Inclusión y Éxito Académico: El Camino de los Estudiantes de Sectores Vulnerables en la Usach

El Desafío de la Equidad en la Educación Superior

La Universidad de Santiago (USACH) ha sido pionera en abordar la brecha de acceso a la educación superior para estudiantes provenientes de contextos socioeconómicos desfavorecidos. Investigaciones y programas específicos buscan comprender y fomentar el éxito académico de estos jóvenes, a pesar de las adversidades que enfrentan en sus entornos.

La investigación realizada por el Instituto Milenio MIPP y la Facultad de Economía de la USACH, titulada “Creciendo Juntos: Evaluando la Equidad y Eficiencia de Chile Crece Contigo”, si bien se enfoca en el impacto de programas de salud infantil, subraya la relevancia social de estudiar etapas cruciales de la vida. En economía, las preguntas sobre fertilidad, salud materna e infantil son fundamentales, ya que todas las personas atraviesan estas fases. La posibilidad de generar un impacto positivo en estos ámbitos es alta y necesaria.

El programa “Chile Crece Contigo”, que representa una inversión estatal considerable, no contaba con una evaluación rigurosa sobre su impacto directo en los niños. Los datos sobre peso y talla al nacer, así como las semanas de gestación, son indicadores clave del desarrollo infantil. Existe evidencia sólida que vincula el peso al nacer con el desarrollo psicológico y social del niño. Los resultados de la investigación fueron alentadores: los recién nacidos adscritos al programa aumentaron, en promedio, 10 gramos en su peso al nacer. Si bien esta cifra puede parecer pequeña en comparación con el peso promedio de un bebé chileno (3.300 gramos), el impacto del programa es significativamente mayor en los grupos económicos más vulnerables, donde el aumento de peso estimado alcanza los 16.8 gramos.

Además de su impacto en la salud, la investigación comparó la eficiencia del programa chileno con iniciativas internacionales similares. El programa estadounidense “WIC” invierte US$15 por cada gramo de peso al nacer, mientras que “Chile Crece Contigo” invierte US$11. Un informe de la OCDE de enero de 2019, sobre gastos en salud, señaló que Chile tiene una tasa de 47.1 cesáreas por cada 100 nacimientos, y el programa “Chile Crece Contigo” realiza un seguimiento de las prácticas médicas, posicionándose como un líder en América Latina en este aspecto.

Infografía comparativa de la inversión por gramo de peso al nacer entre

Factores de Éxito en Estudiantes de Liceos Vulnerables

A pesar de estar inmersos en liceos con alta vulnerabilidad social, bajos resultados en pruebas nacionales y serios problemas de gestión pedagógica, directiva y convivencia, existe un grupo de alumnos que logra destacarse y acceder a la Educación Superior. El subdirector de la Escuela de Psicología de la USACH, Mario Morales, inició un proyecto de investigación para indagar cómo estos jóvenes logran sobresalir ante situaciones adversas.

El proyecto Dicyt “Factores predictores de éxito en jóvenes de buen rendimiento, provenientes de liceos prioritarios e insertos en contextos laborales, del servicio militar y estudios superiores”, comenzó en 2010. Una de sus conclusiones preliminares señala que los buenos estudiantes de sectores vulnerables poseen proyectos de vida claros, cuentan con un adulto significativo en su entorno, un mayor nivel de autoestima, redes focalizadas, una familia estructurada y reconocimiento a nivel escolar. Son el "chiche" familiar y son capaces de aprender de sus errores.

La investigación administró una batería de pruebas psicológicas a cerca de 500 estudiantes de cuatro colegios de la Región Metropolitana y dos de Rancagua, establecimientos con índices de vulnerabilidad entre el 93% y 95%. En una segunda fase, se seleccionaron 70 alumnos con rendimiento escolar alto. Posteriormente, se compararon los puntajes de las pruebas psicológicas de estos estudiantes de alto rendimiento con el grupo general. Finalmente, se realizaron entrevistas en profundidad para reconstruir el proceso que estos estudiantes siguieron para alcanzar su buen rendimiento.

Los resultados de las pruebas indican que los buenos estudiantes poseen un nivel intelectual superior, mayor apoyo por parte de los profesores y una familia más estructurada. En cuanto a autonomía y crecimiento personal, los jóvenes destacados obtienen puntajes más altos en pruebas de bienestar psicológico relativas a la aceptación. Muestran una mayor área de proyección, planificando metas específicas en lugar de vivir el día a día. Aunque no hay diferencias significativas en los vínculos, los alumnos de alto rendimiento tienden a ser más introvertidos, lo que podría traducirse en un círculo de amigos más reducido.

En términos de resiliencia, la diferencia se observa en el plano de la satisfacción y en la forma de enfrentar los problemas cotidianos. Los proyectos de vida y las metas futuras son un factor diferenciador clave. Su objetivo principal es alcanzar la Educación Superior, aprendiendo de situaciones problemáticas y errores, lo que los hace más conscientes que el resto de los estudiantes.

Las entrevistas en profundidad revelaron factores como el encuentro con un adulto significativo en la vida escolar, la superación de situaciones no normativas, una familia más estructurada y un fuerte deseo de aprender y "ser alguien en la vida", aspirando a tener un buen trabajo y poder ayudar a su familia. El objetivo del proyecto, liderado por el Dr. Mario Morales, es potenciar estos aspectos a través de programas que fortalezcan las debilidades de los estudiantes y mejoren su calidad académica. La apertura de las universidades y el acompañamiento a los alumnos que ingresan son cruciales para su desarrollo.

Gráfico que muestra la distribución de factores de éxito en estudiantes de sectores vulnerables.

El Propedéutico-USACH: Un Camino Hacia la Inclusión

La historia de Valeria Lefio, una joven que camina con cuidado por Villa Los Mares en Pudahuel Sur, ejemplifica la transformación que la educación superior puede ofrecer a jóvenes de entornos vulnerables. A pesar de los riesgos de su entorno, Valeria aspira a un futuro mejor para ella y su hijo, temiendo que si permanece en la villa, él pueda imitar comportamientos negativos.

Hace cinco años, en 2007, Valeria tuvo la oportunidad de cambiar su destino. Durante su último año de enseñanza media en el complejo educacional Pedro Prado, escuchó una charla de profesores de la USACH sobre un programa que permitiría el ingreso a la universidad sin rendir la Prueba de Selección Universitaria (PSU) para los alumnos con mejores notas. Inicialmente escéptica, ya que en su familia nadie había considerado la universidad, Valeria fue cautivada por el programa.

Los académicos presentaron el programa Propedéutico de la Universidad de Santiago, diseñado para recibir al 10% de los estudiantes con mejores notas de liceos prioritarios definidos por el Ministerio de Educación debido a su vulnerabilidad social. Este sistema estaba pensado para estudiantes sin capacidad de endeudamiento ni recursos para pagar la universidad. La fórmula de ingreso prometía que aquellos que ingresaran al Propedéutico y mantuvieran un rendimiento entre el 5% superior podrían acceder a la universidad.

Valeria, con un promedio de notas de 6.7, el mejor de su curso, se sintió motivada. El gusto por estudiar y la enseñanza de sus padres la impulsaron a inscribirse en el Propedéutico. Francisco Javier Gil, doctor en Ciencias, y Máximo González, magíster en Matemáticas, junto a un equipo de profesores, fueron los creadores del Propedéutico-Usach, el primer proyecto de inclusión para la educación superior enfocado en jóvenes talentosos de escasos recursos.

Fotografía de estudiantes participando en una clase del programa Propedéutico.

Crítica al Sistema de Selección y el Surgimiento del Propedéutico

Francisco Javier Gil, coordinador de políticas de inclusión de la Usach y la Universidad Católica, ha sido un crítico del sistema de selección universitaria chileno. Señala que solo el 7% de los chilenos estudia en colegios particulares pagados, pero este pequeño porcentaje ocupa la mayor parte de la matrícula en universidades del Consejo de Rectores (Cruch). En la Universidad Católica, casi el 70% de los estudiantes proviene de colegios privados; en la Universidad de Chile, la proporción es 50/50; y en la Usach, se invierten los porcentajes, con un 80% de estudiantes de educación municipal y subvencionada.

En 1991, Francisco Javier Gil y Máximo González observaron las notas de los estudiantes de Matemáticas de primer año en la Usach y se alarmaron: cerca del 70% reprobaba. Propusieron aumentar los puntajes de ingreso y la ponderación de la prueba específica de Matemáticas, pero al año siguiente los cupos no se llenaron. Tras investigar, descubrieron que los estudiantes de liceos municipales con promedios extraordinarios obtenían 160 puntos menos en la prueba de selección universitaria que los provenientes de colegios particulares pagados. En liceos de sectores más pobres, la diferencia era aún mayor, alcanzando los 200 puntos, una disparidad que se mantiene hasta hoy.

Esta situación llevó a cuestionar si los estudiantes más ricos eran más inteligentes o si los cerebros brillantes estaban distribuidos equitativamente entre ricos y pobres. Se hizo evidente que algo estaba fallando en el sistema educativo y en las pruebas de selección universitaria. El análisis del comportamiento de los estudiantes dentro de la Usach reveló otra evidencia crucial: los jóvenes con mejores notas en el colegio, independientemente de su condición social, tendían a ser estudiantes de excelencia en la universidad.

Pronto se comprendió por qué los estudiantes de colegios particulares pagados, incluso con un rendimiento regular, superaban en la PSU a los estudiantes de excelencia de colegios más pobres. Las pruebas de selección eran "adiestrables" a través de preuniversitarios, y la baja ponderación de las notas del colegio (20%) desincentivaba el esfuerzo académico. Quienes tenían más recursos podían pagar para prepararse, mientras que los más pobres no.

Se constató que la entonces Prueba de Aptitud Académica (PAA) no era un indicador fiable de las aptitudes para estudiar, a diferencia de las notas escolares. Los datos de la Usach (2006-2010) mostraron que el promedio de notas de los estudiantes del primer quintil (los más pobres) que se situaban en el 10% de mejores notas en su colegio era de 4.38, mientras que los estudiantes más ricos, que no estaban en el 10% superior de su colegio, obtuvieron un promedio de 4.23. La tendencia se mantenía en la Universidad de Chile y la Universidad Católica con diferencias marginales.

Se identificó que uno de los principales promotores de la segregación social era el propio Estado a través del Aporte Fiscal Indirecto (AFI), un sistema que incentiva a las universidades a competir por los mejores puntajes en la PSU, desvalorizando las notas escolares. Ante este panorama, los investigadores sintieron la necesidad de enmendar el camino y buscar alternativas.

Nivelando las Diferencias y el Nacimiento del Propedéutico

En 1990, Francisco Javier Gil se hizo cargo de la Comisión de Verdad de la Usach, investigando casos de ejecutados y detenidos desaparecidos durante la dictadura. La angustia y la falta de respuestas lo llevaron a una profunda reflexión: si no podía devolver la vida a quienes la perdieron, sí podía hacer mucho para que otros no perdieran su proyecto de vida. Consideró que quitarle el proyecto de vida a un joven era tan grave como quitarle la vida.

A través de la Facultad de Ciencias de la Usach, nació el primer programa para nivelar las diferencias de origen socioeconómico. En 1992, se creó una bonificación del 5% en el puntaje ponderado total para el 15% de los mejores estudiantes de colegio que postularan a la Usach como primera opción. Este programa funcionó hasta 2004 y benefició a más de 15.000 jóvenes, el 90% de ellos provenientes de liceos municipales y subvencionados.

En 2004, el Consejo de Rectores prohibió esta modalidad, argumentando que atrasaba el cálculo de los resultados de la PSU. Máximo González no creyó este argumento, atribuyendo la prohibición a una gran ignorancia y temor de que las universidades se "llenasen de rotos", una idea que provenía de los propios rectores de las principales universidades chilenas.

La experiencia de Ricardo Salazar, un alumno del Propedéutico que se levantaba a las seis de la mañana para trabajar en la feria antes de asistir a clases, conmovió al profesor. Ante el cansancio del estudiante, el profesor le proporcionó dinero para pasajes de micro, evidenciando las dificultades diarias que enfrentaban estos jóvenes.

En ese momento, con la asesoría de la Fundación Equitas, surgió la idea de un sistema de selección universitaria y preparación para estudiantes de colegios vulnerables con un rendimiento excelente. Francisco Javier, Máximo y un grupo de profesores, convencidos de la necesidad de darles cabida en las aulas, rescataron la palabra "Propedéutico", que significa "enseñanza preparatoria para el estudio de una disciplina".

Los profesores solicitaron ayuda al rector de la Usach, Juan Manuel Zolezzi, quien ya los había apoyado en 1992. Su apoyo fue decisivo para la aprobación del Propedéutico. A partir de 2008, la universidad destinó el 25% de los cupos del Bachillerato de Ciencias para los propedeutas seleccionados por este sistema. Francisco Javier, entre 2008 y 2010, se hizo cargo de la rectoría de la Universidad Cardenal Silva Henríquez, donde también se abrió un Propedéutico que funciona hasta hoy.

En 2008, la Universidad Alberto Hurtado adoptó un modelo similar basado en la experiencia de la Usach. Posteriormente, se sumaron la Universidad Tecnológica Metropolitana, la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y la Universidad Católica del Norte en 2010. En 2011, se incorporaron la Universidad Tarapacá de Arica, la Universidad Católica de Temuco y la Universidad de Antofagasta. En 2012, la Universidad de Los Lagos, la Universidad Austral de Chile y la Universidad Viña del Mar iniciaron sus Programas Propedéuticos. De 50 cupos iniciales, hoy alcanzan 900, y se creó la Red Universidades con Propedéuticos para coordinar esfuerzos.

El Círculo Virtuoso: El Caso de Valeria Lefio y el Propedéutico

Valeria Lefio fue parte de la primera generación de propedeutas en 2007, ocupando uno de los 50 cupos iniciales. El programa implicó un gran esfuerzo, incluyendo clases de Lenguaje, Matemáticas y Gestión Personal todos los sábados por la mañana durante el segundo semestre. El objetivo era nivelar las carencias académicas y proporcionar herramientas a los estudiantes. Valeria, consciente de que era su única oportunidad, cumplió con una asistencia completa.

Al finalizar 2007, Valeria aprobó el Propedéutico y al año siguiente ingresó al Bachillerato de Ciencias de la Usach, que reservaba el 25% de los cupos para propedeutas. El nivel de exigencia se incrementó considerablemente. Valeria relata: "Me eché todos los ramos. Veía las matemáticas en chino mandarín. Eran materias que jamás nunca me habían pasado en el colegio". Se sentía ignorante, aislada y cada vez más tonta. Reprobó todos los ramos del primer semestre, pero los profesores la animaron a no desfallecer, ofreciéndole apoyo psicológico y clases nivelatorias.

En 2008, aprobó un ramo, lo que le otorgó el derecho a un año más. Al año siguiente, repuntó con fuerza y para 2010 tenía prácticamente aprobado el Bachillerato. En 2011, ingresó a estudiar Administración de Personal, pero tuvo que congelar sus estudios por su embarazo. Pasó el tiempo cuidando a su hijo con el apoyo de su madre. En 2012, retomó sus estudios y aprobó todos los ramos del primer semestre. Actualmente, en su segundo año de carrera, se siente empoderada y a la par con sus compañeros.

Lorna Figueroa, directora ejecutiva del Propedéutico y doctora en Informática, observa cómo los propedeutas, una vez superado el primer obstáculo y al ingresar al Bachillerato de Ciencias, continúan su proceso de nivelación fortalecidos. En 2011, un propedeuta se ubicó como el cuarto de su curso en el Bachillerato, compuesto por cerca de 200 estudiantes. Tras aprobarlo, en sus carreras definitivas, no solo se integran, sino que generalmente se sitúan entre los de mejor rendimiento.

El Propedéutico aún no tiene titulados, ya que sus estudiantes ingresaron a la universidad a partir de 2008. Han pasado cuatro años y la tasa de retención de la primera generación supera ampliamente la nacional: 62%, ascendiendo a cerca del 80% para las generaciones más recientes. En Chile, aproximadamente el 50% de los estudiantes que ingresan a una carrera universitaria no se titulan.

Gráfico comparativo de la tasa de retención de estudiantes del Propedéutico vs. la tasa nacional.

Gestión Personal: Herramientas para el Desarrollo

La clase de Gestión Personal, impartida por el coach Benjamín García a las 8:30 de la mañana, se enfoca en ejercicios de yoga y posturas para que los jóvenes reconozcan factores sociales y personales que impiden el aprendizaje, como el miedo, la autocensura y la baja autoestima. Martín, un estudiante con síndrome de Asperger, compartió abiertamente cómo sus compañeros de colegio lo agredían y excluían, sintiéndose "atrapado". Ante la pregunta de qué les diría a sus compañeros si estuvieran presentes, respondió: "Que me dejen en paz". Martín, con un promedio de 6.7, es el mejor de su colegio.

Inicialmente, Gestión Personal era una asignatura optativa. Los estudiantes que la elegían mostraban un mejor desempeño en comparación con el resto. A partir de 2008, se convirtió en obligatoria. La labor del coach es ayudar a los estudiantes a identificar sus falencias y a enfrentarse al mundo con mayor desarrollo. Benjamín García afirma: "Aquí, por primera vez entendí lo que eran jóvenes talentosos. Con muy poco hacen maravillas".

De los 120 alumnos del Propedéutico de la Usach, aproximadamente la mitad no supera la etapa inicial. El proyecto de ley que modifica la ley de Jornada Escolar Completa introduce una exigencia para los establecimientos que reciben aportes del Estado: que un 15% de sus alumnos presenten condiciones de vulnerabilidad socioeconómica y familiar. Sin embargo, la implementación de esta medida enfrenta problemas prácticos, ya que no se define claramente el criterio de vulnerabilidad.

Desafíos y Oportunidades en la Política Educativa

Se ha evaluado el alcance de esta medida suponiendo que un alumno vulnerable es aquel cuya madre tiene educación básica incompleta y cuyo ingreso familiar es menor a $100.000. Los establecimientos no se distribuyen homogéneamente en el país. Las escuelas dependientes de DAEM se ubican mayoritariamente en zonas vulnerables, mientras que los particulares subvencionados con financiamiento compartido prefieren zonas no vulnerables.

En zonas urbanas, el 47% de los establecimientos "cumplen la cuota", pero esta proporción varía según la dependencia: 75% de los DAEM, 51% de las corporaciones municipales, 44% de los particulares subvencionados gratuitos, 8% de los particulares con financiamiento compartido y menos del 1% de los particulares pagados. El 67% de los establecimientos que no cumplen la cuota se encuentran en zonas donde, por definición, es difícil cumplirla, ya que hay menos del 15% de alumnos vulnerables.

Redistribuir a los alumnos vulnerables no es la vía más efectiva para mejorar sus oportunidades educativas. Si se intentara reasignar a estos alumnos de establecimientos que "cumplen la cuota" y les "sobran" alumnos vulnerables a aquellos que no la cumplen en zonas con más del 15% de alumnos en esa situación, esto afectaría a un número muy reducido de niños, aproximadamente el 5% de los estudiantes vulnerables, lo que representa solo el 1% de la matrícula de establecimientos municipales y particulares subvencionados.

Corto sobre el esfuerzo y el poder transformador de la educación

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