Vulnerabilidad Social en Adultos Mayores: Reflexiones en Tiempos de Pandemia

Actualmente, la experiencia de una pandemia global como la COVID-19 ha puesto de manifiesto las significativas demandas de las personas mayores en situaciones de vulnerabilidad y riesgo social. Ante este escenario, el presente trabajo se desarrolló a partir de un ejercicio de investigación basado en el marco de la Educación Popular, buscando articular la teoría con la práctica en la investigación de campo.

Esto dio lugar a interrogantes clave: ¿Cómo podríamos ayudar, durante el aislamiento, a las personas mayores en situación de vulnerabilidad y riesgo social? ¿Qué posibilidades existen para intervenir en este proceso?

Para abordar estas cuestiones, se consideró necesario contextualizar brevemente los reflejos del capitalismo en la conducción de las políticas públicas de asistencia social en Brasil, especialmente bajo la tutela de un gobierno federal de ultraderecha. Asimismo, se reflexionó sobre los derechos de la población anciana en esta coyuntura, las posibles atribuciones del Centro de Referencia de Asistencia Social (CRAS) y cómo la Educación Popular puede contribuir a un proceso de confrontación y clarificación de la visión global.

Las autoras llevaron a cabo una investigación cualitativa, seleccionando por muestreo a personas mayores con una edad promedio entre 60 y 72 años, en situación de vulnerabilidad. Estas personas asistían a los CRAS Vila Mathiensen y Jardim Nossa Senhora Aparecida, ubicados en barrios periféricos del municipio de Americana/SP, Brasil, en condiciones de extrema vulnerabilidad social. Se les aplicó un cuestionario semiestructurado para conocer su percepción sobre la COVID-19 y las medidas que habían adoptado para enfrentar la situación.

A través de las respuestas obtenidas, se analizaron las posibles formas de intervención y cómo se podría contribuir a fomentar la información, buscando ofrecer un análisis y reflexión del momento actual, y dilucidar acciones posibles para estas personas, respetando las medidas de protección de la salud.

Contexto Histórico y Político de la Asistencia Social en Brasil

En 2020, la aparición de la pandemia global de coronavirus (COVID-19), cuyo primer caso se reportó en diciembre de 2019 en Wuhan, China, impuso medidas de aislamiento social como estrategia preventiva. En este contexto, la preocupación por las personas vulnerables, como los adultos mayores, se intensificó. Las personas vulnerables mayores de 65 años presentan una tasa de mortalidad significativamente mayor ante la infección por COVID-19.

La condición de vulnerabilidad en Brasil se ha visto agravada por el desempleo creciente desde 2017, provocado por la crisis económica. Esto ha llevado a la migración de familias en busca de empleo, además del aumento de la drogadicción y la violencia doméstica.

Para iniciar la discusión, es fundamental contextualizar la política pública de Asistencia Social Brasileña, los derechos de la población anciana y las atribuciones del Centro de Referencia de Asistencia Social (CRAS). Posteriormente, se analizarán los hechos previos que contribuyeron a la situación de epidemia, las respuestas obtencidas a la luz de la Educación Popular, y se propondrán posibles modos de intervención que respeten las medidas de protección de la salud, promoviendo una práctica emancipadora.

La Política de Asistencia Social ha sido históricamente un instrumento estatal para enfrentar la "cuestión social", caracterizada por prácticas asistenciales, religiosas, clientelistas, filantrópicas y solidarias. Con la promulgación de la Constitución Federal de 1988, la Asistencia Social, junto con la Salud y la Seguridad Social, conformaron el Trípode de la Seguridad Social, regulado por la Ley Orgánica de Asistencia Social (LOAS) en 1993.

La aprobación de la nueva Política Nacional de Asistencia Social - PNAS (2004), que prevé la implementación del Sistema Único de Asistencia Social (SUAS), representa un hito en la asistencia social como garante de derechos. El SUAS, consolidado en NOBS-SUAS 2005/2012, es el mecanismo de gestión de la PNAS.

La protección social básica tiene como "puerta de enlace" los Centros de Referencia de Asistencia Social (CRAS). Estas unidades públicas estatales, con base territorial, desarrollan servicios, programas, proyectos y acciones para garantizar la protección social básica, trabajando en la prevención, la acogida de individuos y familias, y el fortalecimiento de la convivencia familiar y comunitaria ante situaciones de vulnerabilidad y riesgo social.

Según Souza (2005), la vulnerabilidad social se deriva de la pérdida o fragilidad de lazos afectivos, sentimiento de pertenencia, identidades estigmatizadas y desventajas por pobreza o deficiencias. Los riesgos sociales pueden originarse en diversas condiciones socioeconómicas, manifestándose en personas sin hogar, ancianos abandonados, violencia doméstica, o precarias condiciones laborales.

El PAIF (Programa de Atención Integral a la Familia) es el principal servicio de protección social básica, enfocado en la prevención, fortalecimiento de la socialización, autonomía y ciudadanía. Sus funciones incluyen acogida, estudio social, visita domiciliaria, orientación, referencia, grupos familiares y seguimiento.

Debido a la complejidad de los servicios del CRAS, el equipo profesional debe poseer conocimientos especializados para intervenir en las diversas expresiones de la problemática social, buscando una actuación calificada y comprometida con la ruptura de violaciones de derechos.

Infografía que resume la estructura del Sistema Único de Asistencia Social (SUAS) en Brasil, destacando el rol de los CRAS.

Impacto de la Pandemia y la Vulnerabilidad Social

Actualmente, Brasil atraviesa una crisis en el área de saneamiento, que se ha convertido en una crisis política internacional. Históricamente, la Era Industrial se caracterizó por el desarrollo de grandes ciudades con servicios públicos deficientes, acentuando la distancia económica y social. Esta "falsa modernización" ha generado un mundo perverso que explota su entorno, provocando enfermedades.

Las epidemias no son un fenómeno reciente, pero se intensificaron durante la transición al modo de producción capitalista, alcanzando proporciones devastadoras. Las pandemias pueden ser colectivas, afectando a grupos y modificando la forma de vida, o singulares, afectando a individuos de forma aislada. Las prácticas de intervención reflejan el conocimiento sobre el fenómeno y las formas de actuación del Estado.

La precariedad de los derechos ciudadanos impacta directamente las medidas de contingencia del COVID-19. Muchos empleados, ante la sospecha de contagio, continúan trabajando para asegurar el sustento familiar. La recomendación de aislamiento social resulta una falacia para una gran parte de la clase trabajadora que opera en el mercado informal.

La población vulnerable a la pandemia no se limita a individuos con menor inmunidad, como ancianos o personas con enfermedades crónicas, sino que también incluye a quienes viven en extrema pobreza. Las personas mayores negras, en particular, tienen menor acceso a derechos de seguridad social y peores condiciones de vida y trabajo.

Es una obligación de la familia, la comunidad, la sociedad y el gobierno garantizar a las personas mayores, con absoluta prioridad, el derecho a la vida, la salud, la alimentación, la educación, la cultura, el deporte, el esparcimiento, el trabajo, la ciudadanía, la libertad, la dignidad, el respeto y la convivencia familiar y comunitaria (Ley No. 10741/2003).

A pesar de las garantías legales, la práctica diverge. El establecimiento de derechos sociales para la creciente categoría de adultos mayores requiere cambios profundos en las actitudes de la población hacia el envejecimiento. Brasil, históricamente un país joven, experimenta un envejecimiento acelerado, lo que impacta las configuraciones sociohistóricas debido a la disminución de las tasas de natalidad y mortalidad, y el aumento de la expectativa de vida.

Ante el incremento de la longevidad, el proceso de envejecimiento, inherente a todos los seres vivos, adquiere una mayor complejidad para el ser humano, con consecuencias biopsicosociales. Ante el desafío de afrontar el aislamiento social y la pandemia, es necesario pensar en nuevas formas de transitar esta etapa de la existencia.

El Envejecimiento y la Construcción de una Vejez Positiva

Las personas que transitan la etapa de la adultez mayor deben enfrentar la toma de conciencia de que sus condiciones biológicas, físicas, intelectuales y psicoemocionales ya no son óptimas. Sin embargo, el entorno social emerge como un factor fundamental para potenciar, desde el estímulo externo, la motivación necesaria para hacer de esta etapa una experiencia adecuada y plena, tal como lo destaca Meléndez, Tomás y Navarro (2009).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece requerimientos del entorno para que el envejecimiento sea una etapa de bienestar emocional, satisfacción y exploración de nuevas oportunidades. El envejecimiento de la población no es solo una cuestión biológica; desde una visión social, este proceso se interpreta según cómo se proyecta en el entorno y sus implicaciones. Existen visiones contrapuestas: algunas proyectan una sociedad dependiente, mientras que otras anticipan una mejor preparación para vivir la vejez a plenitud.

Las sociedades están atravesadas por prejuicios respecto a la vejez, que terminan estereotipando la supuesta minusvalía de esta etapa vital. Estos estereotipos negativos incluyen:

  • La percepción de los ancianos como enfermos y con grandes dosis de discapacidad, asociados a fragilidad y dependencia, ignorando a aquellos capaces de realizar tareas diarias de forma autónoma.
  • La percepción de los ancianos como carentes de recursos sociales, lo que los lleva a la soledad y la depresión.
  • La percepción de deterioro cognitivo y trastornos mentales, sin distinguir el declive intelectual propio del envejecimiento del deterioro patológico.
  • La imagen de los ancianos como psicológicamente rígidos e incapaces de adaptarse a los cambios.

Superar estos estereotipos negativos a nivel social permitirá una mayor sensibilización y la formulación de propuestas dirigidas a los adultos mayores menos contaminadas por visiones tradicionales y hegemónicas sobre la vejez (Ferrari, 2015).

Es crucial reflexionar sobre la trascendencia del papel de los "abuelos" y la necesidad irrenunciable de brindarles respeto y apoyo para potenciar sus capacidades, generando un entorno social adecuado con trato y condiciones de vida que promuevan su independencia.

El Entorno Social y su Influencia en el Adulto Mayor

El entorno social, también denominado contexto social o ambiente social, es el espacio donde los individuos se desarrollan en determinadas condiciones económicas, sociales y culturales, y está relacionado con los grupos a los que pertenece. Abarca la cultura en la que se fue educado, las personas e instituciones con las que se interactúa regularmente, y los elementos creados por el ser humano que lo rodean.

El entorno social se compone de dos dimensiones: la material (infraestructura, servicios públicos, remuneración, nivel educativo) y la inmaterial (relaciones sociales, universo cultural). El hogar, los espacios de formación y trabajo son sitios clave donde se generan interrelaciones que influyen en la salud física y mental.

El aumento del envejecimiento demográfico, un fenómeno universal, implicará adecuaciones ambientales para atender las crecientes necesidades y demandas de servicios, equipamientos e infraestructuras destinadas a los adultos mayores vulnerables (Sánchez-González, 2007).

Los elementos del entorno social varían según el lugar y la cultura. La familia es la primera instancia de socialización y un eje transversal a lo largo de la existencia humana. En el ámbito familiar, el rol de abuelo suele ser satisfactorio, estableciéndose relaciones sólidas con los nietos. En familias donde ambos progenitores trabajan, los abuelos a menudo son los cuidadores principales.

El hogar, como espacio familiar, y la posibilidad de desempeñar actividades en él son clave para elevar el ánimo de los adultos mayores.

La escuela es el segundo contexto natural de socialización. La educación escolar tiene un papel fundamental en el desafío de romper con imaginarios sociales que segregan a la vejez, promoviendo tolerancia y comprensión hacia el adulto mayor.

La sociedad, como contexto social macro, permite el desarrollo integral del individuo. Los organismos internacionales, como el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), fundamentan el desarrollo humano en la creación de un entorno donde las personas desarrollen su máximo potencial y lleven una vida productiva y creativa.

Diagrama que ilustra los componentes del entorno social (familia, escuela, comunidad, cultura) y su interrelación con el adulto mayor.

Bienestar Emocional en la Adultez Mayor

Tener bienestar emocional es fundamental, ya que las emociones impulsan la conducta, las actitudes y las relaciones con el entorno. Goleman (1995) define las emociones como impulsos para la acción, y el bienestar emocional determina la disposición anímica para transitar los procesos de la vida y desarrollar la resiliencia.

Goleman (1995) identifica seis emociones básicas: miedo, aversión, sorpresa, alegría, ira y tristeza. No son "buenas" ni "malas", sino que dependen de experiencias pasadas y el momento presente. Existen también emociones secundarias, aprendidas a lo largo de la vida, que son combinaciones de emociones básicas y son de naturaleza social (ej. vergüenza, celos).

La emoción es una compleja combinación de percepción, reacción corporal y motivación. El bienestar emocional en la adultez mayor adquiere particularidad debido a factores que determinan la sensación de bienestar. Según Carmona (2009), este bienestar se deriva de factores biológicos, sociales y personales.

Las emociones cumplen la función de adaptación al entorno; son señales e información sobre nosotros mismos y lo que nos rodea. Lo que se califica como positivo o negativo es la valoración que las personas hacen de sus vivencias y las emociones asociadas a ellas. Bisquerra (2006) propone un decálogo del bienestar con indicadores de fácil observación para determinar un funcionamiento emocional adecuado.

El Proceso de Envejecimiento y sus Implicaciones

Los términos "adultez mayor", "adultez tardía" o "vejez" se refieren a la misma etapa del ciclo vital humano. La vejez es el resultado del desarrollo del proceso vital, enmarcado por las experiencias individuales, sociales, de salud y los determinantes de esta (estilos de vida, biología, sistemas de salud, ambiente) (Rodríguez, 2011).

Es necesario asumir una visión positiva de la vejez como un proceso natural de desarrollo con pérdidas y ganancias (Papalia et al., 2009). La Adultez Tardía se caracteriza por aspectos generales comunes:

  • Ámbito biológico: degeneración progresiva de facultades físicas, disminución de capacidades físicas, incremento de vulnerabilidad ante enfermedades y accidentes, y tendencia a la descompensación.
  • Alteraciones psicológicas: influyen en el establecimiento de vínculos con el entorno familiar y social. Erikson (citado por Papalia, 2012) describe el conflicto de la "integridad del yo vs. desesperanza", donde la virtud a desarrollar es la sabiduría.
  • Ámbito social: la jubilación implica la retirada de actividades laborales, disminución de la relación con otros, movilidad reducida, y menor comunicación y participación social, lo que lleva a la reducción del entorno de la persona mayor.

Al abordar la adultez mayor desde una perspectiva de vejez positiva, se considera cómo acompañar esta etapa para que sea satisfactoria e incluso productiva.

Ilustración que representa las diferentes dimensiones del envejecimiento: biológica, psicológica y social.

Vínculo entre Entorno Social y Bienestar Emocional del Adulto Mayor

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en una publicación de 2017 sobre la Salud Mental de los Adultos Mayores, asegura que la salud integral puede mejorarse mediante la promoción de hábitos activos y saludables, creando condiciones de vida y entornos que acrecienten el bienestar y propicien modos de vida sanos e integrados.

Estos aspectos se refieren a las condiciones objetivas y sugieren la concepción que las políticas de Estado deben tener sobre esta etapa evolutiva. En términos subjetivos, la calidad de vida está vinculada al bienestar emocional. Glatzer y Zapf (citados por Palomba, 2003) definen la calidad de vida como un término multidimensional del bienestar que implica que las condiciones de vida objetivas son satisfactorias y se tiene un alto grado de bienestar subjetivo.

Es necesario, en el marco de la subjetividad, tomar conciencia clara de las condiciones y características propias de la adultez mayor para enfocar cómo acompañar esta etapa, logrando que sea satisfactoria y productiva.

Ser Adulto Mayor | Rodolfo Collado | TEDxYouth@NidodeAguilas

Metodología de la Investigación

Para lograr el objetivo propuesto, se adoptó un método científico cualitativo, elegido para adquirir conocimiento a partir de la construcción del hecho investigado (Lüdke y André, 2015). Se utilizó el método de muestra pequeña, que proporciona información y comprensión del contexto del problema (Malhotra, 2006).

La muestra fue no probabilística, seleccionando personas mayores (a partir de 60 años) en situación de vulnerabilidad que asistían a los CRAS Vila Mathiensen y Nossa Senhora Aparecida. Los criterios incluyeron vivir con familias con ingresos de hasta un salario mínimo, ser beneficiarios de programas de transferencia de ingresos, recibir beneficios ocasionales, ser trabajadores del mercado informal, y haber experimentado desempleo familiar y vulneración de derechos.

El cuestionario semiestructurado sirvió para recoger información sobre la realidad. A través de las respuestas, se analizaron posibles vías de intervención y se plantearon alternativas a la población anciana en este período de pandemia y aislamiento social. Durante la espera de asistencia, se administró el cuestionario. Algunos participantes se negaron a responder por no comprender el tema, y otros justificaron su negativa por no saber leer ni escribir.

El grupo reconoció que el virus es letal. Las respuestas obtenidas permitieron analizar las posibles formas de intervención y cómo contribuir a fomentar la información, buscando ofrecer alternativas a la población anciana.

Ejemplo de cuestionario semiestructurado utilizado en la investigación.

Reflexiones sobre la Vulnerabilidad Social y el Enfoque Metodológico

Los estudios sobre vulnerabilidad social se encuentran en auge debido a su carácter multidisciplinar, permitiendo identificar e investigar grupos vulnerables desde diversas perspectivas. A pesar de ello, el progreso en este campo ha estado sujeto a críticas y falta de consenso.

Actualmente, la vulnerabilidad carece de una teoría desarrollada y métodos de medición universalmente aceptados. Resulta complejo determinar los factores que explican por qué algunas personas, comunidades o grupos tienen mayor capacidad que otros para enfrentar situaciones de desventaja social. En el caso de los adultos mayores, esto se relaciona con el envejecimiento como fenómeno sociodemográfico y las complejas relaciones socioespaciales y temporales.

El término "vulnerabilidad" a menudo se confunde con pobreza, marginación o exclusión, lo que ha llevado a descuidar investigaciones y programas para enfrentarla, perpetuando estereotipos. Las políticas para enfrentar la vulnerabilidad social en América Latina no han evitado que millones de personas se vuelvan más vulnerables ante riesgos naturales y sociales.

Es necesario investigar la dinámica de las desventajas sociales y ambientales, comprendiendo las desigualdades frente a riesgos y sus efectos a distintas escalas espaciales. La revisión de trabajos publicados sobre vulnerabilidad social permite reflexionar sobre los retos teóricos y metodológicos, y la importancia de este enfoque en la geografía humana y social, considerando la heterogeneidad de contextos ambientales y culturales.

El enfoque de vulnerabilidad social busca analizar los riesgos y activos de grupos desfavorecidos, como los adultos mayores, generando expectativas en políticas sociales y planificación gerontológica.

La vulnerabilidad surge como concepto analítico en ciencias ambientales para el estudio de la población afectada por riesgos naturales. Sin embargo, enfoques más recientes destacan la importancia de las dimensiones estructurales de la vulnerabilidad sociodemográfica y ambiental como producto de una construcción social generada a partir de desigualdades sociales, falta de oportunidades de empoderamiento y acceso a la protección social.

Tradicionalmente, la vulnerabilidad ambiental se asociaba a la susceptibilidad de una región a sufrir daños. Posteriormente, se reconoció que muchos efectos de fenómenos naturales pueden mitigarse con medidas preventivas. No todas las personas están expuestas de la misma forma a los riesgos, ni emplean el mismo tiempo para superar sus consecuencias, y la capacidad de adaptación varía.

La vulnerabilidad social se define como el conjunto de características que determinan la capacidad de una persona, grupo o comunidad para anticipar, sobrevivir, resistir y recuperarse del impacto de acontecimientos imprevistos. Las personas están amenazadas no solo por riesgos naturales, sino también por conflictos, crisis económicas, cambios en el mercado laboral, problemas de vivienda, pérdida de cobertura social, entre otros.

Desde la década de 1980, se desarrolla un enfoque social de la vulnerabilidad que enfatiza las estructuras y procesos socioespaciales dinámicos, determinantes de la vulnerabilidad de personas y grupos desfavorecidos, y la comprensión de las condiciones de vida cotidiana para generar estrategias de enfrentamiento y reducción.

En América Latina, el enfoque de vulnerabilidad social se reivindica como una forma de superar limitaciones previas y responder a los cambios experimentados en las últimas décadas, como los efectos sociales de la "década perdida", los ajustes estructurales y la globalización, que generan inseguridad e incertidumbre.

La vulnerabilidad se entiende como un proceso al que puede concurrir cualquier persona, grupo o comunidad en una situación desfavorecida, teniendo en cuenta los recursos disponibles para enfrentar riesgos y sus consecuencias. La naturaleza de los riesgos, la exposición y las consecuencias varían según ámbitos espaciales y valores culturales.

Las investigaciones geográficas y demográficas analizan la vulnerabilidad desde una perspectiva socio-ambiental, asociada a riesgos naturales y sociales, justicia y desigualdad ecológica, medioambiental y social. El ámbito urbano es particularmente relevante, donde la vulnerabilidad se asocia a riesgos crecientes como tráfico, hacinamiento, pobreza, delincuencia, desempleo, contaminación, y falta de infraestructuras y servicios sociales.

En la actualidad, los estudios sobre la situación y avance de la vulnerabilidad social son imprescindibles, especialmente porque las políticas sociales para combatir las desigualdades se ven frenadas por la crisis económica mundial. Esto agrava las desigualdades, afectando especialmente a grupos como niños, adultos mayores, indígenas e inmigrantes, quienes presentan alta fragilidad y riesgo de pérdida de calidad de vida.

Mapa conceptual que ilustra las diferentes dimensiones y enfoques de la vulnerabilidad social.

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