Pensar acerca del futuro puede ser algo que nos llene de entusiasmo o de preocupación. Al fin y al cabo, no sabemos qué va a suceder y esto en gran medida es la gasolina de la ansiedad, la manera y el modo en cómo nos afecte va a depender estrechamente de cuánto somos capaces de tolerar la incertidumbre. La intolerancia a la incertidumbre es parte de la esencia de la depresión y de la ansiedad. Esto puede deberse a nuestra incapacidad para asumir y aceptar los cambios. Además, juega un papel importante en nuestra tendencia a preocuparnos en exceso. En definitiva, la manera que tenemos de asumir lo incierto, lo indeterminado, lo desconocido puede provocar daños en nuestro estado emocional llevando a favorecer la aparición de determinadas patologías como hemos comentado anteriormente.
Hay personas que parece que tengan alergia a los cambios, a las situaciones novedosas y a todo lo que ello implica. Esto ocurre cuando les da miedo asumir que nuestra vida cambia de alguna manera. ¿En qué se fundamenta la intolerancia a la incertidumbre? La intolerancia a la incertidumbre es una característica personal que consiste en mantener creencias negativas acerca de la incertidumbre y todo lo relacionado con ella. La evidencia actual sugiere que está orientada hacia el futuro a diferencia de la “intolerancia a lo ambiguo”, lo cual se entiende que afecta al momento presente.
Tipologías de tolerancia a la incertidumbre
Puedes distinguir dos tipos principales: Intolerancia inhibitoria y Intolerancia focalizada en el futuro. La primera se manifiesta cuando, ante dudas pequeñas, las personas se bloquean y paran frente a lo que estaban realizando. Este patrón aparece en personas con TOC. La segunda ocurre ante sucesos imprevistos, generando malestar que funciona como factor de vulnerabilidad en problemas de ansiedad y depresión. La intolerancia a la incertidumbre se considera un concepto transdiagnóstico cada vez más relevante para valorar problemas emocionales.
No toda la incertidumbre es negativa. Hay autores que destacan el aspecto positivo de lo desconocido, especialmente en incertidumbres temporales que pueden aportar libertad y autonomía al disponer de opciones. El presente no es estático: vivir en el “Presente-presente” es lo saludable frente a la tentación de vivir en el “Presente-futuro” o el “Presente-pasado”.
El marco de tres presentes y su relación con la ansiedad
Un prestigioso psicólogo, Ramón Bayés, describe tres presentes: presente-pasado, presente-futuro y presente-presente. El miedo al futuro o la intolerancia a la incertidumbre se asocian al presente-futuro, mientras que permanecer en el presente-presente facilita el control y la acción. Aunque surgen pensamientos anticipatorios, trabajar diariamente para aceptar y frenar esos procesos puede ayudar a sentirse más libre y con mayor libertad de elección.
Aprender a vivir con la incertidumbre implica aceptar que la vida está llena de cambios y que la tolerancia a la incertidumbre se puede entrenar mediante tratamientos psicológicos con evidencia científica para trastornos de ansiedad. Las personas que no toleran la incertidumbre tienden a sobreestimar la probabilidad de que algo malo ocurra, exagerando riesgos y consecuencias. Nadie puede escapar a vivir con incertidumbre; lo que sí depende de cada uno es tomar medidas para que la preocupación no domine la vida.
Estrategias para empezar a tolerar la incertidumbre
- Identifica la emoción sin luchar contra ella; obsérvala, normalízala y no te enojes por sentirla.
- Ubica dónde nace la incertidumbre, el miedo o la ansiedad; pregúntate si estás en el presente, pasado o futuro.
- Evita centrar toda tu vida y conversaciones en lo que tanto te preocupa; fija un tiempo para hablar sobre ello.
- Cuando aparezcan pensamientos recurrentes de miedo, cambia la mirada hacia actividades que te gusten y placeres vitales; cuida de ti mismo.
- Practica la flexibilidad ante el cambio; realiza pequeños ejercicios de exposición para romper la necesidad de controlar todo: ir al cine sin elegir película, pasear sin rumbo, vestirte sin planificar la ropa.
La tolerancia a la incertidumbre facilita un mayor bienestar. Tomamos cientos de decisiones a diario de forma inconsciente, y algunas pueden ser difíciles; si sientes miedo a equivocarte o a la crítica, puede haber problemas con la toma de decisiones. Las causas y consecuencias de la indecisión son variadas y requieren considerar asesoría profesional si la indecisión se vuelve habitual.
Rigidez mental y sus consecuencias
La rigidez mental o cognitiva es la incapacidad para adaptarse a novedades y cambios; impide valorar perspectivas alternativas y dificulta la búsqueda de soluciones distintas. En la vida diaria, la rigidez puede manifestarse como pensamiento repetitivo ante el mismo problema, sin explorar salidas nuevas. Se sitúa en un continuo entre flexibilización y rigidez extrema, donde la mayor rigidez conlleva consecuencias individuales y sociales.
Consecuencias individuales incluyen ira, frustración e impotencia; sociales, intolerancia y deterioro de relaciones. Para mejorar, es fundamental reevaluar el problema desde distintas perspectivas, ganando amplitud en opciones y soluciones. La reevaluación aporta autoconocimiento, ayuda a identificar capacidades y límites, y puede influir en la reducción de ansiedad a través de una regulación emocional adecuada.

Desarrollar flexibilidad cognitiva
La flexibilidad mental puede trabajarse para eliminar las consecuencias negativas de la rigidez. La desregulación emocional aparece cuando las emociones no se gestionan adecuadamente y puede relacionarse con TDAH, TEA y otros trastornos. En niños, la desregulación emocional se vincula al apego y al entorno parental; en adolescentes y adultos, a trastornos como TLP o conductas impulsivas.
La desregulación emocional puede expresarse como cambios de humor, intensidad emocional desproporcionada, dificultad para calmarse, conductas impulsivas y relaciones interpersonales inestables. En el tratamiento, se enfatiza fortalecer la función metacognitiva y trabajar habilidades sociales para regular emociones y mejorar interacciones. Técnicas como la terapia dialéctico-conductual (TDC) han mostrado eficacia para personas con dificultades para regular emociones.
¿Qué es la desregulación emocional?
Nivel práctico: resolución de problemas y control emocional
La orientación positiva hacia los problemas implica afrontar las dificultades como oportunidades de aprendizaje y crecimiento. Definir y formular el problema, generar alternativas, escoger una solución y verificar resultados son etapas clave en la resolución racional de problemas. También se destacan estilos de afrontamiento: desde la búsqueda de soluciones activas y centradas en la tarea, hasta enfoques más pasivos que no favorecen el cambio.
El manejo del control excesivo aparece cuando la necesidad de control domina la vida diaria y las relaciones, provocando estrés, ansiedad e incluso abuso o maltrato. La solución pasa por dividir tareas, establecer hábitos y límites, y practicar la delegación y el trabajo en equipo. El autocontrol puede desarrollarse mediante técnicas de relajación y mindfulness; ante la necesidad de apoyo adicional, la psiquiatría puede complementar la terapia psicológica.

Desregulación emocional: cuadros clínicos y enfoques específicos
La desregulación emocional se observa en TDAH en la infancia y en TLP en adultos, con manifestaciones como irritabilidad, labilidad emocional y conductas impulsivas. En autismo, la desregulación puede incluir agresividad y cambios de humor, intensificando la interacción social y la regulación del comportamiento. En adolescentes puede conducir a adicciones, trastornos de la conducta alimentaria y depresión, con desafíos en la regulación emocional diaria.
La alimentación emocional es un ejemplo de desregulación que incrementa el riesgo de trastornos alimentarios; el tratamiento se apoya en fortalecer la metacognición, proporcionar un espacio terapéutico seguro y enseñar habilidades de regulación emocional y sociales. El objetivo general es que las personas aprendan a tolerar la angustia y a responder de forma adaptativa ante emociones intensas.
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