Prevalencia de la Desnutrición en Ancianos

La malnutrición es un problema de salud que resulta de una nutrición inadecuada y varía de la obesidad a la desnutrición. La desnutrición es una condición patológica que causa alteraciones en el estado de salud que conducen a una pérdida de autonomía y a un mayor aislamiento social. También aumenta la morbimortalidad, el número de ingresos hospitalarios y su duración, produciendo un aumento del gasto en el sistema de salud. Está asociada a patologías crónicas como caquexia, pancreatitis crónica, enfermedad inflamatoria intestinal, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, insuficiencia renal crónica que requiere diálisis, accidentes cerebrovasculares, úlceras por presión y fracturas de fémur en población anciana.

La desnutrición es la mayor y más frecuente causa de discapacidad en la población anciana que vive en su domicilio o en instituciones. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), se prevé un incremento del envejecimiento; en el año 2030 los mayores de 65 años serán el 23,6% y en el año 2068 representarán el 29,4% de la población total. En el envejecimiento se produce una serie de cambios que se asocia a un mayor riesgo de padecer alteraciones nutricionales. La desnutrición es un síndrome geriátrico muy frecuente entre las personas mayores y, en ocasiones, sus consecuencias pueden tardar en hacerse aparentes, pasando desapercibida.

Factores Relacionados con la Desnutrición en Ancianos

La edad es un factor de riesgo para desarrollar desnutrición, está demostrado que a mayor edad, mayor probabilidad de sufrirla. Los factores de riesgos asociados a sufrir desnutrición en el colectivo anciano son diversos, incluyendo los propios cambios fisiológicos producidos durante el envejecimiento, factores psicosociales, económicos y culturales que se producen en esta edad. La desnutrición no es considerada una consecuencia inevitable de la vejez, pero con el aumento de la edad, se producen diversos cambios que pueden contribuir a su aparición.

Cambios Fisiológicos y Biológicos

  • Durante la vejez, el número de terminaciones nerviosas de las papilas gustativas disminuye, el olfato disminuye de manera rápida, de manera que alrededor de los 80 años se reduce hasta el 50%, y se producen diversas alteraciones visuales.
  • Con la edad, las piezas dentales empiezan a dañarse y pueden llegar a dañarse totalmente o caerse. El 40% de los ancianos carecen de piezas dentales que, junto con la gingivitis y la xerostomía, provoca dificultad en la capacidad para ingerir los alimentos y altera a veces su gusto.
  • Existe una disminución del peristaltismo, hipoquilia e hipoclorhidria que requiere una distribución adecuada de alimentos en un número mayor de ingestas y menos copiosas.
  • La edad anciana se acompaña de una disminución de la masa magra, lo que genera un menor gasto metabólico basal provocando alteraciones en el consumo de energía y nutrientes. La disminución de masa muscular, sarcopenia, afecta a la tolerancia de hacer ejercicio y a la fuerza, lo que a su vez altera la movilidad y capacidad funcional, además de la pérdida de masa ósea inevitable en esta etapa. Todo esto, condiciona negativamente el estado de salud, la capacidad funcional y la calidad de vida de las personas.

Factores Psicosociales, Económicos y Culturales

  • La alimentación tiende a cubrir una serie de necesidades que las personas tienen, clasificadas en las áreas de satisfacción, seguridad, convivencia y autoestima entre otras. El posible consumo de comidas ya preparadas, recalentadas en algunas ocasiones, asociado a una menor habilidad culinaria o una falta de motivación, así como una probable omisión de las comidas.
  • El consumo de alcohol en mayor cuantía resulta nocivo en la dieta, ya que inhibe el apetito y la absorción de algunos nutrientes.
  • La institucionalización, también, en sí misma, constituye un factor de riesgo de desnutrición. El ingreso en un centro residencial tiene connotaciones emocionales negativas, ya que a la persona mayor le supone dejar su hogar y su estilo de vida y adaptarse a un cambio radical.
  • Factores como la falta de economía, la soledad y la cultura propia de la persona son muy influyentes.

Enfermedades y Polifarmacia

  • En la vejez hay mayor prevalencia de enfermedades, especialmente crónicas, que requieren cambios en los hábitos dietéticos. Es frecuente la coexistencia de varias enfermedades y/o procesos patológicos que pueden repercutir negativamente el estado nutricional.
  • La demencia senil y las enfermedades mentales favorecen el riesgo de desnutrición por las dificultades que tienen estos pacientes en la capacidad para alimentarse. El deterioro cognitivo se considera un factor de riesgo primordial en la desnutrición del anciano, se produce una disminución del apetito y una pérdida de destreza para preparar comidas y alimentarse.
  • Con respecto a las enfermedades psiquiátricas, la patología psiquiátrica más frecuente en las personas mayores es la depresión, y algunos fármacos pueden aumentar el apetito y otros disminuirlo dependiendo de la reacción del paciente ante el mismo.
  • La existencia de pluripatología y, por consiguiente, polifarmacia, provocan un factor de riesgo importante de la desnutrición.
Esquema visualizando los factores de riesgo principales para la desnutrición en ancianos

Evaluación del Estado Nutricional: Métodos y Herramientas

La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) considera que el primer paso de la valoración del estado nutricional es la técnica de cribado, mediante test para detectar factores de riesgo de desnutrición en un colectivo de mayores inicialmente sanos. El segundo paso sería la valoración nutricional ampliada que determinará su estado nutricional. El diagnóstico de desnutrición según el algoritmo descrito por la SEGG incluye datos sociales, clínicos, antropométricos y biométricos.

Mini Nutritional Assessment (MNA)

El Mini Nutritional Assessment (MNA) se ha probado como una herramienta eficaz para identificar a las personas mayores de 65 años en riesgo de desnutrición. Es fácil de administrar por los profesionales de salud y fácil para el paciente. Es muy sensible, específico y reproducible, detectando riesgo de malnutrición antes de que existan cambios en el peso o en los niveles plasmáticos de proteínas. El MNA es un instrumento de cribado nutricional validado internacionalmente en personas mayores de 65 años.

El MNA se divide en dos partes:

  • Versión corta (MNA-SF): Consta de 6 ítems que evalúan cuestiones referidas al apetito, peso, movilidad, estrés psicológico o enfermedad aguda, problemas neuropsicológicos e índice de masa corporal (IMC). El estado nutricional se clasifica en tres categorías: estado nutricional normal (12-14 puntos), riesgo de desnutrición (8-11 puntos) y desnutrición (0-7 puntos).
  • Versión larga (MNA-FT): Añade 12 ítems, sumando un total de 18 ítems, agrupados en cuatro subescalas de valoración: antropométrica, global o de situaciones de riesgo, dietética y subjetiva. Con el MNA-FT, la evaluación global máxima posible es de 30 puntos y las categorías establecidas son: estado nutricional normal (24-30 puntos), riesgo de desnutrición (17-23,5 puntos) y desnutrición (<17 puntos).

Un estudio evaluó la versión corta frente a la versión larga del test Mini Nutritional Assessment (MNA), donde el MNA-SF mostró una aceptable sensibilidad (67,9%) y una buena especificidad (92,6%) utilizando MNA-FT como gold standard. Sin embargo, se encontró una concordancia moderada entre MNA-SF y MNA-FT. La mayoría de estudios encontraron en mayor o menor medida infradiagnóstico con el MNA-SF respecto al MNA-FT. Se recomienda el uso del MNA-FT dada la mejorable sensibilidad mostrada por el MNA-SF, evitando así el consecuente infradiagnóstico.

Otros Instrumentos de Evaluación

Además del MNA, se utilizan otros instrumentos y parámetros para la valoración nutricional:

  • Test cognitivo de Pfeiffer y la escala de actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD) de Lawton y Brody para la evaluación funcional.
  • Valoración Global Subjetiva (VGS): Establece tres categorías de estado nutricional a partir de la valoración clínica sobre el cambio en el peso corporal, patrón de ingesta, síntomas gastrointestinales, capacidad funcional, presencia de edemas y apreciación de las reservas de grasa y músculo (A: sin desnutrición, B: desnutrición moderada o sospecha, C: desnutrición severa).
  • Índice de Riesgo Nutricional Geriátrico (GNRI): Calculado según la fórmula [1,489 x Albúmina (g/l)] + [41,7 x Peso (kg)/Peso ideal (kg)], diferencia cuatro grados de riesgo nutricional: alto (<82), moderado (82-92), bajo (92-98) y sin riesgo (>98).
  • Medidas antropométricas: peso, talla, índice de masa corporal (IMC), circunferencia media del brazo, pliegue cutáneo tricipital, longitud talón-rodilla y circunferencia media de la pierna.
  • Análisis clínicos: concentración de albúmina sérica (ALB) y cuenta total de linfocitos.
Tabla comparativa de herramientas de cribado nutricional en geriatría

Prevalencia de la Desnutrición en Diferentes Entornos Asistenciales

La prevalencia de desnutrición en la población mayor varía ampliamente según el nivel asistencial.

Población No Institucionalizada (Comunidad y Ambulatoria)

  • Según el MNA-FT en un estudio descriptivo transversal en un equipo de atención primaria de salud en ámbito urbano, la prevalencia fue del 0,6% de desnutrición y del 7,7% de riesgo, sin diferencias según el sexo. La media de edad era superior en los pacientes con desnutrición o riesgo de ella (p=0,016). Se relacionaba con desnutrición tener cuidador (p<0,0001) o mayor grado de dependencia (p<0,0001).
  • Un estudio de revisión europeo reportó que en adultos que vivían en la comunidad, la prevalencia de desnutrición fue del 5,8% y el riesgo, del 31,9%.
  • En España, la prevalencia de desnutrición en adultos mayores de 65 años autónomos no institucionalizados oscila entre el 3,3 y el 12,5%, y el riesgo de desnutrición oscila entre el 23,9 y el 57,5%.
  • Un estudio en Valencia en pacientes adultos autónomos que acudían periódicamente a centros sociales detectó una prevalencia de riesgo de desnutrición del 23,3% y ningún individuo con desnutrición.
  • Otro estudio en la comarca del Baix Ebre (Tarragona) en población mayor de 75 años que vivían autónomamente en domicilio, halló un 22% con riesgo de desnutrición y nadie con desnutrición establecida.
  • Un estudio realizado en distintos centros de atención primaria en población mayor de 85 años no institucionalizada detectó una prevalencia de riesgo del 34,2%.
  • Una encuesta a 1.171 mayores de 65 años en Chile reveló un Riesgo de Desnutrición del 32,4% promedio a nivel nacional (MNA-SF), siendo más alto en mujeres (35,1% vs 28,9% hombres).
  • Diversos estudios muestran que entre el 5 y el 10% de los ancianos que viven en la comunidad se encuentran desnutridos.

Población Institucionalizada

  • La prevalencia varía mucho según el nivel asistencial, siendo del 2% en ancianos sanos en residencia pública. Sin embargo, en ancianos institucionalizados se estiman valores comprendidos entre el 24 y el 74% de prevalencia de desnutrición.
  • Un estudio en la Región de Murcia encontró una prevalencia de desnutrición del 39% en el colectivo total de ancianos institucionalizados, y del 50% en los residentes más frágiles. Esta prevalencia fue especialmente alta en los ancianos con Alzheimer, con cardiopatías y con neoplasias. El colectivo total presentó un valor medio de GNRI de 87,7 ± 5,5, equivalente a un riesgo moderado.

Población Hospitalizada

  • Los estudios en hospitales y asilos indican que la desnutrición afecta a 26% de los pacientes internados por padecimientos agudos, y entre el 30% y 60% de los ancianos hospitalizados en unidades de cuidados intensivos o los que se encuentran confinados en asilos.
  • En un hospital de tercer nivel en México, el MNA clasificó al 69% de los pacientes mayores de 60 años al ingreso hospitalario con riesgo franco asociado a desnutrición (18% severa y 50% moderada). La Valoración Global Subjetiva clasificó al 46% de pacientes con desnutrición moderada y al 20% con desnutrición severa. El 70% de los pacientes tuvieron valores de albúmina menores de 3 g/dl.
  • El tipo de desnutrición más frecuente entre los ancianos hospitalizados es la desnutrición proteico-calórica, la cual explica entre 30 y 65% de los casos.

La desnutrición es el factor que más afecta en la tercera edad

Impacto y Abordaje de la Desnutrición en Ancianos

La desnutrición en población envejecida suele estar infradiagnosticada por falta de planes estratégicos de cribado, evaluación y tratamiento. También se reconoce y trata de manera deficiente. Pacientes con cuidador, mayor dependencia y edad tienen más probabilidad de peor estado nutricional.

Dado el riesgo que comporta la desnutrición en las personas mayores y el envejecimiento previsto de la población, es necesario conocer la prevalencia del riesgo nutricional y establecer programas preventivos de detección precoz para su abordaje.

Suplementación Nutricional Oral (SNO)

La suplementación nutricional puede ser una efectiva estrategia para mejorar el estado nutricional y la calidad de vida de ancianos frágiles institucionalizados. La administración de suplementos nutricionales orales con la dieta habitual durante 12 meses ha incrementado significativamente la concentración de albúmina sérica (ALB) y el Índice de Riesgo Nutricional Geriátrico (GNRI) en un colectivo de ancianos institucionalizados. Estos efectos beneficiosos se han traducido en la reducción en el número de ancianos con alto riesgo nutricional y aumento en el de bajo o nulo riesgo de desnutrición. La administración de suplementos nutricionales orales con la dieta habitual en un colectivo de estas características es una medida clínica efectiva y justificada en su terapia nutricional.

Desafíos y Necesidades en la Atención Nutricional

Un estudio en Chile destacó la importancia de la sensación de inseguridad frente a acceder a alimentación en el futuro. Se observó que un alto porcentaje califica como valores elevados e inalcanzables el precio de carnes (89,8%) y productos del mar (79,1%). Otro dato relevante es sobre salud oral y visual: a un 50,9% le faltan todos o la mayoría de sus dientes y el 52% declaró no lograr o tener dificultad para ver la información en envases de alimentos. Además, se insinuaron problemas de salud mental fuertes, problemas de aislamiento en la vivienda y problemas de financiamiento, incluso en el dilema entre comprar alimentos o comprar medicamentos. Es necesario reforzar los programas públicos y de implementar estrategias que aborden las desigualdades en el acceso a alimentos saludables.

A medida que aumenta la edad del anciano, aumenta la prevalencia de sufrir desnutrición. Este aumento de la esperanza de vida ha traído consigo el establecimiento de factores sociales preocupantes que afectan la calidad de vida y el estado de salud de los adultos mayores, haciendo que la desnutrición sea el tipo más frecuente de malnutrición en el anciano.

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