La participación de las familias en la educación de los niños es fundamental para potenciar sus capacidades e incidir en sus resultados académicos (Baquedano-López, Alexander & Hernández, 2013; Boberiene, 2013; Dikkers, 2013; Garcia-Reid, Peterson & Reid, 2013; Vera, González & Hernández, 2014). El hogar es el espacio de aprendizaje por excelencia, seguido del barrio, la comuna y la ciudad (Blanco & Umayahara, 2004).
En este continuo, la escuela tiene la función de “fortalecer con su conocimiento especializado lo que la familia ha iniciado y continúa realizando” (Blanco & Umayahara, 2004). Dada la vital importancia de las familias en la educación, es primordial implementar estrategias que fortalezcan las capacidades de los padres y las escuelas para una participación efectiva (Hoover-Dempsey et al., 2006). Es fundamental reforzar la alianza con las familias desde las instituciones escolares para atender a todos los estudiantes, especialmente a aquellos de contextos socialmente desfavorecidos (Gil, 2009).
La Visita Domiciliaria como Estrategia Educativa Clave
En sintonía con este cometido, Razeto (2016b) propone la visita domiciliaria como una estrategia de alto potencial que la escuela puede utilizar para incentivar la participación de los padres menos involucrados en la educación de sus hijos y mejorar su vinculación con la escuela. Si bien la realización de visitas domiciliarias desde los centros educativos no está directamente contemplada por la legislación chilena ni por la política educacional, es una práctica con una larga tradición en Chile.
Este tipo de práctica no es exclusiva de Chile; también se aplica en Brasil como estrategia de aproximación de los agentes de la escuela hacia las familias (Castro & Regattieri, 2012). En Brasil, las visitas pueden ser realizadas por profesores, psicólogos, asistentes sociales o incluso jóvenes universitarios o con enseñanza media concluida, quienes son seleccionados y formados para tal fin.
Definición y Rol de los Profesionales
En su nivel más básico, según Wasik & Bryant (2001), la visita domiciliaria puede definirse como una estrategia que implica un proceso de ayuda a una familia por parte de un agente visitador, el cual se desarrolla en el propio hogar y durante un período de tiempo extenso. La visita domiciliaria puede dirigirse a una persona o a una familia, abarcando desde la atención prenatal hasta la ancianidad (Aracena et al., 2011). En todos los casos, la principal característica es que se aplica en el propio hogar y a través de encuentros habituales a lo largo del tiempo, siendo una herramienta óptima para poblaciones en condiciones de pobreza o exclusión social, por sus dificultades para acceder o desplazarse hacia los sistemas formales de atención social (Aracena et al., 2011).

La visita domiciliaria ha sido utilizada por educadores, médicos, enfermeras y trabajadores sociales como una herramienta efectiva para proporcionar apoyo y servicios a los niños y sus familias (Cook & Sparks, 2008; Wasik & Bryant, 2001). En Chile, las visitas domiciliarias en el contexto escolar han sido principalmente desarrolladas por trabajadores sociales que se desempeñan en centros educativos de enseñanza primaria o secundaria. A partir de 2008, la presencia de estos profesionales se incrementó debido a la Ley de Subvención Escolar Preferencial, que reconoce la necesidad de recursos extraordinarios para las necesidades educativas de los niños y niñas (Arevalo & Santana, 2015).
La labor principal de los trabajadores sociales en las escuelas es servir de puente entre la escuela y la comunidad, proveyendo servicios a estudiantes, familias y personal para promover y apoyar el éxito académico y social de los estudiantes (School Social Work Association of America, 2019). En el mundo angloparlante, a esta subdisciplina se le denomina Trabajo Social Escolar (Villalobos, 2015, p. 57).
Ventajas y Beneficios de las Visitas Domiciliarias en Educación
El bienestar y el desarrollo social de los niños es uno de los principales propósitos de la visita domiciliaria (Wasik & Bryant, 2001), lo que convierte al sistema escolar en un contexto idóneo para aplicarlas, ya que los niños permanecen en él durante muchos años y varias horas al día. Las visitas domiciliarias ofrecen la oportunidad única de obtener información relevante acerca del ambiente familiar, sus recursos y necesidades, además de la oportunidad de prestar un servicio individualizado.
Según Allen & Tracy (2004), las visitas domiciliarias pueden mejorar la conexión entre la escuela y la familia, partiendo del entendimiento de que los padres no necesariamente deben ingresar a la escuela para influir e implicarse en la educación de sus hijos, ya que hay actividades importantes que pueden desarrollarse desde el hogar. El potencial de aplicarlas desde el ámbito escolar radica en que la visita es "una estrategia que puede facilitar la participación de los padres en la educación de sus hijos y ayudar a entender mejor el contexto extraescolar y sus influencias en el aprendizaje, cuestiones claves para las escuelas básicas" (Allen & Tracy, 2004, p. 7).

Superación de Barreras y Construcción de Confianza
Entre las ventajas que ofrecen, las visitas pueden ayudar a resolver barreras a la participación de los padres en la educación de sus hijos, tales como:
- Falta de tiempo para asistir a reuniones o leer materiales enviados a casa.
- No sentirse valorado o bienvenido en la escuela.
- No comprender el sistema escolar o su lenguaje.
- Problemas de accesibilidad (Allen & Tracy, 2004).
Por estas razones, las visitas domiciliarias proveen mejores mecanismos para responder a la diversidad cultural de las familias de los estudiantes, bajo el supuesto de que cada cultura puede lograr el involucramiento de maneras distintas o a través de diferentes caminos, que pueden ser infravalorados o malinterpretados por la escuela. Además, el hecho de que la provisión de los servicios se realice en el ambiente natural de la familia “facilita la detección y comprensión de las necesidades familiares junto con la individualización de los servicios para responder a ellas” (Allen & Tracy, 2004, p. 198). El ambiente familiar contribuye a equilibrar la relación asimétrica de poder entre el profesional y la familia, lo que ayuda a construir relaciones de confianza (Allen & Tracy, 2004).
Mejora de la Comunicación y Comprensión Escolar
Cuando la escuela mejora su conocimiento y comprensión de los alumnos, crece su capacidad de comunicación y adecuación de las estrategias didácticas, con el consiguiente aumento de las oportunidades de realizar un trabajo escolar exitoso. En este sentido, la participación de las familias en la vida escolar de los alumnos debe ser vista como una parte constitutiva de la planificación educativa (Castro & Regattieri, 2012).
Castro & Regattieri (2012) postulan que, cuando los estudiantes perciben que sus profesores conocen su situación familiar, tienen más seguridad para expresar sus dudas y temores en el aula. Al mismo tiempo, estas autoras señalan que, al conocer la situación de los estudiantes, los profesores comprenden mejor su comportamiento y tienen expectativas más realistas. Por ello, es fundamental que los trabajadores sociales que realizan las visitas compartan la información socioeducativa de las familias con los profesores, si estos no se implican en la realización de las visitas y si se cuenta con el consentimiento de la familia.
Visita domiciliaria en el ámbito educativo
Desafíos y Aplicación Actual en el Contexto Escolar
Una de las principales situaciones socioeducativas que motivan la realización de las visitas domiciliarias es el ausentismo escolar, representando un 64% de las visitas observadas. En el ámbito de las estrategias de actuación frente al ausentismo, varios autores ven la visita domiciliaria como una estrategia efectiva para disminuir las tasas de ausentismo de los estudiantes, especialmente útil para familias pasivas, aisladas o con menos motivación para asistir a la escuela (Kearnet, 2016; Kim & Streeter, 2013; Reid, 2013).
Las situaciones que originan la visita suelen corresponder a problemáticas ya instaladas en los estudiantes y sus familias. Esto significa que la visita no se está utilizando como una estrategia de prevención social, sino de tratamiento, como una respuesta tardía a un problema que ha generado efectos evidentes en el bienestar del estudiante y su proceso de aprendizaje, según la percepción de los profesionales.
Los profesionales entrevistados en un estudio asociaron el propósito de la visita domiciliaria al proceso de conocer la situación sociofamiliar del estudiante, con la finalidad de conectarlos con redes que puedan ofrecerles el apoyo requerido. Sin embargo, no la definen como una estrategia que en sí misma permita hacer tratamiento o generar cambios concretos en el ambiente familiar que contribuyan a un mejor proceso educativo del estudiante. Se ha sugerido que la visita podría ser un instrumento más propositivo, que vaya más allá de la mera observación, especialmente porque el trabajo a menudo se realiza desde la urgencia.
Programas de Visitas Domiciliarias: Modelos y Efectividad
Los programas de visitas domiciliarias constituyen una estrategia de prevención que proporcionan una gama de servicios estructurados a niños de corta edad y a su familia en el entorno del hogar, implementados por un proveedor de servicios capacitado. Estos servicios incluyen el manejo de casos, referencia a servicios comunitarios existentes, crianza y educación infantil, y apoyo social a mujeres embarazadas, entre otros. Aunque la mayoría de los programas son voluntarios, algunos estados y comunidades recomiendan consistentemente la participación de familias en riesgo de maltrato.
A lo largo de las últimas dos décadas, se ha implementado un número creciente de programas de visitas domiciliarias en países desarrollados y en vías de desarrollo. Ejemplos de programas en Canadá y Estados Unidos incluyen Parent as Teachers, Nurse Family Partnerships, Early Head Start y Healthy Steps. En América Latina y el Caribe, destacan Educa a tu hijo (Cuba), The Roving Caregivers (Países del Caribe) y Madres Guías (Honduras).
Ejemplos de Programas y sus Enfoques
- Educa a tu hijo (Cuba): Programa no institucionalizado con base en la comunidad y la familia para infantes cubanos menores de seis años y mujeres embarazadas. Los proveedores ofrecen cuidado individualizado a niños y demostraciones de actividades de estimulación a padres durante las sesiones a domicilio, con impactos positivos en el desarrollo socio-emocional y motor de los niños. Su metodología ha sido adaptada en países como Ecuador, Chile, Brasil, México, Venezuela, Colombia y Guatemala.
- The Roving Caregivers (Países del Caribe): Programa de desarrollo de la primera infancia y apoyo familiar para infantes caribeños menores de tres años en riesgo. Ofrecen apoyo directo a niños y familias, cuidado de calidad, mejora de la salud, nutrición y preparación preescolar.
- Madres Guías (Honduras): Uno de los programas más completos basados en la comunidad y el hogar para infantes desde el nacimiento hasta los cuatro o seis años, y para mujeres embarazadas que viven por debajo del umbral de la pobreza en municipios con altas tasas de mortalidad y desnutrición. Provee educación prenatal, revisión médica a recién nacidos, estimulación temprana, educación y apoyo parental, servicios de nutrición y educación básica.

Aunque los programas de visitas domiciliarias difieren en su población objetivo (niños con discapacidades, madres adolescentes, familias en riesgo), proveedores (profesionales, paraprofesionales, voluntarios), actividades y calendarios, todos comparten el objetivo de apoyar el crecimiento y desarrollo saludable de los niños. Específicamente, las metas principales de la mayoría de estos programas consisten en mejorar las percepciones de los padres sobre la crianza de los niños, su conocimiento y la capacidad de proporcionar un entorno positivo para sus hijos.
Eficacia y Factores Influyentes
La investigación sobre la eficacia de los programas de visitas domiciliarias a lo largo de los años sugiere un efecto diferencial según el resultado de interés. Mientras la participación en varios programas es efectiva para mejorar los resultados cognitivos y de comportamiento en los niños (por ejemplo, Early Head Start, The Nurse Family Partnership y The Infant Health and Developmental Program), pocos programas han logrado mejorar significativamente los resultados de los embarazos, y las reducciones en maltrato infantil se han encontrado en algunos modelos, pero no en otros.
Con respecto al impacto sobre la depresión materna, la evidencia sugiere que algunos componentes ayudan a mejorar la salud y el desarrollo de los niños y la sensibilidad de las madres ante los impulsos infantiles. La eficacia de los programas también depende de la población objetivo, los proveedores y el contenido de las visitas.

Generalmente, los programas son más efectivos cuando los servicios se proporcionan a los subgrupos más necesitados de la población (padres que viven en pobreza, con dificultades psicológicas o niños con discapacidades) y cuando los participantes están completamente comprometidos con la intervención. Además, algunos efectos positivos más importantes se encuentran a menudo cuando las enfermeras y/u otros profesionales prestan sus servicios a las familias en lugar de paraprofesionales. Los visitadores domiciliarios profesionales, al tener las calificaciones requeridas obtenidas a través de capacitación, supervisión y monitoreo, tienen acceso a más recursos y apoyo, lo que les permite proporcionar servicios de alta calidad a las familias y mantener la implementación de programas con un alto grado de fidelidad a lo largo del tiempo.
En cuanto al contenido, estos programas tienden a ser más efectivos cuando los servicios son integrales en su enfoque, cuando implementan el modelo del programa con rigor y cuando abordan las múltiples necesidades de la familia.
Retos en la Implementación y la Investigación Futura
A pesar de su potencial, la investigación sobre la ejecución de estos programas ha revelado una serie de dificultades transversales. Primero, las familias objetivo pueden rechazar la inscripción inicial en el programa (entre un 10% y un 25% en algunos estudios). Segundo, las familias pueden no recibir todas las visitas planificadas; por ejemplo, una evaluación del modelo Nurse Family Partnership reveló que las familias recibieron solo la mitad del número programado de visitas. Incluso cuando se llevan a cabo, el currículo y las actividades planificadas pueden no efectuarse de acuerdo al diseño inicial, y las familias pueden no realizar las actividades adicionales fuera del horario de visitas. Finalmente, entre un 20% y un 67% de las familias inscritas abandonaron los programas antes de la fecha programada de término.
Un aspecto llamativo es que el vínculo supuesto entre el cambio de conducta de los padres y el mejoramiento de los resultados de los niños no ha sido objeto de mayor interés en las investigaciones. En otras palabras, incluso cuando los programas lograron cambiar la conducta de los padres, estos cambios no siempre produjeron resultados significativamente mejores en el niño. Una excepción fue un estudio del modelo Program for Preschool Youngsters (HIPPY) con familias latinas de bajos ingresos, que mostró cambios en la crianza en el hogar y mejores logros en las notas de matemática de tercer grado.
Para medir con precisión la eficacia, se debería dar prioridad a una evaluación integral que incluya medidas de múltiples resultados de niños y familias a distintos intervalos de tiempo. También es útil recolectar información acerca del impacto de estos programas sobre varios subgrupos de población, ya que su efectividad tiende a diluirse dentro de la población objetivo. Se necesita más investigación para identificar los componentes del programa, el umbral de dosificación y la duración de los servicios necesarios para producir el mejor efecto positivo a largo plazo.
Otra área de investigación que justifica un examen más profundo es el impacto de la depresión materna sobre la efectividad de los programas. Los avances en este campo no solo ayudarían a los proveedores a comprender mejor cómo la severidad de la depresión y su curso interactúan con los elementos del programa para generar resultados positivos o negativos, sino que también permitirían a los visitadores domiciliarios recibir una mejor capacitación para apoyar su trabajo con madres que sufren de depresión significativa. Finalmente, una forma de mejorar la participación a largo plazo en programas de visitas domiciliarias sería integrar dichos programas en un sistema amplio y diversificado.
Los programas de visitas domiciliarias están diseñados para que las familias puedan brindar un ambiente que fomente el crecimiento saludable y el desarrollo de sus niños, orientando sus servicios a familias y cuidadores con desventajas particulares al momento de establecer y mantener este ambiente. Los programas pueden variar considerablemente en sus objetivos, usuarios, proveedores, actividades, horarios y estructura administrativa, pero comparten elementos comunes, como la continuidad de la relación proveedor-participante y la vinculación de las prácticas con los resultados esperados. Se basan en un protocolo de visita, un currículo formal, una planificación del servicio personalizada y/o un marco teórico específico.
Durante las últimas tres décadas, se ha acumulado información acerca de la eficacia de los programas de visitas domiciliarias, con proyectos a gran escala que utilizan diseños aleatorios y seguimientos longitudinales. La investigación sobre su eficacia debe adaptarse a los objetivos específicos de la intervención, las prácticas y los participantes. En general, estos programas pueden agruparse en dos tipos: aquellos que buscan resultados en los aspectos físicos/clínicos de la salud y aquellos centrados en el mejoramiento de la relación padres-hijo y los resultados del desarrollo infantil.
La población meta puede identificarse a nivel del cuidador (madres adolescentes, familias de bajos ingresos) o del niño (niños discapacitados). Algunos programas tienen objetivos amplios y diversos (mejorar la salud pre y perinatal, nutrición, seguridad, crianza), mientras otros se fijan objetivos más reducidos (reducción del abuso y abandono infantil). Nos centramos en la efectividad de los programas de visitas domiciliarias para promover los resultados cognitivos, de desarrollo y de la preparación para la escolarización en los niños. La mayoría de los servicios e investigaciones sobre visitas domiciliarias se han centrado en el periodo prenatal y hasta los 2 o 3 años, y por eso no han medido los impactos a largo plazo sobre la preparación para la escolarización y los logros escolares.
Un estudio con un diseño de ensayo aleatorio controlado (RCT) sobre el impacto de un modelo mixto (basado en el centro y visitas domiciliarias) en el desarrollo infantil, encontró beneficios pequeños pero significativos en el desarrollo cognitivo a los 3 años. El Programa del Desarrollo y Salud Infantil (Infant Health and Development Program), el ensayo aleatorio de intervención temprana más completo en niños prematuros de bajo peso (desde el nacimiento hasta los tres años), que incluyó visitas a los hogares y un programa educativo en un centro de atención, encontró resultados conductuales y cognitivos considerablemente superiores, así como mejor interacción padres-hijo, a los tres años. Los resultados más pronunciados correspondieron al grupo socioeconómico de niños y familias más pobres y a aquellos que participaron en la totalidad del programa.
La investigación en programas de visitas domiciliarias ha informado de efectos modestos pero reiterados para el desarrollo temprano y el comportamiento de los niños, y para los comportamientos de crianza y las prácticas disciplinarias. Los programas que son diseñados y ejecutados con mayor rigor parecen alcanzar mejores resultados. Los programas exitosos en familias de mayor riesgo tienden a ofrecer un enfoque integral, orientados a las múltiples necesidades de las familias, lo que puede hacerlos más costosos de desarrollar, ejecutar y mantener. Con respecto a los resultados del desarrollo infantil y la preparación para la escolarización, algunos de los estudios más recientes son prometedores en cuanto a sus impactos, tanto directos como indirectos a través de la promoción de prácticas de crianza positivas y apoyo en el hogar para el aprendizaje temprano.