La artritis en adultos mayores es una de las patologías más frecuentes en la tercera edad, impactando notablemente la movilidad, la autonomía y la calidad de vida. Aunque es habitual asociarla a la edad, no todas las personas mayores la padecen, y sus causas son multifactoriales. El primer síntoma de la artritis suele ser un dolor en las articulaciones.
¿Qué es la Artritis?
La artritis es una enfermedad degenerativa que se produce en las articulaciones. Es fundamental distinguir entre el dolor articular verdadero y las afecciones que no se encuentran en la articulación o a su alrededor. Una vez que el médico confirma que los dolores pertenecen a la articulación, debe establecer su origen, es decir, la causa de la enfermedad. El diagnóstico temprano y correcto es el primer paso para una gestión eficaz de la enfermedad.
La artrosis, por ejemplo, tiene un inicio y una gravedad variables y no presenta características inflamatorias, como articulaciones calientes o hinchadas. Si existe inflamación, una de las alternativas más plausibles podría ser la artritis inflamatoria. Estamos ante una enfermedad que, de momento, es incurable, por lo que el objetivo principal del tratamiento farmacológico es obtener la remisión o una reducción significativa de los síntomas y los signos clínicos.
El Envejecimiento Demográfico y las Enfermedades Crónicas
La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que las enfermedades crónicas en el adulto mayor son causantes del 60% de la morbilidad global relacionada con este grupo etario. Gracias al incremento de la tasa de envejecimiento a escala planetaria, resulta imprescindible desarrollar el conocimiento sobre el tratamiento de ciertas patologías, especialmente las enfermedades discapacitantes crónicas, las cuales poseen una mayor incidencia en el adulto mayor.
Este fenómeno demográfico se caracteriza por una disminución de la natalidad y mortalidad, lo que se traduce en un aumento del número de personas de edad adulta y una “mayor exposición” a la edad como factor de riesgo de enfermedad. Históricamente, a principios del siglo XX, un gran contingente de personas moría antes de llegar a edades avanzadas; sin embargo, en la actualidad, los adultos mayores constituyen el sector de mayor crecimiento y son el grupo de edad responsable del mayor número de muertes anuales. Paralelamente, se ha verificado una transición epidemiológica, donde las causas crónicas y degenerativas predominan sobre las enfermedades transmisibles que afectaban preferentemente a los jóvenes en épocas pasadas. El dolor musculoesquelético en el adulto mayor es una de las problemáticas más usuales, afectando a cerca del 25-80% de ellos en algún periodo.

Tipos Comunes de Artritis en el Adulto Mayor
El adulto mayor puede sufrir problemas musculoesqueléticos, ya sea por una enfermedad crónica iniciada años antes o por patologías reumatológicas más frecuentes a esta edad. La artritis en el adulto mayor suele presentarse como dolor persistente, rigidez y dificultad para moverse, especialmente por la mañana o tras periodos de reposo. Se utiliza el término artritis senil de forma coloquial para referirse a cualquier forma de artritis que aparece en edades avanzadas.
Osteoartritis (Artrosis)
La osteoartritis, también llamada artrosis, es el tipo más común de artritis en ancianos. Es una enfermedad crónica y degenerativa de las articulaciones que afecta a las personas de mediana edad y avanzada, involucrando los cartílagos, los ligamentos y los huesos. Causa dolor, inflamación y disminución de los movimientos en las articulaciones. Se produce por el desgaste progresivo del cartílago articular, especialmente en rodillas, caderas, columna y manos.
En Estados Unidos, 27 millones de personas sufren de osteoartritis, siendo una causa importante de incapacidad que reduce la calidad de vida de personas de mayor edad. En Puerto Rico, el 63.5% de los adultos mayores han sido diagnosticados con artritis, lo que significa que aproximadamente 672,000 personas la padecen y limita la actividad física de unos 337,000. De estos, el 57% de las personas que sufren de artritis tienen 65 años o más, y afecta la calidad de vida de un 46% de ellos durante las etapas agudas, disminuyendo a medida que la enfermedad avanza y la edad del paciente aumenta.
La prevalencia de osteoartritis en rodillas fue del 57.1% y en manos del 44.7% en personas con 65 o más años en Puerto Rico. La incidencia es mayor en mujeres, con un pico entre los 65 y 74 años de edad (aproximadamente 13.5 casos por 1,000 personas/año), mientras que en hombres, la máxima incidencia se da en mayores de 75 años (alrededor de 9 casos por 100/año). La prevalencia de OA aumenta constantemente con la edad hasta los 80 años.
Aunque la prevalencia radiológica de OA aumenta con la edad, existen claras diferencias entre el envejecimiento y la enfermedad. La OA se caracteriza por un aumento de la hidratación articular, que normalmente disminuye con el envejecimiento, y una disminución de proteoglicanos y colágeno, que se mantienen normales con la edad. El hueso subcondral está engrosado en la OA, mientras que permanece normal con el envejecimiento. La OA de rodillas es 1.7 veces más común en mujeres que en hombres mayores de 70 años, posiblemente debido a la disminución de estrógenos. La debilidad del cuádriceps es un factor predictor de la OA.

Artritis Reumatoide (AR)
La Artritis Reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica de las articulaciones diartrodiales, definida por hipertrofia de la membrana sinovial, pérdida osteocartilaginosa y deformación articular. Es una enfermedad autoinmune que afecta principalmente a las pequeñas articulaciones (manos, muñecas, pies) de forma simétrica. Aparte de las articulaciones, puede comprometer cualquier otro órgano, manifestándose extraarticularmente en cerca del 30% de los casos. Se asocia a inflamación persistente, rigidez y fatiga, pudiendo provocar deformaciones articulares si no se trata.
En España, se ha estimado una prevalencia del 0.5%, mayor en mujeres y en áreas urbanas, con una incidencia anual de 8.3 casos por cada 100,000 adultos mayores de 16 años. La prevalencia global se estima entre 0.3% y 1% en países industrializados, siendo más alta en los ancianos. Aunque la mayor incidencia se produce entre los 30 y 50 años, aproximadamente un tercio de los pacientes debutan con la enfermedad después de los 60 años, e incluso estudios recientes muestran un pico de incidencia entre los 55 y 60 años de edad.
Su etiología es desconocida, aunque existen datos que sugieren la implicación de factores genéticos y ambientales en su desarrollo. Como factor genético, el HLA (antígeno leucocitario humano) clase II locus DR B1 ha confirmado su presencia en un alto porcentaje de casos con AR, conectándose con el origen de la enfermedad a edades más tempranas, mayor intensidad del padecimiento (con erosiones articulares más tempranas) y alto riesgo de manifestaciones extraarticulares. Otro gen implicado es el PTPN22, que ha manifestado un riesgo de 1.5 a 2 veces mayor de desarrollar la enfermedad en sus portadores. Respecto a los componentes ambientales, se ha calculado un riesgo relativo de 15.7 veces de desarrollar la enfermedad en fumadores que porten el HLADR B1 y manifiesten positividad al factor reumatoide. Otros elementos de riesgo ambientales identificados incluyen antecedentes de producto macrosómico, escasa preparación cultural, raza afroamericana y ciertas zonas geográficas.
Particularidades de la Artritis Reumatoide en el Adulto Mayor
La artritis reumatoide del anciano (EORA por sus siglas en inglés, o VEORA para mayores de 80 años) se ha definido conceptualmente diferente a la del adulto joven, considerándose en el pasado como más benigna, de evolución lenta, poco destructiva y deformante, con un inicio brusco y afección predominante de la cintura escapular, y con reactantes de fase aguda muy elevados. Sin embargo, algunos de estos datos han sido puestos en tela de juicio.
Existen dos hipótesis principales para explicar estas diferencias: que sea la misma enfermedad con un curso modificado por la edad, o que la AR del anciano, especialmente la seronegativa, sea un grupo heterogéneo de enfermedades de patogenia distinta. En general, la AR del anciano afecta con menos frecuencia a la mujer, y los porcentajes tienden a igualarse entre ambos sexos. Tiende a tener un inicio más agudo, a menudo de tipo post-infeccioso, y con pérdida de peso. Los hombros suelen afectarse con más frecuencia y gravedad. La velocidad de sedimentación globular (VSG) se encuentra más elevada en la AR del anciano que en el joven.
Las características clínicas de la artritis reumatoide seropositiva del anciano son similares a las del adulto joven, presentándose como una poliartritis aditiva y simétrica que afecta articulaciones pequeñas y grandes, con factor reumatoide positivo y, generalmente, erosiva. La artritis reumatoide con síndrome de Sjögren, en cambio, cursa con sequedad de mucosas y una afección articular más leve. La artritis reumatoide seronegativa con afección rizomélica se caracteriza por sinovitis predominante en grandes articulaciones (cintura escapular y pelviana), factor reumatoide negativo y VSG muy elevada.
Estudios recientes comparando la AR en adultos jóvenes (YORA), ancianos (EORA) y muy ancianos (VEORA) han mostrado que los pacientes ancianos (EORA y VEORA) presentan con mayor frecuencia hipertensión arterial y enfermedad cardiovascular establecida, así como mayor elevación de los reactantes de fase aguda y actividad de la enfermedad al diagnóstico en comparación con los YORA. Los pacientes VEORA, en comparación con los EORA, mostraron una mayor frecuencia de dislipemia, pero no diferencias significativas en la distribución de articulaciones afectadas, el tiempo hasta el diagnóstico o la actividad de la enfermedad. Además, se observó una mayor frecuencia de formas especiales de debut, como polimialgia reumática o síndrome RS3PE, en el grupo VEORA.
En cuanto al pronóstico, la artritis reumatoide seropositiva del anciano puede tener un pronóstico igual o peor que la del adulto joven, siendo igualmente erosiva. El factor reumatoide es el factor pronóstico más importante. Las características inmunogénicas, clínicas y pronósticas de la AR seropositiva del anciano difieren de la AR seronegativa, lo que sugiere que podrían ser entidades diferentes, por lo que se propone hablar de poliartritis seronegativa o indiferenciada.
Polimialgia Reumática (PMR) y Arteritis de Células Gigantes (ACG)
La Polimialgia Reumática (PMR) y la Arteritis de Células Gigantes (ACG) son dos cuadros interrelacionados que se encuentran entre las enfermedades inflamatorias crónicas que más frecuentemente afectan a los ancianos. La PMR se caracteriza por dolor y rigidez matinal que afecta al cuello y a las cinturas escapular y pélvica, asociada habitualmente a una velocidad de eritrosedimentación (VHS) elevada y síntomas constitucionales como decaimiento y fatiga. El 90% de los casos de PMR ocurren en mayores de 60 años, y al menos dos tercios son mujeres.
La ACG es una vasculitis que compromete la aorta y sus ramas proximales, afectando casi siempre a personas mayores de 50 años. Sus síntomas son variados e incluyen cefalea, síntomas de PMR, fiebre, síntomas visuales con pérdida de la visión, fatiga, mialgias, sensibilidad de la arteria temporal, anorexia, baja de peso y claudicación mandibular. La PMR puede presentarse de forma aislada o asociada con una arteritis temporal, y en ocasiones, durante el seguimiento, estos pacientes pueden desarrollar una poliartritis.

Otras Afecciones Reumatológicas en el Adulto Mayor
- Artropatías por Cristales: La gota es una de las artropatías microcristalinas que alcanzan su máxima prevalencia en adultos mayores, al igual que la enfermedad por depósito de pirofosfato cálcico.
- Lupus Eritematoso Sistémico (LES): Aunque más común en mujeres en edad fértil, entre el 4% y el 20% de los casos de LES pueden comenzar después de los 60 años. En este grupo de edad, son más frecuentes las neumonitis intersticiales, serositis, hematocitopenias, miositis y neuropatías periféricas.
- Fibromialgia: La prevalencia de fibromialgia aumenta con la edad, con reportes del 7.4% entre los 70 y 79 años.
- Enfermedad de Dupuytren: Es particularmente frecuente en adultos mayores.
- Otras patologías incluyen la enfermedad ósea de Paget, la hiperostosis anquilosante de Forestier-Rotés y los reumatismos de partes blandas.
Impacto de la Artritis en la Calidad de Vida del Adulto Mayor
La artritis disminuye enormemente la calidad de vida de los pacientes, tanto en su área física como psicológica, repercutiendo en el plano familiar, social y laboral, y generando un importante costo sociosanitario. El dolor musculoesquelético es el síntoma más prominente y el principal determinante de discapacidad. No obstante, a pesar de su gran incidencia, los especialistas en su mayoría no estiman del todo la significación de la evaluación y tratamiento del dolor en adultos mayores, ya que lo entienden como una fase natural del envejecimiento, sin tener en cuenta que el dolor puede intervenir en el estado de ánimo, el funcionamiento físico y las interrelaciones sociales, mostrando que el abordaje y manejo debe ser multidimensional y multidisciplinario.
El escaso acondicionamiento muscular y las variaciones de la marcha secundarias al dolor pueden provocar lesiones producto de caídas, cambios del apetito y del sueño, contextos que dan al traste con una menor calidad de vida y mayores costos sanitarios. Los pacientes con esta patología despliegan distintos grados de incapacidad funcional, lo que favorece la aparición de emociones negativas como angustia, cólera, desánimo y depresión, que modifican el dolor y el curso del padecimiento.
La artritis reumatoide, como enfermedad inflamatoria, sistémica y progresiva, afecta no solo a las articulaciones distales sino también a órganos con tejido conjuntivo, como el aparato ocular, donde pueden presentarse episcleritis y ojo seco. Además, puede comprometer las articulaciones sinoviales cervicales, causando subluxación atlantoaxoidea y motilidad anormal en niveles más bajos, lo que requiere un enfoque multidisciplinar para evitar la compresión medular y la mielopatía.
La artritis reumatoide en el adulto mayor se relaciona estrechamente con la osteoporosis y su complicación resultante: la fractura. La osteoporosis es el padecimiento óseo-metabólico más común, un problema de salud acuciante debido a su elevada tasa de morbimortalidad y los altos costos directos e indirectos que exige su atención. Factores de riesgo modificables como el peso, el sedentarismo, la nutrición y estilos de vida incorrectos, componen un rol significativo en el origen de esta enfermedad. Un factor relevante en el adulto mayor es el mayor riesgo de caídas, que incide en una mayor frecuencia de fracturas.
Artritis, rutina de cuerpo completo
Diagnóstico y Manejo de la Artritis en la Tercera Edad
Resulta imprescindible que los médicos de primer contacto dominen las manifestaciones y los rasgos que suelen presentar los casos de artritis, para que sean derivados de forma pertinente al especialista y se eviten, en lo posible, las secuelas del padecimiento. La artropatía se ha relacionado con limitación funcional, independientemente de otras comorbilidades.
El tratamiento de la artritis en el adulto mayor debe ser siempre individualizado y multidisciplinar, dada la escasez de tratamientos farmacológicos específicos para disminuir el estado inflamatorio que se manifiesta en los adultos mayores frágiles. Los fármacos más utilizados incluyen:
- Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs)
- Analgésicos
- Corticosteroides
- Fármacos modificadores de la enfermedad (FAMEs) en casos autoinmunes
Estudios han mostrado que tanto los pacientes EORA como VEORA, en comparación con los YORA, recibieron tratamiento esteroideo inicial con mayor frecuencia. El empleo de biológicos resultó significativamente superior en los YORA. Los muy ancianos (VEORA) recibieron menos AINEs y dosis máximas de metotrexato inferiores que los EORA. La adaptación del entorno físico también puede facilitar la vida diaria del paciente y reducir el riesgo de caídas o esfuerzos innecesarios. Aunque la artritis no tiene cura, se puede convivir con ella y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen mediante un manejo adecuado.