Entendiendo la Vulnerabilidad y la Pobreza
Algunas de las definiciones de vulnerabilidad han incluido la exposición, además de la susceptibilidad al daño. A pesar de que existen algunas discrepancias respecto al significado de este término, la mayoría de los expertos coinciden en que para determinar la vulnerabilidad no basta con analizar los impactos directos de un peligro. La vulnerabilidad es compleja; no solo guarda relación con la pobreza, si bien las investigaciones de los últimos 30 años han revelado que, por lo general, son las personas que viven en situación de pobreza quienes más suelen sufrir las consecuencias de los desastres.
La pobreza es tanto un factor impulsor como una consecuencia del riesgo de desastres, especialmente en países donde la gobernanza del riesgo es deficiente, porque las dificultades económicas obligan a las personas a vivir en lugares y condiciones inseguras. Al incluir la vulnerabilidad en nuestra interpretación del riesgo de desastres, reconocemos que el riesgo no solo depende de la gravedad del peligro o del número de personas o bienes expuestos, sino que también es un reflejo de la susceptibilidad de las personas y los bienes económicos a sufrir pérdidas y daños.
Los niveles de vulnerabilidad y exposición ayudan a explicar por qué algunas amenazas no extremas pueden provocar repercusiones y desastres extremos, mientras que este no es el caso para algunos fenómenos extremos. Cuando se trata de diferentes peligros, algunos grupos son más susceptibles que otros a sufrir daños, pérdidas y sufrimiento, y, del mismo modo (dentro de estos grupos), algunas personas presentan mayores niveles de vulnerabilidad que otras. La vulnerabilidad es compleja, tiene muchas dimensiones, está determinada por factores de distintos niveles -desde el local al mundial- y es dinámica, ya que se altera bajo la presión de las fuerzas que la impulsan.
La mejor forma de entender qué es la vulnerabilidad es prestando atención a su antónimo: la seguridad. La pobreza, por otro lado, es un concepto económico. “La pobreza es, así, una situación límite, mientras que la vulnerabilidad es la probabilidad de caer en esa situación límite”, explica María José Álvarez Rivadulla, profesora titular de Sociología en la Universidad de los Andes. De acuerdo con la profesora, a la hora de entender la diferencia entre pobreza y vulnerabilidad es fundamental prestar atención a que la vulnerabilidad no solo está determinada por la carencia actual de ingresos. “Una sociedad que no tiene un colchón social, un tejido de protección para eventualidades de la vida y la economía, es una sociedad en la que las personas son más vulnerables a caer en la pobreza.”
La definición de vulnerabilidad cambia dependiendo de la disciplina en la que se estudia. En relación con el estudio de los desastres socio-naturales, la vulnerabilidad puede entenderse como la susceptibilidad que tiene una comunidad de ser impactada por un desastre.

El Impacto de los Desastres en Comunidades Vulnerables
Los desastres son tanto causa como consecuencia de la pobreza y de la vulnerabilidad. Estos desastres pueden ser naturales -como el huracán Otis-, tecnológicos o sociales. La región es especialmente vulnerable a los desastres naturales, muchos de los cuales se ven agravados en intensidad y frecuencia por el cambio climático. Estos afectan sobre todo a las personas de países con ingresos más bajos y a las comunidades que viven en situación de pobreza, ya que tienen una menor capacidad de preparación y respuesta ante eventos como las tormentas tropicales o las sequías.
A los grupos vulnerables les resulta más difícil reconstruir sus medios de subsistencia tras un desastre, lo que a su vez los hace más vulnerables a los efectos de amenazas posteriores. Para este amplio espectro de la población es extremadamente difícil recuperarse y poder incorporarse al sistema productivo sin ayuda estatal, la que normalmente es insuficiente. Los desastres generan pérdidas a nivel familiar, social y del Estado. Además del importante porcentaje de la población que vive en condiciones de pobreza e incluso de pobreza extrema en el país, un porcentaje muy alto se encuentra muy cercano a la línea de la pobreza y es susceptible, por ende, de ingresar a este grupo de precariedad social al sufrir la pérdida de sus bienes y de sus medios de vida por causa de un evento de desastre, como se ha observado luego de los grandes eventos de terremotos, tsunamis, incendios, aluviones y otros.
Los pobres son vulnerables a las catástrofes. El experto de la ONU explicó que en varios países de la región existen grandes concentraciones de personas que viven en la pobreza, las cuales tienden a asentarse en áreas marginales, por ejemplo, en las riberas de ríos, donde son especialmente vulnerables a las catástrofes. Las personas pobres en estos países tienen muchas menos oportunidades para recuperarse de las consecuencias de los desastres naturales, y tampoco encuentran opciones para prepararse frente a ellos. Mientras las mayores pérdidas económicas ligadas a los desastres naturales se registran en los países más ricos, son los países en vías de desarrollo quienes enfrentan las mayores pérdidas de vidas humanas.
Cada 13 de octubre se conmemora el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres. Las Naciones Unidas buscan enfatizar la relación entre vulnerabilidad ante los desastres y la desigualdad social. Por un lado, el acceso desigual a servicios y recursos deja a los sectores más vulnerables expuestos al peligro y, por otro, los impactos de los desastres exacerban la desigualdad, empujando a los grupos de mayor riesgo a una mayor pobreza.
Factores que Aumentan la Vulnerabilidad
Cambio Climático y Fenómenos Extremos
El cambio climático amenaza con aniquilar los esfuerzos de desarrollo que el mundo ha realizado en los últimos tiempos. Los patrones del tiempo y las precipitaciones cambiarán en todo el mundo, con sequías cada vez más frecuentes y graves en algunos lugares, e inundaciones en otros. Los riesgos climáticos y medioambientales son claramente desafíos prioritarios que impulsan el riesgo de múltiples maneras: aumento del nivel del mar, desertificación, incendios forestales, escasez de agua, condiciones meteorológicas extremas, pérdidas de cosechas, desplazamientos, migraciones y mayor riesgo de diferentes tipos de conflictos. Los efectos del cambio climático hacen que las pérdidas por catástrofes aumenten.
Las infraestructuras de transporte, como carreteras, ferrocarriles, puertos, aeropuertos y vías de navegación interior, se enfrentan a desafíos sin precedentes debido a los cambios que está sufriendo el clima. A pesar de ello, se ha hecho poco énfasis en adaptar los sistemas de transporte al aumento de los riesgos que supone el cambio climático.
Las olas de calor y la contaminación atmosférica entrañan grandes riesgos para la salud y podrían ser cada vez más frecuentes debido al cambio climático. Un equipo de investigación de la Universidad del Sur de California ha proporcionado información sobre estos riesgos tras haber analizado seis años de datos relativos a la calidad del aire, la temperatura y los certificados de defunción. Los resultados revelan que, en comparación con los días en los que no se dieron condiciones extremas, el riesgo de muerte aumenta un 6,1% en los días de calor extremo y un 5% en los días de contaminación atmosférica extrema.
Fenómenos meteorológicos extremos: "Esta variabilidad climática se volvería mucho más común"
Con relación a lo último, las sociedades se están viendo enfrentadas a fenómenos hidrometeorológicos cada vez más extremos que afectan principalmente a segmentos de la población más vulnerables. Sin embargo, dichos eventos extremos ya no solo afectan a los segmentos más vulnerables de la sociedad, sino que a toda la población expuesta, así como a construcciones, infraestructura y equipamiento localizado en un área de amenaza.
En octubre de 2023, el huracán Otis pasó de tormenta tropical a huracán de nivel cinco en poco más de nueve horas. Su fuerza repentina sorprendió a la comunidad científica y pronto se atribuyó al cambio climático. El huracán dejó tras de sí 47 personas fallecidas, más de 20.000 viviendas afectadas y daños que alcanzaron los 15.000 millones de dólares, convirtiéndose en el evento climático que mayores pérdidas económicas provocó en 2023. Otis hizo que el mundo dirigiese su mirada hacia una ciudad que tiene dos caras: la turística, repleta de hoteles y servicios, y la informal, en la que miles de familias viven en situación de pobreza o de vulnerabilidad.
Grupos Específicamente Vulnerables
Se considera que las personas mayores (de 65 años o más) son especialmente susceptibles a los efectos de las temperaturas extremas. Las consecuencias directas e indirectas de las olas de calor y frío están relacionadas con una mayor prevalencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, de modo que repercuten en las tasas de mortalidad y morbilidad de los adultos mayores. Aunque muchas de las definiciones y evaluaciones actuales de la vulnerabilidad se centran en los riesgos generales para las personas mayores, solo unas pocas profundizan en cuestiones concretas relacionadas con las temperaturas altas o bajas. Un equipo de investigadores empleó un enfoque basado en los activos para crear un índice general de vulnerabilidad, cuyo objetivo es detectar las vulnerabilidades cotidianas de los adultos mayores.
A su vez, existen condiciones de vulnerabilidad ante estos desastres que no tienen que ver con la capacidad económica de las personas. Los niños y las niñas, las mujeres, las personas más mayores, los miembros de comunidades indígenas y los pequeños agricultores tienen menos capacidad de hacer frente a las consecuencias de los desastres. La vulnerabilidad emocional y física es mayor entre las poblaciones desplazadas y a menudo se ve agravada por factores socioeconómicos y por su incapacidad de recuperarse tras las crisis.
Según los expertos, los altos niveles de vulnerabilidad frente al riesgo de desastres se encuentran asociados al estatus socioeconómico, al aumento de población en condición de discapacidad y al aumento de población adulta mayor.
Inseguridad Alimentaria e Hídrica
A medida que aumenta la globalización, los países dependen cada vez más unos de otros a través de una cadena de suministro de alimentos compleja e interconectada. La pandemia mundial provocada por la COVID-19 puso de manifiesto la vulnerabilidad de esta interconexión, y expuso a posibles perturbaciones todo el proceso de trasladar los alimentos desde las explotaciones agrícolas hasta los platos de los ciudadanos de todo el mundo.
Muchos consideran que la inseguridad alimentaria y del agua son las mayores amenazas para nuestro futuro. Más de mil millones de personas viven en regiones con escasez de agua y las previsiones apuntan a que 3.500 millones podrían sufrir escasez de agua en 2025. Las comunidades que viven en la pobreza son las que más riesgo corren, enfrentándose a los retos de disponibilidad, accesibilidad y asequibilidad de alimentos nutritivos y agua limpia. Una revelación alarmante es el resurgimiento de los niveles de hambre a los registrados por última vez en 2005. Igualmente preocupante es el aumento persistente de los precios de los alimentos en un mayor número de países en comparación con el período de 2015 a 2019.
Urbanización no Planificada y Desplazamiento
Más de la mitad de la población mundial vive actualmente en zonas urbanas, y cada vez más en ciudades muy densas. Cuando este crecimiento urbano no está planificado, se desarrollan barrios marginales y aumenta el riesgo por la falta de acceso a los recursos básicos. Se estima que 379 millones de residentes urbanos corren el riesgo de sufrir inundaciones fluviales. Cada día, 37.000 personas huyen de sus hogares a causa del conflicto y la persecución. Fomentar la resiliencia cuando la gente se desplaza es intrínsecamente difícil, planteando la pregunta de cómo apoyar a las comunidades más amenazadas para que resistan y se transformen a pesar de las crisis, cuando sus medios de vida han quedado atrás. Muchas organizaciones trabajan tanto con las comunidades de acogida como con las personas desplazadas para reducir ese riesgo en circunstancias extremadamente difíciles.

Desigualdad de Género
Uno de los principales obstáculos al desarrollo basado en el riesgo, que se interconecta con todos los demás factores de riesgo, es la desigualdad de género. Las investigaciones realizadas en todo el mundo muestran que las mujeres y las niñas siguen siendo discriminadas en la educación, el empleo, la salud, la representación política y mucho más. Las consecuencias son perjudiciales no solo para los individuos, sino para las familias, las comunidades y la sociedad en su conjunto. Para lograr un progreso transformador en la reducción del riesgo y el fortalecimiento de la resiliencia de la comunidad, es fundamental centrarse en la desigualdad de género a la hora de comprender los factores de riesgo, identificar los puntos de atención y diseñar y desarrollar diferentes actividades.
Evaluación y Reducción de la Vulnerabilidad
Debido a sus diferentes dimensiones, no existe un único método para evaluar la vulnerabilidad; idealmente, cualquier evaluación debería adoptar un enfoque holístico. Evaluar la vulnerabilidad del entorno construido ante los peligros es extremadamente importante para estimar las posibles consecuencias de un evento y para integrar la reducción del riesgo de desastres en el proceso de planificación del desarrollo local. Los ingenieros locales dedican cada vez más esfuerzo a averiguar la vulnerabilidad de su parque local de edificios, que varía en gran medida tanto de un país a otro como dentro de un mismo país, frente a los distintos peligros naturales. Por ejemplo, los ingenieros de Filipinas e Indonesia están desarrollando cálculos de vulnerabilidad aplicables a sus propios conjuntos de edificaciones nacionales.
Las iniciativas para cuantificar la vulnerabilidad socioeconómica y la pobreza siguen siendo escasas, y este tipo de información rara vez se incorpora a las evaluaciones de riesgos. Cuantificar la vulnerabilidad social sigue siendo un reto, pero se han creado indicadores e índices para medir la vulnerabilidad (cuantitativos y descriptivos), tanto de ámbito mundial como comunitario. Estos indicadores suelen utilizarse para dar seguimiento a la evolución de la vulnerabilidad a lo largo del tiempo. Los enfoques cualitativos de la evaluación de la vulnerabilidad se han centrado en valorar la capacidad de las comunidades de hacer frente a los fenómenos naturales.
En el plano comunitario, numerosos investigadores y organizaciones no gubernamentales humanitarias y de desarrollo, así como algunos gobiernos locales, han llevado a cabo evaluaciones de vulnerabilidad y capacidad, principalmente mediante métodos participativos. Las evaluaciones de vulnerabilidad y capacidad tienen en cuenta un amplio abanico de presiones ambientales, económicas, sociales, culturales, institucionales y políticas que generan vulnerabilidad y se llevan a cabo a través de diversos marcos.
Dado que no podemos reducir la aparición y la gravedad de los peligros naturales, reducir la vulnerabilidad es una de las principales oportunidades para reducir el riesgo de desastres. La vulnerabilidad cambia con el tiempo porque muchos de los procesos que influyen en ella son dinámicos, como la urbanización rápida, la degradación ambiental, las condiciones del mercado y el cambio demográfico. Muchos de estos factores tienen su origen en las condiciones locales en constante cambio, pero no sería posible obtener una panorámica completa si no se reconocen las estructuras socioeconómicas y políticas nacionales y mundiales que limitan las oportunidades de desarrollo local. Esto significa que para combatir la vulnerabilidad de forma coherente es preciso actuar en tres planos: el local, el nacional y el internacional.
El desarrollo de la capacidad sostenible de Reducción del Riesgo de Desastres (RRD) a escala nacional y local requiere que la capacidad se genere, se gestione y se mantenga a escala local, entendiendo, al mismo tiempo, que su responsabilidad recae en toda la sociedad y no en un solo organismo. Pedir a la gente que se prepare para el fuego no tiene sentido si no puede permitírselo; "si no tienes tiempo ni dinero (o ambos), no importa cuántas veces te digan las autoridades que te prepares."
Lo primero es abordar la identificación rigurosa de las amenazas en los nuevos escenarios territoriales, a escala local, a nivel de cuencas y subcuencas en todo el país, e incorporarlas como áreas de protección, restricción u otras en los instrumentos de planificación del territorio. Si el riesgo ya está construido, se deberán realizar las obras de mitigación y de reducción de riesgos de desastres, pero con la visión de un territorio sujeto en el presente y en el futuro a eventos extremos cada vez más complejos, que la academia debe investigar. Solo a través de políticas públicas que generen territorios seguros, instrumentos de planificación actualizados y con base científica y educación territorial, desde la educación preescolar hasta la educación superior, se puede lograr un avance significativo. Se requiere que las intervenciones dirigidas a la reducción de riesgo de desastres logren un nivel de incidencia positiva en la dimensión de cohesión social, así como una transformación en la relación entre actores que ha resultado en un empoderamiento de las comunidades, una disminución de la indiferencia gubernamental, y un fortalecimiento de la resiliencia y la gobernanza.

Investigadores de la línea 5 “Evaluación socioeconómica para la mitigación del riesgo de infraestructura crítica” de CIGIDEN, elaboraron un trabajo que permite conocer cómo ha sido la evolución temporal de la vulnerabilidad social en el país. “En CIGIDEN estudiamos desde hace varios años la vulnerabilidad social en Chile, ya que conocer los factores que la impulsan, nos permite entender que el riesgo no solo es dado por la amenaza natural, también los desastres van a depender del componente social.” En la investigación, publicada en la revista Natural Hazard, participaron, además, las investigadoras CIGIDEN, Paula Repetto, académica de Psicología UC; Nikole Guerrero, geógrafa UC; Javiera Castañeda, psicóloga UC, y Pamela Cisternas, ingeniera civil UC.
En 1992, por ejemplo, cerca del 57% de la población se encontraba en niveles bajos y muy bajos de vulnerabilidad social frente a desastres naturales, el 35% en nivel medio y 8% en nivel alto. Considerando que el estudio se realizó a una escala distrital, se determinó que actualmente los distritos ubicados en la macrozona del Norte Grande son los que presentan los mayores niveles de vulnerabilidad. La investigación también señala que, en general, la macro-zona centro es la que tiene la menor cantidad de población con altos niveles de vulnerabilidad, evidenciando la importancia del centralismo de los servicios y desarrollo del país. Pamela Cisternas destaca que a partir de los resultados observados, “fue posible advertir cómo el estatus socioeconómico ha jugado un rol clave en la composición de la vulnerabilidad desde 1992”. A partir de los análisis realizados por los expertos de CIGIDEN, fue posible determinar que la vulnerabilidad no es un fenómeno aleatorio en el espacio, sino que se encuentra asociado a las características del lugar y determinado por ciertas variables como los cambios del contexto socioeconómico, político y cultural.
El Papel de la Gobernanza y la Protección Social
Las prácticas de asistencia humanitaria agravan, en ocasiones, la vulnerabilidad. De acuerdo con las conclusiones de un estudio, las interpretaciones simplistas de la vulnerabilidad -es decir, que las personas con mayores pérdidas son más vulnerables y merecen más ayuda en comparación con las que sufren menores pérdidas- tienden a favorecer a las personas acomodadas, ya que poseen (y pierden) más bienes físicos. Este punto de vista lo comparten diversos agentes y partes interesadas, lo que permite a la élite privilegiarse, tanto en lo que respecta a los beneficios materiales como al acceso a posiciones influyentes. Además, el hecho de que algunas organizaciones humanitarias locales dependan de agentes externos -como gobiernos nacionales y donantes- para obtener financiación y legitimidad puede dificultar aún más la interpretación contextual de la vulnerabilidad a los desastres.
Por cada 100 dólares que se gastan en respuesta en los Estados frágiles, solo se gastaron 1,30 dólares en RRD entre 2005 y 2010. Por lo tanto, el reconocimiento de cómo los conflictos, en sus diversas formas, impulsan la vulnerabilidad es fundamental a la hora de diseñar estrategias de reducción de riesgos en primera línea. La cuestión de la integración de las acciones de desarrollo, humanitarias y de consolidación de la paz ha adquirido relevancia en el espacio internacional. La contribución como red global es aprender de la realidad local, compartir y amplificar este aprendizaje.
Según la CEPAL, el impacto que los desastres tienen tanto en la pobreza como en la desigualdad confirman la necesidad de impulsar estrategias integrales de protección social. “En las dos primeras décadas de los 2000, los países de América Latina disminuyeron su pobreza debido al crecimiento económico por el boom de las 'commodities', las transferencias condicionadas y las políticas redistributivas en algunos lugares. Pero no atacamos la vulnerabilidad de la fuerza de trabajo”. Unos sistemas sólidos de protección social son esenciales para mitigar los efectos y evitar que muchas personas caigan en la pobreza. En respuesta a la crisis del coste de vida, 105 países y territorios anunciaron casi 350 medidas de protección social entre febrero de 2022 y febrero de 2023.
La pobreza extrema, entendida como el hecho de sobrevivir con menos de 2,15 dólares por persona al día según la paridad del poder adquisitivo de 2017, ha experimentado descensos notables en las últimas décadas. Incluso antes de la pandemia, el impulso de la reducción de la pobreza se estaba desacelerando. Para finales de 2022, el pronóstico inmediato sugirió que el 8,4 % de la población mundial, o hasta 670 millones de personas, podrían seguir viviendo en la pobreza extrema. Es comprensible que para las comunidades que viven en precariedad la incertidumbre asociada al riesgo de desastres abarque todos los ámbitos de su vida, siendo prioritarios los asociados a su sobrevivencia y, por lo tanto, el miedo a sufrir eventos de desastres está lejos de ser su principal preocupación. Por otra parte, existen diferencias importantes en la percepción del riesgo que tienen, por ejemplo, los habitantes de asentamientos informales.
Tu participación activa en la formulación de políticas puede contribuir a mejorar la situación a la hora de abordar la pobreza. El sector privado tiene un papel crucial que desempeñar a la hora de determinar si el crecimiento que genera es inclusivo y contribuye a la reducción de la pobreza. La contribución de la ciencia para acabar con la pobreza ha sido significativa. A pesar de la expansión de la protección social durante la crisis del COVID-19, más de 4000 millones de personas continúan totalmente desprotegidas.
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