto menos masivo y de mayor confianza como el hogar del estudiante. Un participante comentó: "En los colegios grandes los papás sienten que los niños pasan a ser uno más de los miles que hay, entonces que uno vaya a la casa, hay papás que lo agradecen mucho".

Este aspecto permite tener acceso a información privilegiada que no se logra obtener en el contexto escolar. Para Strom-Gottfried (2009), esta exposición a la información es una ventaja de los servicios basados en el hogar, pero también presenta desafíos éticos, ya que el profesional utilizará dicha información para activar procesos de ayuda. Además, las impresiones de las condiciones de vida y las experiencias vividas por el agente visitador pueden afectar el establecimiento de límites apropiados, disminuyendo la capacidad de enfocarse en el propósito profesional y aumentando la probabilidad del síndrome de burnout.

En la discusión sobre la importancia de la visita domiciliaria, surgió la problematización del rol de los profesionales en las escuelas. Hubo consenso en catalogar su rol como difuso, con desempeños esperados poco conocidos y funciones que dependen de la cultura institucional del establecimiento. Esta falta de claridad no concuerda con la literatura, que destaca el rol de los trabajadores sociales en el apoyo a resultados educativos positivos de los estudiantes a través de la influencia y coordinación de los esfuerzos de la escuela, familia y comunidad (FRANKLIN; GERLACH; CHANMUGAM, 2008; AMERICAN COUNCIL FOR SCHOOL SOCIAL WORK, 2015).

A propósito de esta falta de claridad, se propone que las instituciones académicas asuman una función activa para determinar el quehacer de los profesionales en el área educacional: "Uno apuesta también a que la academia haga un aporte desde la mirada, justamente más técnica, de la cual podría ser el rol del trabajador social en las escuelas, que es un rol medio difuso, que cada uno lo va haciendo desde su nicho".

Los participantes destacan la relevancia de la relación con otros profesionales en las escuelas, enfatizando la interdependencia y la necesidad de mejorar la coordinación. El director o directora es fundamental para establecer límites con los apoderados; los inspectores acuden al trabajador social en busca de apoyo; los profesores son importantes pero resistentes al trabajo conjunto debido a su exigida situación laboral; y los paradocentes son relevantes aunque a menudo no son considerados.

Gráfico mostrando las percepciones sobre el rol del trabajador social

Limitaciones de la Visita Domiciliaria

  1. Sensación de inseguridad: Los profesionales experimentan inseguridad en algunos barrios donde se realizan las visitas, especialmente en relación con la vulnerabilidad social de los hogares de los estudiantes. Un participante mencionó: "[...] tiene que ver también con que nuestros alumnos son vulnerables, y los lugares donde residen no sé si son peligrosos, pero generan cierta inseguridad". Esta limitación tiene asidero en la literatura, ya que Puls (2006) señala que todo profesional que visita un hogar está expuesto a un riesgo o inseguridad, y debe ser consciente de ello. Sin embargo, los participantes asocian este peligro a la situación socioeconómica, una creencia que puede ser errónea, ya que "que una persona viva en un área central, en una casa grande y hermosa, eso no significa que la persona no tenga algún desequilibrio mental, problema con drogas o tendencias violentas" (PULS, 2006).
  2. Dificultad de desplazamiento: La dispersión geográfica y la falta de tiempo profesional y recursos económicos para el traslado son limitaciones importantes. Como lo demuestra la cita: "[...] una limitación súper práctica es el tema de las lucas para viajar, quién me paga la bencina, eso".
  3. Observación parcial: La visita domiciliaria ofrece solo un momento parcial de la situación e historia de la familia, generalmente menor a 60 minutos: "[...] uno ve unos minutos de la realidad no más, que no es lo mismo, que monitorear al niño en clases, durante varias semanas" (GD1).

Oportunidades y Fortalezas de la Visita Domiciliaria

En concordancia con la importancia asignada, los participantes identifican diversas oportunidades y fortalezas relacionadas con el vínculo entre el profesional, el estudiante y el adulto responsable:

  1. Mejora del vínculo familiar: "Yo creo que la visita mejora el vínculo con la familia, yo creo que eso es lo más relevante de la visita domiciliaria [...] las personas se sienten agradecidas que uno esté en su domicilio, que haya llegado hasta su casa que cuesta un montón llegar y que uno esté ahí viendo con ellos su contexto, cómo viven, cuáles son sus condiciones, etc."
  2. Espacio de desahogo: Permite a los padres expresar opiniones y sentimientos cuando carecen de redes de apoyo. "A veces las visitas se transforman en un espacio de desahogo para los papás porque no tienen red de apoyo familiar a quien contarle sus problemas".
  3. Gestión de casos complejos: En situaciones con estudiantes disruptivos, los inspectores generales recurren al trabajador social para generar un vínculo diferente antes de una entrevista formal en el liceo. Esto "logra un vínculo previo, obviamente la situación es compleja, pero ya es distinta la relación en la casa y tratando de mediar antes de que apoderado llegue a la entrevista con el inspector general donde le va a mostrar las cinco hojas de anotaciones que tiene el estudiante y lo que eso conlleva....".

La visita domiciliaria es una técnica propia del trabajo social, esencial para la evaluación de la situación socio-familiar y el tratamiento social en el entorno, siempre que se utilice con rigor para lograr los objetivos deseados y registrar la información obtenida. Es especialmente indicada para valorar indicadores de bienestar del niño/adolescente o posibles situaciones de desprotección, estimar la capacidad parental para el cuidado de los hijos y analizar posibilidades de preservación familiar o reagrupación. Nos ayuda a mirar la realidad del menor de edad y su familia desde la cotidianidad de su hogar y su hábitat.

Estudio en Estudiantes de Trabajo Social

Pese a ser una de las estrategias de intervención emblemáticas del Trabajo Social, los estudios nacionales publicados sobre la visita domiciliaria se han realizado mayoritariamente desde el campo de la salud y la psicología. En este contexto, un artículo muestra los resultados de un estudio que tuvo como objetivo general analizar cómo utilizan la estrategia de visita domiciliaria los estudiantes de Trabajo Social que realizan o han realizado algún semestre de práctica profesional y qué opinión tienen dichos estudiantes sobre las cualidades y dificultades de la visita domiciliaria como estrategia de intervención social.

El método del estudio contempló la aplicación de dos técnicas de recolección de información:

  1. Una encuesta a una muestra total de 51 estudiantes de cuarto y quinto año de la carrera de Trabajo Social de una universidad.
  2. Un grupo de discusión con 10 estudiantes de cuarto y quinto año de la carrera de Trabajo Social.

Como principales resultados se pudo constatar que, en este grupo de estudiantes de esta universidad, la estrategia es utilizada y bien valorada por sus aportes. Sin embargo, se detectó que principalmente la utilizan para propósitos de recolección de información sobre el caso o familia intervenida y no como estrategia para entregar servicios sociales o educativos.

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