La fiebre no es una enfermedad en sí, sino un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo y una señal de que algo no va bien. Esta respuesta de nuestro organismo puede deberse a una afección leve o, por el contrario, indicar que existe un problema grave. Es algo bastante común, pero no a todos nos afecta por igual. Sin embargo, mientras que la fiebre en una persona menor de 30 años generalmente no representa un riesgo significativo siempre y cuando tomen los fármacos correspondientes, en las personas mayores de 80 años es más complicado.
Además, la variedad de patologías y trastornos en la tercera edad que tienen la fiebre como indicador, hace indispensable su rápida detección y tratamiento. La fiebre, por el hecho de ser una de las defensas contra una infección del organismo, puede desencadenar la producción de anticuerpos y dificultar el crecimiento de los microorganismos, además de disminuir la gravedad de una infección y ayudar a que desaparezca.

Fiebre en Adultos Mayores: Características y Riesgos
La temperatura normal del cuerpo está controlada por el cerebro y por lo general oscila entre 36 y 38ºC, dependiendo de la edad, sexo y en qué momento del día se mida. La temperatura corporal varía levemente según la persona y el momento del día. La temperatura promedio se ha establecido tradicionalmente en los 37 grados Celsius (98,6 grados Fahrenheit).
La temperatura corporal es la medida del calor del cuerpo humano, generada por el propio metabolismo de la persona, y normalmente va cambiando a lo largo de la vida. La temperatura corporal varía según la persona, la edad, la actividad y el momento del día. Es importante destacar que la temperatura normal del cuerpo de una persona sana mayor no es la misma que la de niños pequeños o un adulto más joven. La temperatura adecuada para el cuerpo humano oscila entre los 36.5ºC y los 37.2ºC.
Tipos de Fiebre y Termorregulación
Cuando la temperatura se sitúa entre los 37ºC y los 38ºC hablamos de febrícula. Este ligero aumento de la temperatura no suele ser alarmante. A veces existen picos de fiebre diarios que vuelven después a la normalidad; este proceso se denomina fiebre intermitente. En ocasiones la temperatura varía pero no regresa a la normalidad, un proceso conocido como fiebre remitente.
En los adultos mayores de 65 años con fiebre o en las personas que tienen enfermedades crónicas con fiebre, se constituyen como un grupo de alto riesgo de enfermedad grave. Una fiebre moderada puede ser un poco peligrosa en adultos con enfermedades cardíacas o pulmonares debido a que la fiebre hace que aumente la frecuencia cardíaca y la frecuencia respiratoria. La fiebre también puede empeorar el estado mental en personas con demencia. Además, la elevación extrema de la temperatura (por lo general más de 41°C) puede ser perjudicial, causando la disfunción y, en última instancia, el fracaso de la mayoría de los órganos.
Síntomas Atípicos y Señales de Alarma en Ancianos
Muchas de las señales de advertencia tempranas de infecciones comunes se manifiestan de manera diferente en los adultos mayores, y algunos de los síntomas pueden ser sorprendentes. Mucho de esto tiene que ver con el debilitamiento del sistema inmunitario con la edad, un proceso conocido como inmunosenescencia. Este declive atenúa la respuesta típica para combatir infecciones y los síntomas que resultan de esta defensa, como fiebre y escalofríos. “Vemos manifestaciones muy atípicas para algunos de estos virus respiratorios en adultos mayores”, dice el Dr. Morgan Katz, un especialista en enfermedades infecciosas en Johns Hopkins Medicine.
“No puedes esperar a que aparezca esa fiebre porque puede que no suceda", dice la Dra. Nina Blachman, geriatra en la Universidad de Nueva York Langone, “pero el paciente puede estar muy enfermo". Por ello, “La infección es una preocupación cuando hay algún cambio rápido en una persona mayor, es decir, de la noche a la mañana o en cuestión de horas, algo es diferente de cómo era antes”.
Manifestaciones Específicas: Confusión, Caídas y Deambulación Errática
- Confusión y Delirio: Cualquier confusión nueva o en aumento podría ser una señal de advertencia de una infección, según Katz. El delirio, un tipo más intenso de confusión, también puede ser un síntoma de infección. "A menudo, es un signo muy preocupante de una infección más grave", dice la Dra. Camille Vaughan, directora de la división de Geriatría en la Facultad de Medicina de la Universidad Emory. Un estudio publicado en el British Journal of General Practice entrevistó a 22 pacientes y seis cuidadores e identificó un "espectro" de confusión como resultado de infección.
- Caídas y Deambulación Errática: Las caídas pueden resultar de una variedad de causas, que van desde medicamentos hasta cambios en la visión o trastornos subyacentes. Si bien Vaughan advierte: "No quiero insinuar que cada vez que te caes, necesitas pensar en una infección", en el contexto de un cambio agudo en la salud del anciano, una caída puede ser un indicador relevante de una infección subyacente que afecte la coordinación, el equilibrio y la orientación, manifestándose como una deambulación errática.
- Pérdida de Apetito y Fatiga: Un estudio de 2023 en Clinical Nutrition ESPEN analizó a casi 2,000 participantes con COVID-19 reportado u otras posibles infecciones. Encontró que los adultos mayores de 75 años reportaron falta de apetito más a menudo que aquellos menores de 35 años. La detección temprana y el manejo de COVID-19 basado en la pérdida de apetito podría reducir el riesgo de más complicaciones después de la infección. El mismo estudio también encontró que los adultos mayores reportaron fatiga más que los grupos de edad más jóvenes. La fatiga es un síntoma común de enfermedad en todas las edades.

Termorregulación y Envejecimiento
Cuando alcanzamos los 60 años, es muy importante controlar la temperatura corporal, ya que los cambios se hacen más notorios a medida que envejecemos. Esto hace que cambie la manera en la que percibimos algunos síntomas de enfermedad, como la fiebre. El mecanismo termorregulador se modifica con el paso de los años, lo que conlleva a que las personas mayores se expongan a descensos o ascensos de temperatura corporal con mayor facilidad. La termorregulación es un proceso base del cuerpo humano; durante el envejecimiento, la piel se adelgaza y el sistema regulador que controla la temperatura del cuerpo se vuelve menos eficiente.
Es muy importante prestar atención a la temperatura del cuerpo de las personas mayores, ya que si desciende en exceso podría provocar un caso de hipotermia, la cual sucede normalmente ante la exposición al frío, pero también puede ser debido al consumo de alcohol o drogas y por enfermedades como la diabetes. Cuando la temperatura del cuerpo sube excesivamente hablamos de hipertermia, donde la temperatura asciende a 38ºC normalmente. La hipertermia y la hipotermia suelen ser una reacción por la exposición a condiciones climáticas extremas; no obstante, las personas de la tercera edad no necesitan exponerse a estas circunstancias para verse afectados.

Causas de la Fiebre en Adultos Mayores
La fiebre es una temperatura corporal elevada que se produce cuando el termostato del cuerpo (situado en el hipotálamo, en el encéfalo) se reinicia a una temperatura más elevada, principalmente como respuesta a una infección. Las sustancias que producen fiebre reciben el nombre de pirógenos. Estos pueden provenir del interior o del exterior del organismo. Los microorganismos y las sustancias que ellos producen (como las toxinas) son ejemplos de pirógenos que se forman en el exterior del cuerpo. Los pirógenos formados en el interior del cuerpo suelen estar producidos por dos tipos de glóbulos blancos denominados monocitos y macrófagos. Los pirógenos exteriores al organismo provocan fiebre al estimularlo para que produzca sus propios pirógenos, o bien afectando directamente el área del cerebro que controla la temperatura corporal.
Muchos trastornos pueden causar fiebre. En general se los clasifica como:
- Infecciosos (los más comunes)
- Neoplásicos (cáncer)
- Inflamatorios (incluyendo trastornos autoinmunitarios, reacciones alérgicas y algunas reacciones a fármacos)
En los adultos mayores de 65 años con fiebre, la causa más frecuente son las infecciones, y la mayoría originadas por bacterias. Es muy probable que una infección sea la causa en los adultos con una fiebre que dura 4 días o menos (lo que se denomina fiebre aguda). En las personas sanas, es poco probable que la fiebre aguda sea el primer signo de una enfermedad crónica. Es más probable que una causa no infecciosa sea responsable de la fiebre cuando esta dura mucho tiempo o es recurrente.
Causas Infecciosas Específicas
Las infecciones son las causas más frecuentes de fiebre. Pueden estar causadas por bacterias, virus u hongos. Prácticamente todas las infecciones pueden causar fiebre, pero, en general, las causas infecciosas más probables son:
- Infecciones de las vías respiratorias superior e inferior
- Infecciones gastrointestinales
- Infecciones de las vías urinarias (IVU)
- Infecciones cutáneas
La mayoría de las infecciones agudas de las vías respiratorias y del tracto gastrointestinal son víricas. En el contexto actual, el COVID-19 es especialmente relevante controlar la temperatura, ya que puede presentarse con síntomas atípicos en esta población. Ciertos fármacos y vacunas también pueden generar fiebre como respuesta temporal del organismo.
Otros Factores que Influyen en la Temperatura
La exposición prolongada al sol, la insolación y la deshidratación también pueden aumentar la temperatura del cuerpo. Ciertos factores de riesgo ayudan a los médicos a determinar la causa más probable de fiebre en una persona, incluyendo:
- El estado de salud, la edad y la ocupación de la persona.
- Hospitalización reciente.
- Uso de ciertos medicamentos o drogas ilícitas.
- Exposición a infecciones (por ejemplo, a través de viajes o contacto con personas, animales o insectos infectados).
Diagnóstico y Evaluación Médica
La detección precoz es fundamental en cualquier patología, y la fiebre es uno de los principales indicadores de un problema en el organismo. Si la fiebre en mayores de 80 años persiste, se debe estar atento a los signos de alarma durante un período de 24-48 horas. En el caso de que la fiebre sea superior a 38ºC y el enfermo sufra alguna patología como neumonía o haya sufrido recientemente un infarto, es urgente acudir al médico.
Exploración y Anamnesis
En primer lugar, el médico pregunta acerca de los síntomas del paciente y su historial médico. A continuación, realiza una exploración física. Los antecedentes clínicos y la exploración física a menudo sugieren la causa de la fiebre y las pruebas que pueden ser necesarias. El médico comienza preguntando por los síntomas, enfermedades presentes y previas, medicación, transfusiones de sangre, exposición a infecciones, viajes recientes, vacunas y hospitalizaciones o procedimientos médicos.
El patrón de la fiebre rara vez ayuda a hacer el diagnóstico. Sin embargo, una fiebre que se repite cada dos o tres días es característica de la malaria. Los médicos consideran la malaria y otras infecciones transmitidas por insectos como posible causa solo si las personas afectadas han viajado a un área donde la infección es común. Los viajes recientes orientan a veces sobre la causa de la fiebre, ya que algunas infecciones se presentan en áreas determinadas. Las exposiciones recientes también son importantes (ej., trabajar en un matadero, consumir alimentos inseguros, picaduras de insectos, etc.).
El dolor es una clave importante para el posible origen de la fiebre, por lo que el médico pregunta acerca de cualquier dolor de oídos, cabeza, cuello, dientes, garganta, tórax, abdomen, flancos, recto, o cualquier dolor muscular y articular. Otros síntomas que ayudan a determinar la causa de la fiebre incluyen congestión y/o secreción nasal, tos, diarrea y síntomas urinarios (frecuencia, urgencia y dolor al orinar). Saber si el paciente presenta un aumento de volumen de los ganglios linfáticos o una erupción cutánea (incluyendo el aspecto, localización y el momento de aparición en relación con otros síntomas) puede ayudar a identificar la causa. Cuando existe fiebre recurrente, sudoración nocturna y pérdida de peso, las personas afectadas pueden tener una infección crónica como la tuberculosis o la endocarditis.
El médico también puede preguntar acerca de:
- Contacto con cualquier persona que tenga una infección.
- Cualquier patología conocida que predisponga a la infección, como VIH, diabetes, cáncer, trasplante de órganos, anemia de células falciformes, uso de un marcapasos o lesiones de las válvulas cardíacas.
- Cualquier trastorno conocido que pueda causar una fiebre en ausencia de infección como el lupus, gota, sarcoidosis, hipertiroidismo o cáncer.
- El uso de cualquier medicamento que pueda hacer que una persona sea susceptible a la infección, como la quimioterapia, corticoesteroides u otros medicamentos que inhiben el sistema inmunológico.
- La adicción a drogas intravenosas.
La exploración comienza confirmando que el paciente presenta fiebre. La fiebre se determina con mayor precisión midiendo la temperatura rectal, pero a menudo se mide la temperatura oral o la del oído. A continuación, los médicos realizan un examen exhaustivo de la cabeza a los pies para detectar una fuente de infección o indicios de enfermedad.
Signos de Alarma que Requieren Atención Médica Inmediata
En las personas con fiebre aguda, algunos signos y características son motivo de preocupación, indicando la necesidad de ver a un médico de inmediato. Entre estos signos se incluyen:
- Alteración de la función mental, como confusión o comportamiento extraño.
- Dolor de cabeza intenso, rigidez de cuello o ambos.
- Manchas planas, pequeñas, de color rojo púrpura en la piel (petequias), que indican un sangrado debajo de la piel.
- Hipotensión arterial.
- Frecuencia cardíaca rápida o respiración acelerada.
- Dificultad respiratoria (disnea) o dolor en el pecho.
- Temperatura mayor de 40°C o inferior a 35°C.
- Viaje reciente a un área donde es común alguna enfermedad infecciosa grave (ej., malaria).
- Tratamiento reciente con fármacos que inhiben el sistema inmunitario (inmunosupresores).
- Vómitos constantes.
- Dolor abdominal o dolor al orinar.
- Fiebre después de haber estado en un automóvil expuesto al calor.
- Sensibilidad inusual a la luz brillante.
Si existen algunos de estos signos de alarma, suele ser necesario realizar pruebas complementarias de forma inmediata y, a menudo, el ingreso en el hospital.
Pruebas Complementarias
La necesidad de realizar pruebas complementarias depende de los hallazgos efectuados durante la anamnesis y la exploración. Los sujetos sanos que tienen un episodio de fiebre agudo y síntomas vagos y generales (malestar o dolor generalizado) probablemente sufran una enfermedad vírica que va a desaparecer sin tratamiento y no requieren pruebas.
Las excepciones son personas en una zona donde se disemina el COVID-19, expuestas a un vector de enfermedad (ej., picadura de garrapata) o en un área donde un trastorno particular es común (ej., malaria). Si el sujeto sano tiene hallazgos que sugieren un trastorno particular, pueden ser necesarias pruebas complementarias. El médico selecciona las pruebas necesarias en función de los hallazgos (ej., punción lumbar para meningitis, radiografía de tórax para neumonía).
Para ciertas enfermedades respiratorias, como el COVID-19 o la gripe, existen pruebas moleculares rápidas. Los sujetos que presentan un riesgo elevado de infección, afectación importante o edad avanzada, a menudo necesitan pruebas complementarias, incluso sin un trastorno particular sugerido. En estos casos se pueden practicar:
- Un hemograma completo (incluyendo número y proporción de glóbulos blancos).
- Cultivos de orina y hemocultivos.
- Radiografía de tórax.
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Medición de la Temperatura
Katz dice que monitorear la temperatura de una persona puede ayudar a determinar si un adulto mayor está enfermo. Así, controlando de manera habitual su temperatura, conoceremos cuál es la temperatura normal de una persona mayor y nos será más fácil detectar cualquier tipo de anomalía. La mejor manera de controlar la fiebre en ancianos es disponer de un termómetro digital. Este tipo de dispositivos son más seguros que los antiguos de mercurio, los cuales fueron prohibidos en 2014 por su toxicidad. Además, muchos termómetros digitales permiten la medición a distancia, siendo más rápidos y necesitando apenas unos segundos para la lectura.
La temperatura corporal se puede medir en varias zonas del cuerpo. Los lugares más frecuentes son la boca (temperatura oral) y el recto (temperatura rectal). Entre otros lugares se encuentran la oreja, la frente y, con mucha menor probabilidad, la axila. Los termómetros de cristal que contienen mercurio no se recomiendan debido al riesgo de rotura y exposición al mercurio.
Consideraciones para la Medición
- Las temperaturas orales se consideran elevadas cuando son superiores a 37°C por la mañana temprano, superiores a 38°C en cualquier momento posterior a la madrugada, o más elevadas que la temperatura diaria normal de una persona.
- Las temperaturas rectal y timpánica (en el oído) son aproximadamente 0,6°C más elevadas que las temperaturas orales.
- La temperatura de la piel (por ejemplo, la frente) es aproximadamente 0,6°C más baja que la temperatura oral.
Muchas personas utilizan el término fiebre de forma vaga, pero en realidad no han medido su temperatura. Sin embargo, los termómetros deben usarse correctamente para evitar errores en la medición (frente, axila o boca), asegurándose de que el termómetro esté bien colocado y esperar sin moverlo a que pase el tiempo indicado o emita el sonido. Además, es importante limpiar el termómetro antes y después de cada uso.

Prevención y Cuándo Consultar al Médico
“Otras cosas a considerar son simplemente dormir lo suficiente, mantenerse hidratado, comer una dieta saludable y hacer ejercicio”, ya que la dieta, el ejercicio y los hábitos juegan un papel muy importante en la temperatura corporal de las personas mayores. Puedes prevenir la fiebre si reduces tu exposición a enfermedades infecciosas.
“Las vacunas son, sin duda alguna, lo mejor que se puede hacer”, dice Vaughan. Vacúnate según las indicaciones contra las enfermedades infecciosas, como la gripe y la COVID-19. El refuerzo de COVID-19 de este año está disponible para la mayoría de las personas y es especialmente importante para los adultos mayores que son más propensos a experimentar complicaciones. Sigue las pautas de salud pública sobre el uso de mascarillas y el distanciamiento físico. Lávate las manos con frecuencia y enséñales a tus hijos a hacer lo mismo, principalmente antes de comer, luego de ir al baño, después de pasar tiempo en lugares con mucha gente o con una persona enferma, y luego de tocar animales y de viajar en transporte público.
Evita tocarte la nariz, la boca y los ojos, ya que estas son las principales vías por las que los virus y las bacterias pueden ingresar al cuerpo y causar infecciones. Cúbrete la boca cuando tosas y la nariz cuando estornudes, y enséñales a tus hijos a hacer lo mismo. Siempre que sea posible, aléjate de otras personas y tose o estornuda en el codo para evitar la propagación de gérmenes.
Cuándo Contactar a un Profesional de la Salud
La fiebre alta produce un malestar general y falta de energía, por eso es importante tratar de aliviar e intentar reducir las molestias que esta ocasiona. La fiebre es solo un aumento de la temperatura corporal que raramente tiene consecuencias graves. Sin embargo, si la persona es vulnerable (ancianos o enfermos crónicos) o la fiebre alta no remite en un par de días, busca atención sanitaria.
Si no existen signos de alarma, se debe llamar al médico si la fiebre dura más de 24 a 48 horas. Dependiendo de la edad de la persona, la presencia de otros síntomas y enfermedades conocidas, el médico puede querer valorarla en la consulta o recomendarle un tratamiento en su domicilio. Por lo general, es necesario consultar con un médico si la fiebre dura más de 3 o 4 días, independientemente de otros síntomas.