El Envejecimiento Poblacional y la Demanda de Cuidados
El acelerado crecimiento de la población de adultos mayores no es un hecho ajeno a la realidad actual. En países como Chile, se observa una progresiva disminución de la participación porcentual del grupo de población de 15 años y menos, que de un 28,45% en 2001 se redujo a un 22,16% en 2025, y un progresivo aumento del grupo de 60 años o más, que de un 10,6% en 2001 se incrementó a un 19% en 2025.
Este aumento poblacional de adultos mayores demanda más cuidados y preocupación de todos los sectores del quehacer nacional, quienes, en forma organizada, deben asumir esta gran responsabilidad desde una perspectiva activa y positiva, mirándolos no como un problema sino como una oportunidad para actuar en beneficio de los demás.
El Plan de Acción Internacional Madrid sobre el Envejecimiento 2002 describe y analiza los retos planteados por el envejecimiento mundial de la población. Los programas que hoy aparecen como imprescindibles para el apoyo integral del anciano son aquellos orientados a la salud y los servicios sociales. En 1996, la "Política Nacional del Adulto Mayor" en Chile planteaba como objetivo principal "lograr un cambio cultural que dé un mejor trato a la población adulta mayor". Esto implica una percepción distinta del envejecimiento con la consiguiente necesidad de crear medios para facilitar el desarrollo integral del adulto mayor y lograr el mantenimiento o recuperación de la funcionalidad de este grupo etario.
Los gerontólogos han acuñado el término "edaismo" para referirse peyorativamente a las personas de edad avanzada, implicando una visión tópica y despectiva. La vejez es consecuencia de un proceso biológico, pero también es una construcción cultural, donde las reacciones de los demás hacia una persona influyen en la imagen que esta proyecta. Por lo expuesto, estamos frente a un grupo que requiere atención y cuidados que superen las limitaciones del paradigma biomédico.

La Funcionalidad y Autonomía como Parámetros de Salud
La vejez es una etapa de la vida que experimenta un gran número de personas. La idea de función debe conceptualizarse como la capacidad que poseen los seres humanos para llevar a cabo de manera autónoma actividades de un mayor o menor nivel de complejidad. En términos de salud, un adulto mayor sano, según la O.M.S., sería aquel que fuera autónomo, considerándose la autonomía como el principal parámetro de salud en este grupo.
En este concepto está comprendida la idea de funcionalidad, debiendo definir el estado de salud entre los envejecidos no en términos de déficit, sino de mantenimiento de la capacidad funcional. De esta manera, el anciano sano es aquel que es capaz de enfrentar el proceso de cambios a un nivel adecuado de adaptabilidad funcional y satisfacción personal.
La autonomía de las personas mayores | Módulo 6 de Cuidá Bien
La Evaluación Geriátrica Integral (EGI)
La valoración de la capacidad funcional se encuentra incluida dentro del concepto más genérico de Evaluación Geriátrica (EG). Esta se entiende como un proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinario, dirigido a las capacidades funcionales, médicas y psicosociales de un anciano, en orden a desarrollar un plan de tratamiento y de seguimiento.
Por lo tanto, la EGI va más allá del examen médico de rutina, enfatizando los aspectos funcionales y la calidad de vida, su exhaustividad, la utilización de instrumentos estandarizados de medida y el uso de equipos multidisciplinares. Como integrante de la EG, participa de todos sus objetivos: mejorar la certeza diagnóstica, optimizar el tratamiento médico, mejorar los resultados evolutivos, mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida, optimizar la ubicación, reducir la utilización innecesaria de servicios y permitir la gestión de casos.
La capacidad funcional en el anciano es el indicador más potente utilizado en la evaluación geriátrica. Desde fines de los años cuarenta se comenzó a utilizar el concepto, y a principios de los sesenta se crearon los primeros instrumentos para su medición (Kast; Barthel), los que han sido corregidos y reformulados a través del tiempo.
Niveles de Autonomía en el Adulto Mayor
La autonomía funcional de las personas mayores puede clasificarse en diferentes niveles, que determinan el tipo y la cantidad de apoyo que requieren. El término "anciana semivalente" no es una categoría clínica estándar, pero en el contexto del cuidado del adulto mayor, generalmente se asocia a la situación de los adultos mayores frágiles, quienes han perdido parte de su autonomía pero no la totalidad.
Adulto Mayor Autovalente
- Representan el 57% del total de adultos mayores en Chile.
- Son personas que, por lo general, viven en sus viviendas (con familiares, solos o allegados), siendo minoría los que residen en hogares o casas de reposo.
- Muchos de ellos están integrados a diferentes organizaciones de tercera edad, como clubes, talleres o parroquias, donde se reúnen con cierta frecuencia en busca de compañía y sano esparcimiento. Aprenden y comparten experiencias, y expresan sus deseos de vivir la vida plenamente.
Adulto Mayor Frágil (Semivalente)
Este segundo grupo, que constituye el 30% de los adultos mayores, es el que mejor describe el concepto de "semivalente".
- Sufren ciertas limitaciones que, a pesar de los tratamientos, no mejoran su descompensación.
- Requieren ayuda profesional para mantener su estado de salud.
- Necesitan ayuda de terceros para realizar actividades de la vida diaria, generalmente obtenida de sus familiares, o centros de atención no siempre especializados, o de otros grupos de apoyo.
- Estas personas tienen una autonomía parcial, pudiendo realizar algunas actividades por sí mismas, pero necesitando asistencia para otras, lo que las sitúa en un punto intermedio entre la autovalencia total y la dependencia completa.

Adulto Mayor Dependiente y No Autovalente
Este segmento concentra entre el 3% y el 5% de la población adulta mayor y corresponde a personas que requieren ayuda para todas sus actividades de la vida diaria. Su condición de invalidez a menudo los mantiene postrados, con un deterioro ostensible de su calidad de vida y la de su grupo familiar, quienes ven agravarse los problemas médicos, sociales y, a veces, legales.
El término «no autovalente» se refiere a una persona que ha perdido la capacidad de realizar actividades básicas por sí misma, como vestirse, comer, moverse o bañarse. Ser no autovalente implica necesitar ayuda constante para actividades esenciales del día a día, lo que representa un gran desafío tanto para la persona como para sus familiares.
En la mayoría de los casos, los familiares cuidadores carecen de preparación para asumir estas tareas. Necesitan mayor cantidad de recursos para hacer frente a la situación, que acarrea mayores gastos y mayor estrés. Dependen de servicios especializados que incluyan cuidados continuos y de larga estancia, paliativos o curativos, para poder subsistir. La mayoría de estas personas se encuentran en sus casas, cualquiera sea su condición social, y muy pocas en hogares o asilos.
Contar con una residencia especializada, diseñada para atender a personas con condiciones como Alzheimer y dependencia física, ofrece numerosos beneficios que contribuyen a mejorar la calidad de vida del residente. Estas residencias cuentan con equipos de profesionales capacitados las 24 horas del día, están diseñadas para minimizar los riesgos de accidentes y ofrecen un enfoque personalizado y estimulación cognitiva.
Impacto de la Discapacidad en el Adulto Mayor
El impacto de la discapacidad en la calidad de vida de los adultos mayores va más allá de lo meramente descriptivo, afectando diversas dimensiones:
- Mortalidad: El riesgo de mortalidad se eleva conforme avanza el grado de discapacidad, como demuestran estudios poblacionales y prospectivos de seguimiento.
- Consumo de recursos: La frecuentación hospitalaria (número de ingresos, estancia media, reingresos), las visitas al médico y la utilización de fármacos se relacionan directamente con el grado de discapacidad.
- Institucionalización: El riesgo de ingresar en una residencia se incrementa notablemente con el deterioro funcional.
- Utilización de recursos sociales: Los costos del cuidado personal y de ayuda doméstica para individuos mayores de 75 años aumentan conforme lo hace el nivel de dependencia.
- Futura discapacidad: La discapacidad es un estado dinámico que permite todas las variantes: puede mejorar y resolverse, mantenerse estable o empeorar.
La pérdida de la autonomía funcional es una condición frecuente en la geriatría; sin embargo, una persona adulta puede ser independiente para realizar las actividades de la vida diaria y carecer de autonomía para decidir.
Estrategias y Programas de Apoyo a la Autovalencia
Para el logro del mantenimiento de la funcionalidad, es fundamental la implementación de programas de apoyo. Los cambios naturales y problemas de salud que experimenta el adulto mayor se manifiestan en la declinación de sus capacidades funcionales.
Para aumentar los niveles de funcionalidad de los ancianos, es crucial detectar en forma anticipada aquellas situaciones presentes en el adulto mayor que pongan en riesgo el mantenimiento de su autonomía. Esto implica un cambio de paradigma en el sector salud, orientándose hacia la prevención y la promoción de la funcionalidad.
Existen programas diseñados para apoyar a las personas mayores y ayudarles a continuar siendo autovalentes. Estos programas, mediante la intervención de equipos de profesionales, abordan diferentes aspectos involucrados en la condición funcional de las personas mayores. Ofrecen estimulación funcional, que incluye talleres sobre funciones motoras y cognitivas, autocuidado, educación en salud y prevención de caídas. El ser humano, como ser social, intercambia experiencias y conocimientos con su medio en todas las etapas de su vida, por tanto, el aprendizaje no es algo relegado solo a los grupos jóvenes de la población.

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